LLAMADO EFICAZ

"Todo lo que el Padre ma da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le hecho fuera" (Jn.6:37)

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lunes, 9 de agosto de 2010

¿Es Jesús el único camino al Cielo?

Respuesta: “Básicamente soy una buena persona, tanto que iré al cielo.” “Bueno, hago algunas cosas malas, pero hago más cosas buenas, así que iré al cielo.” “Dios no va a enviarme al infierno solamente porque no vivo pegado a la Biblia. ¡Los tiempos han cambiado!” “Solamente la gente verdaderamente mala, como los que abusan sexualmente de niños, y los asesinos van al infierno.”

Todos estos son conceptos comunes entre la mayoría de la gente, pero la verdad es que todos estos son mentiras. Satanás, el gobernador del mundo, fabrica estos pensamientos en nuestras cabezas. Él, y cualquiera que sigue sus caminos, es un enemigo de Dios (1 Pedro 5:8). Satanás siempre se disfraza de bueno (2 Corintios 11:14), pero él tiene control sobre todas las mentes que no pertenecen a Dios. “Satanás, el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4).

Es una mentira creer que Dios no tiene cuidado de los pecados pequeños, y que el infierno está reservado sólo para la “gente mala.” Todo pecado nos aparta de Dios, aún una “pequeña mentirita blanquita.” Todos hemos pecado, y ninguno es lo suficientemente bueno como para ir al cielo por sí mismo (Romanos 3:23). Entrar al cielo no se basa en que lo bueno pesa sobre lo malo; todos vamos a perder si ese es el caso. “Y si son salvos por el favor de Dios, entonces no es por sus buenas obras. En ese caso, el maravilloso favor de Dios no sería lo que es en realidad – gratuito e inmerecido” (Romanos 11:6). No podemos hacer nada bueno para ganar nuestro camino al cielo (Tito 3:5).

“Entrad al reino de Dios por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella” (Mateo 7:13). Aún si cada uno vive una vida de pecado, y confiar en Dios no es popular, Dios no va a disculparlo. “Solía vivir justamente como el resto del mundo, lleno de pecado, obedeciendo a Satanás, el príncipe de la potestad del aire. El es el espíritu que ahora obra en los corazones de aquellos que rehúsan obedecer a Dios” (Efesios 2:2).

Cuando Dios creó el mundo, era perfecto. Todo era bueno. Entonces creó a Adán y Eva, y les dio libre albedrío, de manera que pudieran escoger seguir y obedecer a Dios o no. Pero Adán y Eva, los primeros seres que Dios creó, fueron tentados por Satanás para desobedecer a Dios, y pecaron. Esto los separó (y a todo el que vino después de ellos, incluyéndonos a nosotros) de estar en capacidad de tener una relación cercana con Dios. El es perfecto y no puede estar entre el pecado. Como pecadores, no podríamos hacerlo por nosotros mismos. De manera que, Dios hizo un camino para que pudiéramos estar unidos con El en el cielo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Jesús nació para enseñarnos el camino, para morir por nuestros pecados, y de esta manera poder ser liberados. Tres días después de Su muerte, se levantó de la tumba (Romanos 4:25), probando Su victoria sobre la muerte. El llenó el vacío entre Dios y el hombre, a fin de que podamos tener una relación personal con El si solamente creemos.

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado” (Juan 17:3). La mayoría de la gente cree en Dios, aún Satanás cree. Pero para recibir la salvación, debemos volvernos a Dios, formar una relación personal, apartarnos de nuestros pecados y seguirle. Debemos confiar en Jesús con todo lo que tenemos y todo lo que hacemos. “Se ha manifestado la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para que quite nuestros pecados. Y todos podemos ser salvos de esta manera, sin importar quienes somos o qué hayamos hecho” (Romanos 3:22). La Biblia enseña que no hay otro camino para la salvación sino a través de Cristo. En Juan 14:6 Jesús dice, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

Jesús es el único camino de salvación porque es el único que puede pagar nuestra penalidad por el pecado (Romanos 6:23). Ninguna otra religión enseña la gravedad o seriedad del pecado y sus consecuencias. Ninguna otra religión ofrece el pago infinito del pecado que solamente Jesucristo puede proveer. Ningún otro “fundador religioso” fue Dios que se hizo hombre (Juan 1:1,14) – la única manera en que una deuda infinita pudo ser pagada. Jesús tenía que ser Dios, a fin de que pudiera pagar nuestra deuda. Jesús tenía que ser hombre para que pudiera morir. ¡La salvación está disponible solamente a través de la fe en Jesucristo! “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

miércoles, 4 de agosto de 2010

¿ ¿Dónde menciona el Antiguo Testamento a Cristo?"

Pregunta: "¿Dónde menciona el Antiguo Testamento a Cristo?"

Respuesta: Hay muchas profecías en el Antiguo Testamento acerca de Jesucristo. Algunos intérpretes cuentan por cientos las profecías Mesiánicas ahí escritas. Seguidamente están aquellas que están consideradas como las más claras e importantes. Con respecto al nacimiento de Jesús: Isaías 7:14 “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.” Isaías 9:6 “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.” Miqueas 5:2 “Pero tu, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.”

Concerniente al ministerio y muerte de Jesús: Zacarías 9:9, “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén, he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.” Salmo 22:16-18 “Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.”

La profecía más clara acerca de Jesús, y definitivamente la más extensa, está en todo el capítulo 53 de Isaías. Isaías 53:3-7 “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.”

La profecía de los “setenta septenios” en Daniel capítulo 9, predicen la fecha exacta en que Jesús el Mesías sería “quitado”. Isaías 50:6 describe con precisión los golpes que Jesús soportó. Zacarías 12:10 predice la lanza que “traspasó” el corazón del Mesías, y que ocurrió después de que Jesús murió en la cruz. Hay muchos más ejemplos que pueden proporcionarse, pero estos serán suficientes. El Antiguo Testamento definitivamente profetizó la venida de Jesús como el Mesías.

¿Por qué Dios envió a Jesús cuando Él lo hizo?

Pregunta: "¿Por qué Dios envió a Jesús cuando Él lo hizo? ¿Por qué no antes? ¿Por qué no después?"

Respuesta: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley.” (Gálatas 4:4) Éste verso declara que Dios el Padre envió a Su Hijo cuando “el tiempo fue cumplido”. Había muchas cosas ocurriendo al mismo tiempo en el primer siglo que, al menos desde el razonamiento humano, parecía ser el ideal para que Cristo viniera. Esto incluye lo siguiente:

1) Había gran expectación entre los judíos de ese tiempo por la llegada del Mesías. Los romanos gobernaban sobre Israel, haciendo que los judíos estuvieran ansiosos por la aparición del Mesías.

2) Roma había unificado gran parte del mundo bajo su gobierno, dando la sensación de unidad a las muchas tierras conquistadas. Además, como el imperio se encontraba relativamente pacífico, hizo posible que los primeros cristianos pudieran viajar para esparcir el Evangelio, cosa que hubiera sido imposible durante otros tiempos.

3) Mientras que Roma había conquistado militarmente, Grecia lo había hecho culturalmente. Una forma “común” del idioma griego (diferente al griego clásico) era el lenguaje comercial, que era hablado a través de todo el imperio, haciendo posible la comunicación del Evangelio a muchos diferentes grupos de gente, mediante un lenguaje común.

4) El hecho de que los ídolos de mucha gente habían “fallado” al negarles la victoria sobre los conquistadores romanos, causó que muchos abandonaran su adoración. Al mismo tiempo en las ciudades más “cultas”, la filosofía y la ciencia griega de ese tiempo, dejó a otros espiritualmente vacíos de la misma manera que en la actualidad, el ateísmo y los gobiernos comunistas han dejado un vacío espiritual en las personas.

5) Las religiones misteriosas de ese tiempo, enfatizaban un dios-salvador y requerían que sus adoradores le ofrecieran sacrificios sangrientos; por lo que hacía que el Evangelio de Cristo, que implicaba un ultimo sacrificio, no fuera algo increíble para ellos. También los griegos creían en la inmortalidad del alma (pero no del cuerpo).

6) El ejército romano reclutaba soldados de entre las provincias, exponiendo a estos hombres a la cultura romana y a las ideas (tales como el Evangelio) que de otra manera, no habrían alcanzado a aquellas lejanas provincias. La primera introducción del Evangelio en Gran Bretaña, fue resultado del esfuerzo de soldados cristianos estacionados ahí.

