John Piper: Apocalipsis 3:5
"El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles".
Se acerca el final de año. La culminación de algo nos hace reflexionar acerca de la paciencia. Llegamos a otro año nuevo (a duras penas). ¿Lograremos llegar a otro? Pero aun más importante: ¿Perseveraremos, como dice Jesús, hasta el fin para entonces ser salvos? (Marcos 13:13). La paciencia es una promesa y un regalo precioso. No se consigue sin lucha. Pero nosotros luchamos como vencedores. Quiero alentarlo en este final de año a pelear la buena batalla una vez más, y a estar profundamente seguro de que Dios no borrará su nombre del libro de la vida.
La preciosa verdad bíblica de que los santos perseverarán en fe hasta el fin y serán salvos enfrenta constante oposición, generación tras generación. No obstante, la verdad perdura, apoyándose firmemente en la fidelidad soberana de Dios para consumar la salvación de sus elegidos. Dios planeó esta salvación en la eternidad, la compró por medio de la muerte de Cristo en la cruz y la aplica mediante el Espíritu Santo.
Romanos 8:30 dice, “a los que justificó, a éstos también glorificó”. En otras palabras, en el transcurso del evento de justificación por medio de la fe que sucede al comienzo de nuestra vida cristiana y el evento de glorificación en la resurrección de nuestros cuerpos (Filipenses 3:21), nadie será abandonado, ni expulsado y a nadie se pedirá rescate “A los que justificó, a éstos también glorificó” – a todos. Dios guardará y santificará a aquellos a quienes ha justificado y se asegurará de que perseveren en la fe hasta el fin y sean salvos.
1 Juan 2:19 describe cómo debemos ver a aquellos que aparentemente se apartan de la fe: “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubieran sido de nosotros, habrían permanecidocon nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros”. En otras palabras, dejar de perseverar no es una señal de que uno puede ser realmente nacido de nuevo y justificado, para luego perderse. Más bien dejar de perseverar es una señal de que uno nunca realmente fue parte del pueblo regenerado de Dios. Ese es el punto explícito de 1 Juan 2:19.
Sin embargo, existen citas que han persuadido a algunos a rechazar esta enseñanza. La cita que aquí tengo en cuenta es Apocalipsis 3:5 en la cual el Señor Jesús dice, “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.”
Algunos dicen que esta es una cita infalible en contra de la doctrina de la perseverancia de los santos. Asumen que cuando Apocalipsis 3:5 dice que Dios no borrará el nombre de una persona del libro de la vida, significa que Él borra a algunos del libro de la vida, y que éstas son personas que fueron justificadas y más tarde condenadas. Pero ¿es ésta asunción correcta?
La promesa “no borraré su nombre del libro de la vida” no necesariamente significa que algunos nombres son borrados. Esta cita simplemente le dice al que está en el libro y triunfa en la fe: Nunca borraré tu nombre. En otras palabras, ser borrado del libro es una posibilidad temible, la cual no permitiré que suceda. Te mantendré seguro en el libro. Esta es una de las promesas hechas a aquellos que perseveran y triunfan. No dice que aquellos que no triunfan y se apartan de Cristo estuvieron en el libro y luego fueron borrados.
De hecho, existen dos versículos más en Apocalipsis que parecen enseñar que el tener su nombre escrito en el libro significa que usted definitivamente perseverará y triunfará. Considere Apocalipsis 13:8. “Y la adoraron todos los moradores de la tierra [a la bestia], cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo”. Este versículo da a entender que aquellos quienes tienen su nombre escrito en el libro de la vida del Cordero “desde el principio del mundo” definitivamente no adorarán a la bestia. Es decir, tener nuestro nombre en el libro de la vida desde el principio del mundo parece significar que Dios no permitirá que usted fracase y que le otorgará perseverar en lealtad a Él. Estar en el libro significa que usted no apostatará.
De igual manera, considere Apocalipsis 17:8, “La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será”. Una vez más, tener nuestro nombre escrito en el libro de la vida desde la fundación del mundo parece asegurar que no nos “asombraremos” ante la bestia. Aquellos que no tengan sus nombres escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo se asombrarán. Si su nombre estáescrito en el libro, usted nose asombrará ante la bestia.
La enseñanza que se muestra aquí es que el tener nuestro nombre escrito en el libro tiene eficacia. Es decir que define nuestras acciones. Tener su nombre escrito en el libro del Cordero desde la fundación del mundo garantizaque usted no adorará o se asombrará ante la bestia. Juan no dice, “Si adoras a la bestia, tu nombre será borrado”. Él dice, “Si tu nombre está escrito, no adorarás a la bestia”.
Esto concuerda con Apocalipsis 3:5, “El que venciere . . . no borraré su nombre del libro de la vida”. El triunfo que se requiereen 3:5 está garantizado en 13:8 y 17:8. Esta no es una contradicción, como cuando Pablo dijo, “ocupaos en vuestra salvación . . . porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer por su buena voluntad” (Filipenses 2:12-13). No es absurdo declarar la siguiente condición: si triunfa, Dios no borrará su nombre (3:5); y luego asegurar: si su nombre está escrito, triunfará (13:8 y 17:8). Los que “están escritos” realmente debenconquistar, y realmente conquistarán. Por un lado se resalta nuestra responsabilidad; por el otro la soberanía de Dios.
El impacto práctico de esta verdad no es que nos descuidemos en cuanto a la fe, amor y santidad. La vida cristiana requiere de atención (Hebreos 3:12), esfuerzo (Lucas 13:24) y empeño (Hebreos 12:14). Antes bien, el impacto que tiene es que descansamos en la seguridad de que no se nos deja solos en esta “batalla de la fe.” El Dios que le llamó es fiel y lo “confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 1:8). “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” [su santificación] (1 Tesalonicenses 5:24). Él perfeccionará la buena obra que comenzó (Filipenses 1:6). Somos guardados por el poder de Dios (1 Pedro 1:5). Debemos perseverar, pues sólo aquellos que perseveren serán salvos (Marcos 13:13). Y perseveraremos, porque Dios está trabajando en nosotros para hacernos aptos en toda buena obra para que hagamos su voluntad (Hebreos 13:21).
martes 28 de febrero de 2012
martes 15 de noviembre de 2011
AUTORIDAD ESCRITURAL vs. SEDUCCIÓN ESPIRITUAL
En un vertiginoso y trascendental flujo que está conduciendo a muchas congregaciones hacia lo animista, gnosticismo, esoterismo y ni que hablar de la pretensión de una única religión mundial, utilizando artimañas, como el ecumenismo y toda clase de estratagemas de vientos de nuevas doctrinas que fácilmente se introducen en las iglesias locales, donde sus líderes, los cuales o no tienen la preparación teológica adecuada, o sus propias concupiscencias, tales como la FAMA, AVARICIA, CODICIA, y el utilizar el evangelio como trampolín a la riquezas. Estos no miden consecuencias, como lo estamos viendo en los noticieros como el “ evangelio de Judas Iscariote”, ya en el siglo 2, Irineo uno de los llamados Padres de la Iglesia, luchaba y comentaba en sus escritos sobre la falsedad de este escrito que en su original estaba escrito en Griego, pero màs adelante fue trascrito al Còpto, como tambien Epifànio en en siglo 5 basàndose en Irineo desaprobaron ambos tal pretensiòn de ese falso escrito, ya que por tràs èl estaban los Gnòsticos.
Tal pretensión con tal de lograr sus oscuros propòsitos, no se dan cuenta del mal que estàn haciendo y colocando sus cabezas en el picadero eternal. Estàn permitiendo que el YO, la VISION, la EXPERIENCIA,y ni que hablar de las REVELACIONES, sean o por lo menos pretendan estar por encima de la AUTORIDAD ESCRITURAL.
Es lamentable el daño espiritual y emocional que ocasionan en muchas personas, matrimonios y familias enteras, hacièndoles copartìcipes de sus iniquidades.
En antaño nos jactàbamos de los animistas, hoy lo vemos en templos que deberìan tener el propòsito de anunciar la buenas nuevas de salvaciòn y no darle la preminencia al Inìcuo durante los cultos. Pero la seducciòn espiritual no se deja por menos permitiendo que cosas
por las cuales Pablo, Pedro lucharon denodadamente al igual que muchos de los asì llamados Padres de la Iglesia, como antes mencionàramos, se permita que este flagelo se introduzca en el culto al Señor de señores so mera excusa del modernismo actual.
Pero se olvidan que primero el pregonero debe tener caràcter y no colocar sus talentos por encima de este, ejemplos por citar algunos, Noê, Job, Daniel, Josè, etc, tuvieron caràcter firme en sus decisiones, jamàs permitieron que sus talentos eclipsaran el caràcter que Dios les habìa dado, entendemos por cierto que el talento tambièn lo diò el Señor, pero como dice el dicho criollo “ no podemos poner la carreta delante de los bueyes “ y eso se cumple en las escrituras, cuando aquellos dicen como dijera Calvino “ Cuidado con aquellos que dicen solo el Espìritu el Espìritu y no dicen la Palabra la Palabra “, jamàs el Espìritu Santo va contradecir a la Palabra ya que fue èl que la inspirò.
Mi oraciòn es a la reflexiòn sincera, aquellos que se dicen siervos del Señor JesuCristo y estàn jugando con sus cabezas, mucho cuidado.
Tal pretensión con tal de lograr sus oscuros propòsitos, no se dan cuenta del mal que estàn haciendo y colocando sus cabezas en el picadero eternal. Estàn permitiendo que el YO, la VISION, la EXPERIENCIA,y ni que hablar de las REVELACIONES, sean o por lo menos pretendan estar por encima de la AUTORIDAD ESCRITURAL.
Es lamentable el daño espiritual y emocional que ocasionan en muchas personas, matrimonios y familias enteras, hacièndoles copartìcipes de sus iniquidades.
En antaño nos jactàbamos de los animistas, hoy lo vemos en templos que deberìan tener el propòsito de anunciar la buenas nuevas de salvaciòn y no darle la preminencia al Inìcuo durante los cultos. Pero la seducciòn espiritual no se deja por menos permitiendo que cosas
por las cuales Pablo, Pedro lucharon denodadamente al igual que muchos de los asì llamados Padres de la Iglesia, como antes mencionàramos, se permita que este flagelo se introduzca en el culto al Señor de señores so mera excusa del modernismo actual.
Pero se olvidan que primero el pregonero debe tener caràcter y no colocar sus talentos por encima de este, ejemplos por citar algunos, Noê, Job, Daniel, Josè, etc, tuvieron caràcter firme en sus decisiones, jamàs permitieron que sus talentos eclipsaran el caràcter que Dios les habìa dado, entendemos por cierto que el talento tambièn lo diò el Señor, pero como dice el dicho criollo “ no podemos poner la carreta delante de los bueyes “ y eso se cumple en las escrituras, cuando aquellos dicen como dijera Calvino “ Cuidado con aquellos que dicen solo el Espìritu el Espìritu y no dicen la Palabra la Palabra “, jamàs el Espìritu Santo va contradecir a la Palabra ya que fue èl que la inspirò.
Mi oraciòn es a la reflexiòn sincera, aquellos que se dicen siervos del Señor JesuCristo y estàn jugando con sus cabezas, mucho cuidado.
viernes 27 de mayo de 2011
La Glossolalia
Compendio
El interrogativo que queremos hacer es: ¿son las lenguas hoy día las mismas lenguas de las que Pablo habla en su carta a los (1 Co.14). Podríamos acercarnos a esta pregunta de varias formas, por ejemplo, el testimonio en el resto del libro de Hechos, o relacionando las historias de Hechos con las epístolas de Pablo y el resto del N.T. Vamos a considerar los siguientes puntos:
1) Dios había prometido un derramamiento de su Espíritu Santo sobre su pueblo en general. Y prometió señales para comprobar ese hecho (Jl.2:28-32).
2) El Espíritu prometido era aquél que había soplado sobre el hombre creándolo a la imagen de Dios. Este Espíritu cubriría todo el pueblo, trayendo un corazón dispuesto a la obediencia. Las promesas del A.T. enfatiza un corazón cambiado y una disposición de obediencia (Jer.31:31-33; Ez.36:25-27).
3) Las manifestaciones principales que Dios emplea en el A.T. para representar la presencia de su Espíritu son: viento (ruach), fuego, la columna de fuego que acompaño al pueblo de Israel durante el desierto.
En el A.T. Dios preparó el camino para poder entender la sustancia de lo que iba a hacer en el día de Pentecostés. Por eso se revela como viento y como fuego. Pero estas señales son periféricas. La iglesia no necesita estas señales tal como Adán no las necesitaba para obedecer a Dios antes de la caída. Eran “señales” no la sustancia. Pedro enfatiza esto en su sermón el día de Pentecostés (Hch.2).
¿Qué de las lenguas? En realidad las lenguas en sí parecen no formar parte de las señales de Pentecostés. La presencia de la profecía sí manifestaba un cumplimiento de las esperanzas del poder y llenura del Espíritu Santo. Pero ninguna profecía del A.T. mencionas hablar en lenguas como señal del Espíritu Santo. Creo que podemos entender el hablar en lenguas (idiomas Hch.2:8) bajo el análisis en el cual Pablo lo trata en (1 Co.12-14).
Si queremos hablar de las lenguas como señal, eran señal para los no creyentes, lo cual concuerda con lo que Pablo dice en (1 Co.14:22). Bueno para no seguir abundando en el tema dejemos que el trabajo investigativo que he realizado hable por si solo.
I. Las lenguas del nuevo testamento eran instrumento de revelación.
Si dicha afirmación mencionada arriba es cierta quiere decir entonces que las lenguas que hoy día se hablan no son las mismas que se hablaban en el nuevo testamento, ya que las lenguas que se hablan hoy día son utilizadas con otro propósito. Hoy día muchos círculos eclesiásticos enseñan que el don de lenguas no es re-velatorio y por dicha razón pretenden confinarlo a un uso privado enseñando que es algo que se utiliza en el devocional privado o simplemente es algo a utilizarse de manera particular.
En muchas ocasiones (1 Co.14:2) es utilizado para enseñar que cuando la persona habla en lenguas no habla a los hombres sino a Dios, podemos notar en dicha escritura que es un poco contradictoria cuando la comparamos con el suceso en Pentecostés de (Hch.2); donde en ese momento queda claro que los visitantes podían entender en su propio idioma los que habían sido llenos del espíritu Santo. También queda claro que el apóstol Pablo da contundente instrucciones para que el don de lenguas sea utilizado de manera edificante por medio de la interpretación.
¿Qué significa que el que habla por el espíritu habla misterios? ¿Qué es un misterio en la palabra de Dios? Cuando estudiamos los textos en los que la palabra misterio aparece podemos darnos cuenta que un misterio es una verdad acerca de Dios, del plan de redención que una vez estuvo oculto pero que ahora es revelado. En el nuevo testamento o en el contexto del nuevo pacto un misterio es un fenómeno de revelación, es algo que el pueblo de Dios no conocía hasta que Dios quiso revelarlo. Dicho término se utiliza más de 20 veces en el nuevo testamento y Pablo es el más que lo utiliza, Jesús hace uso del término en (Mt.13:11) donde Jesús deja claro cuando dice “a vosotros os doy a conocer los misterios”. En (Ro.11:25) aquí el apóstol explica y da información de revelación divina acerca de los tiempos del fin y su plan para con su pueblo. En (Ro.16:25-26) enseña que este misterio es dado para que el pueblo obedezca, o sea una revelación de la voluntad de Dios. En (1 Co.4:1) queda claro que los predicadores son administradores de los misterios de Dios, esto me hace formular una pregunta ¿el predicador antes de hablar los misterios de Dios entienden los misterios de Dios? Porque queda claro que un predicador no puede anunciar los misterios de Dios si no entiende antes esos misterios de Dios, ya que suena ilógico que, como una persona hablaría de algo lo cual no entiende, el predicador es un administrador puesto por Dios para que dé a conocer sus misterios. En (1 Co.15:51) notamos como Pablo anuncia un misterio pero luego declara la información del misterio. En (Ef.1; 3:8-9; 6) podemos notar que la palabra misterio muestra algo oculto hasta que Dios lo quiso revelar.
¿Qué son las lenguas dice el apóstol Pablo? Por medio de las lenguas se habla misterio no jeringonza, voluntad de Dios revelada que hasta el momento había estado oculto porque eran días de revelación. El don de profecías al igual que el don de lenguas y su interpretación fue utilizado por Dios para revelar voluntad divina en medio de su pueblo en aquel entonces.
En dicho pasaje de (1 Co.14) se confirma que el don de lenguas era un instrumento de revelación. En los (vs.4-5) dice: “El que habla en lenguas, a sí mismo se edifica, pero el que profetiza edifica a la iglesia. Yo quisiera que todos hablarais en lenguas, pero aún más, que profetizarais; pues el que profetiza es superior al que habla en lenguas, a menos de que las interprete para que la iglesia reciba edificación”.
Lo que podemos notar de dichos versos mencionados arriba es que para Pablo la profecía y las lenguas con su interpretación eran equivalentes. Según John Macarthur en “Carismáticos” pág.229 dice: “Pablo no estaba recomendando el uso del don en violación de su propósito y sin tomar en cuenta el principio del amor (“el amor... ni busca lo suyo propio” 1 Co.13:15). La palabra “edifica” en (14:4) según la concordancia Strong es “oikodoméo” que significa “ser constructor de la casa” o simplemente “construir”. Puede llevar una connotación positiva o negativa, dependiendo del contexto, por ejemplo en (1 Co.8:10) se utiliza la misma palabra griega para hablar de “estimular” la conciencia de alguien para hacer el mal. Los Corintios estaban usando las lenguas para edificarse a sí mismos en un sentido egoísta. Sus motivos no eran sanos, sino egocéntricos. Su pasión por las lenguas surgió de un deseo de ejercitar los dones más espectaculares y llamativos enfrente de otros creyentes. El punto de Pablo era que nadie se beneficia de tal exhibición excepto la persona que habla en lenguas, y el principal valor que obtiene de ello es edificar su propio ego. En (1 Co.10:24) Pablo ya había hecho claro este principio: “nadie busque su propio bien, sino el bien del otro”. Al igual que Pablo, Pedro es igual de enfático cuando dice en (1 P.4:10) “cada uno ponga al servicio de los demás el don que ha recibido”
Desde el principio hemos querido demostrar que el don de lenguas era un don de revelación, por lo cual también el apóstol Pablo hace énfasis en dicho propósito ya que en (1 Co.14:16-17) Pablo escribió: “pues de otro modo, si das gracias con el espíritu, ¿cómo dirá amén a tu acción de gracias el que ocupa el lugar de indocto, ya que no sabe lo que estás diciendo? Porque tú, a la verdad, expresas bien la acción de gracias, pero el otro no es edificado”. En otras palabras, los que hablaban en lenguas en corintio estaban siendo egoístas, ignorando al resto de la gente en la congregación, y en vez de edificar, turbaban con el don el mensaje que tenía el propósito de comunicar, y haciendo todo sólo para satisfacer sus propios egos, para exhibirse y para demostrar su espiritualidad unos a otros.
Ahora ¿qué era lo que edificaba del don de profecía? ¿Acaso era el tono de voz del profeta? ¿La voz vibrante del que hablaba? ¿La manera extravagante de como Dios utilizaba a los hombres? No, lo que edificaba del don de profecías era el mensaje contundente y claro de parte de Dios por medio de labios de un hombre. Por tal razón Dios utiliza el medio verbal para que podamos entender y comprender la buena voluntad de Dios. Lo mismo ocurre con el don de lenguas, escuchar a una persona hablando lenguas no es lo que edifica, lo que edifica es su interpretación, o sea el mensaje claro que llega a la conciencia del ser humano. Dicho de otro modo, el entendimiento es lo que nos lleva a la edificación personal. Dios nos edifica por medio del entendimiento de la verdad, para que el mensaje sea de edificación para el pueblo de Dios debe ser inteligible o sea entendible.
¿Para qué Dios dio el don de profecía? Para revelar su verdad ¿Para qué Dios dio el don de lenguas y su interpretación? Igualmente, para revelar su verdad. Amenos que estemos dispuestos a decir que las lenguas que se hablan hoy son revelación divina al mismo nivel de las profecías de las Escrituras no podemos decir que se tratan de las lenguas del N.T. Si son las mismas es porque la revelación divina continúa ya que las lenguas en el N.T eran reveladoras, el don de lenguas era un instrumento de revelación divina.
II. El don de lenguas eran otros idiomas.
Una gran parte de los grupos eclesiásticos enseñan que el don de lenguas es un idioma particular dado por Dios al ser humano la cual se adentran en una comunicación directamente con Dios. En la mayoría por no decir que todos los casos el emisor no entiende lo que dice. Simplemente por dar una definición propia del don de lenguas según la biblia se podría decir que las lenguas habladas en (Hch.2) no fueron idiomas aprendidos, pero por testimonio de la misma escritura queda demostrado que tampoco era un tipo de balbuceo.
Ahora, ¿Qué quiso decir Pablo con “lenguas… de ángeles”? Muchos creen que Pablo estaba sugiriendo que el don de lenguas incluye alguna clase de lengua angelical o celestial. Sin embargo, no hay ningún tipo de garantía en el texto mismo de tal criterio. En este momento sería importante aclarar que Pablo no sugiere a su audiencia algún tipo de lenguaje privado con Dios sino que más bien Pablo hace un tipo de caso hipotético.
“Los verbos griegos en 1 Corintios 13:2-3 están en subjuntivo. El modo subjuntivo se usa para indicar lo imaginario o una situación contraria a la realidad. Una gramática griega explica: “Mientras que el indicativo asume realidad, el subjuntivo asume irrealidad. Es el primer paso aparte de lo que es real en la dirección de lo que solamente es concebible” (H.E.Dana y J.R. Mantey, A Manual Grammar of the Greek New Testament (Un manual de gramática del griego del Nuevo Testamento) (Toronto: Macmillan, 1957, 170).
En palabras entendibles, Pablo simplemente habla de manera teórica, sugiriendo que aunque eso fuera verdad, sin amor esas cosas no tendrían significado. Para probar su punto de la necesidad del amor, Pablo estaba tratando de extender sus ejemplos a límites extremos. Al realizar un breve recorrido por las Escrituras ya sea A.T. o N.T. podemos notar que los mensajeros angelicales de Dios se comunicaron a los humanos en el propio idioma humano. Después de dicha declaración podría surgir el argumento “de que por el simple hecho de ser antes angelicales conocen todos los idiomas” pero queda claro que en la Escritura no se da algún indicio de que los ángeles tengan algún idioma en particular.
En ninguna parte en la Biblia enseña que el don de lenguas sea algo distinto a los lenguajes humanos. Tampoco hay ninguna sugestión de que las verdaderas lenguas descritas en 1 Corintios 12-14 fueran materialmente diferentes de los lenguajes milagrosos descritos en Hechos 2 en Pentecostés. De hecho, cabe señalar que el término “lengua” en (Hch.2 y 1 Co.14:2) viene del término “glossa” (γλω̂σσα) se usa como: (1) las «lenguas… como de fuego» (Hec:2:3), que aparecieron en Pentecostés; (2) la lengua, como órgano del habla (p.ej., Mar:7:33; Rom:3:13 ; Rom:14:11; 1Co:14:9 ; Flp:2:11; Stg:1:26 ; Stg:3:5-6, Stg;3:8; 1Pe:3:10 ; 1Jn:3:18 ; Rev:16:10); (3) (a) un lenguaje, lengua; junto con fule , tribu, laos , pueblo, ethnos , nación, siete veces en Apocalipsis (Ap.5:9; Ap.7:9; Ap.10:11; Ap.11:9; Ap.13:7; Ap.14:6; Ap.17:15); (b) el don sobrenatural de hablar en otro lenguaje sin haberlo aprendido; (Diccionario Vine N.T.)
En Hechos es claro que los discípulos estaban hablando en lenguas conocidas. Las personas judías presentes durante ese momento en Jerusalén “estaban confundidos, porque cada uno les oía hablar en su propio idioma” (2:6). Lucas procedió a mencionar al menos 15 diferentes países y regiones donde se hablaban esos idiomas (vv.8-11). Muchos estudiosos señalan que la expresión “lenguas extrañas” (1 Co. 14) describe un lenguaje que no es de este mundo. Sin embargo, cuando nos acercamos al texto griego podemos ver que la expresión “extraña” no está presente, dando a entender que dicha expresión fue añadida por los traductores de dicha versión (Reina Valera 1960). Glossa siempre aparece en forma plural de principio a fin de los Hechos, indicando lenguas múltiples. En 1 Corintios 14, sin embargo, Pablo empleó tanto la forma singular como plural. ¿Qué podríamos decir en cuanto a dicho cambio entre el singular y el plural? Bueno, una breve explicación es que sería posible que al usar el término “lengua” en singular en los (vv.2, 4, 13, 14, y 19) se estaba refiriendo al balbuceo pagano falsificado que algunos de los creyentes corintios estaban usando evidentemente en vez del verdadero don de lenguas. El habla sin significado era la misma cosa fundamentalmente, de modo que la forma plural era innecesaria. Cuando Pablo se refería claramente al auténtico don de lenguas, usaba el plural “lenguas”. La única excepción es (1 Co.13:27) donde Pablo describe a un hombre que hablaba una lengua, de modo que el singular “lengua” era aquí necesario también. La RVR usa la palabra “extraña” solamente cuando la forma de glossa es en singular. Si esta diferenciación entre el singular “lengua” y el plural “lenguas” significa la diferencia entre un idioma verdadero y un mero balbuceo, tal vez la versión RVR está en lo correcto al añadir el adjetivo, después de todo. Entendido en esta forma, la “lengua extraña” no es una manifestación del verdadero don espiritual, sino una corrupción pagana.
Otra indicación más de que Pablo tenía en mente lenguajes humanos es su declaración en 1 corintios 14:21-22, de que las lenguas eran dadas como señal al incrédulo Israel: “En la ley está escrito: En otras lenguas y en otros labios hablaré a este pueblo, y ni aun así me harán caso, dice el Señor”. Pablo se refería a Isaías 28:11-12, una profecía que decía a la nación de Israel que Dios daría su revelación en lengua gentil. Eso era un reproche a Israel en su incredulidad. Para que fuera una señal significativa, las lenguas deberían haber sido extranjeras, no algún tipo de “habla angelical”.
¿Cuál es el propósito de las lenguas? Bueno, dicha pregunta será contestada en el transcurso de dicho ensayo. El N.T. no tiene ninguna sugerencia de que las lenguas que se mencionan en corinto fueran diferentes a las de Pentecostés, antes todo lo contrario, el fenómeno de Pentecostés lo hallamos en (Hch.10) con la conversión del primer gentil Cornelio, Dios habla a Cornelio, Dios habla a Pedro, los reúne y Pedro es testigo y junto a Pedro los Judíos que le acompañaban estaban atónitos “porque el don del Espíritu Santo fue derramado también sobre los gentiles” (Hch.10:45-46). Pedro concluyó: “¿Acaso puede alguno negar el agua, para que sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo, igual que nosotros?” (Hch.10:47). Pedro da a entender que la experiencia por la que estaban pasando los gentiles era la misma experiencia por la que los judíos habían pasado en (Hch.2) o sea también eran idiomas las lenguas que los gentiles hablaron (Hch.11:15). ¿Por qué los judíos estaban atónitos en ese momento con la experiencia de Cornelio? Porque oyeron que los gentiles hablaban en lenguas y glorificaban a Dios. Aunque las lenguas eran primeramente una señal de juicio para el incrédulo Israel (1 Co.14:21-22), Dios repitió aquí el fenómeno como una manera de demostrar a los creyentes judíos que el Espíritu Santo había venido a los gentiles tal como lo había hecho con ellos. En (Hch.11) El concilio de Jerusalén sorprendidos como estaban, no podían negar lo que había pasado. Ellos retuvieron la paz, glorificaron a Dios, y reconocieron que Dios había concedido misericordiosamente a los gentiles también el arrepentimiento que lleva a la vida (Hch.11:18). La iglesia era una: judía y gentil (comp. Gal.3:28; Ef.2:14-18). Esto es el cumplimiento de la promesa de (Hch.1:8).
En (1 Co.14) se usa la misma terminología, dice en (Hch.2) “y comenzaron hablar en otras lenguas”, dice en (1 Co.14) “en otras lenguas y con otros labios hablare a este pueblo” o sea es el mismo lenguaje y el termino original es (glossa) lógicamente refiriéndose a idiomas. En (1 Co.14) Pablo utiliza un texto del A.T. que es el texto de Isaías ya mencionado anteriormente de (Is.28) en el cual lógicamente se habla de otros idiomas.
William Samarin, profesor de lingüísticas en la Universidad de Toronto, escribió: A través de un periodo de cinco años he tomado parte en reuniones en Italia, Holanda, Jamaica, Canadá y los Estados Unidos. He observado pentecostales chapados a la antigua y a neo pentecostales; he estado en pequeñas reuniones en hogares privados y también en reuniones públicas enormes; he visto ambientes culturales tan diferentes como los que se encuentran entre los puertorriqueños del Bronx, los manejadores de serpientes de los Apalaches y los molokanes rusos en los Angeles… Glossolalia es ciertamente como lenguaje en alguna manera, pero esto es solamente porque el que habla (inconscientemente) quiere que sea como lenguaje. Sin embargo, a pesar de sus similitudes superficiales, la glosolalia fundamentalmente no es un lenguaje. William J. Samarin, Tongues of Men and Angels (New York: Macmillan, 1972) xii, 227.
Todos los estudios están de acuerdo en que lo que escuchamos hoy en día no es lenguaje; y si no es lenguaje, entonces no es el don bíblico de lenguas. Solo el don bíblico de las lenguas revoca a Babel y trae reconciliación a las naciones. ¿Qué ocurrió en Babel? La confusión de los idiomas, ¿Qué ocurre en Pentecostés? La unión de los pueblos, que aunque hablan distintos idiomas pero unidos por un mismo Cristo. Este punto revoca casi la totalidad de lo que se quiere enseñar hoy día con relación a las lenguas o con lo que se dice son lenguas.
III. Las lenguas del N.T eran para consumo público no para uso privado.
¿Qué son los dones? Los dones son capacidades especiales del Espíritu Santo para que nos ministremos y nos sirvamos unos a los otros y todos fueron dados para provecho como dice el apóstol Pablo. El propósito de estos dones carismáticos es, en primer término, la edificación de toda la iglesia (1 Co. 12.4–7; 14.12), queda claro que también Pedro cuando habla de los dones en (1 P.4:11) le da el mismo propósito y Pablo cuando habla de los dones en (Ro.12); o sea, claramente se puede decir que la enseñanza bíblica de los dones es que son de beneficio para los demás hermanos. Es por tal razón la imagen del cuerpo que Pablo utiliza donde el ojo no se sirve así mismo, el ojo sirve al cuerpo entero, donde la mano no se sirve a sí misma, sino que sirve al cuerpo entero.
Vale la pena detenerse en esta definición para estudiarla en detalle. Primero, define a un don espiritual como habiendo sido otorgado al creyente por Dios, como está implícito en la frase "don espiritual". En el Nuevo Testamento, la palabra para este tipo de don (la palabra que es utilizada la mayor parte de las veces con referencia a los dones) es charisma o charismata (en plural). Nuestra palabra carismático proviene de esta raíz, si bien la palabra tiene un uso más restringido que el original. Lo más importante de la palabra charisma es que está basada en la palabra griega charis, que significa "gracia". Como la gracia es el favor inmerecido de Dios, el énfasis es que los dones espirituales son dispersados por Dios según quiera. Un cristiano ha de recibir un don; otro cristiano, otro don. Algunos pueden recibir más de un don. Pablo puso el énfasis sobre esto en el versículo que recién hemos citado. "Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere" (1 Co 12:11).
Una de las señales de la iglesia es la unidad. Esta marca es inherente a la misma definición de la iglesia. La iglesia está (1) fundada sobre el Señor Jesucristo, (2) creada por el Espíritu Santo, y (3) conformada por personas de todas las razas que se convierten en un nuevo pueblo a la vista de Dios. Si la iglesia ha sido fundada en Jesucristo, tiene un fundamento, lo que significa un Señor y una teología en torno a él. Si ha sido creada por el Espíritu Santo, la experiencia fundamental del pueblo de Dios es idéntica. Provienen de distintos orígenes, pero son llamados a una relación con Dios por una obra de regeneración, justificación y adopción. Si se han convertido en un pueblo nuevo, evidentemente están apartados del mundo como una entidad separada y santa.
Una persona que se convierte en cristiana puede apreciar esta unidad. Antes, esta persona en mayor o menor medida dependía de sí mismo o de sí misma. Ahora, todo eso ha cambiado. Como lo expresa Pablo cuando escribe a los Efesios: "Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios" (Ef. 2:19).
Pero uno no ha sido un miembro de la iglesia por mucho tiempo antes de que le sea obvia la mucha diversidad que hay dentro de ella. Algunas son resultado del pecado y son por lo tanto enteramente injustificadas. Otras, en realidad, son el regalo de Dios a la iglesia y son de vital importancia para el correcto funcionamiento de la iglesia en el mundo.
Este énfasis que tiene dos vertientes, la unidad y la diversidad, aparece en varios pasajes del Nuevo Testamento. Por ejemplo, en el capítulo 4 de Efesios, un número de frases hablan con elocuencia sobre nuestra unidad. "Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos" (vs. 4-6). Pero no ha acabado Pablo de articular esta verdad cuando pasa a hablar sobre la diversidad que existe en el campo de los dones. "Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo... Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio para la edificación del cuerpo de Cristo" (vs. 7,11-12). En los siguientes versículos ilustra este punto hablando sobre un cuerpo, el cual aunque es un solo cuerpo, tiene sin embargo muchas partes funcionales diferentes.
En 1 Corintios los ejemplos de la unidad y la diversidad están mezclados. "Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo" (1 Co 12:4-6). Después de enumerar nueve de estos dones, el apóstol concluye: "Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere" (vi. 11).
El libro a los Romanos tiene un énfasis similar. "Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros" (Ro 12:4-5).
Estos versículos nos están enseñando que la salud de la iglesia requiere un cierto tipo de unidad y un cierto tipo de diversidad. No hay ninguna iglesia sin la presencia de esta unidad, nuestra relación con Cristo mediante la obra del Espíritu de Dios que todos compartimos. Sin ella, estamos todavía en nuestros pecados. Por otro lado, sin la diversidad, la iglesia no puede ser saludable y ciertamente no funcionará adecuadamente, como un cuerpo al que le faltan los brazos o las piernas.
Ahora, puede levantarse el argumento o la pregunta ¿No utilizaba Pablo el don en su vida privada? Esto quieren enseñar muchos, mal interpretando lo dicho por Pablo en (1 Co.14:18-19) “Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos vosotros; (v.19) sin embargo, en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para instruir también a otros, antes que diez mil palabras en lenguas”. Muchos dicen “aquí Pablo está haciendo un contraste de lo que él hace en su vida privada y lo que hace en su vida pública”. Pero el contraste bíblico no es entre usar el don en privado o usarlo en público, sino más bien entre los corintios en su obsesión con los dones más extraordinarios y el interés que tenía Pablo del bienestar de la iglesia. Pablo más bien amonesta a los hermanos de Corintios ya que estos lo que hacían era un espectáculo, una ostentación de los dones que ellos tenían. Pablo en otras palabra lo que les dice es “procuren edificar al pueblo de Dios”. Lo que el apóstol le deja claro es que estaban siendo motivados por un fuerte deseo de sobresalir y no de edificar al pueblo de Dios.
Pablo señala que los dones del Espíritu tienen un propósito: la edificación y la unidad de la iglesia (12:12-27). En un sentido estos son dos propósitos diferenciados. Pero Pablo los consideró a ambos por medio de la imagen del cuerpo a la que cada una de las partes contribuye. Hizo hincapié en que: (1) hay "muchos miembros" en el cuerpo (vs. 12); (2) todos "son indispensables" (vs. 22); y
(3) no debería haber "discordia" (vs. 25). Si el ejercicio en particular del don de lenguas no promueve el crecimiento o, peor aún, conduce a la cisma, entonces el don no es de Dios o está siendo ejercido de manera contraria a los propósitos de Dios.
Pablo indica (posiblemente en este caso para humillar a quienes se estaban jactando de su don de lenguas) que si los dones hubiesen de ser enumerados según el orden de importancia, las lenguas siempre estarían muy atrás en la lista (12:28-14:12). Podemos apreciar esto de diversas maneras. Siempre que enumeró los dones, las lenguas y la interpretación de lenguas estuvieron en el último lugar. Esto está muy marcado en 1 Corintios 12:28, donde Pablo especialmente enumeró los dones: "Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas". Pablo hizo esta acotación, además, enfatizando la importancia del amor. Su preocupación por el amor era tan grande que interrumpió su discusión sobre los problemas de los dones para hablar sobre el amor (capítulo 13). Por último, concluyó que si había un don que debía ser buscado, este era el don de la profecía, que en este pasaje se refiere a la capacidad de predicar y enseñar la Palabra con claridad (14:1). Si bien Pablo también hablaba en lenguas, prefería hablar cinco palabras en un idioma inteligible que diez mil en una lengua desconocida (14:19).
Según Pablo es que el don de lenguas está plagado de peligros en particular y por lo tanto debe ser ejercido con precaución (14:13-38).
El primer peligro es el desorden. Pablo consideraba al desorden como una desgracia; la obra de Dios no tendría que tener lugar de ninguna manera desorganizada. En este punto en particular dejó establecidas algunas pautas. Primero, no se debería permitir que nadie hablara en la iglesia al mismo tiempo que otra persona estuviera hablando; las personas deberían hablar en turno. Segundo, no se debería permitir que todos hablaran, sino sólo a dos o tres. Tercero, no se debería permitir ni siquiera que estas personas hablaran en lenguas si no hubiera quien interpretara. En estos versículos, Pablo está ejerciendo control, no ocurriera que acallara la voz del Espíritu (algo que no tenía ningún deseo de hacer), pero al mismo tiempo y por las mismas razones, está garantizando que la voz del Espíritu sea escuchada por toda la asamblea. El Espíritu Santo, es obvio, no podría ser escuchado mientras todos estuvieran gritando y clamando al mismo tiempo bajo su supuesta influencia.
Un segundo peligro es el de un cristianismo sin contenido, algo que Pablo trata de contrarrestar insistiendo sobre la interpretación. Entonces, como ahora, el cristianismo estaba amenazado por un enfoque que hacía de la experiencia algo central. El contenido era secundario. Tener una experiencia emocional "fuerte" era el todo. Pero Pablo no deseaba permitirlo. Es cierto, no deseaba prohibir ninguna respuesta emocional a la verdad del cristianismo que fuese válida (y tampoco debemos hacerlo nosotros). Hay, y debe haber, emoción dentro del cristianismo. Pero no debe permitirse que las emociones se conviertan en la base de la fe. La revelación objetiva de Dios en la historia y en las Escrituras es la base del cristianismo. Si se confía en la experiencia por encima de la revelación, nos conducirá a una distorsión del cristianismo verdadero y a varios excesos.
Vemos esto en la actualidad, y no sólo en el movimiento de lenguas. Vemos un tipo de cristianismo emocional, casi carente de contenido, en donde la experiencia constituye el todo. Siguiendo el ejemplo de Pablo, debemos enfatizar el contenido. Francis Schaeffer escribe: "Debemos hacer hincapié sobre el hecho que la base para nuestra fe no es ni la experiencia ni la emoción sino la verdad como la ha entregado Dios en su forma verbal, proposicional, en las Escrituras, la cual primero aprehendemos con nuestras mentes - aunque, por supuesto, toda la persona debe actuar en base a ella". Francis A. Schaeffer, the New Super-Spirituality (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1972), p. 24.
John Stott hace la misma observación al argumentar en contra de un "cristianismo sin razonamiento". John R. W. Stott, Your Mind Matters (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1972), p. 10.
IV. Las lenguas del Nuevo Testamento eran una señal.
Hemos llegado al punto más glorioso y central, Dios había profetizado acerca del descenso del Espíritu Santo el día de Pentecostés y cuando Pedro predica después de que todos fueron llenos del Espíritu Santo, el apóstol cita al profeta Joel: “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: (Hch.2:17) “Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; (v.18) y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
Pedro está citando un texto del A.T. que habla sobre la profecía como cumplimiento de lo ocurrido en (Hch.2). Anteriormente comentamos que las lenguas con su interpretación son equivalentes a profecía. El don de profecía era revelación por parte de Dios, eran declaraciones inspiradas, no eran palabras inseguras, era un mensaje infalible o sea que se cumplía.
En el A.T existen tres referencias explicitas a las lenguas y siempre son explicaciones de que las lenguas eran una señal. Parte, de una maldición que había en el pacto de Dios para con su pueblo Israel por su desobediencia. En (1 Co.14:20-22) es cuando Pablo cita el texto de (Is.28); de manera que quien hace la unión o la relación entre la profecía de Isaías y el don de lenguas en (1 Co.14) es el mismo Pablo, en el (v.20) dice: “Hermanos, no seáis niños en la manera de pensar; más bien, sed niños en la malicia, pero en la manera de pensar sed maduros. En la ley está escrito: POR HOMBRES DE LENGUAS EXTRAÑAS Y POR BOCA DE EXTRAÑOS HABLARE A ESTE PUEBLO, Y NI AUN ASI ME ESCUCHARAN, dice el Señor. Así que las lenguas son por señal no al creyente sino al incrédulo pero la profecía no a los incrédulos sino a los creyentes.
Bueno, ya para ir concluyendo el tema de la “glossolalia” quisiera tocar un último texto que muchas veces se mal interpreta y es el (v.28) de (1 Co.14); “pero si no hay intérprete, que guarde silencio en la iglesia y que hable para sí y para Dios”. No podemos interpretar dicho texto fuera de su contexto, el (v.27) habla de la “glossa” mientras que el (v.29) de la profecía, entonces ¿qué quiere decir Pablo en el (v.28)?. Interpretar dicho texto como que Pablo está a favor del uso del don en la vida privada, sería ir en contra de la misma Palabra de Dios y la verdadera enseñanza que la misma desarrolla a través de sus páginas, sería no entender el verdadero propósito de los dones dados a la iglesia para el uso de asamblea, además, que pondríamos a Pablo en una contradicción ya que desde (1 Co. 12-14) su enseñanza es clara. Simplemente del “habla” del que menciona Pablo en dicho texto es la oración. Sería una enseñanza errónea decir que las lenguas son para beneficio propio a través de la oración ya que no podemos perder de perspectiva cual era el propósito de los dones y además de que el don de lenguas era de señal al incrédulo no a la iglesia.
Conclusión
Con este artículo he tratado de despertar interés en el estudio amplio del testimonio Bíblico, dando importancia al desarrollo de la revelación de Dios. La Palabra de Dios contiene una riqueza de enseñanza sobre la persona y obra del Espíritu Santo. Nuestra teología debe apoyarse en todas las facetas de estas enseñanzas, reconociendo tanto el desarrollo de la revelación como la interrelación de sus partes.
Lejos de producir una fe meramente “intelectualista” o “doctrinal”, el aprecio de toda la gama bíblica sobre el Espíritu Santo nos llevará a una comprensión mayor con nuestro Redentor. Nuestra obediencia buscará formas más fieles y profundas en qué manifestar nuestra transformación a la imagen de Dios y podremos enfocarnos en la esencia de la plenitud del Espíritu de Dios, el amor, la paz y la obediencia en el lugar de derramar energías buscando elementos extraños al evangelio. ¡Dios nos llene a nosotros y a nuestras iglesias de este Espíritu Creador y Redentor!
Redactor:Angel Vega "Luigie"
Esto es parte de una monografía para la clase de 1-2 de Contios.
Si la deseas completa dejame tu info.
El interrogativo que queremos hacer es: ¿son las lenguas hoy día las mismas lenguas de las que Pablo habla en su carta a los (1 Co.14). Podríamos acercarnos a esta pregunta de varias formas, por ejemplo, el testimonio en el resto del libro de Hechos, o relacionando las historias de Hechos con las epístolas de Pablo y el resto del N.T. Vamos a considerar los siguientes puntos:
1) Dios había prometido un derramamiento de su Espíritu Santo sobre su pueblo en general. Y prometió señales para comprobar ese hecho (Jl.2:28-32).
2) El Espíritu prometido era aquél que había soplado sobre el hombre creándolo a la imagen de Dios. Este Espíritu cubriría todo el pueblo, trayendo un corazón dispuesto a la obediencia. Las promesas del A.T. enfatiza un corazón cambiado y una disposición de obediencia (Jer.31:31-33; Ez.36:25-27).
3) Las manifestaciones principales que Dios emplea en el A.T. para representar la presencia de su Espíritu son: viento (ruach), fuego, la columna de fuego que acompaño al pueblo de Israel durante el desierto.
En el A.T. Dios preparó el camino para poder entender la sustancia de lo que iba a hacer en el día de Pentecostés. Por eso se revela como viento y como fuego. Pero estas señales son periféricas. La iglesia no necesita estas señales tal como Adán no las necesitaba para obedecer a Dios antes de la caída. Eran “señales” no la sustancia. Pedro enfatiza esto en su sermón el día de Pentecostés (Hch.2).
¿Qué de las lenguas? En realidad las lenguas en sí parecen no formar parte de las señales de Pentecostés. La presencia de la profecía sí manifestaba un cumplimiento de las esperanzas del poder y llenura del Espíritu Santo. Pero ninguna profecía del A.T. mencionas hablar en lenguas como señal del Espíritu Santo. Creo que podemos entender el hablar en lenguas (idiomas Hch.2:8) bajo el análisis en el cual Pablo lo trata en (1 Co.12-14).
Si queremos hablar de las lenguas como señal, eran señal para los no creyentes, lo cual concuerda con lo que Pablo dice en (1 Co.14:22). Bueno para no seguir abundando en el tema dejemos que el trabajo investigativo que he realizado hable por si solo.
I. Las lenguas del nuevo testamento eran instrumento de revelación.
Si dicha afirmación mencionada arriba es cierta quiere decir entonces que las lenguas que hoy día se hablan no son las mismas que se hablaban en el nuevo testamento, ya que las lenguas que se hablan hoy día son utilizadas con otro propósito. Hoy día muchos círculos eclesiásticos enseñan que el don de lenguas no es re-velatorio y por dicha razón pretenden confinarlo a un uso privado enseñando que es algo que se utiliza en el devocional privado o simplemente es algo a utilizarse de manera particular.
En muchas ocasiones (1 Co.14:2) es utilizado para enseñar que cuando la persona habla en lenguas no habla a los hombres sino a Dios, podemos notar en dicha escritura que es un poco contradictoria cuando la comparamos con el suceso en Pentecostés de (Hch.2); donde en ese momento queda claro que los visitantes podían entender en su propio idioma los que habían sido llenos del espíritu Santo. También queda claro que el apóstol Pablo da contundente instrucciones para que el don de lenguas sea utilizado de manera edificante por medio de la interpretación.
¿Qué significa que el que habla por el espíritu habla misterios? ¿Qué es un misterio en la palabra de Dios? Cuando estudiamos los textos en los que la palabra misterio aparece podemos darnos cuenta que un misterio es una verdad acerca de Dios, del plan de redención que una vez estuvo oculto pero que ahora es revelado. En el nuevo testamento o en el contexto del nuevo pacto un misterio es un fenómeno de revelación, es algo que el pueblo de Dios no conocía hasta que Dios quiso revelarlo. Dicho término se utiliza más de 20 veces en el nuevo testamento y Pablo es el más que lo utiliza, Jesús hace uso del término en (Mt.13:11) donde Jesús deja claro cuando dice “a vosotros os doy a conocer los misterios”. En (Ro.11:25) aquí el apóstol explica y da información de revelación divina acerca de los tiempos del fin y su plan para con su pueblo. En (Ro.16:25-26) enseña que este misterio es dado para que el pueblo obedezca, o sea una revelación de la voluntad de Dios. En (1 Co.4:1) queda claro que los predicadores son administradores de los misterios de Dios, esto me hace formular una pregunta ¿el predicador antes de hablar los misterios de Dios entienden los misterios de Dios? Porque queda claro que un predicador no puede anunciar los misterios de Dios si no entiende antes esos misterios de Dios, ya que suena ilógico que, como una persona hablaría de algo lo cual no entiende, el predicador es un administrador puesto por Dios para que dé a conocer sus misterios. En (1 Co.15:51) notamos como Pablo anuncia un misterio pero luego declara la información del misterio. En (Ef.1; 3:8-9; 6) podemos notar que la palabra misterio muestra algo oculto hasta que Dios lo quiso revelar.
¿Qué son las lenguas dice el apóstol Pablo? Por medio de las lenguas se habla misterio no jeringonza, voluntad de Dios revelada que hasta el momento había estado oculto porque eran días de revelación. El don de profecías al igual que el don de lenguas y su interpretación fue utilizado por Dios para revelar voluntad divina en medio de su pueblo en aquel entonces.
En dicho pasaje de (1 Co.14) se confirma que el don de lenguas era un instrumento de revelación. En los (vs.4-5) dice: “El que habla en lenguas, a sí mismo se edifica, pero el que profetiza edifica a la iglesia. Yo quisiera que todos hablarais en lenguas, pero aún más, que profetizarais; pues el que profetiza es superior al que habla en lenguas, a menos de que las interprete para que la iglesia reciba edificación”.
Lo que podemos notar de dichos versos mencionados arriba es que para Pablo la profecía y las lenguas con su interpretación eran equivalentes. Según John Macarthur en “Carismáticos” pág.229 dice: “Pablo no estaba recomendando el uso del don en violación de su propósito y sin tomar en cuenta el principio del amor (“el amor... ni busca lo suyo propio” 1 Co.13:15). La palabra “edifica” en (14:4) según la concordancia Strong es “oikodoméo” que significa “ser constructor de la casa” o simplemente “construir”. Puede llevar una connotación positiva o negativa, dependiendo del contexto, por ejemplo en (1 Co.8:10) se utiliza la misma palabra griega para hablar de “estimular” la conciencia de alguien para hacer el mal. Los Corintios estaban usando las lenguas para edificarse a sí mismos en un sentido egoísta. Sus motivos no eran sanos, sino egocéntricos. Su pasión por las lenguas surgió de un deseo de ejercitar los dones más espectaculares y llamativos enfrente de otros creyentes. El punto de Pablo era que nadie se beneficia de tal exhibición excepto la persona que habla en lenguas, y el principal valor que obtiene de ello es edificar su propio ego. En (1 Co.10:24) Pablo ya había hecho claro este principio: “nadie busque su propio bien, sino el bien del otro”. Al igual que Pablo, Pedro es igual de enfático cuando dice en (1 P.4:10) “cada uno ponga al servicio de los demás el don que ha recibido”
Desde el principio hemos querido demostrar que el don de lenguas era un don de revelación, por lo cual también el apóstol Pablo hace énfasis en dicho propósito ya que en (1 Co.14:16-17) Pablo escribió: “pues de otro modo, si das gracias con el espíritu, ¿cómo dirá amén a tu acción de gracias el que ocupa el lugar de indocto, ya que no sabe lo que estás diciendo? Porque tú, a la verdad, expresas bien la acción de gracias, pero el otro no es edificado”. En otras palabras, los que hablaban en lenguas en corintio estaban siendo egoístas, ignorando al resto de la gente en la congregación, y en vez de edificar, turbaban con el don el mensaje que tenía el propósito de comunicar, y haciendo todo sólo para satisfacer sus propios egos, para exhibirse y para demostrar su espiritualidad unos a otros.