Tengamos presente que las declaraciones anteriores están basadas en el punto de vista del hombre sobre aquel tiempo, y en la especulación del por qué ese particular punto en la historia era un buen momento para que Cristo viniera. Pero comprendemos que los caminos de Dios son más altos que nuestros caminos, y que estas pudieron o no haber sido algunas razones por las que Él eligió ese tiempo en particular para enviar a Su Hijo. Desde el contexto de Gálatas 3 y 4, es evidente que Dios buscó colocar una base a través de la ley judía para preparar la venida del Mesías. La ley fue hecha para ayudar a la gente a entender la profundidad de su pecaminosidad (siendo incapaces de guardarla), así ellos podrían aceptar más prontamente la cura para el pecado, en Jesús el Mesías (Gálatas 3:22-23; Romanos 3:19-20). La ley también sirvió como un “tutor” (Gálatas 3:24) para llevar a la gente a Jesús como su Mesías. Esto lo hizo mediante sus muchas profecías concernientes al Mesías, las cuales fueron cumplidas en Jesús. Además de esto, estaba el sistema sacrificial, que señalaba la necesidad de un sacrificio por los pecados, así como su propia naturaleza temporal (haciendo que cada sacrificio requiriera siempre la adición de otros posteriores). La historia del Antiguo Testamento también esbozó retratos de la persona y la obra de Cristo a través de muchos eventos y fiestas religiosas (tales como la disposición de Abraham de ofrecer a Isaac, o los detalles de la Pascua durante el éxodo de Egipto, etc.)

Por ultimo, Cristo vino cuando lo hizo, en cumplimiento de la profecía específica. Daniel 9:24-27 habla de “setenta semanas” o setenta “septenios”. En este contexto, estas “semanas” o “septenios” se refieren a grupos de siete años (no siete días). Cuando uno examina la historia y alinea los detalles de las primeras sesenta y nueve semanas (la semana setenta tendrá lugar en un tiempo futuro). La cuenta regresiva de las setenta semanas comienza con “la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén..” (verso 25). Esta orden fue dada por Artajerjes Longímano en el 445 a.C. (ver Nehemías 2:5). Después de 7 (septenios) más 62 (septenios) o 69 x 7 años, dice que “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario...” y que “..su fin será con inundación..” (significando una mayor destrucción) (verso 26) Aquí tenemos una inequívoca referencia a la muerte del Salvador en la cruz. Hace un siglo en su libro El Príncipe venidero, Sir Robert Anderson dio cálculos detallados de la sesenta y nueve semanas, utilizando los “años proféticos” y considerando los años bisiestos, los errores en el calendario, el cambio de a.C. a d.C., etc., y ubicó el final de las sesenta y nueve semanas en el mismo día de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, cinco días antes de Su muerte. Ya sea que uno use esta guía o no, el punto es que el tiempo de la encarnación de Cristo se enlaza con esta detallada profecía escrita por Daniel con cerca de quinientos años de anticipación.

La oportunidad para el tiempo de la encarnación de Cristo era tal, que la gente de ese tiempo estaba preparada para Su llegada y desde entonces la gente de cada siglo tiene más que suficiente evidencia de que Jesús fue realmente el Mesías prometido, habiendo dado cumplimiento a las Escrituras que pintaron y profetizaron detalladamente Su llegada.

"¿Pudo Jesús haber pecado?

Pregunta: "¿Pudo Jesús haber pecado? Si Él no era capaz de pecar, ¿cómo habría podido verdaderamente estar dispuesto a ‘compadecerse de nuestras debilidades’ (Hebreos 4:15)? Si Él no podía pecar, ¿cuál fue el objeto de la tentación?"

Respuesta: Esta pregunta está dividida en dos categorías. Es importante recordar que esta no es una pregunta acerca de si Jesús pecó. Ambos lados concuerdan, como claramente lo establece la Biblia, que Jesús no pecó. La pregunta es si Jesús pudo haber pecado. Aquellos que sostienen la impecabilidad creen que Jesús no pudo haber pecado. Aquellos que sostienen la pecaminosidad, creen que Jesús pudo haber pecado, pero no lo hizo. ¿Cuál postura es la correcta?. La clara enseñanza de la Escritura es que Jesús fue impecable, sin mancha – Jesús no pudo haber pecado. Si Él hubiera pecado, Él aún podría hacerlo ahora, porque Él retiene la misma esencia que tuvo mientras vivió en la tierra. Él es el Dios-Hombre – y así permanecerá para siempre, reteniendo su plena Deidad y su plena humanidad contenidas en una Persona y siendo indivisible. El creer que Jesús pudo pecar, es creer que Dios pudo pecar. Colosenses 1:19 dice, “Por cuanto agradó al Padre que en Él habitase toda plenitud”, Colosenses 2:9, “Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.”

Aunque Jesús es plenamente humano, Él no nació con la misma naturaleza pecaminosa con la que todos hemos nacido. Él ciertamente fue tentado de la misma manera que lo somos nosotros, y esas tentaciones le fueron presentadas por Satanás, sin embargo permaneció sin pecado, porque Dios es incapaz de pecar. Es algo contra Su propia naturaleza (Mateo 4:1; Hebreos 2:18, 4:15; Santiago 1:13). Es pecado es por definición, la trasgresión de la Ley. Dios creó la Ley, y la Ley es por naturaleza lo que Dios haría o no haría; por lo tanto, el pecado es todo lo que Dios no haría por Su misma naturaleza.

El ser tentado no es en sí pecado. Una persona puede tentarte con algo que tu no tienes el deseo de hacer, cosas tales como cometer un asesinato o participar en perversiones sexuales. Probablemente tu no tienes ningún deseo de tomar parte en estas acciones, pero aún eres tentado porque alguien colocó esa posibilidad frente a ti. Existen al menos dos definiciones del ser tentado:

1) Ser tentado – Que alguien o algo fuera de ti o por tu misma naturaleza, te sugiera una proposición pecaminosa.

2) Ser tentado – Considerar realmente el participar en un acto pecaminoso y los posibles placeres y consecuencias de tal acto, a tal punto que ese acto ya está ocupando un lugar en tu mente.

La primera definición no describe un acto o pensamiento pecaminoso, la segunda sí. Cuando tu meditas un acto pecaminoso y consideras cómo podrías llevarlo a cabo, ya has cruzado la línea del pecado. Jesús fue tentado a la manera de la definición 1, excepto que Él nunca fue tentado a pecar por una naturaleza pecaminosa, porque ésta no existía dentro de Él. Satanás le propuso ciertos actos pecaminosos a Jesús, pero Él no tuvo el deseo interior de participar en el pecado. Por lo que, Él fue tentado como nosotros, pero permaneció sin pecado.

Aquellos que sostienen la pecaminosidad, creen que si Jesús no pudo haber pecado, Él no pudo verdaderamente haber experimentado la tentación, y por lo tanto tampoco puede compadecerse realmente de nuestras luchas y tentaciones contra el pecado. Debemos recordar que uno no tiene que haber experimentado algo para poder comprenderlo. Dios sabe todo acerca de todo. Mientras que Dios nunca ha tenido el deseo de pecar, y definitivamente jamás ha pecado – Dios sabe y entiende lo que es el pecado. Dios sabe y entiende lo que es ser tentado. Jesús puede compadecerse de nuestras tentaciones, porque Él sabe... no porque Él haya “experimentado” todas las mismas cosas que nosotros.

Jesús sabe lo que es ser tentado, pero Él no sabe lo que es pecar. Esto no le impide el ayudarnos. Somos tentados con pecados que son comunes al hombre (1 Corintios 10:13). Estos pecados generalmente pueden reducirse a tres diferentes tipos: los deseos de los ojos, los deseos de la carne, y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:16). Examina la tentación y el pecado de Eva, así como la tentación de Jesús, y encontrarás que las tentaciones de cada uno vinieron de estas tres categorías. Jesús fue tentado en cada manera y en cada área de lo que somos nosotros, pero permaneció perfectamente santo. Aunque nuestra naturaleza corrupta tenga el deseo de participar en algunos pecados, tenemos la habilidad de vencer el pecado, porque ya no somos esclavos del pecado, sino esclavos de Dios. (Romanos 6, especialmente los versos 2 y 16-22).

martes, 3 de agosto de 2010

¿Qué significa que Jesú es el Hijo del Hombre?

Pregunta: "¿Qué significa que Jesús es el Hijo del Hombre?"