Ahora ¿qué era lo que edificaba del don de profecía? ¿Acaso era el tono de voz del profeta? ¿La voz vibrante del que hablaba? ¿La manera extravagante de como Dios utilizaba a los hombres? No, lo que edificaba del don de profecías era el mensaje contundente y claro de parte de Dios por medio de labios de un hombre. Por tal razón Dios utiliza el medio verbal para que podamos entender y comprender la buena voluntad de Dios. Lo mismo ocurre con el don de lenguas, escuchar a una persona hablando lenguas no es lo que edifica, lo que edifica es su interpretación, o sea el mensaje claro que llega a la conciencia del ser humano. Dicho de otro modo, el entendimiento es lo que nos lleva a la edificación personal. Dios nos edifica por medio del entendimiento de la verdad, para que el mensaje sea de edificación para el pueblo de Dios debe ser inteligible o sea entendible.
¿Para qué Dios dio el don de profecía? Para revelar su verdad ¿Para qué Dios dio el don de lenguas y su interpretación? Igualmente, para revelar su verdad. Amenos que estemos dispuestos a decir que las lenguas que se hablan hoy son revelación divina al mismo nivel de las profecías de las Escrituras no podemos decir que se tratan de las lenguas del N.T. Si son las mismas es porque la revelación divina continúa ya que las lenguas en el N.T eran reveladoras, el don de lenguas era un instrumento de revelación divina.
II. El don de lenguas eran otros idiomas.
Una gran parte de los grupos eclesiásticos enseñan que el don de lenguas es un idioma particular dado por Dios al ser humano la cual se adentran en una comunicación directamente con Dios. En la mayoría por no decir que todos los casos el emisor no entiende lo que dice. Simplemente por dar una definición propia del don de lenguas según la biblia se podría decir que las lenguas habladas en (Hch.2) no fueron idiomas aprendidos, pero por testimonio de la misma escritura queda demostrado que tampoco era un tipo de balbuceo.
Ahora, ¿Qué quiso decir Pablo con “lenguas… de ángeles”? Muchos creen que Pablo estaba sugiriendo que el don de lenguas incluye alguna clase de lengua angelical o celestial. Sin embargo, no hay ningún tipo de garantía en el texto mismo de tal criterio. En este momento sería importante aclarar que Pablo no sugiere a su audiencia algún tipo de lenguaje privado con Dios sino que más bien Pablo hace un tipo de caso hipotético.
“Los verbos griegos en 1 Corintios 13:2-3 están en subjuntivo. El modo subjuntivo se usa para indicar lo imaginario o una situación contraria a la realidad. Una gramática griega explica: “Mientras que el indicativo asume realidad, el subjuntivo asume irrealidad. Es el primer paso aparte de lo que es real en la dirección de lo que solamente es concebible” (H.E.Dana y J.R. Mantey, A Manual Grammar of the Greek New Testament (Un manual de gramática del griego del Nuevo Testamento) (Toronto: Macmillan, 1957, 170).
En palabras entendibles, Pablo simplemente habla de manera teórica, sugiriendo que aunque eso fuera verdad, sin amor esas cosas no tendrían significado. Para probar su punto de la necesidad del amor, Pablo estaba tratando de extender sus ejemplos a límites extremos. Al realizar un breve recorrido por las Escrituras ya sea A.T. o N.T. podemos notar que los mensajeros angelicales de Dios se comunicaron a los humanos en el propio idioma humano. Después de dicha declaración podría surgir el argumento “de que por el simple hecho de ser antes angelicales conocen todos los idiomas” pero queda claro que en la Escritura no se da algún indicio de que los ángeles tengan algún idioma en particular.
En ninguna parte en la Biblia enseña que el don de lenguas sea algo distinto a los lenguajes humanos. Tampoco hay ninguna sugestión de que las verdaderas lenguas descritas en 1 Corintios 12-14 fueran materialmente diferentes de los lenguajes milagrosos descritos en Hechos 2 en Pentecostés. De hecho, cabe señalar que el término “lengua” en (Hch.2 y 1 Co.14:2) viene del término “glossa” (γλω̂σσα) se usa como: (1) las «lenguas… como de fuego» (Hec:2:3), que aparecieron en Pentecostés; (2) la lengua, como órgano del habla (p.ej., Mar:7:33; Rom:3:13 ; Rom:14:11; 1Co:14:9 ; Flp:2:11; Stg:1:26 ; Stg:3:5-6, Stg;3:8; 1Pe:3:10 ; 1Jn:3:18 ; Rev:16:10); (3) (a) un lenguaje, lengua; junto con fule , tribu, laos , pueblo, ethnos , nación, siete veces en Apocalipsis (Ap.5:9; Ap.7:9; Ap.10:11; Ap.11:9; Ap.13:7; Ap.14:6; Ap.17:15); (b) el don sobrenatural de hablar en otro lenguaje sin haberlo aprendido; (Diccionario Vine N.T.)
En Hechos es claro que los discípulos estaban hablando en lenguas conocidas. Las personas judías presentes durante ese momento en Jerusalén “estaban confundidos, porque cada uno les oía hablar en su propio idioma” (2:6). Lucas procedió a mencionar al menos 15 diferentes países y regiones donde se hablaban esos idiomas (vv.8-11). Muchos estudiosos señalan que la expresión “lenguas extrañas” (1 Co. 14) describe un lenguaje que no es de este mundo. Sin embargo, cuando nos acercamos al texto griego podemos ver que la expresión “extraña” no está presente, dando a entender que dicha expresión fue añadida por los traductores de dicha versión (Reina Valera 1960). Glossa siempre aparece en forma plural de principio a fin de los Hechos, indicando lenguas múltiples. En 1 Corintios 14, sin embargo, Pablo empleó tanto la forma singular como plural. ¿Qué podríamos decir en cuanto a dicho cambio entre el singular y el plural? Bueno, una breve explicación es que sería posible que al usar el término “lengua” en singular en los (vv.2, 4, 13, 14, y 19) se estaba refiriendo al balbuceo pagano falsificado que algunos de los creyentes corintios estaban usando evidentemente en vez del verdadero don de lenguas. El habla sin significado era la misma cosa fundamentalmente, de modo que la forma plural era innecesaria. Cuando Pablo se refería claramente al auténtico don de lenguas, usaba el plural “lenguas”. La única excepción es (1 Co.13:27) donde Pablo describe a un hombre que hablaba una lengua, de modo que el singular “lengua” era aquí necesario también. La RVR usa la palabra “extraña” solamente cuando la forma de glossa es en singular. Si esta diferenciación entre el singular “lengua” y el plural “lenguas” significa la diferencia entre un idioma verdadero y un mero balbuceo, tal vez la versión RVR está en lo correcto al añadir el adjetivo, después de todo. Entendido en esta forma, la “lengua extraña” no es una manifestación del verdadero don espiritual, sino una corrupción pagana.
Otra indicación más de que Pablo tenía en mente lenguajes humanos es su declaración en 1 corintios 14:21-22, de que las lenguas eran dadas como señal al incrédulo Israel: “En la ley está escrito: En otras lenguas y en otros labios hablaré a este pueblo, y ni aun así me harán caso, dice el Señor”. Pablo se refería a Isaías 28:11-12, una profecía que decía a la nación de Israel que Dios daría su revelación en lengua gentil. Eso era un reproche a Israel en su incredulidad. Para que fuera una señal significativa, las lenguas deberían haber sido extranjeras, no algún tipo de “habla angelical”.
¿Cuál es el propósito de las lenguas? Bueno, dicha pregunta será contestada en el transcurso de dicho ensayo. El N.T. no tiene ninguna sugerencia de que las lenguas que se mencionan en corinto fueran diferentes a las de Pentecostés, antes todo lo contrario, el fenómeno de Pentecostés lo hallamos en (Hch.10) con la conversión del primer gentil Cornelio, Dios habla a Cornelio, Dios habla a Pedro, los reúne y Pedro es testigo y junto a Pedro los Judíos que le acompañaban estaban atónitos “porque el don del Espíritu Santo fue derramado también sobre los gentiles” (Hch.10:45-46). Pedro concluyó: “¿Acaso puede alguno negar el agua, para que sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo, igual que nosotros?” (Hch.10:47). Pedro da a entender que la experiencia por la que estaban pasando los gentiles era la misma experiencia por la que los judíos habían pasado en (Hch.2) o sea también eran idiomas las lenguas que los gentiles hablaron (Hch.11:15). ¿Por qué los judíos estaban atónitos en ese momento con la experiencia de Cornelio? Porque oyeron que los gentiles hablaban en lenguas y glorificaban a Dios. Aunque las lenguas eran primeramente una señal de juicio para el incrédulo Israel (1 Co.14:21-22), Dios repitió aquí el fenómeno como una manera de demostrar a los creyentes judíos que el Espíritu Santo había venido a los gentiles tal como lo había hecho con ellos. En (Hch.11) El concilio de Jerusalén sorprendidos como estaban, no podían negar lo que había pasado. Ellos retuvieron la paz, glorificaron a Dios, y reconocieron que Dios había concedido misericordiosamente a los gentiles también el arrepentimiento que lleva a la vida (Hch.11:18). La iglesia era una: judía y gentil (comp. Gal.3:28; Ef.2:14-18). Esto es el cumplimiento de la promesa de (Hch.1:8).
En (1 Co.14) se usa la misma terminología, dice en (Hch.2) “y comenzaron hablar en otras lenguas”, dice en (1 Co.14) “en otras lenguas y con otros labios hablare a este pueblo” o sea es el mismo lenguaje y el termino original es (glossa) lógicamente refiriéndose a idiomas. En (1 Co.14) Pablo utiliza un texto del A.T. que es el texto de Isaías ya mencionado anteriormente de (Is.28) en el cual lógicamente se habla de otros idiomas.
William Samarin, profesor de lingüísticas en la Universidad de Toronto, escribió: A través de un periodo de cinco años he tomado parte en reuniones en Italia, Holanda, Jamaica, Canadá y los Estados Unidos. He observado pentecostales chapados a la antigua y a neo pentecostales; he estado en pequeñas reuniones en hogares privados y también en reuniones públicas enormes; he visto ambientes culturales tan diferentes como los que se encuentran entre los puertorriqueños del Bronx, los manejadores de serpientes de los Apalaches y los molokanes rusos en los Angeles… Glossolalia es ciertamente como lenguaje en alguna manera, pero esto es solamente porque el que habla (inconscientemente) quiere que sea como lenguaje. Sin embargo, a pesar de sus similitudes superficiales, la glosolalia fundamentalmente no es un lenguaje. William J. Samarin, Tongues of Men and Angels (New York: Macmillan, 1972) xii, 227.
Todos los estudios están de acuerdo en que lo que escuchamos hoy en día no es lenguaje; y si no es lenguaje, entonces no es el don bíblico de lenguas. Solo el don bíblico de las lenguas revoca a Babel y trae reconciliación a las naciones. ¿Qué ocurrió en Babel? La confusión de los idiomas, ¿Qué ocurre en Pentecostés? La unión de los pueblos, que aunque hablan distintos idiomas pero unidos por un mismo Cristo. Este punto revoca casi la totalidad de lo que se quiere enseñar hoy día con relación a las lenguas o con lo que se dice son lenguas.
III. Las lenguas del N.T eran para consumo público no para uso privado.
¿Qué son los dones? Los dones son capacidades especiales del Espíritu Santo para que nos ministremos y nos sirvamos unos a los otros y todos fueron dados para provecho como dice el apóstol Pablo. El propósito de estos dones carismáticos es, en primer término, la edificación de toda la iglesia (1 Co. 12.4–7; 14.12), queda claro que también Pedro cuando habla de los dones en (1 P.4:11) le da el mismo propósito y Pablo cuando habla de los dones en (Ro.12); o sea, claramente se puede decir que la enseñanza bíblica de los dones es que son de beneficio para los demás hermanos. Es por tal razón la imagen del cuerpo que Pablo utiliza donde el ojo no se sirve así mismo, el ojo sirve al cuerpo entero, donde la mano no se sirve a sí misma, sino que sirve al cuerpo entero.
Vale la pena detenerse en esta definición para estudiarla en detalle. Primero, define a un don espiritual como habiendo sido otorgado al creyente por Dios, como está implícito en la frase "don espiritual". En el Nuevo Testamento, la palabra para este tipo de don (la palabra que es utilizada la mayor parte de las veces con referencia a los dones) es charisma o charismata (en plural). Nuestra palabra carismático proviene de esta raíz, si bien la palabra tiene un uso más restringido que el original. Lo más importante de la palabra charisma es que está basada en la palabra griega charis, que significa "gracia". Como la gracia es el favor inmerecido de Dios, el énfasis es que los dones espirituales son dispersados por Dios según quiera. Un cristiano ha de recibir un don; otro cristiano, otro don. Algunos pueden recibir más de un don. Pablo puso el énfasis sobre esto en el versículo que recién hemos citado. "Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere" (1 Co 12:11).
Una de las señales de la iglesia es la unidad. Esta marca es inherente a la misma definición de la iglesia. La iglesia está (1) fundada sobre el Señor Jesucristo, (2) creada por el Espíritu Santo, y (3) conformada por personas de todas las razas que se convierten en un nuevo pueblo a la vista de Dios. Si la iglesia ha sido fundada en Jesucristo, tiene un fundamento, lo que significa un Señor y una teología en torno a él. Si ha sido creada por el Espíritu Santo, la experiencia fundamental del pueblo de Dios es idéntica. Provienen de distintos orígenes, pero son llamados a una relación con Dios por una obra de regeneración, justificación y adopción. Si se han convertido en un pueblo nuevo, evidentemente están apartados del mundo como una entidad separada y santa.
Una persona que se convierte en cristiana puede apreciar esta unidad. Antes, esta persona en mayor o menor medida dependía de sí mismo o de sí misma. Ahora, todo eso ha cambiado. Como lo expresa Pablo cuando escribe a los Efesios: "Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios" (Ef. 2:19).
Pero uno no ha sido un miembro de la iglesia por mucho tiempo antes de que le sea obvia la mucha diversidad que hay dentro de ella. Algunas son resultado del pecado y son por lo tanto enteramente injustificadas. Otras, en realidad, son el regalo de Dios a la iglesia y son de vital importancia para el correcto funcionamiento de la iglesia en el mundo.
Este énfasis que tiene dos vertientes, la unidad y la diversidad, aparece en varios pasajes del Nuevo Testamento. Por ejemplo, en el capítulo 4 de Efesios, un número de frases hablan con elocuencia sobre nuestra unidad. "Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos" (vs. 4-6). Pero no ha acabado Pablo de articular esta verdad cuando pasa a hablar sobre la diversidad que existe en el campo de los dones. "Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo... Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio para la edificación del cuerpo de Cristo" (vs. 7,11-12). En los siguientes versículos ilustra este punto hablando sobre un cuerpo, el cual aunque es un solo cuerpo, tiene sin embargo muchas partes funcionales diferentes.
En 1 Corintios los ejemplos de la unidad y la diversidad están mezclados. "Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo" (1 Co 12:4-6). Después de enumerar nueve de estos dones, el apóstol concluye: "Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere" (vi. 11).
El libro a los Romanos tiene un énfasis similar. "Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros" (Ro 12:4-5).
Estos versículos nos están enseñando que la salud de la iglesia requiere un cierto tipo de unidad y un cierto tipo de diversidad. No hay ninguna iglesia sin la presencia de esta unidad, nuestra relación con Cristo mediante la obra del Espíritu de Dios que todos compartimos. Sin ella, estamos todavía en nuestros pecados. Por otro lado, sin la diversidad, la iglesia no puede ser saludable y ciertamente no funcionará adecuadamente, como un cuerpo al que le faltan los brazos o las piernas.
Ahora, puede levantarse el argumento o la pregunta ¿No utilizaba Pablo el don en su vida privada? Esto quieren enseñar muchos, mal interpretando lo dicho por Pablo en (1 Co.14:18-19) “Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos vosotros; (v.19) sin embargo, en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para instruir también a otros, antes que diez mil palabras en lenguas”. Muchos dicen “aquí Pablo está haciendo un contraste de lo que él hace en su vida privada y lo que hace en su vida pública”. Pero el contraste bíblico no es entre usar el don en privado o usarlo en público, sino más bien entre los corintios en su obsesión con los dones más extraordinarios y el interés que tenía Pablo del bienestar de la iglesia. Pablo más bien amonesta a los hermanos de Corintios ya que estos lo que hacían era un espectáculo, una ostentación de los dones que ellos tenían. Pablo en otras palabra lo que les dice es “procuren edificar al pueblo de Dios”. Lo que el apóstol le deja claro es que estaban siendo motivados por un fuerte deseo de sobresalir y no de edificar al pueblo de Dios.
Pablo señala que los dones del Espíritu tienen un propósito: la edificación y la unidad de la iglesia (12:12-27). En un sentido estos son dos propósitos diferenciados. Pero Pablo los consideró a ambos por medio de la imagen del cuerpo a la que cada una de las partes contribuye. Hizo hincapié en que: (1) hay "muchos miembros" en el cuerpo (vs. 12); (2) todos "son indispensables" (vs. 22); y
(3) no debería haber "discordia" (vs. 25). Si el ejercicio en particular del don de lenguas no promueve el crecimiento o, peor aún, conduce a la cisma, entonces el don no es de Dios o está siendo ejercido de manera contraria a los propósitos de Dios.
Pablo indica (posiblemente en este caso para humillar a quienes se estaban jactando de su don de lenguas) que si los dones hubiesen de ser enumerados según el orden de importancia, las lenguas siempre estarían muy atrás en la lista (12:28-14:12). Podemos apreciar esto de diversas maneras. Siempre que enumeró los dones, las lenguas y la interpretación de lenguas estuvieron en el último lugar. Esto está muy marcado en 1 Corintios 12:28, donde Pablo especialmente enumeró los dones: "Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas". Pablo hizo esta acotación, además, enfatizando la importancia del amor. Su preocupación por el amor era tan grande que interrumpió su discusión sobre los problemas de los dones para hablar sobre el amor (capítulo 13). Por último, concluyó que si había un don que debía ser buscado, este era el don de la profecía, que en este pasaje se refiere a la capacidad de predicar y enseñar la Palabra con claridad (14:1). Si bien Pablo también hablaba en lenguas, prefería hablar cinco palabras en un idioma inteligible que diez mil en una lengua desconocida (14:19).
Según Pablo es que el don de lenguas está plagado de peligros en particular y por lo tanto debe ser ejercido con precaución (14:13-38).
El primer peligro es el desorden. Pablo consideraba al desorden como una desgracia; la obra de Dios no tendría que tener lugar de ninguna manera desorganizada. En este punto en particular dejó establecidas algunas pautas. Primero, no se debería permitir que nadie hablara en la iglesia al mismo tiempo que otra persona estuviera hablando; las personas deberían hablar en turno. Segundo, no se debería permitir que todos hablaran, sino sólo a dos o tres. Tercero, no se debería permitir ni siquiera que estas personas hablaran en lenguas si no hubiera quien interpretara. En estos versículos, Pablo está ejerciendo control, no ocurriera que acallara la voz del Espíritu (algo que no tenía ningún deseo de hacer), pero al mismo tiempo y por las mismas razones, está garantizando que la voz del Espíritu sea escuchada por toda la asamblea. El Espíritu Santo, es obvio, no podría ser escuchado mientras todos estuvieran gritando y clamando al mismo tiempo bajo su supuesta influencia.
Un segundo peligro es el de un cristianismo sin contenido, algo que Pablo trata de contrarrestar insistiendo sobre la interpretación. Entonces, como ahora, el cristianismo estaba amenazado por un enfoque que hacía de la experiencia algo central. El contenido era secundario. Tener una experiencia emocional "fuerte" era el todo. Pero Pablo no deseaba permitirlo. Es cierto, no deseaba prohibir ninguna respuesta emocional a la verdad del cristianismo que fuese válida (y tampoco debemos hacerlo nosotros). Hay, y debe haber, emoción dentro del cristianismo. Pero no debe permitirse que las emociones se conviertan en la base de la fe. La revelación objetiva de Dios en la historia y en las Escrituras es la base del cristianismo. Si se confía en la experiencia por encima de la revelación, nos conducirá a una distorsión del cristianismo verdadero y a varios excesos.
Vemos esto en la actualidad, y no sólo en el movimiento de lenguas. Vemos un tipo de cristianismo emocional, casi carente de contenido, en donde la experiencia constituye el todo. Siguiendo el ejemplo de Pablo, debemos enfatizar el contenido. Francis Schaeffer escribe: "Debemos hacer hincapié sobre el hecho que la base para nuestra fe no es ni la experiencia ni la emoción sino la verdad como la ha entregado Dios en su forma verbal, proposicional, en las Escrituras, la cual primero aprehendemos con nuestras mentes - aunque, por supuesto, toda la persona debe actuar en base a ella". Francis A. Schaeffer, the New Super-Spirituality (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1972), p. 24.
John Stott hace la misma observación al argumentar en contra de un "cristianismo sin razonamiento". John R. W. Stott, Your Mind Matters (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1972), p. 10.
IV. Las lenguas del Nuevo Testamento eran una señal.
Hemos llegado al punto más glorioso y central, Dios había profetizado acerca del descenso del Espíritu Santo el día de Pentecostés y cuando Pedro predica después de que todos fueron llenos del Espíritu Santo, el apóstol cita al profeta Joel: “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: (Hch.2:17) “Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; (v.18) y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
Pedro está citando un texto del A.T. que habla sobre la profecía como cumplimiento de lo ocurrido en (Hch.2). Anteriormente comentamos que las lenguas con su interpretación son equivalentes a profecía. El don de profecía era revelación por parte de Dios, eran declaraciones inspiradas, no eran palabras inseguras, era un mensaje infalible o sea que se cumplía.
En el A.T existen tres referencias explicitas a las lenguas y siempre son explicaciones de que las lenguas eran una señal. Parte, de una maldición que había en el pacto de Dios para con su pueblo Israel por su desobediencia. En (1 Co.14:20-22) es cuando Pablo cita el texto de (Is.28); de manera que quien hace la unión o la relación entre la profecía de Isaías y el don de lenguas en (1 Co.14) es el mismo Pablo, en el (v.20) dice: “Hermanos, no seáis niños en la manera de pensar; más bien, sed niños en la malicia, pero en la manera de pensar sed maduros. En la ley está escrito: POR HOMBRES DE LENGUAS EXTRAÑAS Y POR BOCA DE EXTRAÑOS HABLARE A ESTE PUEBLO, Y NI AUN ASI ME ESCUCHARAN, dice el Señor. Así que las lenguas son por señal no al creyente sino al incrédulo pero la profecía no a los incrédulos sino a los creyentes.
Bueno, ya para ir concluyendo el tema de la “glossolalia” quisiera tocar un último texto que muchas veces se mal interpreta y es el (v.28) de (1 Co.14); “pero si no hay intérprete, que guarde silencio en la iglesia y que hable para sí y para Dios”. No podemos interpretar dicho texto fuera de su contexto, el (v.27) habla de la “glossa” mientras que el (v.29) de la profecía, entonces ¿qué quiere decir Pablo en el (v.28)?. Interpretar dicho texto como que Pablo está a favor del uso del don en la vida privada, sería ir en contra de la misma Palabra de Dios y la verdadera enseñanza que la misma desarrolla a través de sus páginas, sería no entender el verdadero propósito de los dones dados a la iglesia para el uso de asamblea, además, que pondríamos a Pablo en una contradicción ya que desde (1 Co. 12-14) su enseñanza es clara. Simplemente del “habla” del que menciona Pablo en dicho texto es la oración. Sería una enseñanza errónea decir que las lenguas son para beneficio propio a través de la oración ya que no podemos perder de perspectiva cual era el propósito de los dones y además de que el don de lenguas era de señal al incrédulo no a la iglesia.
Conclusión
Con este artículo he tratado de despertar interés en el estudio amplio del testimonio Bíblico, dando importancia al desarrollo de la revelación de Dios. La Palabra de Dios contiene una riqueza de enseñanza sobre la persona y obra del Espíritu Santo. Nuestra teología debe apoyarse en todas las facetas de estas enseñanzas, reconociendo tanto el desarrollo de la revelación como la interrelación de sus partes.
Lejos de producir una fe meramente “intelectualista” o “doctrinal”, el aprecio de toda la gama bíblica sobre el Espíritu Santo nos llevará a una comprensión mayor con nuestro Redentor. Nuestra obediencia buscará formas más fieles y profundas en qué manifestar nuestra transformación a la imagen de Dios y podremos enfocarnos en la esencia de la plenitud del Espíritu de Dios, el amor, la paz y la obediencia en el lugar de derramar energías buscando elementos extraños al evangelio. ¡Dios nos llene a nosotros y a nuestras iglesias de este Espíritu Creador y Redentor!
Redactor:Angel Vega "Luigie"
Esto es parte de una monografía para la clase de 1-2 de Contios.
Si la deseas completa dejame tu info.
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Espíritu Santo
jueves 24 de marzo de 2011
El Espíritu Santo
George whitefield
“y cuando Él viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio.”
Estas palabras contienen parte de una grandiosa promesa, que el Bendito Jesús tuvo bien a hacer a sus llorosos y afligidos discípulos. El momento se acercaba, en el que el hijo del hombre iba primero a ser alzado en la cruz, y después en el cielo. Comprensivo, ¡persona maravillosa! Este Sumo Sacerdote había sido misericordioso para sus discípulos durante el tiempo de su tabernáculo entre ellos. Él tuvo compasión de sus enfermedades, respondió por ellos cuando eran asaltados por sus enemigos, y los puso en el camino correcto ya sea en principio o en la práctica. El no los llamó, ni los usó como sirvientes, si no como amigos; y les reveló sus secretos de vez en cuando. Él les abrió su entendimiento, para que ellos pudieran comprender las escrituras; les explicó los misterios ocultos del reino de Dios, cuando habló a los demás en parábolas: más aun, Él se convirtió en sirviente de todos ellos, y aun condescendió a lavarles los pies. El pensamiento de separarse de tan querido y amoroso maestro como este, especialmente por un periodo largo, debió haberles afectado mucho. Cuando en cierta ocasión Él intentó estar ausente de ellos solo por una noche, se nos dice, que Él estaba obligado a constreñirlos para que lo dejaran. No es de extrañarse entonces, que cuando Él les informó que debía irse completamente, y que en su ausencia los fariseos los expulsarían de sus sinagogas, y que los excomulgarían; si, que vendría la hora, que cualquiera que los matara, pensaría que le haría un servicio a Dios (una profecía, que uno podría imaginar, diseñada en una manera especial para los sufrientes ministros de su generación); no es de extrañarse digo, considerando todo esto se nos dice en el verso 6; Que la tristeza ha llenado sus corazones: "Antes, porque os he hablado estas cosas, tristeza ha henchido vuestro corazón". La expresión es muy enfática; sus corazones estaban tan llenos de preocupación, que estaban a punto de estallar. Por lo tanto para reconciliarlos de su triste dispensación, nuestro querido y compasivo redentor les mostró la necesidad en la que se encontraba de dejarlos; "sin embargo les digo la verdad; es conveniente para ustedes que me vaya:’’ como les había dicho, no piensen, mis queridos discípulos, que yo los dejo con enojo: "no, es por su bien, para su beneficio que yo me vaya: porque si yo no me fuera, si yo no muriera en la cruz por sus pecados, y me levantara otra vez para su justificación, y ascendiera al cielo para hacer intercesión, e implorara mis méritos ante el Trono de mi Padre; el confortador, El Espíritu Santo, no podría venir a ustedes; pero si me voy, se los enviaré ustedes. Y para que supiesen lo que iba a hacer, cuando El venga, convencerá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio.’’ La persona referida en las palabras del texto, es claramente el confortador, el Espíritu santo; y la promesa fue primeramente hecha a los apóstoles de nuestro Señor. Pero aunque fue primeramente hecha a ellos, y fue literalmente y remarcablemente cumplida en el día de pentecostés, cuando el Espíritu Santo vino como un viento recio, y también cuando tres mil fueron compungidos del corazón por el sermón de Pedro; aún como los apóstoles eran los representantes de todo el cuerpo de creyentes, debemos entender, que esta promesa debe ser vista, como si hablada a nosotros, y a nuestros hijos, y a tantos como el Señor nuestro Dios, llamaría.
Mi idea de estas palabras, es mostrar la manera en que el Espíritu santo generalmente trabaja en los corazones de aquellos, quienes a través de su gracia, son hechos vasijas de misericordia, y trasladados del reino de la oscuridad al reino del querido Hijo de Dios. Digo, generalmente: Porque así como Dios es Agente Soberano, su Santo Espíritu sopla no solo a quien quiere, sino cuando y como quiere soplar. Por lo tanto lejos esté de mí confinar al Todopoderoso a solo una manera de actuar, o decir que todo se somete a un solo grado de convicción: no, hay una santa variedad en los métodos de Dios para llamar a casa a sus elegidos. Pero esto podemos afirmar con seguridad, que donde quiera que hay un trabajo de verdadera convicción y conversión forjado en los corazones de los pecadores, El Espíritu Santo, si por un mayor o menor grado de problemas hacia el interior del alma, hace lo que nuestro Señor le dijo a sus discípulos, en las palabras del texto, que Él haría cuando viniere. Si cualquiera de sus ridículas religiones al interior, o pensamientos de que no hay tal cosa, como nuestro sentir o recibir El Espíritu Santo, temo que mi predicación sería bastante locura para ustedes, y que no me entenderían más, como si les hablara en una lengua desconocida. Pero como la promesa en el texto, es hecha al mundo, y como sé será cumplida hasta que el tiempo no sea más, yo procedería a explicarles la manera general mediante el cual El Espíritu Santo trabaja en cada corazón de los pecadores convertidos o transformados; y espero que el Señor, aún mientras estoy hablando, se complazca en cumplirlas en los corazones de muchos, "y cuando El venga, reprobará al mundo de pecado, o justicia, y de juicio." La palabra que nosotros traducimos como reprobar, debería ser "convencer" a los entregados; y en lo original implica una convicción por medio del razonamiento, y que venga con un poder a la mente igual que una demostración. Muchos burladores de estos últimos días preguntarán ¿cómo ellos pretenden llamar al Espíritu, cómo sienten el Espíritu, y cómo conocen el Espíritu? Podrían preguntar también, ¿cómo saben, y cómo sienten el sol cuando resplandece en sus cuerpos? Con igual poder y demostración El Espíritu de Dios trabaja y convence al alma. Y.
2 - Convence de pecado
1- Convence de pecado; y generalmente de algún enorme pecado, el peor quizás de la cual la persona convertida siempre fue culpable. Así que, cuando nuestro Señor estaba conversando con la mujer de Samaria, Él la convenció primero de su adulterio. "Mujer, ve y llama a tu esposo. La mujer le contestó, no tengo marido. Jesús le dijo has dicho bien, no tengo marido: Porque has tenido cinco maridos, y con el que ahora vives, no es tu marido: en esto verdad dijiste. Con esto hubo una poderosa convicción de todos sus otros actuales pecados, que poco después, ella dejó su cántaro de agua, y fue a la ciudad, y le dijo a aquellos hombres, venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿no es éste el Cristo? Así que nuestro Señor trató también con Saulo el perseguidor: lo convenció primero de su horrible pecado de persecución; Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Tal sensación de todos sus otros pecados, probablemente revivieron en su mente al mismo tiempo, que inmediatamente él murió; es decir, murió a todas sus falsas confidencias, y fue arrojado en una tremenda agonía de espíritu, que continuó por tres días, en los que no comió ni bebió. Este es el método que el Espíritu Santo generalmente usa para tratar con pecadores; primero los convence de algún pecado atroz actual, y al mismo tiempo les recuerda todos sus otros pecados, y así fue como se puso en orden de batalla ante ellos: Cuando Él venga reprobará al mundo de pecado. ¿Y así fue siempre con vosotros mis queridos oyentes? (porque debo preguntar a medida que avanzo, porque yo intento, con la ayuda divina, predicar no solamente a vuestras mentes, sino también a vuestros corazones). ¿Alguna vez el Espíritu Santo os trajo a vuestras mentes todos vuestros pecados y os hizo llorar a Dios? ¿Escribes cosas amargas contra mí? ¿Alguna vez tu actual pecado se apareció ante ti como dibujado en un mapa? Si no, tienes una gran razón (Al menos que hallas sido santificado desde el vientre) para sospechar que tú no estás convencido, mucho menos convertido, y que la promesa del texto nunca fue cumplida en tu corazón. Más aún: cuando el confortador viene dentro del corazón de un pecador, aunque generalmente convence primero al pecador de su pecado actual, todavía lo lleva a ver y llorar su pecado original, la fuente de donde brotan todas estas aguas contaminadas. Aunque todo en la tierra, aire y agua; todo, ya sea fuera o dentro; concurre para probar la Verdad de la afirmación en las Escrituras (en Adán todos hemos muerto;) sin embargo, sois tan endurecidos por el engaño del pecado, que tenéis que dar un dictamen conforme a la Verdad de la proposición en vuestras mentes, pero nunca lo sentisteis realmente en vuestros corazones. Más aún, algunos que profesáis ser lo negáis en las palabras, aunque con vuestras obras también, con demasiada claridad demuestran que sois hijos degenerados de padres degenerados. Pero cuando el Confortador, El Espíritu de Dios, arresta un pecador, y lo convence de su pecado, todo razonamiento carnal contra la corrupción original, todo orgullo y alta imaginación, que se exalta por sí mismo, contra esa doctrina, es inmediatamente derribada; y lo hace llorar (¿quién me librará de este cuerpo de muerte?), el pecador se da cuenta que concupiscencia es pecado, y no llora tanto por sus actuales pecados si no por la perversidad en el interior de su corazón, ya que ahora se da cuenta no solamente que es un enemigo, sino que también de que es una enemistad directa contra Dios. Y el confortador, mis queridos amigos siempre viene con tal poder de convencimiento dentro de los corazones. ¿Alguna vez te hizo ver y sentir, que en tu carne no habita nada bueno; que tú eres concebido y nacido en pecado; que tú eres por naturaleza hijo de ira, que Dios sería justo si Él te maldijera, aunque nunca hayan cometido pecado en sus vidas? Muy a menudo cuando has estado en la iglesia y en los sacramentos, ¿alguna vez sentiste confesar, que no había salud en ti; que la remembranza de tú original y actual pecado era agravante a ti, y que la carga de ello era insoportable? Si no, tú has estado ofreciendo solamente oblaciones vanas, ni siquiera nunca has orado en tu vida; El confortador nunca ha venido eficazmente dentro de tu alma: por consecuencia, tú no estás propiamente en la así llamada Fe; no, tú actualmente estás en un estado de condenación y muerte.
De nuevo, el confortador, cuando viene a trabajar efectivamente dentro de un pecador, lo convence no solamente del pecado de su naturaleza, y del pecado de su vida, sino también del pecado de sus obras. Todos nosotros somos legalistas por naturaleza, pensando ser justificados por los trabajos de la ley. Cuando algo despierta el terror del Señor, inmediatamente como los antiguos fariseos, vamos a establecer nuestra propia justicia, y pensamos que deberíamos encontrar aceptación con Dios. Si la buscamos con lágrimas, encontrándonos nosotros mismos malditos por naturaleza y nuestros actuales pecados, entonces pensamos recomendarnos nosotros mismos ante Dios por nuestras obras; y esperar, por nuestras propias obras de una forma u otra heredar vida eterna. Pero cuando el confortador viene a vuestros corazones, convence al alma de estos falsos restos, y hace ver al pecador que todas sus obras son como trapos de inmundicia; aún en los servicios más pomposos. Se merece un castigo no mejor que el del siervo inútil (para ser arrojado a las tinieblas de afuera, donde hay llanto y gemido, y crujir de dientes). ¿Alguna vez ha sido forjado éste grado de convicción en tu espíritu? ¿El confortador vino alguna vez a tu corazón como para enfermarte de tus deberes, y también de sus pecados? ¿Alguna vez, como el gran apóstol de los gentiles, te hizo aborrecer tu propia justicia que es por la ley, y te hizo saber que tu mereces ser maldito, aunque dieras todas tus pertenencias a las pobres? ¿Te hizo sentir que tu arrepentimiento necesitaba ser arrepentido, y que todo en ti es estiércol y escoria? ¿Y que todos los argumentos que tú puedas buscar para misericordia, deben estar fuera del corazón, y hallarlos en el amor puro inmerecido de Dios hacia nosotros? ¿Alguna vez mentiste a los pies de la Gracia soberana, y seguidamente dijiste: "Señor, si tú quieres, puedes salvarme; y puedes justamente maldecirme; No tengo nada que alegar, no puedo justificarme a mí mismo en tu mirada, aún mis mejores acciones, veo que me condenan, y de lo único que puedo depender es de tu Gracia que es gratuita"? ¿Qué dices? ¿Fue esto alguna vez, o es ahora, el lenguaje habitual de tu corazón? ¿Has estado frecuentemente en el templo; pero alguna vez te acercaron al temperamento del publicano pobre, y después de que hiciste todo, te diste cuenta, que no has hecho nada; Y, que encima de eso experimentas un sentimiento de tu propia indignidad y de cualquier forma pecaminosa, hiere tu pecho y dice "Dios, sé misericordioso con nosotros los pecadores"? Si tú nunca sentiste esto, el confortador nunca ha venido eficazmente dentro de tu alma, estás fuera de Cristo; Y si Dios requiriera tu alma en esa condición, no iba a ser mejor para ti que un fuego consumidor.
Pero hay un cuarto pecado, del cual el Confortador, cuando viene convence al alma y que es el único (es muy notable) que menciona nuestro Señor, como si fuera, el único pecado que vale la pena mencionar; pues de hecho es la raíz de todos los otros pecados cualquiera que sean: Es el pecado que el mundo impera, también el que maldice. ¿Y qué te imaginas que podría ser ese pecado? Es ese pecado maldito, la raíz de todos los perversos. Quiero decir el pecado de incredulidad. Dice nuestro Señor, verso 9 "de pecado porque no creyeron en mí". ¿Pero acaso el mundo cristiano, o alguno de ustedes que me oyen éste día, quieren que el Espíritu Santo los convenza de su incredulidad? ¿Hay algunos infieles aquí? Si, (¡cómo si yo no tuviera suficientes razones para pensar así!) me temo que la mayoría lo son: no ciertamente tales infieles que niegan al Señor que nos compró (Aunque me temo que demasiados de éstos monstruos existen aún en todos los países); sino que yo quiero decir los creyentes que no tienen más fe que la de los mismos demonios. Quizás tu puedes creer que tú crees, porque repites el credo, o porque te suscribes a una confesión de fe; o porque vas a la iglesia o a reuniones, o porque recibes el sacramento, o porque eres llevados en una completa comunión. Estas son bendiciones privilegiadas, pero todo esto puede ser hecho, sin ser nosotros creyentes verdaderos. Y no sé cómo detectar su falsa e hipócrita fe mejor que haciéndoles ésta pregunta: ¿Por cuánto tiempo has creído? ¿No dirían la mayoría de ustedes, tanto como podamos recordar; nunca no creímos? Entonces ésta es una señal muy cierta que tu fe para nada es verdadera, no, no tanto como un grano de mostaza; Porque si tú crees ahora
(y al menos que fueras santificado desde tu infancia, que es el caso de algunos), debes saber que hubo un tiempo que no creías en el Señor Jesucristo; y el Espíritu Santo, si alguna vez lo recibiste, te convence de esto. Verdad eterna ha declarado "Cuando el venga convencerá al mundo de pecado porque no creyeron en mí". Ninguno de nosotros cree por naturaleza; sino después que el Espíritu Santo nos ha convencido del pecado de nuestra naturaleza, y del pecado de nuestras obras y vidas, con el fin de convencernos de nuestra incapacidad total para salvarnos a nosotros mismos y que debemos ser agradecidos con Dios así como por todo lo demás, por la fe (Porque sin fe es imposible agradar, o ser salvo por Cristo) Él nos convence también, que no tenemos fe.
¿Creen ustedes en el hijo de Dios? Es la gran pregunta que el Espíritu Santo hace al alma: al mismo tiempo que trabaja con tal poder y demostración, que el alma ve, y queda obligada a confesar, que no tiene fe. La mayoría de los que se llaman a sí mismos creyentes piensan que esto es algo insignificante. Sueñan que son creyentes, porque viven en un país cristiano, si hubieran nacido turcos, creerían en Mahoma; porque es comúnmente lo que los hombres llaman fe ¿un consentimiento exterior hacia la religión establecida? Pero no te engañes a ti mismo, porque la fe verdadera es simplemente otra cosa. Pregúntate a ti mismo. Por lo tanto, ¿Alguna vez el Espíritu Santo los convenció poderosamente del pecado de incredulidad? Quizás eres muy devoto (como te puedes imaginar) como para tener un catálogo de pecados; que tú observas y confiesas de una manera formal, tan seguido como tú vas al sagrado sacramento: ¿Pero dentro de todos tus pecados, alguna vez has confesado y llorado ese maldito pecado de incredulidad? ¿Alguna vez has llorado "Señor dame fe; Señor hazme creer en ti; oh, quién me diese fe o que yo creyese"? Si nunca te angustiaste, por tanto, si nunca viste ni sentiste que no tenías fe, es una señal cierta que el Espíritu Santo, el Confortador, nunca vino a ti ni obró para la salvación de tu alma. ¿Pero entonces no es de extrañar que el Espíritu Santo es llamado el Confortador, cuando es claro por la experiencia de los hijos de Dios que este trabajo de convencimiento es usualmente atendido con dolor en los conflictos hacia el interior, y de gran cantidad de problemas para el alma? Contesto, el Espíritu Santo puede bien ser llamado un Confortador, aún en este trabajo; porque es la única manera, y terminan en un verdadero y sólido consuelo. Bendecidos aquellos que son condenados por Él, porque ellos serán consolados.
Más aún, no solamente eso, sino que hay un consuelo presente aún en medio de éstas condenas: El alma se regocija secretamente en la vista de sus propias miserias, bendice Dios por traer lo nuestro de la oscuridad a la luz, y mira adelante con un prospecto confortable de futuras liberaciones, sabiendo que, aunque la tristeza dura una noche el gozo vendrá por la mañana. Así es como el Espíritu Santo convence al alma de pecado. Y si es así ¿qué tan miserablemente equivocados están los que mezclan la luz del Espíritu con la luz de la conciencia?, como lo hacen, quienes dicen, que Cristo ilumina cada hombre que viene al mundo, y esa luz, si mejora nos traerá a Jesucristo. Si tal doctrina fuera verdad, la promesa en el texto era innecesaria: Los apóstoles de nuestro Señor ya tendrían esa luz; El mundo en lo sucesivo para ser convencido, tendría esa luz, y, si eso era suficiente para traerlos a Cristo, ¡por qué fue requerido que Cristo debiera irse al cielo, para mandar al Espíritu Santo que hiciera esto por ellos! ¡Ay de todos los que no tengan éste Espíritu!: Es el regalo especial de Dios, y, sin éste regalo especial, nunca podremos venir a Cristo. La luz de la conciencia nos acusará o nos convencerá de cualquier pecado común; pero la luz de la conciencia natural nunca lo hizo así, nunca lo hará, y, nunca podrá convencer de incredulidad. Si pudiera como es que pasa, que nadie de los paganos, que mejoraron la luz de lo natural en tal grado de eminencia, nunca fueron convencidos de incredulidad. No, la conciencia natural no puede hacer esto; Es la propiedad peculiar del Espíritu Santo el consolador: “cuando venga convencerá al mundo de pecado, de justicia, y de juicio”. Hemos oído como convence de pecado; que no viene a mostrar,
3 - Convence de Justicia
¿QUÉ ES LA JUSTICIA DE LA CUAL EL CONFORTADOR CONVENCE AL MUNDO?
Por la palabra justicia, en algunos lugares de la Escritura, comprendemos la justicia común que deberíamos practicar entre los hombres como cuando Pablo dijo a razón de templanza y justicia ante un tembloroso Félix. Pero aquí (como en una multitud de otros lugares en las Sagradas Escrituras) hemos de entender por la palabra rectitud, la obediencia pasiva y activa de nuestro querido Señor Jesús; aún esa perfecta, personal, toda suficiente justicia, que Él ha forjado para ese mundo al cual el Espíritu Santo tiene que convencer "de justicia, (dice nuestro Señor) porque Yo voy al Padre, y no me verán más". Este es un argumento del cual el Espíritu Santo hace uso para probar la justicia de Cristo, porque El se ha ido al Padre, y no lo vemos más. Porque si El no hubiera forjado una justicia suficiente. El Padre lo tendría que mandar de regreso, por no haber hecho lo que se comprometió; y lo hubiéramos visto otra vez. ¡Oh! La justicia de Cristo conforta tanto mi alma, que me deben de disculpar si lo menciono en casi todos mis discursos. No debería, si yo lo pudiera evitar, tener un sermón sin mencionarlo. Cualquiera que sea infiel puede objetar, armiñamos sofisticadamente protestan contra una justicia imputada; a pesar de todo cualquiera que se conozca a sí mismos y a Dios, debe reconocer, que Jesucristo es el final de la ley por la justicia (y perfecta justificación a la vista de Dios), para cualquiera que cree, y que nosotros somos para que sea hecha la justicia de Dios en Él. De esto y solamente de esto, un pobre pecador se puede agarrar, como un ancla segura de su esperanza. En cualquier otro esquema de salvación, el hombre puede determinar que se da cuenta que no puede ver otra salvación donde construir sus esperanzas de salvación, más que en la justicia personal de la Roca de Cristo, imputada a mi alma, muchos, yo creo tienen una convicción racional de ello, y están de acuerdo conmigo en esto:
Pero las convicciones racionales si descansan en un poco de aprovechamiento, debe ser una espiritual y experimental convicción de la verdad que está salvando. Y por lo tanto nuestro Señor dijo, cuando el Espíritu Santo venga en el día de su poder, convencerá de esta justicia, de la realidad, lo completo, y lo suficiente de ello, para salvar un pobre pecador. Hemos visto como el Espíritu Santo convence al pecador del pecado de su naturaleza, vida, obras, y del pecado de incredulidad; y ¿entonces qué debe hacer la pobre criatura? Debería inevitablemente desesperarse, si no hubiera esperanza más que en él mismo. Entonces cuando el Espíritu Santo ha cazado al pecador fuera de sus falsa comodidades y de sus escondites, y ha quitado las lamentables hojas de higuera de sus propias obras, conduciéndolo fuera de los árboles del jardín (sus exteriores reformas) y colocándolo desnudo ante el tribunal de un Dios Soberano, Santo, Justo, y Vengador del pecado; entonces es, cuando el espíritu, teniendo la sentencia de muerte dentro de él mismo por su incredulidad, tiene una dulce demostración de la Justicia de Cristo hecha por el Espíritu Santo de Dios. Aquí es que comienza más inmediatamente a actuar en la calidad de un Confortador, y convence al alma tan poderosamente de la realidad y la autosuficiencia de la justicia de Cristo, que el alma es inmediatamente colocada en hambre y sed después de ello. Ahora el pecador comienza a ver, que a pesar de que él se ha destruido a sí mismo, todavía su ayuda está en Cristo, que, a pesar que él no tiene justicia propia para recomendarse, hay Plenitud de Gracia, Plenitud de Verdad y Plenitud de Justicia en el querido Señor Jesús, y una vez imputada a él (al pecador), lo haremos feliz para siempre. Nadie lo puede contar, solo aquellas almas felices que han experimentado, con qué demostración del Espíritu esta convicción viene. Que tan amable y Todo suficiente se aparece ahora el Señor Jesús. ¡Con qué nuevos ojos ahora el alma ve al Señor que es su justicia! Hermanos, es indecible. Si tú nunca estuviste tan convencido de la justicia de Cristo en tu propia alma, aunque puedas creerlo doctrinalmente, no te aprovechará para nada, si el Confortador nunca vino a ti salvadoramente dentro de tu alma, entonces estás ante una incómoda verdad. ¿Pero, en qué te aprovechará ésta justicia, si no está en posesión de tu alma?
4- Convence de Juicio
POR LO TANTO LO SIGUIENTE DE LO QUE EL CONFORTADOR CONVENCE AL ALMA CUANDO VIENE ES DE; JUICIO.
Por la palabra juicio, entiendo esa bien fundada paz, ese juicio reiterado, que el alma se forma de sí misma, cuando es activada por el Espíritu de Dios, que echa mano de la justicia de Cristo, que yo creo que siempre lo hace, cuando convence del asunto antes mencionado. “De juicio (dice nuestro Señor) porque el príncipe de éste mundo es juzgado”; El alma, siendo activada para echar mano de la perfecta justicia de Cristo por una fe viva, tiene una convicción forjada por el Espíritu Santo, de que el príncipe de éste mundo es juzgado. El alma siendo ahora justificada por fe, tiene paz con Dios a través de nuestro Señor Jesucristo, y puede triunfantemente decir, es Cristo quien me justifica, ¿quién es el que me condena? El hombre fuerte es ahora expulsado; mi alma está en una paz verdadera; El príncipe de éste mundo vendrá y me acusará, pero él ahora no tiene parte conmigo. El bendito Espíritu que he recibido, y mediante el cual estoy activado a aplicar la justicia de Cristo en mi pobre alma, poderosamente me convence de esto: ¿Por qué debería yo temer? ¿O de qué debería yo tener miedo, si el Espíritu de Dios testifica con mi espíritu, que soy un hijo de Dios? El Señor es ascendido arriba en lo alto; Él ha llevado al cautiverio cautivo; Él ha enviado al Espíritu Santo el Confortador, el mejor de los regalos para la humanidad: Y ese Consolador entra en mi corazón: Él es fiel con lo que ha prometido: Yo, aún yo, soy poderosamente, racionalmente, espiritualmente convencido de pecado, justicia y juicio. Por esto yo se que el príncipe de éste mundo es juzgado.
Así, digo, supongamos que el alma triunfa, en que la promesa del texto es felizmente cumplida. Y aunque , al principio de éste discurso, Yo dije, que la mayoría nunca habían experimentado nada de esto, y que por lo tanto ésta predicación debe ser una tontería para tales personas; más aún no dudo que haya algunas almas felices, quienes a través de la gracia, han sido habilitados para seguirme paso a paso; y no obstante el Espíritu Santo puede que no trabaje directamente en el mismo orden como lo he descrito, y quizás no puedan decir exactamente la hora cuando tengan una bien fundada confianza de que el trabajo está hecho, y que han sido realmente convencidos de pecado, de justicia y de juicio, de alguna manera , o en algunas otras veces. ¿Y ahora qué debería decirte? Oh gracias a Dios, gracias al Señor Jesús, gracias a la siempre bendita Trinidad, por éste inexpresable regalo: porque nunca habías estado tan altamente favorecido, no había quien hubiese llamado por primera vez luz a la oscuridad, amándote con tan eterno amor, e iluminándote con su Santo Espíritu, y que también, no en cuenta de algo bueno previsto en ti, si no por su Santo Nombre. Por lo tanto sé humilde, oh creyente, sé humilde: Mira a la roca de la cual has sido labrado: Alaba la gracia que no tiene precio; Admira esa elección de amor, que te ha hecho diferir del resto de tus hermanos. ¿Te ha traído Dios a la luz? Camina como conviene a los niños de la luz. No provoques que el Espíritu Santo se aparte de ti: Pues aunque él te ha sellado para el día de la redención, y sabes que el príncipe de éste mundo es juzgado; pero si reincides, creces tibio, u olvidas tu primer amor, el Señor visitará tus ofensas con la vara de la aflicción, y tu pecado con castigo espiritual, por lo tanto no seas de mente brillante, más bien sé temeroso.