Respuesta: Jesús es llamado el “Hijo del Hombre” 88 veces en el Nuevo Testamento. ¿Qué significa esto? ¿Qué no dice la Biblia que Jesús era el Hijo de Dios? ¿Cómo puede ser Jesús también el Hijo del Hombre? El primer significado de la frase “El Hijo del Hombre”, es en referencia a la profecía de Daniel 7:13-14 “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un Hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de Él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; Su dominio es dominio eterno, que nunca pasará y Su reino uno que no será destruido.” La descripción “Hijo de Hombre” era un título Mesiánico. Jesús es Aquel a quien le fue dado dominio, la gloria y el reino. Cuando Jesús usaba esta frase en relación a Sí mismo, Él se estaba adjudicando la profecía del “Hijo del Hombre” a Él mismo. Los judíos de esa época, debieron haber estado íntimamente familiarizados con la frase y a quién se hacía referencia. Él estaba proclamándose como el Mesías.

Un segundo significado de la frase el “Hijo del Hombre” es porque verdaderamente Jesús era un ser humano. Dios llamó al profeta Ezequiel “hijo de hombre” 93 veces. Dios simplemente estaba llamando a Ezequiel un ser humano. Un hijo de un hombre, es un hombre. Jesús era totalmente Dios (Juan 1:1), pero también era un ser humano (Juan 1:14). 1 Juan 4:2 nos dice, “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios.” Si, Jesús es el Hijo de Dios – Él era en esencia Dios. Si, Jesús también era el Hijo del Hombre – Él era en esencia un ser humano. En resumen, la frase el “Hijo del Hombre” indica que Jesús es el Mesías, y que Él es verdaderamente un ser humano.

¿Qué significa que Jesús es el Cordero de Dios?

Pregunta: "¿Qué significa que Jesús es el Cordero de Dios?"

Respuesta: Cuando Jesús es llamado el Cordero de Dios en Juan 1:29 y Juan 1:36, es en referencia a que Él es el perfecto y último sacrificio por el pecado. Para poder entender quién es Cristo y lo que Él hizo, debemos comenzar con el Antiguo Testamento, el cual contiene profecías concernientes a la venida de Cristo como una “ofrenda por el pecado” (Isaías 53:10). De hecho, todo el sistema sacrificial establecido por Dios en el Antiguo Testamento sirvió de base para la venida de Jesucristo, quien es el perfecto sacrificio que Dios proveería como expiación por los pecados de Su pueblo (Romanos 8:3; Hebreos 10).

El sacrificio de corderos jugaba un papel muy importante en la vida religiosa judía y su sistema sacrificial. Cuando Juan el Bautista se refirió a Jesús como “El Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (Juan 1:29), los judíos que lo oyeron pudieron haber pensado inmediatamente en cualquiera de los muchos sacrificios importantes. Habiendo celebrado hasta entonces la fiesta de la Pascua cada año, el primer pensamiento pudo haber sido el sacrificio del Cordero de la Pascua. La fiesta de la Pascua era una de las principales fiestas judías y una celebración en recuerdo de cuando Dios liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto. De hecho, el matar al Cordero de la Pascua y aplicar su sangre en los postes de las puertas de las casas, para lograr que el ángel de la muerte pasara de largo ante aquella gente “cubierta por la sangre” (Éxodo 12:11-13) es un hermoso cuadro de la obra expiatoria de Cristo en la cruz.

Otro importante sacrificio que incluía corderos eran los sacrificios diarios en el Templo de Jerusalén. Cada mañana y tarde en el Templo, era sacrificado un cordero, por los pecados del pueblo (Éxodo 29:38-42) Estos diarios sacrificios, como todos los demás, eran simplemente para señalar a la gente el futuro y perfecto sacrificio de Cristo en la cruz. A propósito, la hora de la muerte de Jesús en la cruz, corresponde a la misma hora cuando se llevaba a cabo el sacrificio de la tarde en el Templo. Los judíos de ese tiempo, también estarían familiarizados con los profetas Jeremías e Isaías del Antiguo Testamento, cuyas profecías anticipaban la venida de Aquel que sería traído “.. como cordero inocente que llevan a degollar..” (Jeremías 11:19; Isaías 53:7) y cuyos sufrimientos y sacrificio proveería la redención para Israel. Desde luego, esa Persona que fue anunciada por los profetas del Antiguo Testamento no era otro que Jesucristo, “el Cordero de Dios”.

Mientras que la idea de un sistema sacrificial puede parecernos extraño en nuestros días, el concepto del pago o restitución es uno que podemos entender fácilmente. Sabemos que la paga por el pecado es la muerte (Romanos 6:23) y que nuestro pecado nos separa de Dios. También sabemos que la Biblia enseña que todos somos pecadores, que ninguno de nosotros es justo delante de Dios (Romanos 3:23). A causa de nuestro pecado, estamos separados de Dios, y somos culpables ante Él; sin embargo, la única esperanza que podríamos tener es que Él nos proveyera un medio para reconciliarnos con Él, y por esa razón Él envió a Su Hijo Jesucristo a morir en la cruz. Cristo murió para hacer expiación por el pecado y pagar el castigo por los pecados de todos los que creemos en Él.

Es a través de Su muerte en la cruz, como el perfecto sacrificio de Dios por el pecado y Su resurrección tres días después, que ahora podemos tener vida eterna si creemos en Él. El hecho de que Dios mismo hubiera provisto la ofrenda para la expiación o pago por nuestro pecado, es parte de las gloriosas buenas nuevas del Evangelio, como lo está tan claramente expuesto en 1 Pedro 1:18-21 “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor a vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.”

¿Jesús fue al infierno entre Su muerte u resurrección?

Pregunta: "¿Jesús fue al Infierno entre Su muerte y resurrección?"

Respuesta: ¿Fue el alma de Jesús al Infierno durante el tiempo intermedio entre Su muerte y resurrección? Hay una gran confusión respecto a esta pregunta. Este concepto viene primeramente del Credo de los Apóstoles, el cual declara, “Él descendió a los Infiernos.” Hay también algunas Escrituras en las que, dependiendo como estén traducidas, describen a Jesús yendo al “Infierno”. Al estudiar este punto, es importante comprender primeramente lo que la Biblia enseña acerca del “lugar” de la muerte.

En las Escrituras hebreas, la palabra usada para describir el lugar de la muerte es “Sheol”, y simplemente significa “lugar de los muertos” o el “lugar de partida de las almas / espíritus”. La palabra utilizada en el Nuevo Testamento Griego para Infierno es “Hades”, que también se refiere al “lugar de los muertos”. Otras Escrituras en el Nuevo Testamento indican que tanto el Seol como el Hades, son un lugar temporal, donde las almas son guardadas en espera de la resurrección y el juicio final. Apocalipsis 20:11-15 nos da una clara distinción sobre estos dos. Infierno (el lago de fuego) es el lugar final y permanente del juicio para los perdidos. Así que no, Jesús no fue al “Infierno” porque “Infierno” es un lugar futuro que entrará en funciones después del juicio del Gran Trono Blanco. (Apocalipsis 20:11-15)

Seol / Hades es un lugar con dos divisiones (Mateo 11:23; 16:18; Lucas 10:15; 16:23; Hechos 2:27-31), la morada de los salvos y los perdidos. La morada de los salvos era llamada “Paraíso” y “El seno de Abraham”. Las moradas de los salvos y los perdidos estaba separada por “una gran sima” (Lucas 16:26). Cuando Jesús ascendió al Cielo, Él se llevó a los ocupantes (creyentes) del Paraíso con Él (Efesios 4:8-10). El lado de los perdidos en el Seol / Hades, ha permanecido sin cambio. Todos los muertos no creyentes, van ahí para aguardar el futuro juicio final. ¿Fue Jesús al Seol / Hades? Si, de acuerdo con Efesios 4:8-10 y 1 Pedro 3:18-20.

Parte de la confusión proviene de pasajes tales como el Salmo 16:10-11, “Porque no dejarás mii alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida...” La traducción correcta en este verso no es “Infierno” como está en algunas traducciones. Así tenemos que lo correcto es leer “Seol” o “la tumba” Jesús le dijo años más tarde al ladrón que estaba junto a Él en la cruz, “Hoy mismo estarás Conmigo en el Paraíso” Su cuerpo estaba en la tumba; Su alma / espíritu fue al “Paraíso”, lugar del Seol / Hades. Entonces Él sacó del Paraíso a todos los muertos justos, y se los llevó con Él al Cielo. Desafortunadamente, en muchas traducciones de la Biblia, los traductores no son consistentes, o no traducen correctamente el significado de las palabras hebreas y griegas para “Seol”, “Hades”, e “Infierno.”

Algunos opinan que Jesús fue al “Infierno” o sea, al lugar de sufrimiento del Seol / Hades, para ser después castigado por nuestros pecados. ¡Esta idea es completamente antibíblica! Fue suficiente la muerte de Jesús en la cruz y Su sufrimiento en nuestro lugar, lo que proveyó nuestra redención. Fue el derramamiento de Su sangre lo que justificó nuestra limpieza del pecado. (1 Juan 1:7-9). Mientras ÉL colgaba de esa cruz, Él puso sobre Sí mismo la carga del pecado de toda la raza humana “Por nosotros lo hizo pecado”, 2 Corintios 5:21 dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” Esta imputación del pecado nos ayuda a comprender la lucha de Cristo en el huerto de Getsemaní con la copa del pecado que sería vertida sobre Él en la cruz.

¿Por qué debo creer en la resurrección de Cristo?

Pregunta: "¿Por qué debo creer en la resurrección de Cristo?"

Respuesta: Es un reconocido y bien establecido hecho, que Jesucristo fue públicamente ejecutado por crucifixión en el Ier. siglo d.C., en Judea bajo Poncio Pilato, a petición de Sanedrín judío. Los relatos históricos no cristianos de Flavio Josefo, Cornelio Tácito, Luciano de Samosata, Maimónides y aún del Sanedrín judío, corroboraron las declaraciones de los primeros cristianos que atestiguaron estos importantes aspectos históricos de la muerte de Jesucristo.

En cuanto a Su resurrección, hay muchas líneas de evidencia que hacen este caso irrefutable. Un famoso abogado resumió el entusiasmo y confianza cristianos en la solidez del caso de la resurrección cuando escribió; He sido abogado defensor por más de 42 años, habiendo ejercido en muchas partes del mundo y aún estoy en servicio activo. He sido afortunado en asegurar un buen número de éxitos en diversos procesos jurídicos y puedo asegurar inequívocamente, que la evidencia de la Resurrección de Jesucristo es tan abrumadora, que obliga a aceptarla por las pruebas que no dejan lugar a dudas

La respuesta de la comunidad secular a la misma evidencia ha sido predeciblemente apática, acorde con su leal compromiso con el naturalismo metodológico. Para quienes no están familiarizados con el término, el naturalismo metodológico es el empeño de explicar todo en términos de causas naturales y causas naturales solamente. Si algún supuesto evento histórico desafía una explicación natural. (p. ej. una resurrección milagrosa), los eruditos seculares generalmente lo tratan con exagerado escepticismo, a pesar de la evidencia, sin importar lo abrumadora que ésta sea.

A nuestro juicio, tal inflexible fidelidad a las causas naturales, a pesar de la clara evidencia de lo contrario, no conduce a una investigación imparcial (y por lo tanto adecuada) de la evidencia. Una postura científica e histórica más balanceada ha dicho, El ser forzado a creer solo en una conclusión...se violaría la propia objetividad de la ciencia misma Habiendo dicho eso, procedamos ahora a examinar varias líneas de evidencia a favor de la resurrección.

La Primera Línea de Evidencia para la Resurrección de Cristo.

Para comenzar, tenemos el demostrable y sincero testimonio de testigos oculares. Los apologistas del cristianismo primitivo citaron a cientos de testigos oculares, algunos de los cuales documentaron las experiencias de sus propias declaraciones. Muchos de estos testigos oculares, gustosa y resueltamente soportaron prolongadas torturas y la muerte misma, antes que repudiar su testimonio. Este hecho certifica su sinceridad, descartando un fraude por parte de ellos. De acuerdo con el registro histórico leemos, (El Libro de los Hechos 4:1-17; Cartas de Plinio a Trajano X, 96, etc.) – “Muchos cristianos podrían terminar su sufrimiento simplemente con renunciar a la fe. En vez de eso, parece que la mayoría optaron por soportar el sufrimiento y proclamar la resurrección de Cristo de la muerte.”

Aún cuando el martirio es algo admirable, no es necesariamente demostrativo. Éste no valida una creencia tanto como a quien la cree (al demostrar su sinceridad de una manera tangible). Lo que hace que el martirio de los primeros cristianos sea algo extraordinario es que ellos demostraban con ello si lo que estaban pregonando era verdad o no; si vieron a Jesucristo vivo después de Su muerte o no lo hicieron. Esto es lo extraordinario. Porque si todo fuera solo una mentira, ¿por qué muchos seguían sosteniéndola dadas las circunstancias? ¿Por qué conscientemente se aferrarían a una mentira sin validez alguna, al grado de enfrentar persecución, prisiones, tortura y muerte?

Mientras que en el 11 de septiembre del 2001, los terroristas indudablemente creían lo que profesaban (evidenciado por su decisión de morir por ello), no pudieron saber y no supieron si el origen de sus creencia era o no verdad. Ellos pusieron su fe en tradiciones transmitidas a ellos por muchas generaciones. En contraste, los primeros mártires cristianos fueron la primera generación. O ellos vieron lo que aseguraban haberlo visto, o no.

Entre los más ilustres que profesaron haber sido testigos oculares, estaban los apóstoles. Ellos colectivamente sufrieron un cambio innegable, después de las declaradas apariciones de Cristo posteriores a Su resurrección. Inmediatamente después de Su crucifixión, ellos se escondieron temiendo por sus vidas. Después de la resurrección, ellos tomaron las calles y valientemente proclamaban la resurrección, a pesar de la intensa persecución. ¿Qué explicación habría para su repentino y dramático cambio? Ciertamente no era una ganancia financiera. Los apóstoles renunciaron a todo lo que tenían para predicar la resurrección, incluyendo sus vidas.

La Segunda Línea de Evidencia para la Resurrección de Cristo.

La segunda línea de evidencia concierne a la conversión de ciertos escépticos claves; los más notables de ellos fueron Pablo y Santiago. Pablo fue, en sus propias palabras, un violento perseguidor de la naciente Iglesia de Cristo. Después de lo que él describió como un encuentro con el Cristo resucitado, Pablo sufrió un inmediato y drástico cambio. De ser un perseguidor de la Iglesia, a uno de sus más prolíferos y desinteresados defensores. Como muchos de los primeros cristianos, Pablo sufrió pobreza, persecución, golpes, prisiones y su ejecución a causa de su firme compromiso por la resurrección de Cristo.

Santiago era un escéptico, aunque no fue tan hostil como Pablo. Un comentado encuentro con Cristo después de Su resurrección, lo convirtió en un innegable creyente, un líder de la iglesia en Jerusalén. Aún tenemos lo que los eruditos generalmente aceptan como ser una de sus cartas a la iglesia primitiva. Como Pablo, Santiago sufrió gustosamente y murió por su testimonio, un hecho que respalda la sinceridad de su creencia (ver El libro de Los Hechos y Antigüedades Judías XX, ix, 1. de Flavio Josefo.)

La Tercera y Cuarta Línea de Evidencia para la Resurrección de Cristo.

Una tercera y cuarta línea de evidencia concierne al testimonio enemigo sobre la tumba vacía y al hecho de que la fe en la resurrección tuvo su raíz en Jerusalén. Jesús fue públicamente ejecutado y sepultado en Jerusalén. Hubiera sido imposible para la fe en Su resurrección, que tuviera su raíz en la misma Jerusalén, puesto que Su cuerpo estaba aún en la tumba donde el Sanedrín podía exhumarlo, exhibiéndolo públicamente y por lo tanto exponiendo el engaño. En vez de ello, el Sanedrín acusó a los discípulos de robar el cuerpo, aparentemente en un esfuerzo por explicar su desaparición (y por tanto la tumba vacía), ¿Cómo explicamos el hecho de la tumba vacía? Estas son tres de las explicaciones más comunes.