Regocíjate, pero hazlo temblante. Como escogido de Dios, ponte no solo humilde de mente, sino también de compasión desde las entrañas; Y ora, ¡oh ora por tus hermanos no convertidos! Ayudadme, ayudadme ahora, oh hijos de Dios, y sostened mis manos, como Aarón y Hur una vez lo hicieron a Moisés. Orad mientras yo estoy predicando, que el Señor pueda habilitarme para decir, este día es la promesa en el texto, cumplida en el corazón de algunos pobres pecadores. Clamad fuertemente a Dios, y con las cuerdas de la violencia Santa, bajad bendiciones sobre las cabezas de vuestros vecinos. Cristo todavía vive y reina en los cielos: El residuo del Espíritu todavía está en sus manos, y un derrame abundante de sus promesas en los últimos días de la iglesia. ¡Y oh! ¡Que el Bendito Espíritu, el Bendito Confortador, viniera, y convenza a aquellos que estáis sin Cristo entre vosotros, de pecado, de justicia, y de juicio! ¡Oh que fueseis una vez hechos disponibles para ser convencidos! Pero quizás prefieras ser lleno de vino que del Espíritu, y estar diariamente ahuyentando ese Espíritu de tu alma. ¿Qué le diría a Dios de ustedes? "Padre perdónalos porque no saben lo que hacen." ¿Qué le diría a Dios de vosotros? ¿Por qué? Que "Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo consigo mismo”: Por eso os ruego, como en lugar de Cristo, reconciliaos con Dios. No os alejéis contradiciendo y blasfemando. Sé que Satán os soltará.
Muchos de vosotros puede que estéis inquietos. Y estáis listos para llorar. "¡Qué cansado es esto!" Pero no los dejaré ir. Yo he luchado con Dios por mis oyentes en privado, y debo luchar con vosotros aquí en público. Aunque de mí mismo no puedo hacer nada, y vosotros no podéis más venir y creer en Cristo por vosotros mismos, pero Lázaro pudo salir de la tumba; sin embargo, ¿quién sabe si Dios pueda engendrar a alguno de vosotros de nuevo a una esperanza viva por ésta tontería de predicación, y que tú puedas ser algo de ese mundo, que el Confortador está para convencer de pecado, de justicia, y de juicio? ¡Pobres almas sin Cristo! ¿Sabéis en qué condición os encontráis? Porque, estáis recostados en el perverso, el diablo; él os domina, él camina y vive en ustedes, al menos que vivas en Cristo, y el Confortador haya venido a tu corazón. ¿Y permanecerás contentamente en ese malvado diablo? ¿Qué pago te dará? Muerte eterna. ¡Oh! ¡Qué tú vinieras a Cristo! El regalo de Dios que no tiene precio a través de Él es vida eterna. Él te aceptará aún ahora, si tú creyeras en él.
El confortador todavía puede venir a tu corazón. Aún el de ustedes. Todos los que son ahora sus templos vivos, algunas vez estaban recostados en el malvado, también como vosotros. Este bendito regalo, éste bendito Espíritu, el bendito Jesús lo envió aún para los rebeldes. Yo veo a muchos de ustedes afectados. ¿Pero son vuestras pasiones solamente un poco reparadas? ¿O están vuestras almas realmente tocadas con una sensación viva de la enormidad de vuestros pecados, vuestra falta de fe, y la preciosura de la justicia de Jesucristo? Si es así, espero que el Señor haya sido clemente, y que el confortador esté viniendo ahora a tu corazón. No sofoques estas convicciones. No te alejes, y olvides inmediatamente qué forma de doctrina has escuchado, y de éste modo muestres que estas son solamente obras comunes de unas pocas convicciones pasajeras, flotando en la superficie de tu corazón. Ruégale a Dios que tú puedas ser sincero (porque solamente Él te puede hacer así) y que puedas verdaderamente desear que la promesa del texto sea cumplida en tu alma. ¿Quién sabe si el Señor pueda ser clemente? Recuerda, no tienes excusa si no una misericordia soberana; Y también para tú estimulo, recuerda que el mundo es tal como tú eres, a quien el Confortador está por venir, y a quien está por convencer: Espera por lo tanto a las puertas de la Sabiduría. La probabilidad de tener una puerta de misericordia abierta, es suficiente para que te sigas esforzando. Cristo Jesús vino a éste mundo a salvar pecadores, el jefe de ellos: tú no sabes pero Él vino a salvarte. No vayas quejándote de los decretos de Dios, diciendo, si yo soy un reprobado, debería estar condenado; si soy un elegido, seré salvo; y por lo tanto no haré nada. ¿Qué tienes que hacer con los decretos de Dios? Los secretos pertenecen a Él; es tu deber “dar toda diligencia para hacer tu llamado y elección seguros”. ¿Si hay pero son pocos quienes encuentran el camino que lleva a la vida, te esfuerzas para ser uno de ellos?: No sabes pero tú puedes estar en el número de esos pocos, y que tu esfuerzo puede ser el significado que Dios intenta bendecir, para darte entrada. Si tú no actúas así, no eres sincero; y , si tú lo haces, quién sabe si puedas encontrar misericordia, pues aunque, después de que hallas hecho todo lo que puedes. Dios puede justamente decidir dejarte fuera, aunque nunca fue ninguna sola persona condenada por hacer todo lo que pudo.
Aunque tanto tus manos están marchitas, extiéndelas; aunque eres impotente, enfermo, y lisiado, ven, reposa en el estanque. ¿Quién sabe si luego el Señor Jesús pueda tener compasión de ti, y mandar al confortador a que te convenza de pecado, de justicia, y de juicio? Él es un Dios lleno de compasión y paciencia, de otra manera tú y yo desde hace mucho tiempo hubiéramos levantado nuestros ojos al borde del agotamiento. ¡Pero Él todavía es paciente con nosotros! ¡Oh pecadores sin Cristo!, estáis vivos y, ¿quién sabe si Dios intenta traeros al arrepentimiento? Podrían mis oraciones y lágrimas tener afecto, deberías descargarte de ello y llenarte de lo otro. Mi corazón está tocado con una sensación de tu corazón. ¡Pueda que nuestro Alto Sacerdote misericordioso no mande ahora al Confortador, y que te haga sensible de eso también! Oh el amor de Cristo. Me constriñe para rogarte que vengas a Él; que es lo que rechazas si rechazas a Cristo, ¡al Señor de la Gloria! Pecadores, dad al querido Redentor un alojamiento en vuestras almas. Dad a Cristo vuestro corazón, todo vuestro corazón. De hecho Él es digno. Él os hizo, y no vosotros a vosotros mismos. No os pertenecéis a vosotros mismos. ¡Dad a Cristo entonces vuestros cuerpos y vuestras almas, que son de Él! ¿No es suficiente para ablandarte pensar que el Alto y Soberano, quien habita en la Eternidad, se digna a invitarte por sus ministros? ¿Qué tan pronto puede desaprobarte para el infierno, y cómo saberlo -pero Él puede en este preciso instante-, si tu no oyes su voz? ¿Acaso alguien endureció su corazón contra Cristo y prosperó? ¡Venid entonces, no hagáis que me vaya triste: no me dejéis tener razones para llorar, oh mi flaqueza, mi flaqueza! No me dejen ir sollozando a mi closet, y decir “Señor ellos no creerán mi informe; señor, los he llamado, y no responderán, yo voy a ellos como una agradable canción, y como alguien que toca un agradable instrumento; pero sus corazones corren en pos de la lujuria de los ojos, la lujuria de la carne y el orgullo de la vida.” ¿Estaríais dispuestos a que hiciera un reporte como este, o hiciera oración diciéndole esto a Dios? Y no solo debo hacer esto, sino también aparecer en juicio contra vosotros en lo sucesivo, al menos que vengáis a Cristo. Por lo tanto una vez más, te suplico que vengas. ¿Qué objeciones tienes que hacer? Mirad, yo estoy aquí en el nombre de Dios. Para contestar todo lo que se te ofrezca. Pero también sé que nadie puede venir, al menos que el Señor lo traiga: Por lo tanto dirigiré uno a mi Dios. E intercederé con él para mandar al Confortador a sus corazones. ¡Oh bendito Jesús, eres un Dios cuya compasión nunca falta, y en el que todas las promesas son sí y amén, tú que estás sentado entre los querubines, muéstrate entre nosotros, veamos tus salidas! Oh déjanos probar que eres misericordioso, y revela tu brazo todopoderoso! Consigue la victoria en los corazones de estos pobres pecadores, no dejemos que la palabra hablada pruebe como el agua se divide en el piso, bajad ,bajad, oh gran Sumo Sacerdote, el Espíritu Santo, para convencer al mundo de pecado, de justicia, y de juicio. Te daremos gracias y te adoraremos, oh Padre, a ti oh Hijo, y a ti oh bendito Espíritu; a quien, como tres personas, pero un solo Dios. Sea atribuida por ángeles y arcángeles, por querubines y serafines, y todas las huestes celestiales, todo el poder posible, fuerza, majestad, y dominio, ahora y para siempre. Amen, Amen, Amen.
“y cuando Él viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio.”
Estas palabras contienen parte de una grandiosa promesa, que el Bendito Jesús tuvo bien a hacer a sus llorosos y afligidos discípulos. El momento se acercaba, en el que el hijo del hombre iba primero a ser alzado en la cruz, y después en el cielo. Comprensivo, ¡persona maravillosa! Este Sumo Sacerdote había sido misericordioso para sus discípulos durante el tiempo de su tabernáculo entre ellos. Él tuvo compasión de sus enfermedades, respondió por ellos cuando eran asaltados por sus enemigos, y los puso en el camino correcto ya sea en principio o en la práctica. El no los llamó, ni los usó como sirvientes, si no como amigos; y les reveló sus secretos de vez en cuando. Él les abrió su entendimiento, para que ellos pudieran comprender las escrituras; les explicó los misterios ocultos del reino de Dios, cuando habló a los demás en parábolas: más aun, Él se convirtió en sirviente de todos ellos, y aun condescendió a lavarles los pies. El pensamiento de separarse de tan querido y amoroso maestro como este, especialmente por un periodo largo, debió haberles afectado mucho. Cuando en cierta ocasión Él intentó estar ausente de ellos solo por una noche, se nos dice, que Él estaba obligado a constreñirlos para que lo dejaran. No es de extrañarse entonces, que cuando Él les informó que debía irse completamente, y que en su ausencia los fariseos los expulsarían de sus sinagogas, y que los excomulgarían; si, que vendría la hora, que cualquiera que los matara, pensaría que le haría un servicio a Dios (una profecía, que uno podría imaginar, diseñada en una manera especial para los sufrientes ministros de su generación); no es de extrañarse digo, considerando todo esto se nos dice en el verso 6; Que la tristeza ha llenado sus corazones: "Antes, porque os he hablado estas cosas, tristeza ha henchido vuestro corazón". La expresión es muy enfática; sus corazones estaban tan llenos de preocupación, que estaban a punto de estallar. Por lo tanto para reconciliarlos de su triste dispensación, nuestro querido y compasivo redentor les mostró la necesidad en la que se encontraba de dejarlos; "sin embargo les digo la verdad; es conveniente para ustedes que me vaya:’’ como les había dicho, no piensen, mis queridos discípulos, que yo los dejo con enojo: "no, es por su bien, para su beneficio que yo me vaya: porque si yo no me fuera, si yo no muriera en la cruz por sus pecados, y me levantara otra vez para su justificación, y ascendiera al cielo para hacer intercesión, e implorara mis méritos ante el Trono de mi Padre; el confortador, El Espíritu Santo, no podría venir a ustedes; pero si me voy, se los enviaré ustedes. Y para que supiesen lo que iba a hacer, cuando El venga, convencerá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio.’’ La persona referida en las palabras del texto, es claramente el confortador, el Espíritu santo; y la promesa fue primeramente hecha a los apóstoles de nuestro Señor. Pero aunque fue primeramente hecha a ellos, y fue literalmente y remarcablemente cumplida en el día de pentecostés, cuando el Espíritu Santo vino como un viento recio, y también cuando tres mil fueron compungidos del corazón por el sermón de Pedro; aún como los apóstoles eran los representantes de todo el cuerpo de creyentes, debemos entender, que esta promesa debe ser vista, como si hablada a nosotros, y a nuestros hijos, y a tantos como el Señor nuestro Dios, llamaría.
Mi idea de estas palabras, es mostrar la manera en que el Espíritu santo generalmente trabaja en los corazones de aquellos, quienes a través de su gracia, son hechos vasijas de misericordia, y trasladados del reino de la oscuridad al reino del querido Hijo de Dios. Digo, generalmente: Porque así como Dios es Agente Soberano, su Santo Espíritu sopla no solo a quien quiere, sino cuando y como quiere soplar. Por lo tanto lejos esté de mí confinar al Todopoderoso a solo una manera de actuar, o decir que todo se somete a un solo grado de convicción: no, hay una santa variedad en los métodos de Dios para llamar a casa a sus elegidos. Pero esto podemos afirmar con seguridad, que donde quiera que hay un trabajo de verdadera convicción y conversión forjado en los corazones de los pecadores, El Espíritu Santo, si por un mayor o menor grado de problemas hacia el interior del alma, hace lo que nuestro Señor le dijo a sus discípulos, en las palabras del texto, que Él haría cuando viniere. Si cualquiera de sus ridículas religiones al interior, o pensamientos de que no hay tal cosa, como nuestro sentir o recibir El Espíritu Santo, temo que mi predicación sería bastante locura para ustedes, y que no me entenderían más, como si les hablara en una lengua desconocida. Pero como la promesa en el texto, es hecha al mundo, y como sé será cumplida hasta que el tiempo no sea más, yo procedería a explicarles la manera general mediante el cual El Espíritu Santo trabaja en cada corazón de los pecadores convertidos o transformados; y espero que el Señor, aún mientras estoy hablando, se complazca en cumplirlas en los corazones de muchos, "y cuando El venga, reprobará al mundo de pecado, o justicia, y de juicio." La palabra que nosotros traducimos como reprobar, debería ser "convencer" a los entregados; y en lo original implica una convicción por medio del razonamiento, y que venga con un poder a la mente igual que una demostración. Muchos burladores de estos últimos días preguntarán ¿cómo ellos pretenden llamar al Espíritu, cómo sienten el Espíritu, y cómo conocen el Espíritu? Podrían preguntar también, ¿cómo saben, y cómo sienten el sol cuando resplandece en sus cuerpos? Con igual poder y demostración El Espíritu de Dios trabaja y convence al alma. Y.
2 - Convence de pecado
1- Convence de pecado; y generalmente de algún enorme pecado, el peor quizás de la cual la persona convertida siempre fue culpable. Así que, cuando nuestro Señor estaba conversando con la mujer de Samaria, Él la convenció primero de su adulterio. "Mujer, ve y llama a tu esposo. La mujer le contestó, no tengo marido. Jesús le dijo has dicho bien, no tengo marido: Porque has tenido cinco maridos, y con el que ahora vives, no es tu marido: en esto verdad dijiste. Con esto hubo una poderosa convicción de todos sus otros actuales pecados, que poco después, ella dejó su cántaro de agua, y fue a la ciudad, y le dijo a aquellos hombres, venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿no es éste el Cristo? Así que nuestro Señor trató también con Saulo el perseguidor: lo convenció primero de su horrible pecado de persecución; Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Tal sensación de todos sus otros pecados, probablemente revivieron en su mente al mismo tiempo, que inmediatamente él murió; es decir, murió a todas sus falsas confidencias, y fue arrojado en una tremenda agonía de espíritu, que continuó por tres días, en los que no comió ni bebió. Este es el método que el Espíritu Santo generalmente usa para tratar con pecadores; primero los convence de algún pecado atroz actual, y al mismo tiempo les recuerda todos sus otros pecados, y así fue como se puso en orden de batalla ante ellos: Cuando Él venga reprobará al mundo de pecado. ¿Y así fue siempre con vosotros mis queridos oyentes? (porque debo preguntar a medida que avanzo, porque yo intento, con la ayuda divina, predicar no solamente a vuestras mentes, sino también a vuestros corazones). ¿Alguna vez el Espíritu Santo os trajo a vuestras mentes todos vuestros pecados y os hizo llorar a Dios? ¿Escribes cosas amargas contra mí? ¿Alguna vez tu actual pecado se apareció ante ti como dibujado en un mapa? Si no, tienes una gran razón (Al menos que hallas sido santificado desde el vientre) para sospechar que tú no estás convencido, mucho menos convertido, y que la promesa del texto nunca fue cumplida en tu corazón. Más aún: cuando el confortador viene dentro del corazón de un pecador, aunque generalmente convence primero al pecador de su pecado actual, todavía lo lleva a ver y llorar su pecado original, la fuente de donde brotan todas estas aguas contaminadas. Aunque todo en la tierra, aire y agua; todo, ya sea fuera o dentro; concurre para probar la Verdad de la afirmación en las Escrituras (en Adán todos hemos muerto;) sin embargo, sois tan endurecidos por el engaño del pecado, que tenéis que dar un dictamen conforme a la Verdad de la proposición en vuestras mentes, pero nunca lo sentisteis realmente en vuestros corazones. Más aún, algunos que profesáis ser lo negáis en las palabras, aunque con vuestras obras también, con demasiada claridad demuestran que sois hijos degenerados de padres degenerados. Pero cuando el Confortador, El Espíritu de Dios, arresta un pecador, y lo convence de su pecado, todo razonamiento carnal contra la corrupción original, todo orgullo y alta imaginación, que se exalta por sí mismo, contra esa doctrina, es inmediatamente derribada; y lo hace llorar (¿quién me librará de este cuerpo de muerte?), el pecador se da cuenta que concupiscencia es pecado, y no llora tanto por sus actuales pecados si no por la perversidad en el interior de su corazón, ya que ahora se da cuenta no solamente que es un enemigo, sino que también de que es una enemistad directa contra Dios. Y el confortador, mis queridos amigos siempre viene con tal poder de convencimiento dentro de los corazones. ¿Alguna vez te hizo ver y sentir, que en tu carne no habita nada bueno; que tú eres concebido y nacido en pecado; que tú eres por naturaleza hijo de ira, que Dios sería justo si Él te maldijera, aunque nunca hayan cometido pecado en sus vidas? Muy a menudo cuando has estado en la iglesia y en los sacramentos, ¿alguna vez sentiste confesar, que no había salud en ti; que la remembranza de tú original y actual pecado era agravante a ti, y que la carga de ello era insoportable? Si no, tú has estado ofreciendo solamente oblaciones vanas, ni siquiera nunca has orado en tu vida; El confortador nunca ha venido eficazmente dentro de tu alma: por consecuencia, tú no estás propiamente en la así llamada Fe; no, tú actualmente estás en un estado de condenación y muerte.
De nuevo, el confortador, cuando viene a trabajar efectivamente dentro de un pecador, lo convence no solamente del pecado de su naturaleza, y del pecado de su vida, sino también del pecado de sus obras. Todos nosotros somos legalistas por naturaleza, pensando ser justificados por los trabajos de la ley. Cuando algo despierta el terror del Señor, inmediatamente como los antiguos fariseos, vamos a establecer nuestra propia justicia, y pensamos que deberíamos encontrar aceptación con Dios. Si la buscamos con lágrimas, encontrándonos nosotros mismos malditos por naturaleza y nuestros actuales pecados, entonces pensamos recomendarnos nosotros mismos ante Dios por nuestras obras; y esperar, por nuestras propias obras de una forma u otra heredar vida eterna. Pero cuando el confortador viene a vuestros corazones, convence al alma de estos falsos restos, y hace ver al pecador que todas sus obras son como trapos de inmundicia; aún en los servicios más pomposos. Se merece un castigo no mejor que el del siervo inútil (para ser arrojado a las tinieblas de afuera, donde hay llanto y gemido, y crujir de dientes). ¿Alguna vez ha sido forjado éste grado de convicción en tu espíritu? ¿El confortador vino alguna vez a tu corazón como para enfermarte de tus deberes, y también de sus pecados? ¿Alguna vez, como el gran apóstol de los gentiles, te hizo aborrecer tu propia justicia que es por la ley, y te hizo saber que tu mereces ser maldito, aunque dieras todas tus pertenencias a las pobres? ¿Te hizo sentir que tu arrepentimiento necesitaba ser arrepentido, y que todo en ti es estiércol y escoria? ¿Y que todos los argumentos que tú puedas buscar para misericordia, deben estar fuera del corazón, y hallarlos en el amor puro inmerecido de Dios hacia nosotros? ¿Alguna vez mentiste a los pies de la Gracia soberana, y seguidamente dijiste: "Señor, si tú quieres, puedes salvarme; y puedes justamente maldecirme; No tengo nada que alegar, no puedo justificarme a mí mismo en tu mirada, aún mis mejores acciones, veo que me condenan, y de lo único que puedo depender es de tu Gracia que es gratuita"? ¿Qué dices? ¿Fue esto alguna vez, o es ahora, el lenguaje habitual de tu corazón? ¿Has estado frecuentemente en el templo; pero alguna vez te acercaron al temperamento del publicano pobre, y después de que hiciste todo, te diste cuenta, que no has hecho nada; Y, que encima de eso experimentas un sentimiento de tu propia indignidad y de cualquier forma pecaminosa, hiere tu pecho y dice "Dios, sé misericordioso con nosotros los pecadores"? Si tú nunca sentiste esto, el confortador nunca ha venido eficazmente dentro de tu alma, estás fuera de Cristo; Y si Dios requiriera tu alma en esa condición, no iba a ser mejor para ti que un fuego consumidor.
Pero hay un cuarto pecado, del cual el Confortador, cuando viene convence al alma y que es el único (es muy notable) que menciona nuestro Señor, como si fuera, el único pecado que vale la pena mencionar; pues de hecho es la raíz de todos los otros pecados cualquiera que sean: Es el pecado que el mundo impera, también el que maldice. ¿Y qué te imaginas que podría ser ese pecado? Es ese pecado maldito, la raíz de todos los perversos. Quiero decir el pecado de incredulidad. Dice nuestro Señor, verso 9 "de pecado porque no creyeron en mí". ¿Pero acaso el mundo cristiano, o alguno de ustedes que me oyen éste día, quieren que el Espíritu Santo los convenza de su incredulidad? ¿Hay algunos infieles aquí? Si, (¡cómo si yo no tuviera suficientes razones para pensar así!) me temo que la mayoría lo son: no ciertamente tales infieles que niegan al Señor que nos compró (Aunque me temo que demasiados de éstos monstruos existen aún en todos los países); sino que yo quiero decir los creyentes que no tienen más fe que la de los mismos demonios. Quizás tu puedes creer que tú crees, porque repites el credo, o porque te suscribes a una confesión de fe; o porque vas a la iglesia o a reuniones, o porque recibes el sacramento, o porque eres llevados en una completa comunión. Estas son bendiciones privilegiadas, pero todo esto puede ser hecho, sin ser nosotros creyentes verdaderos. Y no sé cómo detectar su falsa e hipócrita fe mejor que haciéndoles ésta pregunta: ¿Por cuánto tiempo has creído? ¿No dirían la mayoría de ustedes, tanto como podamos recordar; nunca no creímos? Entonces ésta es una señal muy cierta que tu fe para nada es verdadera, no, no tanto como un grano de mostaza; Porque si tú crees ahora
(y al menos que fueras santificado desde tu infancia, que es el caso de algunos), debes saber que hubo un tiempo que no creías en el Señor Jesucristo; y el Espíritu Santo, si alguna vez lo recibiste, te convence de esto. Verdad eterna ha declarado "Cuando el venga convencerá al mundo de pecado porque no creyeron en mí". Ninguno de nosotros cree por naturaleza; sino después que el Espíritu Santo nos ha convencido del pecado de nuestra naturaleza, y del pecado de nuestras obras y vidas, con el fin de convencernos de nuestra incapacidad total para salvarnos a nosotros mismos y que debemos ser agradecidos con Dios así como por todo lo demás, por la fe (Porque sin fe es imposible agradar, o ser salvo por Cristo) Él nos convence también, que no tenemos fe.
¿Creen ustedes en el hijo de Dios? Es la gran pregunta que el Espíritu Santo hace al alma: al mismo tiempo que trabaja con tal poder y demostración, que el alma ve, y queda obligada a confesar, que no tiene fe. La mayoría de los que se llaman a sí mismos creyentes piensan que esto es algo insignificante. Sueñan que son creyentes, porque viven en un país cristiano, si hubieran nacido turcos, creerían en Mahoma; porque es comúnmente lo que los hombres llaman fe ¿un consentimiento exterior hacia la religión establecida? Pero no te engañes a ti mismo, porque la fe verdadera es simplemente otra cosa. Pregúntate a ti mismo. Por lo tanto, ¿Alguna vez el Espíritu Santo los convenció poderosamente del pecado de incredulidad? Quizás eres muy devoto (como te puedes imaginar) como para tener un catálogo de pecados; que tú observas y confiesas de una manera formal, tan seguido como tú vas al sagrado sacramento: ¿Pero dentro de todos tus pecados, alguna vez has confesado y llorado ese maldito pecado de incredulidad? ¿Alguna vez has llorado "Señor dame fe; Señor hazme creer en ti; oh, quién me diese fe o que yo creyese"? Si nunca te angustiaste, por tanto, si nunca viste ni sentiste que no tenías fe, es una señal cierta que el Espíritu Santo, el Confortador, nunca vino a ti ni obró para la salvación de tu alma. ¿Pero entonces no es de extrañar que el Espíritu Santo es llamado el Confortador, cuando es claro por la experiencia de los hijos de Dios que este trabajo de convencimiento es usualmente atendido con dolor en los conflictos hacia el interior, y de gran cantidad de problemas para el alma? Contesto, el Espíritu Santo puede bien ser llamado un Confortador, aún en este trabajo; porque es la única manera, y terminan en un verdadero y sólido consuelo. Bendecidos aquellos que son condenados por Él, porque ellos serán consolados.