Primero, los discípulos robaron el cuerpo. Si este fuera el caso, ellos habrían sabido que la resurrección era un fraude. Por lo tanto ellos no hubieran estado tan gustosos de sufrir y morir por ello (Ver la primera línea de evidencia concerniente a la demostrable sinceridad del testimonio de los testigos oculares). Todos los que profesaron ser testigos oculares, habrían estado conscientes de que ellos realmente no vieron a Cristo y por tanto habrían mentido. Con tantos conspiradores, seguramente alguno de ellos hubiera confesado; si no para detener su propio sufrimiento, al menos para terminar el sufrimiento de sus amigos y familiares. La primera generación de cristianos fueron totalmente masacrados, especialmente después de la conflagración de Roma en el 64 d.C. (un incendio que ordenó Nerón supuestamente para ganar espacio en la expansión de su palacio, pero del cual culpó a los cristianos en Roma en un esfuerzo por justificarse). Como declaró el historiador Cornelio Tácito en sus Anales del Imperio Romano (publicado solo una generación después del incendio):

“Nerón culpó e infringió las más refinadas torturas a una odiada clase por sus abominaciones, llamada cristianos por el populacho. Cristo, de quien el nombre tomó su origen, sufrió la pena capital durante el reinado de Tiberio a manos de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilato, y una gran superstición malévola, aunque reprimida por el momento, volvió a hacer irrupción, no solamente a través de Judea, donde tuvo su origen este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde todas las cosas espantosas y vergonzosas de cada parte del mundo, encuentran su centro y se vuelven populares. De acuerdo a esto, primero se efectuó el arresto de todos los que se declararon culpables; luego, una inmensa multitud fue convicta, no tanto por el crimen del incendio de la ciudad, sino por su odio contra la humanidad. Fueron el objeto de toda clase de burlas aplicadas a sus muertes. Siendo cubiertos con pieles de animales, eran despedazados y muertos por los perros, o fueron clavados en cruces, o fueron condenados a las llamas, prendiéndoles fuego para servir como iluminación nocturna, cuando declinaba la luz del día.” (Anales, IV, 44)

Nerón iluminaba las fiestas en su jardín con cristianos a quienes quemaba vivos. Seguramente alguno hubiera confesado la verdad ante la amenaza de un sufrimiento tan terrible. El hecho es sin embargo, que no tenemos registro de ninguno de los primeros cristianos renunciando a la fe para terminar su sufrimiento. En vez de ello, tenemos múltiples informes de apariciones de Jesús después de la resurrección, a cientos de testigos oculares, gustosos de sufrir y morir por ello.

Si los discípulos no robaron el cuerpo, ¿de que otra manera podemos explicar la tumba vacía? Algunos han sugerido que Cristo simuló Su muerte y más tarde escapó de la tumba. Esto es potencialmente absurdo. De acuerdo al testimonio de testigos oculares, Cristo fue golpeado, torturado, azotado y atravesado con una lanza. Sufrió heridas internas, pérdida de sangre masiva, asfixia, y su corazón fue traspasado por una lanza. No existe razón alguna para creer que Jesucristo (o cualquier otro hombre en tal caso) pudiera haber sobrevivido a tal suplicio, simular Su muerte, permanecer en una tumba por tres noches y tres días sin atención médica, comida o agua; quitar una enorme y pesada piedra con la que estaba sellada Su tumba y escapar sin ser detectado (sin dejar tras él un rastro de sangre), convencer a cientos de testigos oculares de que Él resucitó de la muerte y encontrarse con buena salud y luego desaparecer sin dejar rastro. Tal suposición es ridícula.

La Quinta Línea de Evidencia para la Resurrección de Cristo.

Finalmente, la quinta línea de evidencia concierne a la peculiaridad del testimonio de los testigos oculares. En todas las principales narraciones de la resurrección, las mujeres son acreditadas como las primeras testigos oculares. Esta hubiera sido una muy extraña invención, puesto que en las culturas, tanto en la del antiguo judaísmo como en la romana, las mujeres eran severamente discriminadas. Su testimonio era considerado como insustancial e inadmisible. Dado este hecho, es altamente improbable que cualquier forjador de un engaño en la Judea del primer siglo, hubiera elegido a mujeres para ser sus testigos primarios. Si todos los discípulos varones que declararon haber visto a Jesús resucitado, estuvieron mintiendo y la resurrección fue una estafa, ¿por qué habrían elegido a los testigos más indignos de confianza y dañinos a su causa que podrían haber encontrado?

Cuando se comprende el rol de la mujer en la sociedad judía del primer siglo, lo que es realmente extraordinario es que esta historia de la tumba vacía hubiera elegido a mujeres como las primeras descubridoras de ello. Las mujeres ocupaban un rango muy inferior en la escala social de la Palestina del primer siglo. Hay antiguos dichos rabínicos que decían, Mejor dejar que las palabras de la ley sean quemadas, que ser entregadas a mujeres y Benditos sean aquellos cuyos hijos sean varones, pero hay de aquel cuyas hijas sean mujeres El testimonio de las mujeres era considerado tan inválido, que no les era permitido servir como testigos legales en una corte legal judía. A la luz de esto, es absolutamente extraordinario, que las principales testigos de la tumba vacía fueran estas mujeres... Cualquier narración legendaria posterior ciertamente habría colocado a los discípulos varones como descubridores de la tumba – por ejemplo a Pedro o a Juan. El hecho de que las mujeres fueran las primeras testigos de la tumba vacía, es la más plausible explicación de que – les gustara o no – ¡ellas fueron las descubridoras de esa tumba vacía! Esto demuestra que los escritores de los Evangelios, registraron fielmente lo que sucedió, aun que resultara embarazoso. “Esto revela más la historicidad de esta tradición, que su estatus legendario.”

En Resumen

Estas líneas de evidencia; la demostrable sinceridad de los testigos oculares (y en el caso de los apóstoles, el innegable e inexplicable cambio), la conversión y demostrable sinceridad de los antagonistas claves, y los escépticos convertidos en mártires; el hecho de la tumba vacía, el testimonio enemigo de la tumba vacía; el hecho de que todo esto tuvo lugar en Jerusalén donde la fe en la resurrección comenzó y se extendió; el testimonio de las mujeres; el significado de tal testimonio dado su contexto histórico; todos estos son sólidos testimonios de la historicidad de la resurrección. Animamos a nuestros lectores a considerar seriamente estas evidencias. ¿Qué te sugieren a ti? Habiéndolas considerados nosotros mismos, “La evidencia de la Resurrección de Jesucristo es tan abrumadora, que exige aceptación al probar lo que no deja absolutamente ningún lugar para la duda.”

¿La Resurrección de Jesucristo es Verdad?

Pregunta: "¿La resurrección de Jesucristo es verdad?"

Respuesta: Aunque la Escritura no intenta “probar” que Jesús fue resucitado de entre los muertos, si presenta evidencias concluyentes del hecho de que Él verdaderamente resucitó. La resurrección de Cristo está registrada en Mateo 28:1-20; Marcos 16:1-20; Lucas 24:1-53 y Juan 20:1-21:25. La resurrección de Cristo también aparece en el libro de Los Hechos (Hechos 1:1-11). De estos pasajes puedes obtener muchas “pruebas” de la resurrección de Jesucristo. Fíjate en el dramático cambio en los discípulos. Ellos fueron del temor que los hizo esconderse en un cuarto, al entusiasmo y propagación del Evangelio por todo el mundo. ¿Qué otra cosa pudo explicar este dramático cambio en ellos, sino la experiencia de ver a Jesucristo resucitado?

Mira la vida del apóstol Pablo. ¿Qué fue lo que lo cambió de ser un perseguidor de la iglesia, a convertirse en un apóstol de la iglesia? Esto sucedió cuando el Cristo resucitado se le apareció en el camino a Damasco (Hechos 9:1-6). Otra “prueba” indiscutible es la tumba vacía. Si Cristo no resucitó, entonces ¿dónde está Su cuerpo? Los discípulos y muchos otros vieron la tumba donde Él fue sepultado. Cuando regresaron, Su cuerpo ya no estaba ahí. Los ángeles declararon que Él se había levantado de los muertos, como ÉL lo había prometido (Mateo 28:5-7). Más aún, otra evidencia de Su resurrección es la gran cantidad de gente a la que Él se apareció (Mateo 28:5,9,16-17; Marcos 16:9; Lucas 24:13-35; Juan 20:19,24,26-29; 21:1-14; Hechos 1:6-8; 1 Corintios 15:5-7).

El pasaje clave de la resurrección de Jesucristo está en 1 Corintios 15. En este capítulo, el apóstol Pablo explica por qué es crucial el entender y creer en la resurrección de Jesucristo. La resurrección es importante por las siguientes razones: (1) Si Cristo no resucitó de los muertos, tampoco lo harán los creyentes (I Corintios 15:12-15). (2) Si Cristo no resucitó, Su sacrificio por el pecado no fue suficiente (1 Corintios 15:16-19). La resurrección de Jesús prueba que Su muerte fue aceptada por Dios como la expiación por nuestros pecados. Si Él simplemente hubiera muerto y hubiera permanecido muerto, eso hubiera indicado que Su sacrificio no fue suficiente. Por lo tanto, los creyentes no tendrían el perdón de sus pecados, y ellos permanecerían muertos después de su muerte física (1 Corintios 15:16-19) – no existiría tal cosa como la vida eterna (Juan 3:16). “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Corintios 15:20) Cristo ha resucitado de los muertos – ¡Él es el primero de los frutos de nuestra futura resurrección!