Más aún, no solamente eso, sino que hay un consuelo presente aún en medio de éstas condenas: El alma se regocija secretamente en la vista de sus propias miserias, bendice Dios por traer lo nuestro de la oscuridad a la luz, y mira adelante con un prospecto confortable de futuras liberaciones, sabiendo que, aunque la tristeza dura una noche el gozo vendrá por la mañana. Así es como el Espíritu Santo convence al alma de pecado. Y si es así ¿qué tan miserablemente equivocados están los que mezclan la luz del Espíritu con la luz de la conciencia?, como lo hacen, quienes dicen, que Cristo ilumina cada hombre que viene al mundo, y esa luz, si mejora nos traerá a Jesucristo. Si tal doctrina fuera verdad, la promesa en el texto era innecesaria: Los apóstoles de nuestro Señor ya tendrían esa luz; El mundo en lo sucesivo para ser convencido, tendría esa luz, y, si eso era suficiente para traerlos a Cristo, ¡por qué fue requerido que Cristo debiera irse al cielo, para mandar al Espíritu Santo que hiciera esto por ellos! ¡Ay de todos los que no tengan éste Espíritu!: Es el regalo especial de Dios, y, sin éste regalo especial, nunca podremos venir a Cristo. La luz de la conciencia nos acusará o nos convencerá de cualquier pecado común; pero la luz de la conciencia natural nunca lo hizo así, nunca lo hará, y, nunca podrá convencer de incredulidad. Si pudiera como es que pasa, que nadie de los paganos, que mejoraron la luz de lo natural en tal grado de eminencia, nunca fueron convencidos de incredulidad. No, la conciencia natural no puede hacer esto; Es la propiedad peculiar del Espíritu Santo el consolador: “cuando venga convencerá al mundo de pecado, de justicia, y de juicio”. Hemos oído como convence de pecado; que no viene a mostrar,
3 - Convence de Justicia
¿QUÉ ES LA JUSTICIA DE LA CUAL EL CONFORTADOR CONVENCE AL MUNDO?
Por la palabra justicia, en algunos lugares de la Escritura, comprendemos la justicia común que deberíamos practicar entre los hombres como cuando Pablo dijo a razón de templanza y justicia ante un tembloroso Félix. Pero aquí (como en una multitud de otros lugares en las Sagradas Escrituras) hemos de entender por la palabra rectitud, la obediencia pasiva y activa de nuestro querido Señor Jesús; aún esa perfecta, personal, toda suficiente justicia, que Él ha forjado para ese mundo al cual el Espíritu Santo tiene que convencer "de justicia, (dice nuestro Señor) porque Yo voy al Padre, y no me verán más". Este es un argumento del cual el Espíritu Santo hace uso para probar la justicia de Cristo, porque El se ha ido al Padre, y no lo vemos más. Porque si El no hubiera forjado una justicia suficiente. El Padre lo tendría que mandar de regreso, por no haber hecho lo que se comprometió; y lo hubiéramos visto otra vez. ¡Oh! La justicia de Cristo conforta tanto mi alma, que me deben de disculpar si lo menciono en casi todos mis discursos. No debería, si yo lo pudiera evitar, tener un sermón sin mencionarlo. Cualquiera que sea infiel puede objetar, armiñamos sofisticadamente protestan contra una justicia imputada; a pesar de todo cualquiera que se conozca a sí mismos y a Dios, debe reconocer, que Jesucristo es el final de la ley por la justicia (y perfecta justificación a la vista de Dios), para cualquiera que cree, y que nosotros somos para que sea hecha la justicia de Dios en Él. De esto y solamente de esto, un pobre pecador se puede agarrar, como un ancla segura de su esperanza. En cualquier otro esquema de salvación, el hombre puede determinar que se da cuenta que no puede ver otra salvación donde construir sus esperanzas de salvación, más que en la justicia personal de la Roca de Cristo, imputada a mi alma, muchos, yo creo tienen una convicción racional de ello, y están de acuerdo conmigo en esto:
Pero las convicciones racionales si descansan en un poco de aprovechamiento, debe ser una espiritual y experimental convicción de la verdad que está salvando. Y por lo tanto nuestro Señor dijo, cuando el Espíritu Santo venga en el día de su poder, convencerá de esta justicia, de la realidad, lo completo, y lo suficiente de ello, para salvar un pobre pecador. Hemos visto como el Espíritu Santo convence al pecador del pecado de su naturaleza, vida, obras, y del pecado de incredulidad; y ¿entonces qué debe hacer la pobre criatura? Debería inevitablemente desesperarse, si no hubiera esperanza más que en él mismo. Entonces cuando el Espíritu Santo ha cazado al pecador fuera de sus falsa comodidades y de sus escondites, y ha quitado las lamentables hojas de higuera de sus propias obras, conduciéndolo fuera de los árboles del jardín (sus exteriores reformas) y colocándolo desnudo ante el tribunal de un Dios Soberano, Santo, Justo, y Vengador del pecado; entonces es, cuando el espíritu, teniendo la sentencia de muerte dentro de él mismo por su incredulidad, tiene una dulce demostración de la Justicia de Cristo hecha por el Espíritu Santo de Dios. Aquí es que comienza más inmediatamente a actuar en la calidad de un Confortador, y convence al alma tan poderosamente de la realidad y la autosuficiencia de la justicia de Cristo, que el alma es inmediatamente colocada en hambre y sed después de ello. Ahora el pecador comienza a ver, que a pesar de que él se ha destruido a sí mismo, todavía su ayuda está en Cristo, que, a pesar que él no tiene justicia propia para recomendarse, hay Plenitud de Gracia, Plenitud de Verdad y Plenitud de Justicia en el querido Señor Jesús, y una vez imputada a él (al pecador), lo haremos feliz para siempre. Nadie lo puede contar, solo aquellas almas felices que han experimentado, con qué demostración del Espíritu esta convicción viene. Que tan amable y Todo suficiente se aparece ahora el Señor Jesús. ¡Con qué nuevos ojos ahora el alma ve al Señor que es su justicia! Hermanos, es indecible. Si tú nunca estuviste tan convencido de la justicia de Cristo en tu propia alma, aunque puedas creerlo doctrinalmente, no te aprovechará para nada, si el Confortador nunca vino a ti salvadoramente dentro de tu alma, entonces estás ante una incómoda verdad. ¿Pero, en qué te aprovechará ésta justicia, si no está en posesión de tu alma?
4- Convence de Juicio
POR LO TANTO LO SIGUIENTE DE LO QUE EL CONFORTADOR CONVENCE AL ALMA CUANDO VIENE ES DE; JUICIO.
Por la palabra juicio, entiendo esa bien fundada paz, ese juicio reiterado, que el alma se forma de sí misma, cuando es activada por el Espíritu de Dios, que echa mano de la justicia de Cristo, que yo creo que siempre lo hace, cuando convence del asunto antes mencionado. “De juicio (dice nuestro Señor) porque el príncipe de éste mundo es juzgado”; El alma, siendo activada para echar mano de la perfecta justicia de Cristo por una fe viva, tiene una convicción forjada por el Espíritu Santo, de que el príncipe de éste mundo es juzgado. El alma siendo ahora justificada por fe, tiene paz con Dios a través de nuestro Señor Jesucristo, y puede triunfantemente decir, es Cristo quien me justifica, ¿quién es el que me condena? El hombre fuerte es ahora expulsado; mi alma está en una paz verdadera; El príncipe de éste mundo vendrá y me acusará, pero él ahora no tiene parte conmigo. El bendito Espíritu que he recibido, y mediante el cual estoy activado a aplicar la justicia de Cristo en mi pobre alma, poderosamente me convence de esto: ¿Por qué debería yo temer? ¿O de qué debería yo tener miedo, si el Espíritu de Dios testifica con mi espíritu, que soy un hijo de Dios? El Señor es ascendido arriba en lo alto; Él ha llevado al cautiverio cautivo; Él ha enviado al Espíritu Santo el Confortador, el mejor de los regalos para la humanidad: Y ese Consolador entra en mi corazón: Él es fiel con lo que ha prometido: Yo, aún yo, soy poderosamente, racionalmente, espiritualmente convencido de pecado, justicia y juicio. Por esto yo se que el príncipe de éste mundo es juzgado.
Así, digo, supongamos que el alma triunfa, en que la promesa del texto es felizmente cumplida. Y aunque , al principio de éste discurso, Yo dije, que la mayoría nunca habían experimentado nada de esto, y que por lo tanto ésta predicación debe ser una tontería para tales personas; más aún no dudo que haya algunas almas felices, quienes a través de la gracia, han sido habilitados para seguirme paso a paso; y no obstante el Espíritu Santo puede que no trabaje directamente en el mismo orden como lo he descrito, y quizás no puedan decir exactamente la hora cuando tengan una bien fundada confianza de que el trabajo está hecho, y que han sido realmente convencidos de pecado, de justicia y de juicio, de alguna manera , o en algunas otras veces. ¿Y ahora qué debería decirte? Oh gracias a Dios, gracias al Señor Jesús, gracias a la siempre bendita Trinidad, por éste inexpresable regalo: porque nunca habías estado tan altamente favorecido, no había quien hubiese llamado por primera vez luz a la oscuridad, amándote con tan eterno amor, e iluminándote con su Santo Espíritu, y que también, no en cuenta de algo bueno previsto en ti, si no por su Santo Nombre. Por lo tanto sé humilde, oh creyente, sé humilde: Mira a la roca de la cual has sido labrado: Alaba la gracia que no tiene precio; Admira esa elección de amor, que te ha hecho diferir del resto de tus hermanos. ¿Te ha traído Dios a la luz? Camina como conviene a los niños de la luz. No provoques que el Espíritu Santo se aparte de ti: Pues aunque él te ha sellado para el día de la redención, y sabes que el príncipe de éste mundo es juzgado; pero si reincides, creces tibio, u olvidas tu primer amor, el Señor visitará tus ofensas con la vara de la aflicción, y tu pecado con castigo espiritual, por lo tanto no seas de mente brillante, más bien sé temeroso.
Regocíjate, pero hazlo temblante. Como escogido de Dios, ponte no solo humilde de mente, sino también de compasión desde las entrañas; Y ora, ¡oh ora por tus hermanos no convertidos! Ayudadme, ayudadme ahora, oh hijos de Dios, y sostened mis manos, como Aarón y Hur una vez lo hicieron a Moisés. Orad mientras yo estoy predicando, que el Señor pueda habilitarme para decir, este día es la promesa en el texto, cumplida en el corazón de algunos pobres pecadores. Clamad fuertemente a Dios, y con las cuerdas de la violencia Santa, bajad bendiciones sobre las cabezas de vuestros vecinos. Cristo todavía vive y reina en los cielos: El residuo del Espíritu todavía está en sus manos, y un derrame abundante de sus promesas en los últimos días de la iglesia. ¡Y oh! ¡Que el Bendito Espíritu, el Bendito Confortador, viniera, y convenza a aquellos que estáis sin Cristo entre vosotros, de pecado, de justicia, y de juicio! ¡Oh que fueseis una vez hechos disponibles para ser convencidos! Pero quizás prefieras ser lleno de vino que del Espíritu, y estar diariamente ahuyentando ese Espíritu de tu alma. ¿Qué le diría a Dios de ustedes? "Padre perdónalos porque no saben lo que hacen." ¿Qué le diría a Dios de vosotros? ¿Por qué? Que "Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo consigo mismo”: Por eso os ruego, como en lugar de Cristo, reconciliaos con Dios. No os alejéis contradiciendo y blasfemando. Sé que Satán os soltará.
Muchos de vosotros puede que estéis inquietos. Y estáis listos para llorar. "¡Qué cansado es esto!" Pero no los dejaré ir. Yo he luchado con Dios por mis oyentes en privado, y debo luchar con vosotros aquí en público. Aunque de mí mismo no puedo hacer nada, y vosotros no podéis más venir y creer en Cristo por vosotros mismos, pero Lázaro pudo salir de la tumba; sin embargo, ¿quién sabe si Dios pueda engendrar a alguno de vosotros de nuevo a una esperanza viva por ésta tontería de predicación, y que tú puedas ser algo de ese mundo, que el Confortador está para convencer de pecado, de justicia, y de juicio? ¡Pobres almas sin Cristo! ¿Sabéis en qué condición os encontráis? Porque, estáis recostados en el perverso, el diablo; él os domina, él camina y vive en ustedes, al menos que vivas en Cristo, y el Confortador haya venido a tu corazón. ¿Y permanecerás contentamente en ese malvado diablo? ¿Qué pago te dará? Muerte eterna. ¡Oh! ¡Qué tú vinieras a Cristo! El regalo de Dios que no tiene precio a través de Él es vida eterna. Él te aceptará aún ahora, si tú creyeras en él.
El confortador todavía puede venir a tu corazón. Aún el de ustedes. Todos los que son ahora sus templos vivos, algunas vez estaban recostados en el malvado, también como vosotros. Este bendito regalo, éste bendito Espíritu, el bendito Jesús lo envió aún para los rebeldes. Yo veo a muchos de ustedes afectados. ¿Pero son vuestras pasiones solamente un poco reparadas? ¿O están vuestras almas realmente tocadas con una sensación viva de la enormidad de vuestros pecados, vuestra falta de fe, y la preciosura de la justicia de Jesucristo? Si es así, espero que el Señor haya sido clemente, y que el confortador esté viniendo ahora a tu corazón. No sofoques estas convicciones. No te alejes, y olvides inmediatamente qué forma de doctrina has escuchado, y de éste modo muestres que estas son solamente obras comunes de unas pocas convicciones pasajeras, flotando en la superficie de tu corazón. Ruégale a Dios que tú puedas ser sincero (porque solamente Él te puede hacer así) y que puedas verdaderamente desear que la promesa del texto sea cumplida en tu alma. ¿Quién sabe si el Señor pueda ser clemente? Recuerda, no tienes excusa si no una misericordia soberana; Y también para tú estimulo, recuerda que el mundo es tal como tú eres, a quien el Confortador está por venir, y a quien está por convencer: Espera por lo tanto a las puertas de la Sabiduría. La probabilidad de tener una puerta de misericordia abierta, es suficiente para que te sigas esforzando. Cristo Jesús vino a éste mundo a salvar pecadores, el jefe de ellos: tú no sabes pero Él vino a salvarte. No vayas quejándote de los decretos de Dios, diciendo, si yo soy un reprobado, debería estar condenado; si soy un elegido, seré salvo; y por lo tanto no haré nada. ¿Qué tienes que hacer con los decretos de Dios? Los secretos pertenecen a Él; es tu deber “dar toda diligencia para hacer tu llamado y elección seguros”. ¿Si hay pero son pocos quienes encuentran el camino que lleva a la vida, te esfuerzas para ser uno de ellos?: No sabes pero tú puedes estar en el número de esos pocos, y que tu esfuerzo puede ser el significado que Dios intenta bendecir, para darte entrada. Si tú no actúas así, no eres sincero; y , si tú lo haces, quién sabe si puedas encontrar misericordia, pues aunque, después de que hallas hecho todo lo que puedes. Dios puede justamente decidir dejarte fuera, aunque nunca fue ninguna sola persona condenada por hacer todo lo que pudo.
Aunque tanto tus manos están marchitas, extiéndelas; aunque eres impotente, enfermo, y lisiado, ven, reposa en el estanque. ¿Quién sabe si luego el Señor Jesús pueda tener compasión de ti, y mandar al confortador a que te convenza de pecado, de justicia, y de juicio? Él es un Dios lleno de compasión y paciencia, de otra manera tú y yo desde hace mucho tiempo hubiéramos levantado nuestros ojos al borde del agotamiento. ¡Pero Él todavía es paciente con nosotros! ¡Oh pecadores sin Cristo!, estáis vivos y, ¿quién sabe si Dios intenta traeros al arrepentimiento? Podrían mis oraciones y lágrimas tener afecto, deberías descargarte de ello y llenarte de lo otro. Mi corazón está tocado con una sensación de tu corazón. ¡Pueda que nuestro Alto Sacerdote misericordioso no mande ahora al Confortador, y que te haga sensible de eso también! Oh el amor de Cristo. Me constriñe para rogarte que vengas a Él; que es lo que rechazas si rechazas a Cristo, ¡al Señor de la Gloria! Pecadores, dad al querido Redentor un alojamiento en vuestras almas. Dad a Cristo vuestro corazón, todo vuestro corazón. De hecho Él es digno. Él os hizo, y no vosotros a vosotros mismos. No os pertenecéis a vosotros mismos. ¡Dad a Cristo entonces vuestros cuerpos y vuestras almas, que son de Él! ¿No es suficiente para ablandarte pensar que el Alto y Soberano, quien habita en la Eternidad, se digna a invitarte por sus ministros? ¿Qué tan pronto puede desaprobarte para el infierno, y cómo saberlo -pero Él puede en este preciso instante-, si tu no oyes su voz? ¿Acaso alguien endureció su corazón contra Cristo y prosperó? ¡Venid entonces, no hagáis que me vaya triste: no me dejéis tener razones para llorar, oh mi flaqueza, mi flaqueza! No me dejen ir sollozando a mi closet, y decir “Señor ellos no creerán mi informe; señor, los he llamado, y no responderán, yo voy a ellos como una agradable canción, y como alguien que toca un agradable instrumento; pero sus corazones corren en pos de la lujuria de los ojos, la lujuria de la carne y el orgullo de la vida.” ¿Estaríais dispuestos a que hiciera un reporte como este, o hiciera oración diciéndole esto a Dios? Y no solo debo hacer esto, sino también aparecer en juicio contra vosotros en lo sucesivo, al menos que vengáis a Cristo. Por lo tanto una vez más, te suplico que vengas. ¿Qué objeciones tienes que hacer? Mirad, yo estoy aquí en el nombre de Dios. Para contestar todo lo que se te ofrezca. Pero también sé que nadie puede venir, al menos que el Señor lo traiga: Por lo tanto dirigiré uno a mi Dios. E intercederé con él para mandar al Confortador a sus corazones. ¡Oh bendito Jesús, eres un Dios cuya compasión nunca falta, y en el que todas las promesas son sí y amén, tú que estás sentado entre los querubines, muéstrate entre nosotros, veamos tus salidas! Oh déjanos probar que eres misericordioso, y revela tu brazo todopoderoso! Consigue la victoria en los corazones de estos pobres pecadores, no dejemos que la palabra hablada pruebe como el agua se divide en el piso, bajad ,bajad, oh gran Sumo Sacerdote, el Espíritu Santo, para convencer al mundo de pecado, de justicia, y de juicio. Te daremos gracias y te adoraremos, oh Padre, a ti oh Hijo, y a ti oh bendito Espíritu; a quien, como tres personas, pero un solo Dios. Sea atribuida por ángeles y arcángeles, por querubines y serafines, y todas las huestes celestiales, todo el poder posible, fuerza, majestad, y dominio, ahora y para siempre. Amen, Amen, Amen.
jueves 18 de noviembre de 2010
El Nuevo Nacimiento
EL NACIMIENTO DE UN BEBÉ ES ALGO MARAVILLOSO, ES MARAVILLOSO para la madre y para el padre. Pero también es maravilloso para los médicos y las enfermeras quienes siempre hablan sobre "el milagro" del nacimiento aunque han presenciado la entrada de cientos y hasta de miles de niños a este mundo. En ocasiones, como en el caso del nacimiento de un niño de padres famosos, la noticia es transmitida por los
diarios, la radio y la televisión. No hay, sin embargo, ningún nacimiento humano que pueda ser comparado con el nacimiento sobrenatural de un hijo de Dios mediante el Espíritu de Dios. El mundo alrededor puede mostrar poco interés en este acontecimiento. Muy pocas personas en el mundo se interesaron en el nacimiento de Cristo, aunque los ángeles celebraron la natividad con su cántico en los cielos de los campos de Belén. De la misma manera, muy pocos prestan atención al nacimiento de un hijo de Dios en la actualidad. Pero a pesar de ello, como dijo Jesús: "Así
os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente" (Lc. 15:10). El nacimiento de un hijo de Dios es una resurrección espiritual, el pasaje de una persona, que estaba muerta en sus delitos y pecados, a una nueva vida. Un hijo de ira se convierte en un hijo del Padre que está en
los cielos. El término teológico para este nuevo nacimiento es la regeneración.
La secuencia en la salvación A pesar de la importancia que tiene la regeneración, no constituye la totalidad de la salvación y no debería ser vista como un fin en sí misma. John Murray observa en Redemption Accomplished and Applied ("La redención
lograda y aplicada") que de la misma manera que Dios hizo que la tierra estuviera llena de cosas buenas para satisfacer a los hombres y las mujeres, así también nos roció con una abundancia de bienes en nuestra salvación. "Esta sobreabundancia aparece en el eterno consejo de Dios respecto a la salvación: aparece en el
logro histórico de la redención por la obra de Cristo hecha una vez y para siempre; y aparece en la aplicación continua y progresiva de la redención, hasta que alcance su consumación en la libertad de la gloria de los hijos de Dios".1 Los adjetivos continua y progresiva para describir la redención ya nos están indicando que el nuevo
nacimiento, si bien tiene una real importancia, es sólo un paso en el proceso eterno. Mientras que el logro de nuestra redención por la muerte de Jesús fue un acontecimiento único, su aplicación comprende una serie de actos y procesos que reciben el nombre de ordo salutis, o "pasos en la salvación [de Dios]".
¿Cuáles son estos pasos? Un acto muy evidente es la elección determinante de Dios que ocurre antes del nuevo nacimiento. Los versículos tales como el de Juan 1:12-13 apuntan hacia esto. Quienes se convierten en "hijos de Dios" no han sido engendrados "de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de
Dios". Y en Santiago 1:18 leemos que "Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas".
Hay otros actos y procesos que suceden al nuevo nacimiento. Juan 3:3 dice: "El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios"; y Juan 3:5 agrega: "El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios". El nuevo nacimiento es un requisito previo para poder ver el reino de Dios y entrar en él.
Otra afirmación que puede resultar de ayuda la encontramos en 1 Juan 3:9: "Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios". Juan no está hablando sobre la perfección en este versículo, ya que con anterioridad ha dicho que los
cristianos también pecan. Si dicen lo contrario, o se están engañando o están mintiendo —"Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros" (Jn. 1:8)—. Está hablando sobre la santificación que sucede a la regeneración y que es el progresivo crecimiento en la santidad
del individuo que se ha convertido en un hijo de Dios. Romanos 8:28-30 agrega la justificación y la glorificación. "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las
cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos
también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó". En estos versículos la presciencia y la predestinación están relacionadas con la determinación primaria de Dios. El llamado, la justificación y la glorificación están relacionadas con la aplicación de la redención directamente en nosotros. De la enseñanza de Pablo en otros lugares, sabemos que la justificación presupone la fe (Ro. 5:1), por lo que podemos colocar la fe antes de la justificación, pero después de la regeneración. La santificación sucede a la justificación y viene antes
que la glorificación. En el esquema final tenemos: la presciencia de Dios, la predestinación, el llamado efectivo anosotros, la regeneración, la fe y el arrepentimiento, la justificación, la santificación y la glorificación.2
Estos pasos, además, pueden ser subdivididos y en algunos casos hasta combinados entre sí. Pero esta es la secuencia general presentada en las Escrituras y, por lo tanto, de mucha ayuda para comprender cómo Dios nos salva. Debemos notar que antes que ninguna otra cosa nos encontramos con la elección eterna de Dios. En
lo que respecta a nuestra experiencia personal, el primer paso es nuestra regeneración espiritual.
La iniciativa divina
El nacer de nuevo es una metáfora del paso inicial en la salvación. Su uso se remonta a Jesús mismo. Jesús no buscaba enseñar la necesidad de un nuevo nacimiento literal y físico. Esto seria un contrasentido, como lo reconoció Nicodemo. "¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?... ¿Cómo puede hacerse esto?" (Jn. 3:4,9).
Lo que Jesús buscaba mostrar era la necesidad de un nuevo comienzo. Tuvimos un primer comienzo con Adán. Fue un comienzo promisorio. Pero lo arruinamos por causa de nuestro pecado. Lo que necesitamos ahora es un nuevo comienzo donde "las cosas viejas pasaron" y "todas son hechas nuevas" (2 Co. 5:17). La metáfora del nuevo nacimiento además está señalando que la regeneración es obra de Dios y no una
obra de los seres humanos pecaminosos. Una persona no puede nacer físicamente por su propia voluntad. Sólo cuando un óvulo es fecundado por un espermatozoide, y luego crece y finalmente entra en el mundo es que el nacimiento tiene lugar —un proceso iniciado y alimentado por los padres—. De la misma manera, el nacimiento
espiritual es iniciado y alimentado por nuestro padre celestial sin ninguna intervención de nuestra parte.
La primera referencia al nuevo nacimiento en el evangelio de Juan, Juan 1:12-13, nos dice todavía más. "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios". Cada
una de estas tres negativas —no de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón— es de particular importancia.
"No de sangre" significa que la regeneración no es por causa de un nacimiento físico. Para algunas personas, quiénes son sus antepasados puede ser muy importante. En los días de Jesús había miles de judíos que creían que estaban bien con Dios porque eran descendientes de Abraham (Jn. 8:33). Eran como Pablo, orgullosos de haber sido "circuncidado(s) al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos" (Fil. 3:5). Abraham había recibido promesas de Dios de que estaría con él y sus descendientes espirituales para siempre. Por esto es que los judíos creían que habían sido hechos justos porque descendían de Abraham físicamente. Jesús señaló que Dios estaba interesado en una relación espiritual y que sus acciones estaban en realidad demostrando que eran hijos del demonio (Jn. 8:44). De la misma manera, hay muchas personas hoy en día que creen que están bien con Dios simplemente porque sus padres son cristianos y viven en una comunidad llamada cristiana. Sin embargo, el nacimiento físico no salva a nadie.