(3) Todos aquellos que creen el Él, serán resucitados para vida eterna, tal como Él lo hizo (1 Corintios 15:20-23). 1 Corintios 15 sigue describiendo cómo la resurrección de Jesucristo prueba Su victoria sobre el pecado, y nos provee de poder para una vida de victoria sobre el pecado (1 Corintios 15:24-34). (4) Describe la gloriosa naturaleza del cuerpo resucitado que recibiremos (1 Corintios 15:35-49). (5) Proclama que como resultado de la resurrección de Cristo, todos los que creen en Él obtienen la victoria final sobre la muerte (1 Corintios 15:50-58) ¡Cuán gloriosa verdad es la resurrección de Jesucristo! “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).

¿Es bíblica la Deidad de Cristo?

Pregunta: "¿Es bíblica la deidad de Cristo?"

Respuesta: Además de las demandas específicas de Jesús acerca de Sí mismo, Sus discípulos también reconocieron la deidad de Cristo. Ellos demandaban que Jesús tenía el derecho de perdonar pecados – algo que solo Dios lo puede hacer, puesto que es Dios quien está ofendido por el pecado (Hechos 5:31; Colosenses 3:13; compare con Salmos 130:4: Jeremías 31:34). En relación cercana con esta última demanda, se dijo que Jesús era el que “juzgará a los vivos y a los muertos” (2ª Timoteo 4:1). Tomás clamó a Jesús, “¡mi Señor y mi Dios!” (Juan 20:28). Pablo llamó a Jesús “nuestro gran Dios y Salvador” (Tito 2:13), y señala que previo a Su encarnación, Jesús existió en la “forma de Dios” (Filipenses 2:5-8). El escritor a los Hebreos, con referencia a Jesús dice que “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo” (Hebreos 1:8). Juan formula que, “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo (Jesús) era Dios” (Juan 1:1). Los Ejemplos de la Escritura, que enseñan la deidad de Cristo podrían multiplicarse (vea Apocalipsis 1:17; 2:8; 22:13; 1ª Corintios 10:4; 1ª Pedro 2:6-8; compare con Salmos 18:2: 95:1; 1ª Pedro 5:4; Hebreos 13:20), aún así, uno de estos es suficiente para demostrar que Cristo fue considerado deidad por Sus seguidores.

A Jesús también se le dio títulos que son únicos para Yahvé (el nombre formal de Dios) en el Antiguo Testamento. El título “redentor”, del Antiguo Testamento (Salmos 130:7; Oseas 13:14) es usado para describir a Jesús en el Nuevo Testamento (Tito 2:13, Apocalipsis 5:9). Jesús es denominado Emmanuel (“Dios con nosotros” en Mateo1). En Zacarías 12:10, es Yahvé quien dice, “Y mirarán a mí, a quien traspasaron”. Pero el Nuevo Testamento aplica esto a la crucifixión de Jesús (Juan 19:37: Apocalipsis 1:7). Si es Yahvé quien es traspasado y mirado, y Jesús fue a quien traspasaron y miraron, entonces Jesús es Yahvé. Pablo interpreta Isaías 45:22-23, como que se lo aplica a Jesús en Filipenses 2:10-11. Adicional a esto, el nombre de Jesús es usado al lado de Yahvé en la oración “Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo” (Gálatas 1:3; Efesios 1:2). Esto sería blasfemia, si Cristo no fuera deidad. El nombre de Jesús aparece con el de Yahvé en el mandato de Jesús para bautizar “…en el nombre (singular) del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19; vea también 2ª Corintios 13:14). En Apocalipsis, Juan dice que toda la creación alaba a Cristo (el Cordero) – de este modo, Jesús no es parte de la creación (5:13).

Las acciones que pueden ser llevadas a cabo solamente por Dios, son atribuidas a Jesús. Jesús no solamente se levantó de la muerte (Juan 5:21; 11:38-44), y perdonó pecados (Hechos 5:31; 13:38), ¡El creó y sustenta el universo (Juan 1:3; Colosenses 1:16-17)! Este aspecto se hace aún más convincente, cuando uno considera que Yahvé dijo que estaba solo durante la creación (Isaías 44:24). Además, Cristo posee atributos que solo la deidad puede tener: eternidad (Juan 8:58), omnipresencia (Mateo 18:20), omnisciencia (Mateo 16:21), omnipotencia (Juan 11:38-44).

Ahora, una cosa es demandar ser Dios o engañar a alguien a creer que es verdad, y algo muy diferente probar que es así. Cristo ofreció muchos milagros, como prueba de Su demanda de la deidad, y aún se levantó de la muerte. Unos pocos de los milagros de Jesús incluyen, convertir el agua en vino (Juan 2:7), caminar en el agua (Mateo 14:25), multiplicar objetos físicos (Juan 6:11), sanar al ciego (Juan 9:7), al cojo (Marcos 2:3), y a los enfermos (Mateo 9:35; Marcos 1:40-42), y aún levantar de la muerte a la gente (Juan 11:43-44; Lucas 7:11-15; Marcos 5:35). Es más, Cristo mismo se levantó de la muerte. Lejos de los denominados dioses de la mitología pagana que mueren y se levantan, nada es seriamente demandada por otras religiones, como lo es la resurrección – y ninguna otra demanda, tiene tanta confirmación bíblica. De acuerdo con el Dr. Gary Habermas, hay por lo menos doce hechos históricos, que aún los estudiosos críticos no cristianos lo admiten:


1. Jesús murió por la crucifixión.
2. El fue sepultado.
3. Su muerte causó que los discípulos desesperen y pierdan esperanza.
4. Se descubrió (o se demandó que se descubrió), que la tumba de Jesús estaba vacía pocos días más tarde.
5. Los discípulos creyeron que experimentaron apariciones de Jesús resucitado.
6. Luego de esto, los discípulos fueron transformados de escépticos a creyentes valientes.
7. Este mensaje fue el centro de la predicación en la Iglesia de la antigüedad.
8. Este mensaje fue predicado en Jerusalén.
9. Como resultado de esta predicación, nació y creció la Iglesia.
10. El Domingo, día de la resurrección, reemplazó al Día de Reposo (Sábado), como el día principal de adoración.
11. Santiago, un escéptico, fue convertido cuando él también creyó que vio a Jesús resucitado.
12. Pablo, un enemigo del Cristianismo, fue convertido por una experiencia la cual creyó era una aparición de Jesús resucitado.
Aún si alguien fuera a objetar esta lista específica, solamente unos pocos requieren probar la resurrección y establecer el evangelio: la muerte de Jesús, sepultura, resurrección y apariciones (1ª Corintios 15:1-5). Mientras que hay algunas teorías para explicar uno o dos de los hechos arriba mencionados, solamente la resurrección explica y justifica todas ellas. Los críticos admiten que los discípulos demandaban que vieron a Jesús resucitado. Las mentiras y las alucinaciones no pudieron transformar a la gente, de la manera en que lo hizo la resurrección. Primero, ¿qué habrían conseguido? El Cristianismo no era popular y ciertamente no les hizo ganar ningún dinero. Segundo, los mentirosos no se hacen buenos mártires. No hay nada mejor como la resurrección, para explicar la buena disposición que tuvieron los discípulos, para experimentar semejantes muertes horribles por su fe. Sí, cantidad de gente muere por mentiras que piensan son verdades, pero ninguno muere por lo que sabe que no es cierto.

En conclusión: Cristo demandaba ser Yahvé, El era deidad (no solamente “un dios” – sino el Dios Verdadero), sus seguidores (judíos que habrían estado aterrados de la idolatría) creyeron en El y se refirieron a El como tal. Cristo probó Sus demandas de ser deidad a través de milagros, incluyendo la resurrección que alteró al mundo. Ninguna otra hipótesis puede explicar estos hechos.

¿Es Jesús Dios? ¿Alguna vez Jesús afirmó ser Dios?

Pregunta: "¿Es Jesús Dios? ¿Alguna vez Jesús afirmó ser Dios?"