"Ni de voluntad de carne" es más difícil de interpretar. San Agustín, que tomó la frase "no de sangre" como refiriéndose al nacimiento humano (como yo también lo he hecho), tomó la frase "ni de voluntad de carne" como refiriéndose a la participación de la mujer en la reproducción y la frase "ni de voluntad de varón" como
refiriéndose a la participación del hombre. Lutero refirió "la voluntad de la carne" a un acto de adopción, Frederick Godet a la imaginación sensual, Calvino al poder de la voluntad. ¿Podemos superar estas diferencias? Es posible, si consideramos que en el Nuevo Testamento la palabra carne se refiere a nuestros apetitos naturales, y a nuestros deseos sensuales y emocionales. Podemos aproximamos a lo que Juan quiso significar si decimos que un pueblo no puede convertirse en hijos de Dios por el ejercicio de sus sentimientos o emociones.
Algunos hoy en día creen que son cristianos simplemente porque reciben una cierta clase de bienestar emocional cuando asisten a cierto tipo de culto religioso o porque son conmovidos y hasta lloran en una campaña de evangelismo. La emoción bien puede acompañar una experiencia genuina del nuevo nacimiento, pero el nuevo nacimiento no será producto de esa emoción. La tercera frase, "ni por voluntad de varón", es más fácil de comprender. Nadie puede convertirse en un hijo de Dios por su propia voluntad. En esta vida es posible que nos abramos camino mediante nuestra
determinación, pero no es posible que seamos nacidos de nuevo de la misma manera. Podemos tener muy pocos bienes de este mundo, pocos valores, una educación pobre y poca capacidad. Sin embargo, es posible trabajar duro, asistir a clases nocturnas, conseguir un trabajo mejor, y eventualmente, llegar a ser bastante rico. Es posible entrar en la política y llegar a ser un representante o hasta el presidente. Otros nos elogiarán y presentarán nuestra historia como el fruto de la determinación conjugada con un poco de buena suerte. Pero no hay nada que nos haga ser el hijo o la hija natural de una pareja de padres si hemos nacido de otros padres.
Nada nos convertirá en hijos de Dios si Dios mismo no produce el nuevo nacimiento.
La gracia de Dios es el requisito para convertirse en hijos de Dios. Aunque nosotros debemos creer en Jesús como el Salvador divino para convertirnos en cristianos, creemos porque Dios mismo ha tomado la iniciativa de sembrar la vida divina en nosotros.
El viento y el agua
La imagen del nuevo nacimiento también contribuye para que podamos entender qué sucede cuando Dios toma la iniciativa en la salvación. Nicodemo vino a Cristo para hablar sobre la realidad espiritual, pero Jesús respondió a los comentarios de Nicodemo diciéndole que nadie puede entender, y mucho menos entrar en las realidades
espirituales, si él o ella no ha nacido de nuevo. La palabra que aquí se tradujo "de nuevo" es anóthen que no sólo significa "de nuevo" sino "de lo alto". Jesús le estaba diciendo a Nicodemo que antes tenía que ser el depositario de esta gracia gratuita de Dios. Nicodemo no comprendía. "¿Cómo puede un hombre nacer siendo
viejo? ¿Puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?" Jesús le respondió: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios... El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es
nacido del Espíritu" (Jn. 3:4-5,8). Una vez que hubo identificado la fuente del nuevo nacimiento, Jesús entonces pasó a hablar sobre cómo tiene lugar la regeneración. ¿Pero qué significa nacer "de agua y del Espíritu"? ¿Y por qué Jesús menciona al "viento"? Hay un número de explicaciones. Según la primera, agua se refiere al nacimiento físico (donde la aparición del bebé está acompañada del líquido amniótico de la madre), y viento (spiritus) significa el Espíritu Santo. De acuerdo con esta explicación, Jesús le está diciendo que para que una persona sea salva tiene que nacer primero físicamente y luego espiritualmente.
Es difícil encontrar una falacia en esta conclusión. Es evidente que si alguien ha de ser salvo tiene que estar físicamente vivo y además nacer de nuevo espiritualmente. Pero esto no parece ser el significado que Cristo tenía en mente. Por un lado, la palabra agua nunca es utilizada de esta manera en las Escrituras. Nuestros pensamientos en este sentido son modernos. Segundo, una referencia a la necesidad del nacimiento físico resulta tan obvia que cabría preguntarse si Jesús habría gastado palabras para referirse a ella. Tercero, el agua no puede estar refiriéndose al nacimiento físico porque, como vimos en Juan 1:13, el nacimiento físico no tiene ningún peso en la regeneración.
Una segunda interpretación de esta frase seria la de tomar agua como significando el agua del bautismo cristiano. Pero el bautismo no está presente en este capítulo. En realidad, la Biblia nos enseña que nadie puede ser salvo por ningún rito religioso externo (1 S. 16:7; Ro. 2:28-29; Gá. 2:15-16; 5:1-6). El bautismo es un signo
importante de lo que ya ha tenido lugar, pero no es el medio por el cual somos regenerados. La tercera interpretación toma tanto al agua como al viento en un sentido simbólico. El agua, según esta interpretación, se refiere al lavamiento; el viento se refiere al poder. Es así como un persona debe ser lavada y llena de poder.3 Si bien es cierto que los pecadores deben ser lavados de sus pecados, y es nuestro privilegio como cristianos el tener poder de lo alto, resulta difícil pensar en que este es el significado del pasaje. Por un lado, en el resto del Nuevo Testamento, el lavamiento y el poder acompañan al nuevo nacimiento o le suceden, mientras que según estos versículos tratan el cómo tiene lugar el nuevo nacimiento. Además, ni el lavamiento ni el poder se relacionan con la metáfora del nacimiento, como parece ser requerido.
Kenneth S. Wuest ha propuesto una cuarta explicación, basándose sobre el uso de agua como metáfora en otros textos del Nuevo Testamento. El agua se usa varias veces en las Escrituras para referirse al Espíritu Santo. En el capítulo 4 de Juan, por ejemplo, Jesús le dice a la mujer samaritana que él le dará "una fuente de agua
que salte para vida eterna" (Jn. 4:14). El lenguaje de Juan 7:37-38 es casi idéntico al de 4:14. Juan agrega: "Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él" (vs. 39). Wuest también hace referencia a Isaías 44:3 y 55:1, pasajes que debían haber sido conocidos por Nicodemo. Siesta es la interpretación correcta, entonces "del agua y del Espíritu" es una redundancia. La conjunción y debería ser tomada en su sentido enfático. Es posible parafrasear este pasaje usando la palabra siquiera. Jesús estaría diciendo: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua, o siquiera del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios".4 La explicación provista por Wuest es buena, pero yo siempre he tenido la sensación que todavía es posible decir algo más al respecto. Además de ser una metáfora para el Espíritu, el agua también es utilizada en la Biblia para referirse a la Palabra de Dios. Efesios 5:26 dice que Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella "para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra". En 1 Juan 5:8, el mismo autor que escribió el cuarto evangelio, escribe sobre tres "que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el
agua y la sangre". Como luego continúa hablando sobre el testimonio escrito de Dios sobre el hecho que la salvación es en Cristo, el Espíritu debe referirse al testimonio de Dios dentro del individuo, la sangre al testimonio histórico de la muerte de Cristo y el agua a las Escrituras. Las mismas imágenes están presentes en
Juan 15:3: "Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado". Hay otro versículo importante que cita a las Escrituras como siendo el canal a través del cual procede el nuevo nacimiento aunque sin usar al agua como metáfora. Santiago 1:18 dice: "El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que
seamos primicias de sus criaturas". Cuando consideramos las palabras de Cristo a Nicodemo, a la luz de estos pasajes, podemos apreciar a Dios como siendo quien realiza la concepción divina, el Padre de sus hijos espirituales, y a la Palabra de Dios empleada por el Espíritu Santo como el medio por el cual la nueva vida espiritual es engendrada. Es decir, en Juan 3:5 Jesús está utilizando dos imágenes: el agua y el viento. La primera representa la Palabra de Dios, y la segunda el Espíritu Santo. Está enseñándonos que mientras la Palabra es compartida, enseñada, predicada y hecha conocer, el Espíritu Santo la utiliza para traer a luz nueva vida espiritual en los que Dios está salvando.
Este es el motivo por el cual la Biblia nos dice que le agradó a Dios salvarnos por la locura de la predicación (1 Co. 1:21; Ro. 10:14-15).
La concepción espiritual
Hay otro versículo que trata sobre el nuevo nacimiento y que aclara lo que he venido diciendo. Es 1 P 1:23 que dice: "Siendo renacido, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre".
En este primer capítulo de 1 Pedro, el apóstol ha dicho que una persona se incorpora a la familia de Dios porque Cristo murió (vs. 18-19) y mediante la fe (vs. 21). A continuación, Pedro resalta el hecho que Dios es el Padre de sus hijos asemejando la Palabra de Dios al esperma humano. La Vulgata Latina hace esto más claro
que nuestra versión inglesa, ya que la palabra utilizada allí es semen.
Pongamos juntas estas enseñanzas y las imágenes de estos pasajes. Dios primero siembra en nuestro corazón lo que podríamos llamar el óvulo de la fe salvífica, ya que se nos dice que la fe no se origina en nosotros, sino que es "un don de Dios" (Ef. 2:8). Segundo, envía la semilla de su Palabra, que contiene la vida
divina dentro de ella, para que penetre el óvulo de nuestra fe. El resultado es la concepción. Entonces, una nueva vida espiritual es concebida, una vida que tiene su origen en Dios y no tiene ninguna conexión con la vida pecaminosa que la rodea. Por eso es que ahora podemos decir que "si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas" (2 Co. 5:17). Nadie puede volver a ser el mismo después que el Espíritu Santo de Dios ha entrado en su vida para implantar la vida de Dios dentro de él o de ella.
Fundamentos de la fe cristiana James Montgomery Boice
diarios, la radio y la televisión. No hay, sin embargo, ningún nacimiento humano que pueda ser comparado con el nacimiento sobrenatural de un hijo de Dios mediante el Espíritu de Dios. El mundo alrededor puede mostrar poco interés en este acontecimiento. Muy pocas personas en el mundo se interesaron en el nacimiento de Cristo, aunque los ángeles celebraron la natividad con su cántico en los cielos de los campos de Belén. De la misma manera, muy pocos prestan atención al nacimiento de un hijo de Dios en la actualidad. Pero a pesar de ello, como dijo Jesús: "Así
os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente" (Lc. 15:10). El nacimiento de un hijo de Dios es una resurrección espiritual, el pasaje de una persona, que estaba muerta en sus delitos y pecados, a una nueva vida. Un hijo de ira se convierte en un hijo del Padre que está en
los cielos. El término teológico para este nuevo nacimiento es la regeneración.
La secuencia en la salvación A pesar de la importancia que tiene la regeneración, no constituye la totalidad de la salvación y no debería ser vista como un fin en sí misma. John Murray observa en Redemption Accomplished and Applied ("La redención
lograda y aplicada") que de la misma manera que Dios hizo que la tierra estuviera llena de cosas buenas para satisfacer a los hombres y las mujeres, así también nos roció con una abundancia de bienes en nuestra salvación. "Esta sobreabundancia aparece en el eterno consejo de Dios respecto a la salvación: aparece en el
logro histórico de la redención por la obra de Cristo hecha una vez y para siempre; y aparece en la aplicación continua y progresiva de la redención, hasta que alcance su consumación en la libertad de la gloria de los hijos de Dios".1 Los adjetivos continua y progresiva para describir la redención ya nos están indicando que el nuevo
nacimiento, si bien tiene una real importancia, es sólo un paso en el proceso eterno. Mientras que el logro de nuestra redención por la muerte de Jesús fue un acontecimiento único, su aplicación comprende una serie de actos y procesos que reciben el nombre de ordo salutis, o "pasos en la salvación [de Dios]".
¿Cuáles son estos pasos? Un acto muy evidente es la elección determinante de Dios que ocurre antes del nuevo nacimiento. Los versículos tales como el de Juan 1:12-13 apuntan hacia esto. Quienes se convierten en "hijos de Dios" no han sido engendrados "de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de
Dios". Y en Santiago 1:18 leemos que "Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas".
Hay otros actos y procesos que suceden al nuevo nacimiento. Juan 3:3 dice: "El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios"; y Juan 3:5 agrega: "El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios". El nuevo nacimiento es un requisito previo para poder ver el reino de Dios y entrar en él.
Otra afirmación que puede resultar de ayuda la encontramos en 1 Juan 3:9: "Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios". Juan no está hablando sobre la perfección en este versículo, ya que con anterioridad ha dicho que los
cristianos también pecan. Si dicen lo contrario, o se están engañando o están mintiendo —"Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros" (Jn. 1:8)—. Está hablando sobre la santificación que sucede a la regeneración y que es el progresivo crecimiento en la santidad
del individuo que se ha convertido en un hijo de Dios. Romanos 8:28-30 agrega la justificación y la glorificación. "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las
cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos
también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó". En estos versículos la presciencia y la predestinación están relacionadas con la determinación primaria de Dios. El llamado, la justificación y la glorificación están relacionadas con la aplicación de la redención directamente en nosotros. De la enseñanza de Pablo en otros lugares, sabemos que la justificación presupone la fe (Ro. 5:1), por lo que podemos colocar la fe antes de la justificación, pero después de la regeneración. La santificación sucede a la justificación y viene antes
que la glorificación. En el esquema final tenemos: la presciencia de Dios, la predestinación, el llamado efectivo anosotros, la regeneración, la fe y el arrepentimiento, la justificación, la santificación y la glorificación.2
Estos pasos, además, pueden ser subdivididos y en algunos casos hasta combinados entre sí. Pero esta es la secuencia general presentada en las Escrituras y, por lo tanto, de mucha ayuda para comprender cómo Dios nos salva. Debemos notar que antes que ninguna otra cosa nos encontramos con la elección eterna de Dios. En
lo que respecta a nuestra experiencia personal, el primer paso es nuestra regeneración espiritual.
La iniciativa divina
El nacer de nuevo es una metáfora del paso inicial en la salvación. Su uso se remonta a Jesús mismo. Jesús no buscaba enseñar la necesidad de un nuevo nacimiento literal y físico. Esto seria un contrasentido, como lo reconoció Nicodemo. "¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?... ¿Cómo puede hacerse esto?" (Jn. 3:4,9).
Lo que Jesús buscaba mostrar era la necesidad de un nuevo comienzo. Tuvimos un primer comienzo con Adán. Fue un comienzo promisorio. Pero lo arruinamos por causa de nuestro pecado. Lo que necesitamos ahora es un nuevo comienzo donde "las cosas viejas pasaron" y "todas son hechas nuevas" (2 Co. 5:17). La metáfora del nuevo nacimiento además está señalando que la regeneración es obra de Dios y no una
obra de los seres humanos pecaminosos. Una persona no puede nacer físicamente por su propia voluntad. Sólo cuando un óvulo es fecundado por un espermatozoide, y luego crece y finalmente entra en el mundo es que el nacimiento tiene lugar —un proceso iniciado y alimentado por los padres—. De la misma manera, el nacimiento
espiritual es iniciado y alimentado por nuestro padre celestial sin ninguna intervención de nuestra parte.
La primera referencia al nuevo nacimiento en el evangelio de Juan, Juan 1:12-13, nos dice todavía más. "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios". Cada
una de estas tres negativas —no de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón— es de particular importancia.
"No de sangre" significa que la regeneración no es por causa de un nacimiento físico. Para algunas personas, quiénes son sus antepasados puede ser muy importante. En los días de Jesús había miles de judíos que creían que estaban bien con Dios porque eran descendientes de Abraham (Jn. 8:33). Eran como Pablo, orgullosos de haber sido "circuncidado(s) al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos" (Fil. 3:5). Abraham había recibido promesas de Dios de que estaría con él y sus descendientes espirituales para siempre. Por esto es que los judíos creían que habían sido hechos justos porque descendían de Abraham físicamente. Jesús señaló que Dios estaba interesado en una relación espiritual y que sus acciones estaban en realidad demostrando que eran hijos del demonio (Jn. 8:44). De la misma manera, hay muchas personas hoy en día que creen que están bien con Dios simplemente porque sus padres son cristianos y viven en una comunidad llamada cristiana. Sin embargo, el nacimiento físico no salva a nadie.
"Ni de voluntad de carne" es más difícil de interpretar. San Agustín, que tomó la frase "no de sangre" como refiriéndose al nacimiento humano (como yo también lo he hecho), tomó la frase "ni de voluntad de carne" como refiriéndose a la participación de la mujer en la reproducción y la frase "ni de voluntad de varón" como
refiriéndose a la participación del hombre. Lutero refirió "la voluntad de la carne" a un acto de adopción, Frederick Godet a la imaginación sensual, Calvino al poder de la voluntad. ¿Podemos superar estas diferencias? Es posible, si consideramos que en el Nuevo Testamento la palabra carne se refiere a nuestros apetitos naturales, y a nuestros deseos sensuales y emocionales. Podemos aproximamos a lo que Juan quiso significar si decimos que un pueblo no puede convertirse en hijos de Dios por el ejercicio de sus sentimientos o emociones.
Algunos hoy en día creen que son cristianos simplemente porque reciben una cierta clase de bienestar emocional cuando asisten a cierto tipo de culto religioso o porque son conmovidos y hasta lloran en una campaña de evangelismo. La emoción bien puede acompañar una experiencia genuina del nuevo nacimiento, pero el nuevo nacimiento no será producto de esa emoción. La tercera frase, "ni por voluntad de varón", es más fácil de comprender. Nadie puede convertirse en un hijo de Dios por su propia voluntad. En esta vida es posible que nos abramos camino mediante nuestra
determinación, pero no es posible que seamos nacidos de nuevo de la misma manera. Podemos tener muy pocos bienes de este mundo, pocos valores, una educación pobre y poca capacidad. Sin embargo, es posible trabajar duro, asistir a clases nocturnas, conseguir un trabajo mejor, y eventualmente, llegar a ser bastante rico. Es posible entrar en la política y llegar a ser un representante o hasta el presidente. Otros nos elogiarán y presentarán nuestra historia como el fruto de la determinación conjugada con un poco de buena suerte. Pero no hay nada que nos haga ser el hijo o la hija natural de una pareja de padres si hemos nacido de otros padres.
Nada nos convertirá en hijos de Dios si Dios mismo no produce el nuevo nacimiento.
La gracia de Dios es el requisito para convertirse en hijos de Dios. Aunque nosotros debemos creer en Jesús como el Salvador divino para convertirnos en cristianos, creemos porque Dios mismo ha tomado la iniciativa de sembrar la vida divina en nosotros.
El viento y el agua
La imagen del nuevo nacimiento también contribuye para que podamos entender qué sucede cuando Dios toma la iniciativa en la salvación. Nicodemo vino a Cristo para hablar sobre la realidad espiritual, pero Jesús respondió a los comentarios de Nicodemo diciéndole que nadie puede entender, y mucho menos entrar en las realidades
espirituales, si él o ella no ha nacido de nuevo. La palabra que aquí se tradujo "de nuevo" es anóthen que no sólo significa "de nuevo" sino "de lo alto". Jesús le estaba diciendo a Nicodemo que antes tenía que ser el depositario de esta gracia gratuita de Dios. Nicodemo no comprendía. "¿Cómo puede un hombre nacer siendo
viejo? ¿Puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?" Jesús le respondió: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios... El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es
nacido del Espíritu" (Jn. 3:4-5,8). Una vez que hubo identificado la fuente del nuevo nacimiento, Jesús entonces pasó a hablar sobre cómo tiene lugar la regeneración. ¿Pero qué significa nacer "de agua y del Espíritu"? ¿Y por qué Jesús menciona al "viento"? Hay un número de explicaciones. Según la primera, agua se refiere al nacimiento físico (donde la aparición del bebé está acompañada del líquido amniótico de la madre), y viento (spiritus) significa el Espíritu Santo. De acuerdo con esta explicación, Jesús le está diciendo que para que una persona sea salva tiene que nacer primero físicamente y luego espiritualmente.
Es difícil encontrar una falacia en esta conclusión. Es evidente que si alguien ha de ser salvo tiene que estar físicamente vivo y además nacer de nuevo espiritualmente. Pero esto no parece ser el significado que Cristo tenía en mente. Por un lado, la palabra agua nunca es utilizada de esta manera en las Escrituras. Nuestros pensamientos en este sentido son modernos. Segundo, una referencia a la necesidad del nacimiento físico resulta tan obvia que cabría preguntarse si Jesús habría gastado palabras para referirse a ella. Tercero, el agua no puede estar refiriéndose al nacimiento físico porque, como vimos en Juan 1:13, el nacimiento físico no tiene ningún peso en la regeneración.
Una segunda interpretación de esta frase seria la de tomar agua como significando el agua del bautismo cristiano. Pero el bautismo no está presente en este capítulo. En realidad, la Biblia nos enseña que nadie puede ser salvo por ningún rito religioso externo (1 S. 16:7; Ro. 2:28-29; Gá. 2:15-16; 5:1-6). El bautismo es un signo
importante de lo que ya ha tenido lugar, pero no es el medio por el cual somos regenerados. La tercera interpretación toma tanto al agua como al viento en un sentido simbólico. El agua, según esta interpretación, se refiere al lavamiento; el viento se refiere al poder. Es así como un persona debe ser lavada y llena de poder.3 Si bien es cierto que los pecadores deben ser lavados de sus pecados, y es nuestro privilegio como cristianos el tener poder de lo alto, resulta difícil pensar en que este es el significado del pasaje. Por un lado, en el resto del Nuevo Testamento, el lavamiento y el poder acompañan al nuevo nacimiento o le suceden, mientras que según estos versículos tratan el cómo tiene lugar el nuevo nacimiento. Además, ni el lavamiento ni el poder se relacionan con la metáfora del nacimiento, como parece ser requerido.
Kenneth S. Wuest ha propuesto una cuarta explicación, basándose sobre el uso de agua como metáfora en otros textos del Nuevo Testamento. El agua se usa varias veces en las Escrituras para referirse al Espíritu Santo. En el capítulo 4 de Juan, por ejemplo, Jesús le dice a la mujer samaritana que él le dará "una fuente de agua
que salte para vida eterna" (Jn. 4:14). El lenguaje de Juan 7:37-38 es casi idéntico al de 4:14. Juan agrega: "Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él" (vs. 39). Wuest también hace referencia a Isaías 44:3 y 55:1, pasajes que debían haber sido conocidos por Nicodemo. Siesta es la interpretación correcta, entonces "del agua y del Espíritu" es una redundancia. La conjunción y debería ser tomada en su sentido enfático. Es posible parafrasear este pasaje usando la palabra siquiera. Jesús estaría diciendo: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua, o siquiera del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios".4 La explicación provista por Wuest es buena, pero yo siempre he tenido la sensación que todavía es posible decir algo más al respecto. Además de ser una metáfora para el Espíritu, el agua también es utilizada en la Biblia para referirse a la Palabra de Dios. Efesios 5:26 dice que Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella "para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra". En 1 Juan 5:8, el mismo autor que escribió el cuarto evangelio, escribe sobre tres "que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el
agua y la sangre". Como luego continúa hablando sobre el testimonio escrito de Dios sobre el hecho que la salvación es en Cristo, el Espíritu debe referirse al testimonio de Dios dentro del individuo, la sangre al testimonio histórico de la muerte de Cristo y el agua a las Escrituras. Las mismas imágenes están presentes en
Juan 15:3: "Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado". Hay otro versículo importante que cita a las Escrituras como siendo el canal a través del cual procede el nuevo nacimiento aunque sin usar al agua como metáfora. Santiago 1:18 dice: "El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que
seamos primicias de sus criaturas". Cuando consideramos las palabras de Cristo a Nicodemo, a la luz de estos pasajes, podemos apreciar a Dios como siendo quien realiza la concepción divina, el Padre de sus hijos espirituales, y a la Palabra de Dios empleada por el Espíritu Santo como el medio por el cual la nueva vida espiritual es engendrada. Es decir, en Juan 3:5 Jesús está utilizando dos imágenes: el agua y el viento. La primera representa la Palabra de Dios, y la segunda el Espíritu Santo. Está enseñándonos que mientras la Palabra es compartida, enseñada, predicada y hecha conocer, el Espíritu Santo la utiliza para traer a luz nueva vida espiritual en los que Dios está salvando.
Este es el motivo por el cual la Biblia nos dice que le agradó a Dios salvarnos por la locura de la predicación (1 Co. 1:21; Ro. 10:14-15).
La concepción espiritual
Hay otro versículo que trata sobre el nuevo nacimiento y que aclara lo que he venido diciendo. Es 1 P 1:23 que dice: "Siendo renacido, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre".
En este primer capítulo de 1 Pedro, el apóstol ha dicho que una persona se incorpora a la familia de Dios porque Cristo murió (vs. 18-19) y mediante la fe (vs. 21). A continuación, Pedro resalta el hecho que Dios es el Padre de sus hijos asemejando la Palabra de Dios al esperma humano. La Vulgata Latina hace esto más claro
que nuestra versión inglesa, ya que la palabra utilizada allí es semen.
Pongamos juntas estas enseñanzas y las imágenes de estos pasajes. Dios primero siembra en nuestro corazón lo que podríamos llamar el óvulo de la fe salvífica, ya que se nos dice que la fe no se origina en nosotros, sino que es "un don de Dios" (Ef. 2:8). Segundo, envía la semilla de su Palabra, que contiene la vida
divina dentro de ella, para que penetre el óvulo de nuestra fe. El resultado es la concepción. Entonces, una nueva vida espiritual es concebida, una vida que tiene su origen en Dios y no tiene ninguna conexión con la vida pecaminosa que la rodea. Por eso es que ahora podemos decir que "si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas" (2 Co. 5:17). Nadie puede volver a ser el mismo después que el Espíritu Santo de Dios ha entrado en su vida para implantar la vida de Dios dentro de él o de ella.
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Regeneración
Nuevo Nacimiento
A. El uso de la palabra
La palabra regeneración es la forma latina de palingenesia. Es el
sustantivo que expresa la idea de la frase gennethenai anothen, «nacer
otra vez». Evidentemente es probable que tal expresión se usara
como metáfora para indicar cualquier nuevo comienzo. Thayer cita
un uso clásico del dicho de que cuando un hombre tiene un hijo, es
como si él naciera de nuevo, anothen. Josefo alude a cierta
palingenesia, «una regeneración de la patria».