Respuesta: En la Biblia, no hay un registro de Jesús diciendo las palabras precisas, “Yo soy Dios.” Sin embargo, eso no significa que El no proclamó ser Dios. Tome por ejemplo, las palabras de Jesús en Juan 10:30, “Yo y el Padre uno somos”. A simple vista, esto no parecería ser una afirmación de ser Dios. Sin embargo, escuche la reacción de los judíos a Su declaración, “Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios” (Juan 10:33). Los judíos entendieron la declaración de Jesús al afirmar ser Dios. En los versículos siguientes, Jesús nunca los corrige diciéndoles, “Yo no afirmé ser Dios”. Eso indica que Jesús realmente estaba diciendo que era Dios al declarar, “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). Juan 8:58 es otro ejemplo. Jesús les dijo “De cierto, de cierto os digo: antes que Abraham fuese, yo soy”. Nuevamente, en respuesta, los judíos tomaron piedras para arrojárselas (Juan 8:59). ¿Por qué los judíos querrían apedrear a Jesús, si El no hubiera dicho algo que ellos creían era una blasfemia, concretamente, una afirmación de ser Dios?

Juan 1:1 dice que “El Verbo era Dios”. Juan 1:14 dice que “Aquel Verbo fue hecho carne”. Esto indica claramente que Jesús es Dios en la carne. Hechos 20:28 nos dice, “… para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre”. ¿Quién compró la iglesia con Su propia sangre? Jesucristo. Hechos 20:28 declara que Dios compró la iglesia con Su propia sangre. ¡Por tanto, Jesús es Dios!

Con respecto a Jesús, Tomás el discípulo declaró, “Señor mío, y Dios mío” (Juan 20:28). Jesús no lo corrigió. Tito 2:13 nos anima a esperar la venida de nuestro Dios y Salvador – Jesucristo (vea también 2ª Pedro 1:1). En Hebreos 1:8, el Padre declara de Jesús, “Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino.”

En Apocalipsis, un ángel ordenó al Apóstol Juan adorar solamente a Dios (Apocalipsis 19:10). En algunas ocasiones en la Escritura, Jesús recibe adoración (Mateo 2:11; 14:33; 28:9,17; Lucas 24:52; Juan 9:38). El nunca reprendió a la gente por adorarle. Si Jesús no fuera Dios, El hubiera dicho a la gente que no le adoraran, justamente como lo hizo el ángel en Apocalipsis. Hay muchos otros versículos y pasajes de la Escritura que alegan la deidad de Jesús.

La razón más importante para decir que Jesús tiene que ser Dios, es que si El no es Dios, Su muerte no habría sido suficiente para pagar la penalidad por los pecados de todo el mundo (1ª Juan 2:2). Solamente Dios pudo pagar tal penalidad infinita. Solamente Dios pudo tomar los pecados del mundo (2ª Corintios 5:21), morir, y resucitar - probando Su victoria sobre el pecado y la muerte.

miércoles, 30 de junio de 2010

¿Qué significa que Jesús es el Hijo de Dios?

Jesús no es el Hijo de Dios en el mismo sentido que percibimos a un padre y su hijo. Dios no se casó y tuvo un hijo. Jesús es el Hijo de Dios en el sentido de que ÉL es Dios manifestado en forma humana (Juan 1:1, 14) Jesús es el Hijo de Dios en cuanto fue concebido por el Espíritu Santo. Lucas 1:35 declara, “Respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.” En tiempos bíblicos, la frase “hijo de hombre” se usaba para describir a un ser humano. El hijo de un hombre es solo un hombre.

Durante Su juicio ante los líderes judíos, el sumo sacerdote le ordenó a Jesús, “Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.” (Mateo 26:63). Jesús respondió, “Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.” (Mateo 26:64). Los líderes judíos respondieron acusando a Jesús de blasfemia (Mateo 26:65-66). Más tarde, ante Poncio Pilato, “Los judíos le respondieron; Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios.” (Juan 19:7). ¿Por qué el declarar ser el “Hijo de Dios” se consideraría como una blasfemia merecedora de la pena de muerte? Los líderes judíos entendieron exactamente lo que Jesús quiso decir con la frase “Hijo de Dios.” El ser el “Hijo de Dios” significa ser de la misma naturaleza de Dios. El “Hijo de Dios” es “parte de Dios” El clamar ser de la misma naturaleza de Dios, de hecho era “ser Dios mismo” siendo una blasfemia para los líderes judíos; por lo que ellos demandaron la muerte de Jesús. Hebreos 1:2-3 expresa esto con mucha claridad, “en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia....”

Otro ejemplo pude verse en Juan 17:12 donde Judas es descrito como el “hijo de perdición” Juan 6:71 nos dice que Judas ere hijo de Simón. ¿Qué significa en Juan 17:12 que se describe a Judas como “el hijo de perdición”? La palabra “perdición” significa “destrucción, ruina, desperdicio” Judas no era literalmente el hijo de una “ruina, destrucción o desperdicio”, pero esas cosas eran las que identificaban la vida de Judas. Judas era una manifestación de la perdición. En el mismo sentido Jesús es el Hijo de Dios. El Hijo de Dios es Dios. Jesús es Dios manifestado en carne (Juan 1:1,14).

¿Existió realmente Jesús? ¿Hay alguna evidencia histórica de Jesucristo?

Usualmente, cuando se hace esta pregunta, la persona que la hace, cataloga la pregunta como “fuera de lo que dice la Biblia”. No aceptamos la idea de que la Biblia no puede ser considerada como una fuente de evidencia sobre la existencia de Jesús. El Nuevo Testamento contiene cientos de referencias de Jesucristo. Hay quienes fechan la escritura de los Evangelios en el siglo dos d.C., esto es, más de 100 años después de la muerte de Jesucristo. Aún si este fuera el caso (el cual rechazamos firmemente), en términos de evidencias antiguas, los escritos hechos menos de 200 años después de que los eventos tuvieron lugar, son consideradas como evidencias muy confiables. Más aún, la gran mayoría de los estudiosos (cristianos y no cristianos) aceptarán que las Epístolas de Pablo (al menos algunas de ellas) fueron de hecho escritas por Pablo en la mitad del primer siglo d.C., menos de 40 años después de la muerte de Jesús. En términos de evidencias de manuscritos antiguos, esta es una prueba extraordinariamente fuerte de la existencia de un hombre llamado Jesús en Israel durante el principio del primer siglo de nuestra era.

También es importante reconocer que en el año 70 d.C., los romanos invadieron y destruyeron Jerusalén y la mayor parte de Israel, matando a sus habitantes. ¡Ciudades enteras fueron literalmente quemadas hasta sus cimientos! Entonces, no debería sorprendernos si mucha de la evidencia de la existencia de Jesús fue destruida. Muchos testigos oculares de Jesús debieron haber muerto. Estos hechos obviamente disminuyeron la cantidad de testigos oculares del testimonio de Jesús que sobrevivieron.

Considerando el hecho de que el ministerio de Jesús fue reducido a un lugar culturalmente atrasado en un pequeño rincón del imperio romano, hay una sorprendente cantidad de información acerca de Jesús que puede ser extraída de fuentes históricas seculares. Algunas de las más importantes evidencias históricas de Jesús, incluyen lo siguiente:

El historiador romano Tácito del primer siglo, quien es considerado uno de los más precisos historiadores del mundo antiguo, menciona a los supersticiosos “Cristianos” (“antes llamados Christus” lo cual es Cristo en latín), quien sufrió bajo Poncio Pilato y durante el reinado de Tiberio. Gaio Suetonio, historiador romano (70-160) secretario en jefe del emperador Adriano, escribió que había un hombre llamado Chrestus (o Cristo) que vivió durante el primer siglo (Annais XV.44).

Flavio Josefo, (Jerusalén, 37 d.C? h. 100) es el más famoso historiador judío. En sus “Antigüedades Judaicas” él se refiere a Santiago como, “el hermano de Jesús, a quien llamaban el Cristo” Hay un verso controversial (18:3) que dice, ““Ahora, había alrededor de este tiempo un hombre sabio, Jesús, si es que es licito llamarlo un hombre, pues era un hacedor de maravillas, un maestro tal que los hombres recibían con agrado la verdad que les enseñaba. Atrajo a sí a muchos de los judíos y de los gentiles. El era el Cristo, y cuando Pilato, a sugerencia de los principales entre nosotros, le condenó a ser crucificado, aquellos que le amaban desde un principio no le olvidaron, pues se volvió a aparecer vivo ante ellos al tercer día; exactamente como los profetas lo habían anticipado y cumpliendo otras diez mil cosas maravillosas respecto de su persona que también habían sido preanunciadas. Y la tribu de cristianos, llamados de este modo por causa de él, no ha sido extinguida hasta el presente” (Antigüedades. XVIII.33. (Comienzos del segundo siglo)

Sexto Julio Africano en su obra cita al historiador Talus en una discusión acerca de las tinieblas que siguieron a la crucifixión de Cristo, diciendo que en el libro III de su Historia explica la oscuridad como debida a un eclipse solar, pero aclara que eso sería imposible debido a que la crucifixión ocurrió en tiempo de luna llena, cuando no pudo haber ocurrido eclipse. (Escritos Existentes, 18)

Plinio el Menor, en Cartas 10:96, registra las practicas de adoración del cristianismo primitivo, incluyendo el hecho de que los cristianos adoraban a Jesús como Dios y eran muy éticos, e incluye una referencia a las festividades y la Cena del Señor.

El Talmud de Babilonia (Sanedrín 43ª.) confirma la crucifixión de Jesús en la tarde de Pascua, y las acusaciones contra Cristo de practicar la brujería y fomentar la apostasía judía.

Luciano de Samosata, fue un filósofo y escritor griego del siglo dos, quien admite que Jesús fue adorado por cristianos, introduciendo nuevas enseñanzas y que fue crucificado por ellos. El dijo que las enseñanzas de Jesús incluían la hermandad entre los creyentes, la importancia de la conversión y la importancia de negar a otros dioses. Los cristianos vivían de acuerdo a las leyes de Jesús, creyéndose a sí mismos inmortales y se caracterizaban por despreciar la muerte, la devoción voluntaria y la renuncia a los bienes materiales.

Mara Bar-Serapio. Hay en el Museo Británico un interesante manuscrito que preserva el texto de una carta escrita a su hijo un tiempo después del año 73 D. C., aun cuando no estamos seguros de cuanto tiempo más tarde. En ella confirma que Jesús demostró ser un hombre sabio y virtuoso, que fue considerado por muchos como el rey de Israel, fue llevado a la muerte por los judíos y siguió viviendo en las enseñanzas de sus seguidores.

Tenemos además todos los escritos gnósticos (El evangelio de la verdad, El apócrifo de Juan, El evangelio de Tomás, el Tratado de la Resurrección, etc.) todos ellos mencionan a Jesús.

De hecho, podemos reconstruir el evangelio solo de las primitivas fuentes no cristianas: Jesús fue llamado el Cristo (Josefo), hizo “maravillas” y guió a Israel a nuevas enseñanzas, y fue colgado en la Pascua por ellos (Talmud de Babilonia) en Judea (Tácito), pero clamó ser Dios y que regresaría (Eliazar), en el cual creían sus seguidores, adorándolo como a Dios (Plinio el Menor).

En conclusión, existe una evidencia brumadora de la existencia de Jesucristo, ambas en historia bíblica y secular. Quizá la evidencia más grande de que Jesús existió es el hecho de que literalmente miles de cristianos del primer siglo, incluidos los 12 apóstoles, estuvieron gozosos de ofrendar sus vidas como mártires por Jesucristo. La gente morirá por lo que creen que es verdad, pero ninguno morirá por lo que ellos saben que es una mentira.

¿Quién es Jesucristo?

¿Quién es Jesucristo? A diferencia de la pregunta, “¿Existe Dios?”, muy poca gente se ha cuestionado si Jesucristo existió. Generalmente se acepta que Jesús verdaderamente fue un hombre que caminó sobre la tierra de Israel, hace más o menos dos mil años. El debate comienza cuando se analiza el tema de la identidad completa de Jesús. La mayoría de religiones principales enseñan que Jesús fue un profeta, o un buen maestro, o un hombre devoto. El asunto es el siguiente, la Biblia nos dice que Jesús fue infinitamente más que un profeta, un buen maestro, o un hombre devoto.

C. S. Lewis en su libro Mero Cristianismo escribe lo siguiente: “Aquí estoy tratando de prevenir a quienquiera, de cometer la verdadera insensatez que a menudo se comete al decir de El, es decir de Jesucristo lo siguiente: “Estoy listo para aceptar a Jesús como un gran maestro moral, pero no acepto su afirmación de ser Dios”. Esa es una de las cosas que no deberíamos decir. Un hombre que era simplemente un hombre, y que decía toda clase de cosas, sólo por decir, no aplica a un gran maestro moral como Jesús. O era un lunático – o un hombre ambiguo – o el mismo Demonio del Infierno. Usted debe hacer su elección. Este hombre fue y es el Hijo de Dios, o de lo contrario, fue un loco o algo peor… Usted puede hacerlo callar por tonto, puede escupirlo y matarlo como a un demonio; o puede caer a sus pies y llamarlo Señor y Dios. Pero no seamos condescendientes con ninguna tontería acerca de que era un gran maestro humano. El no ha dejado esa opción abierta para nosotros. El no tuvo esa intención.”

Veamos ahora, ¿quién demandaba ser Jesús? ¿Quién dice la Biblia que era El? Primero, miremos las palabras de Jesús en Juan 10:30, “Yo y el Padre uno somos”. A primera vista, no parecería afirmar ser Dios, Sin embargo, mire la reacción de los Judíos en Su declaración, “Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios” (Juan 10:33). En los siguientes versículos, Jesús nunca corrige a los Judíos diciéndoles, “Yo no me hago Dios”. Eso indica que Jesús verdaderamente estaba diciendo que era Dios al declarar, “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). Juan 8:58 es otro ejemplo. Jesús proclamó, “¡De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy!” Tomaron entonces piedras para arrojárselas (Juan 8:59). Jesús, anunciando Su identidad como “Yo soy” es una aplicación directa del nombre del Antiguo Testamento para Dios (Exodo 3:14). Nuevamente, ¿por qué los Judíos querían apedrear a Jesús, si El no había dicho algo que ellos creían era blasfemo, concretamente, una afirmación de ser Dios?

Juan 1:1 dice que “el Verbo era Dios”. Juan 1:14 dice que “aquel Verbo fue hecho carne”. Esto indica claramente que Jesús es Dios en la carne. Tomás el discípulo de Jesús dijo, “Señor mío y Dios mío” (Juan 20:28). Jesús no lo corrigió. El Apóstol Pablo lo describe como, “…nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13). El Apóstol Pedro dice lo mismo, “…nuestro Dios y Salvador Jesucristo” (2ª Pedro 1:1). También Dios el Padre es testigo de la completa identidad de Jesús, pero acerca del hijo dice, “Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; Cetro de justicia es el cetro de Tu reino”. Las profecías de Cristo del Antiguo Testamento anuncian Su deidad, “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado y el principado sobre su hombro, y se llamará su nombre, Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.”

De manera que, como C. S. Lewis sostuvo, creer en Jesús como un buen maestro, no es una opción. Clara e innegablemente Jesús afirmaba ser Dios. Si El no es Dios, entonces es un mentiroso, y por tanto no es un profeta, un buen maestro o un hombre devoto. Al intentar explicar las palabras de Jesús, los “eruditos” modernos declaran que “el verdadero Jesús histórico” no dijo muchas de las cosas que la Biblia Le atribuye. ¿Quiénes somos nosotros para debatir con la Palabra de Dios, referente a lo que dijo o no Jesús? ¿Cómo puede un “erudito” que dista de Jesús dos mil años, tener una mejor percepción de lo que Jesús dijo o no, que la que tuvieron aquellos que vivieron, sirvieron y fueron enseñados por Jesús mismo (Juan 14:26)?

¿Por qué es tan importante la pregunta acerca de la verdadera identidad de Jesús? ¿Por qué es importante sea Jesús, Dios o no? La razón más importante por la que Jesús tiene que ser Dios, es que si El no es Dios, Su muerte no habría sido suficiente para pagar la penalidad de los pecados de todo el mundo. (1ª Juan 2:2). Solamente Dios pudo pagar tal penalidad infinita (Romanos 5:8; 2ª Corintios 5:21). Jesús tenía que ser Dios, a fin de que pudiera pagar nuestra deuda. Jesús tuvo que ser hombre para que pudiera morir. ¡La salvación está disponible solamente a través de la fe en Jesucristo! La deidad de Jesús es la razón por la que El es el único camino de salvación. La deidad de Jesús es la razón por la que proclamó, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene la Padre, sino por mí” (Juan 14:6).