Aunque la palabra griega ana significa «arriba», es un caso de
falacia etimológica insistir en que anothen significa «de arriba». Sencillamente
significa «otra vez», «del suelo para arriba», o «de arriba
abajo». La palabra misma no revela en ninguna manera la fuente de
la acción a la cual se refiere.
En Mateo 19.28 se usa palingenesia para aludir a la restauración
escatológica del mundo en el reino milenial de Cristo, y aparentemente
es sinónima con la expresión «la restauración de todas las cosas» que
se halla en Hechos 3.21. (Compárese también Mateo 17.11.)
Por ahora no nos interesan estos otros usos sino solamente la
referencia específica de la «regeneración» como un cambio en el individuo;
por el cual el hombre perdido se convierte en hijo de Dios.
B. Los credos
No tenemos una definición precisa de regeneración en los credos
o catecismos. La idea de regeneración se expresa por las palabras
«incorporados en él [Cristo]», en la respuesta a la pregunta número
20 del Catecismo de Heidelberg. Heppe incluye regeneración en su
capítulo sobre «llamamiento», y cita a Witsius: «La regeneración es
el acto hiperfísico de Dios, por el cual el hombre elegido, espiritualmente
muerto, es dotado de una vida nueva, vida divina, y esa de la
semilla incorruptible de la Palabra de Dios, fecundada por el poder
trascendente del Espíritu».
Y otra vez cita al mismo escritor: «Sin duda, la regeneración
ocurre en un momento. El paso de la muerte a la vida no admite
demora. Mientras el hombre está en estado de muerte espiritual, no
es regenerado. Pero el mismo instante que empieza a vivir, es engendrado
de nuevo. Por eso no se puede siquiera admitir momentánea-mente ningún estado intermedio entre el regenerado y el no regenerado,
si estamos pensando en la regeneración en su primera acción».
La idea de que la regeneración es un acto instantáneo del Espíritu
Santo por el cual el pecador perdido queda «unido con Cristo», y
hecho así un hijo de Dios, es la opinión casi unánime de los teólogos
reformados citados por Heppe en esta sección de su obra.
En las normas de Westminster se alude a la regeneración, en el
capítulo de la Confesión sobre «llamamiento eficaz», en términos
como, «siendo vivificado y renovado por el Espíritu Santo». En el
Catecismo Mayor, pregunta 67, se define el llamamiento eficaz como
incluyendo la obra del Espíritu Santo, «renovando y determinando de
un modo poderoso sus voluntades, de tal manera que ellos (aun cuando
están muertos en pecado) por esta obra son hechos voluntarios y
capaces para responder libremente a su llamamiento, y aceptar y abrazar
la gracia ofrecida y transmitida en él».
En la respuesta a la pregunta 66 leemos: «La unión que los elegidos
tienen con Cristo es la obra de la gracia de Dios, por la que ellos espiritual
y místicamente, pero real y de una manera inseparable, son unidos a Cristo
como su cabeza y esposo, lo cual es hecho por su llamamiento eficaz».
En el Catecismo Menor, pregunta 30, se alude a la regeneración
en la declaración: «El Espíritu Santo nos aplica la redención comprada
por Cristo, obrando fe en nosotros, y uniéndonos así a Cristo por
nuestro llamamiento eficaz».
No hay que sorprenderse de que en el tiempo en que el protestantismo
aun estaba atado a una iglesia estatal, o a un estado eclesiástico,
y no estaba libre de su concepto como una institución étnica o
nacional, la doctrina de la regeneración en el sentido en que ahora la
estudiamos —con su connotación extremadamente individualista—,
no fuese completamente clarificada. Witsius y otros estudiosos estuvieron
claros en el hecho de que por su misma naturaleza la regeneración
tenía que ser instantánea, empero Heppe y sus fuentes ocasionalmente
confunden la regeneración misma con la vida santa que se
desarrolla por etapas progresivas.
Heppe cita a Heidegger (1633-1698): «La regeneración no es
perfecta en esta vida ni el hombre regenerado es perfecto. Mientras
los hombres moran en esta carne mortal están en guerra con las reliquias
del antiguo Adán, las cuales no son extinguidas ni al principio
ni durante el proceso de regeneración en esta vida, y en verdad laregeneración experimenta frecuentes vicisitudes, según que la obra
de su progreso sea ya más, ya menos rápida». Lo que Heidegger
dice aquí —y es evidentemente también la opinión de Heppe— realmente
es verdad en cuanto al proceso de la santificación, pero no
puede serlo de la regeneración si esta es un acto instantáneo de Dios.
En las primeras páginas del gran capítulo de Charles Hodge sobre
la «Regeneración», indica él que se han empleado varios significados
claramente distintos de la palabra regeneración en la historia
de la teología. Hodge señala: «En la iglesia primitiva, la regeneración
muchas veces expresa no algún cambio moral interior sino uno externo
de estado o relación. Entre los judíos, cuando un pagano se hacía
prosélito, se decía que había renacido. Al cambio de su estado desde
afuera, o dentro de la teocracia, se le llamaba regeneración. En algún
grado este uso pasó a la iglesia cristiana.
Cuando un hombre llegaba a ser miembro de la iglesia se decía
que había nacido de nuevo; y al bautismo, el rito de iniciación, se le
llamó regeneración. Esta acepción de la palabra no ha desaparecido
del todo. A veces se hace la distinción entre la regeneración y la renovación
espiritual. Una es externa, la otra interna. Algunos de los defensores
de la regeneración bautismal hacen esta distinción e interpretan
las fórmulas de la iglesia anglicana de acuerdo con este uso.
La regeneración efectuada en el bautismo, desde su punto de vista,
no consiste en ningún cambio espiritual en el estado del alma, sino
simplemente un nacimiento a la iglesia visible».
Hodge expresa su propia opinión así: «Por consentimiento casi
universal, ahora se usa la palabra regeneración para designar, no
toda la obra de santificación ni las primeras etapas de la obra comprendida
en la conversión, ni mucho menos la justificación ni ningún
cambio meramente externo de estado, sino la transformación instantánea
de la muerte espiritual a la vida espiritual».
C. El uso particular de Calvino
Es muy importante para nuestro entendimiento de este tema que
reconozcamos que Calvino y otros teólogos de gran influencia han
usado la palabra regeneración en un sentido claramente distinto del
que emplean Hodge y la mayoría de los evangélicos actuales.
Calvino afirma: «En una palabra, entiendo que el arrepentimiento
es la regeneración, el fin de la cual es la restauración de la imagen divinadentro de nosotros; que fue mutilada y casi borrada por la transgresión
de Adán... Por lo cual en esta regeneración somos restaurados por la
gracia de Cristo a la justicia de Dios, de la cual caímos en Adán; y de
esta manera se complace el Señor en restaurar completamente a todos
aquellos que Él adopta a la herencia de vida. Y esta restauración no se
efectúa en un solo momento, día o año, sino que por mejoras reiteradas,
a veces tardías, el Señor destruye las corrupciones carnales de sus escogidos,
los purifica de toda contaminación y los consagra a sí mismo
como templos; renovando todos sus sentidos a una pureza verdadera
para que puedan emplear toda su vida en el ejercicio del arrepentimiento,
y saber que esta guerra será terminada solamente por la muerte».
D. El punto de vista de Agustín
Después de comentar la doctrina cristiana de la regeneración bautismal,
Felipe Schaff dice: «Con él [Agustín], y contrario a Calvino, la
regeneración y la elección no coinciden. La primera puede existir sin la
segunda, pero esta no puede existir sin la primera. Agustín presume
que muchos [por el bautismo] en verdad nacen al reino de la gracia
para luego perecer otra vez. Calvino sostiene que en el caso de los no
elegidos, el bautismo es una ceremonia sin significado». Algunos
luteranos sostienen una opinión similar a la de Agustín en este punto.
E. El uso bíblico
El pasaje bíblico sobresaliente con referencia a la regeneración
se encuentra en la historia de la conversación de Cristo con Nicodemo.
«Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que
no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo:
¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por
segunda vez en el vientre de su madre y nacer? Respondió Jesús: De
cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu,
no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne,
carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es; no te maravilles
de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de
donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a
dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu» (Juan 3.3-8).
De acuerdo con la doctrina de la regeneración, para Juan solo
hay dos clases de personas en el mundo: «En esto se manifiestan los
hijos de Dios, y los hijos del diablo; todo aquel que no hace justicia,
y que no ama a su hermano, no es de Dios» (1 Juan 3.10).
Que la regeneración es la obra del Espíritu Santo, quien aplica a
nosotros los beneficios de la expiación, es enseñanza uniforme de la
Biblia. Sin duda, este es el significado que yace tras la referencia de
Pablo al «Espíritu de vida [quien nos] ha liberado de la ley del pecado
y de la muerte» (Romanos 8.2). «El Espíritu de vida» es el que da
una nueva existencia en el nuevo nacimiento. «Nos salvó, no por
obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia,
por el lavamiento de la regeneración y por la renovación
en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente
por Jesucristo nuestro Salvador» (Tito 3.5,6).
Puesto que el Espíritu Santo usa la Palabra de Dios en su obra de
regeneración tanto como en su obra de convicción, no es contradictorio
hablar de la Palabra misma como la causa eficiente de la regeneración.
Pedro afirma que somos «renacidos no de simiente corruptible sino
incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre
» (1 Pedro 1.23). Santiago exhorta: «Recibid con mansedumbre la
palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas» (Santiago
1.21). Al referirse a la Palabra como el instrumento de la regeneración,
Santiago usa un modo de expresión diferente al que se halla en otros
lugares: «Él, de su voluntad nos hizo nacer, por la palabra de verdad,
para que seamos primicias de sus criaturas» (Santiago 1.18).
El nuevo nacimiento nos lleva a una vida novedosa con un carácter
fresco que se luce como cuando se pone un uniforme: «Vestíos del
nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la
verdad» (Efesios 4.24). Revestíos «del nuevo [hombre], el cual conforme
a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento
pleno» (Colosenses 3.10).
El nuevo hombre, o el carácter novedoso, posee una nueva esperanza:
«Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que
según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza
viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos» (1 Pedro 1.3).
Puesto que se refiere metafóricamente al Espíritu Santo como
agua viva (Juan 4.10-14; 7.37-39; Tito 3.5,6), no es sorprendente
que se diga metafóricamente que las personas regeneradas son bautizadas
con el Espíritu Santo y beben del Espíritu, «porque por un
solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos ogriegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un
mismo Espíritu» (1 Corintios 12.13).
Se habla del milagro de la regeneración en varias otras figuras
retóricas. Ezequiel dijo: «Esparciré sobre vosotros agua limpia y
seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros
ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo
dentro de vosotros, y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi
espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos,
y los pongáis por obra» (Ezequiel 36.25-27).
Puesto que el culto ceremonial del Antiguo Testamento incluía
«diversas abluciones» (Hebreos 9.10), no es de extrañar que se refiera
a la nueva vida de regeneración como un lavamiento. «Y esto
erais algunos; mas, ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados,
ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y
por el Espíritu de nuestro Dios» (1 Corintios 6.11).
El rito iniciador externo de la iglesia debe corresponder al nuevo
carácter. El hombre en las bodas sin el vestido de bodas (Mateo
22.11-14) representa a la persona no regenerada que pretende ser
uno del pueblo de Dios.
Se dice que la persona regenerada está viviendo en un nuevo
mundo. Dios «nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado
al reino de su amado Hijo (Colosenses 1.13). «Nosotros de
aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a
Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo
que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas
pasaron, he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5.16,17).
No solo es verdad que el individuo renacido tiene una vida nueva,
sino también que todo en el universo es nuevo.
El cielo tiene un azul más suave,
la tierra un verde más dulce;
algo vive en cada tono
que los ojos sin Cristo nunca han visto.
En Cristo las cuestiones ceremoniales son insignificantes. La única
consideración que tiene valor es la «nueva creación» (Gálatas 6.15).
La persona regenerada es como uno que ha sido levantado de
entre los muertos a una vida nueva. El hijo pródigo que volvió «era
muerto y ha revivido; se había perdido, y es hallado» (Lucas 15.32).
Ya se efectuaron nuestros funerales cuando fuimos bautizados por lamuerte de Cristo, «a fin de que como Cristo resucitó de los muertos
por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva
... lo seremos en la [semejanza] de su resurrección... Así también
vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en
Cristo Jesús» (Romanos 6.1-12). «Aun estando nosotros muertos en
pecado, [Dios] nos dio vida juntamente con Cristo ... y juntamente
con él nos resucitó y as mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales
con Cristo Jesús» (Efesios 2.1-6). «Si vivimos por el Espíritu,
andemos también por el Espíritu» (Gálatas 5.25).
T.S J.Olivel Buswell.Jr.
La palabra regeneración es la forma latina de palingenesia. Es el
sustantivo que expresa la idea de la frase gennethenai anothen, «nacer
otra vez». Evidentemente es probable que tal expresión se usara
como metáfora para indicar cualquier nuevo comienzo. Thayer cita
un uso clásico del dicho de que cuando un hombre tiene un hijo, es
como si él naciera de nuevo, anothen. Josefo alude a cierta
palingenesia, «una regeneración de la patria».
Aunque la palabra griega ana significa «arriba», es un caso de
falacia etimológica insistir en que anothen significa «de arriba». Sencillamente
significa «otra vez», «del suelo para arriba», o «de arriba
abajo». La palabra misma no revela en ninguna manera la fuente de
la acción a la cual se refiere.
En Mateo 19.28 se usa palingenesia para aludir a la restauración
escatológica del mundo en el reino milenial de Cristo, y aparentemente
es sinónima con la expresión «la restauración de todas las cosas» que
se halla en Hechos 3.21. (Compárese también Mateo 17.11.)
Por ahora no nos interesan estos otros usos sino solamente la
referencia específica de la «regeneración» como un cambio en el individuo;
por el cual el hombre perdido se convierte en hijo de Dios.
B. Los credos
No tenemos una definición precisa de regeneración en los credos
o catecismos. La idea de regeneración se expresa por las palabras
«incorporados en él [Cristo]», en la respuesta a la pregunta número
20 del Catecismo de Heidelberg. Heppe incluye regeneración en su
capítulo sobre «llamamiento», y cita a Witsius: «La regeneración es
el acto hiperfísico de Dios, por el cual el hombre elegido, espiritualmente
muerto, es dotado de una vida nueva, vida divina, y esa de la
semilla incorruptible de la Palabra de Dios, fecundada por el poder
trascendente del Espíritu».
Y otra vez cita al mismo escritor: «Sin duda, la regeneración
ocurre en un momento. El paso de la muerte a la vida no admite
demora. Mientras el hombre está en estado de muerte espiritual, no
es regenerado. Pero el mismo instante que empieza a vivir, es engendrado
de nuevo. Por eso no se puede siquiera admitir momentánea-mente ningún estado intermedio entre el regenerado y el no regenerado,
si estamos pensando en la regeneración en su primera acción».
La idea de que la regeneración es un acto instantáneo del Espíritu
Santo por el cual el pecador perdido queda «unido con Cristo», y
hecho así un hijo de Dios, es la opinión casi unánime de los teólogos
reformados citados por Heppe en esta sección de su obra.
En las normas de Westminster se alude a la regeneración, en el
capítulo de la Confesión sobre «llamamiento eficaz», en términos
como, «siendo vivificado y renovado por el Espíritu Santo». En el
Catecismo Mayor, pregunta 67, se define el llamamiento eficaz como
incluyendo la obra del Espíritu Santo, «renovando y determinando de
un modo poderoso sus voluntades, de tal manera que ellos (aun cuando
están muertos en pecado) por esta obra son hechos voluntarios y
capaces para responder libremente a su llamamiento, y aceptar y abrazar
la gracia ofrecida y transmitida en él».
En la respuesta a la pregunta 66 leemos: «La unión que los elegidos
tienen con Cristo es la obra de la gracia de Dios, por la que ellos espiritual
y místicamente, pero real y de una manera inseparable, son unidos a Cristo
como su cabeza y esposo, lo cual es hecho por su llamamiento eficaz».
En el Catecismo Menor, pregunta 30, se alude a la regeneración
en la declaración: «El Espíritu Santo nos aplica la redención comprada
por Cristo, obrando fe en nosotros, y uniéndonos así a Cristo por
nuestro llamamiento eficaz».
No hay que sorprenderse de que en el tiempo en que el protestantismo
aun estaba atado a una iglesia estatal, o a un estado eclesiástico,
y no estaba libre de su concepto como una institución étnica o
nacional, la doctrina de la regeneración en el sentido en que ahora la
estudiamos —con su connotación extremadamente individualista—,
no fuese completamente clarificada. Witsius y otros estudiosos estuvieron
claros en el hecho de que por su misma naturaleza la regeneración
tenía que ser instantánea, empero Heppe y sus fuentes ocasionalmente
confunden la regeneración misma con la vida santa que se
desarrolla por etapas progresivas.
Heppe cita a Heidegger (1633-1698): «La regeneración no es
perfecta en esta vida ni el hombre regenerado es perfecto. Mientras
los hombres moran en esta carne mortal están en guerra con las reliquias
del antiguo Adán, las cuales no son extinguidas ni al principio
ni durante el proceso de regeneración en esta vida, y en verdad laregeneración experimenta frecuentes vicisitudes, según que la obra
de su progreso sea ya más, ya menos rápida». Lo que Heidegger
dice aquí —y es evidentemente también la opinión de Heppe— realmente
es verdad en cuanto al proceso de la santificación, pero no
puede serlo de la regeneración si esta es un acto instantáneo de Dios.
En las primeras páginas del gran capítulo de Charles Hodge sobre
la «Regeneración», indica él que se han empleado varios significados
claramente distintos de la palabra regeneración en la historia
de la teología. Hodge señala: «En la iglesia primitiva, la regeneración
muchas veces expresa no algún cambio moral interior sino uno externo
de estado o relación. Entre los judíos, cuando un pagano se hacía
prosélito, se decía que había renacido. Al cambio de su estado desde
afuera, o dentro de la teocracia, se le llamaba regeneración. En algún
grado este uso pasó a la iglesia cristiana.
Cuando un hombre llegaba a ser miembro de la iglesia se decía
que había nacido de nuevo; y al bautismo, el rito de iniciación, se le
llamó regeneración. Esta acepción de la palabra no ha desaparecido
del todo. A veces se hace la distinción entre la regeneración y la renovación
espiritual. Una es externa, la otra interna. Algunos de los defensores
de la regeneración bautismal hacen esta distinción e interpretan
las fórmulas de la iglesia anglicana de acuerdo con este uso.
La regeneración efectuada en el bautismo, desde su punto de vista,
no consiste en ningún cambio espiritual en el estado del alma, sino
simplemente un nacimiento a la iglesia visible».
Hodge expresa su propia opinión así: «Por consentimiento casi
universal, ahora se usa la palabra regeneración para designar, no
toda la obra de santificación ni las primeras etapas de la obra comprendida
en la conversión, ni mucho menos la justificación ni ningún
cambio meramente externo de estado, sino la transformación instantánea
de la muerte espiritual a la vida espiritual».
C. El uso particular de Calvino
Es muy importante para nuestro entendimiento de este tema que
reconozcamos que Calvino y otros teólogos de gran influencia han
usado la palabra regeneración en un sentido claramente distinto del
que emplean Hodge y la mayoría de los evangélicos actuales.
Calvino afirma: «En una palabra, entiendo que el arrepentimiento
es la regeneración, el fin de la cual es la restauración de la imagen divinadentro de nosotros; que fue mutilada y casi borrada por la transgresión
de Adán... Por lo cual en esta regeneración somos restaurados por la
gracia de Cristo a la justicia de Dios, de la cual caímos en Adán; y de
esta manera se complace el Señor en restaurar completamente a todos
aquellos que Él adopta a la herencia de vida. Y esta restauración no se
efectúa en un solo momento, día o año, sino que por mejoras reiteradas,
a veces tardías, el Señor destruye las corrupciones carnales de sus escogidos,
los purifica de toda contaminación y los consagra a sí mismo
como templos; renovando todos sus sentidos a una pureza verdadera
para que puedan emplear toda su vida en el ejercicio del arrepentimiento,
y saber que esta guerra será terminada solamente por la muerte».
D. El punto de vista de Agustín
Después de comentar la doctrina cristiana de la regeneración bautismal,
Felipe Schaff dice: «Con él [Agustín], y contrario a Calvino, la
regeneración y la elección no coinciden. La primera puede existir sin la
segunda, pero esta no puede existir sin la primera. Agustín presume
que muchos [por el bautismo] en verdad nacen al reino de la gracia
para luego perecer otra vez. Calvino sostiene que en el caso de los no
elegidos, el bautismo es una ceremonia sin significado». Algunos
luteranos sostienen una opinión similar a la de Agustín en este punto.
E. El uso bíblico
El pasaje bíblico sobresaliente con referencia a la regeneración
se encuentra en la historia de la conversación de Cristo con Nicodemo.
«Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que
no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo:
¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por
segunda vez en el vientre de su madre y nacer? Respondió Jesús: De
cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu,
no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne,
carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es; no te maravilles
de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de
donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a
dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu» (Juan 3.3-8).
De acuerdo con la doctrina de la regeneración, para Juan solo
hay dos clases de personas en el mundo: «En esto se manifiestan los
hijos de Dios, y los hijos del diablo; todo aquel que no hace justicia,
y que no ama a su hermano, no es de Dios» (1 Juan 3.10).
Que la regeneración es la obra del Espíritu Santo, quien aplica a
nosotros los beneficios de la expiación, es enseñanza uniforme de la
Biblia. Sin duda, este es el significado que yace tras la referencia de
Pablo al «Espíritu de vida [quien nos] ha liberado de la ley del pecado
y de la muerte» (Romanos 8.2). «El Espíritu de vida» es el que da
una nueva existencia en el nuevo nacimiento. «Nos salvó, no por
obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia,
por el lavamiento de la regeneración y por la renovación
en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente
por Jesucristo nuestro Salvador» (Tito 3.5,6).
Puesto que el Espíritu Santo usa la Palabra de Dios en su obra de
regeneración tanto como en su obra de convicción, no es contradictorio
hablar de la Palabra misma como la causa eficiente de la regeneración.
Pedro afirma que somos «renacidos no de simiente corruptible sino
incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre
» (1 Pedro 1.23). Santiago exhorta: «Recibid con mansedumbre la
palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas» (Santiago
1.21). Al referirse a la Palabra como el instrumento de la regeneración,
Santiago usa un modo de expresión diferente al que se halla en otros
lugares: «Él, de su voluntad nos hizo nacer, por la palabra de verdad,
para que seamos primicias de sus criaturas» (Santiago 1.18).
El nuevo nacimiento nos lleva a una vida novedosa con un carácter
fresco que se luce como cuando se pone un uniforme: «Vestíos del
nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la
verdad» (Efesios 4.24). Revestíos «del nuevo [hombre], el cual conforme
a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento
pleno» (Colosenses 3.10).
El nuevo hombre, o el carácter novedoso, posee una nueva esperanza:
«Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que
según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza
viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos» (1 Pedro 1.3).
Puesto que se refiere metafóricamente al Espíritu Santo como
agua viva (Juan 4.10-14; 7.37-39; Tito 3.5,6), no es sorprendente
que se diga metafóricamente que las personas regeneradas son bautizadas
con el Espíritu Santo y beben del Espíritu, «porque por un
solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos ogriegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un
mismo Espíritu» (1 Corintios 12.13).
Se habla del milagro de la regeneración en varias otras figuras
retóricas. Ezequiel dijo: «Esparciré sobre vosotros agua limpia y
seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros
ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo
dentro de vosotros, y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi
espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos,
y los pongáis por obra» (Ezequiel 36.25-27).
Puesto que el culto ceremonial del Antiguo Testamento incluía
«diversas abluciones» (Hebreos 9.10), no es de extrañar que se refiera
a la nueva vida de regeneración como un lavamiento. «Y esto
erais algunos; mas, ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados,
ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y
por el Espíritu de nuestro Dios» (1 Corintios 6.11).
El rito iniciador externo de la iglesia debe corresponder al nuevo
carácter. El hombre en las bodas sin el vestido de bodas (Mateo
22.11-14) representa a la persona no regenerada que pretende ser
uno del pueblo de Dios.
Se dice que la persona regenerada está viviendo en un nuevo
mundo. Dios «nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado
al reino de su amado Hijo (Colosenses 1.13). «Nosotros de
aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a
Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo
que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas
pasaron, he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5.16,17).
No solo es verdad que el individuo renacido tiene una vida nueva,
sino también que todo en el universo es nuevo.
El cielo tiene un azul más suave,
la tierra un verde más dulce;
algo vive en cada tono
que los ojos sin Cristo nunca han visto.
En Cristo las cuestiones ceremoniales son insignificantes. La única
consideración que tiene valor es la «nueva creación» (Gálatas 6.15).
La persona regenerada es como uno que ha sido levantado de
entre los muertos a una vida nueva. El hijo pródigo que volvió «era
muerto y ha revivido; se había perdido, y es hallado» (Lucas 15.32).
Ya se efectuaron nuestros funerales cuando fuimos bautizados por lamuerte de Cristo, «a fin de que como Cristo resucitó de los muertos
por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva
... lo seremos en la [semejanza] de su resurrección... Así también
vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en
Cristo Jesús» (Romanos 6.1-12). «Aun estando nosotros muertos en
pecado, [Dios] nos dio vida juntamente con Cristo ... y juntamente
con él nos resucitó y as mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales
con Cristo Jesús» (Efesios 2.1-6). «Si vivimos por el Espíritu,
andemos también por el Espíritu» (Gálatas 5.25).
T.S J.Olivel Buswell.Jr.
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