La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No
se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14:27)
ESTAS palabras forman parte de la conversación más cariñosa y
conmovedora que Cristo tuvo con sus discípulos la misma noche que
fue traicionado, sabiendo que iba a ser crucificado el día siguiente. La
conversación comienza con el verso 31 del capítulo 13, y continua hasta
el final del capítulo 16. Cristo comienza su discurso después de hablarles
acerca de su partida, después de haber instituido y administrado el
sacramento de la cena, y después de que Judas se hubiera ido, y ningún
otro quedara sino sus verdaderos y fieles discípulos, a los cuales él
ahora se dirige como a sus queridos hijos. Esta fue la última
conversación que Cristo tuvo con ellos antes de su muerte. Como se
trataba de su discurso de despedida y como también se trataba de su
postrer discurso, por ello entre muchos relatos es el más notable de los
que están registrados en nuestras Biblias.
Es evidente que esta conversación causó una profunda impresión en las
mentes de los discípulos y suponemos que también lo fue de una
manera muy especial en la mente de Juan su discípulo amado, cuyo
corazón estaba especialmente lleno de amor por él, y quien había
estado reposando en su pecho. En esta conversación Cristo les había
dicho a sus queridos discípulos que partía, lo que les llenó de tristeza y
pesadumbre. Las palabras de este texto son dadas para consolarles y
para aliviar su tristeza, les confirma con la promesa de la paz que les
dejará y que tendrán en él y con él cuando se haya ido.
Esta promesa se la entrega en tres expresiones enfáticas que se ilustran
las unas a las otras. "Paz os dejo. 77 " Lo que es lo mismo que decir,
aunque yo me voy, sin embargo no me llevaré el consuelo conmigo.
Mientras he estado con vosotros he sido vuestro apoyo y consuelo y
vosotros habeis tenido paz en mi en medio de las pérdidas que habéis
sufrido, y los problemas con los que habéis tropezado en esta perversa
generación. Esta paz no me la llevaré de vosotros, sino que la dejaré
con vosotros como una posesión más completa.
"Mi paz os doy." Cuando Cristo lo llama su paz, quiere decir dos cosas:
1. Que era suya propia, y que la tenía para darla. Era el peculiar
beneficio que él tenía para otorgárselo a sus hijos, ahora estaba a
punto de dejar el mundo es decir en su presencia humana. No tenía
ni plata ni oro, pues, mientras en cuanto a patrimonio de humillación
era pobre. “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos;
mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.” Lucas
9:58. El no tenía patrimonio terrenal que dejar a sus discípulos que
eran como su familia, pero si tenía paz para darles.
2. Era su paz lo que les dio, ya que era la misma clase de paz que el
mismo disfrutaba. La misma excelente y divina paz que él siempre
tuvo en Dios, y que estaba a punto de recibir en su estado exaltado,
en una más inmensa y amplísima perfección y plenitud, pues la
felicidad que Cristo da a su gente es una participación de su propia
felicidad, conforme al capítulo 15: 11. "Estas cosas os he hablado,
para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.” Y
en su oración con sus discípulos al concluir su discurso, capítulo
17:13. “Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que
tengan mi gozo cumplido en sí mismos.” Y verso 22. " La gloria que
me diste, yo les he dado.”
Cristo aquí hace alusión a hombres que hacen su testamento antes de
morir. Cuando los padres van a abandonar a sus hijos tras su muerte
quieren dejarles en sus últimas voluntades y testamento su patrimonio,
ese mismo patrimonio que ellos han tenido y disfrutado. Así sucedió
también con Cristo con respecto a la paz que dio a sus discípulos cuando
estaba a punto de dejar este mundo, sólo con esta diferencia, los padres
terrenales cuando mueren, a pesar de que dejan a sus hijos el mismo
patrimonio que ellos mismos disfrutaron hasta ese momento, sin
embargo cuando sus hijos toman plena posesión de este patrimonio los
padres no lo disfrutan ya más, los padres no lo disfrutan con sus hijos.
El tiempo de la posesión completa de padres e hijos no es juntos.
Mientras que con respecto a la paz de Cristo él no solamente la poseía
antes de su muerte, cuando se la legaba a sus discípulos, sino también
más tarde de forma más completa, ya que fueron recibidos para
poseerla con él.
La tercera y última expresión es: “yo no os la doy como el mundo la da.”
78 " Lo que es lo mismo que decir, mis dones y legados, ahora que voy
a dejar este mundo, no son como los de los que los grandes hombres y
los ricos del mundo suelen dejar a sus herederos cuando mueren. Ellos
legan a sus hijos sus posesiones terrenales, estas pueden ser inmensos
tesoros de plata y oro, e incluso a veces un reino terrenal, pero lo que
yo os doy es mi paz, algo enormemente diferente de lo que ellos suelen
dejar y que no se puede obtener ni con todo lo que ellos pueden
conceder, o sus hijos puedan heredar de ellos.
DOCTRINA
La paz que Cristo, cuando murió, dejó como legado a todos sus
verdaderos santos es muy diferente de todas esas cosas que los
hombres de este mundo cuando mueren conceden a sus hijos.
I. Cristo en su muerte hizo nuevas las bendiciones del nuevo pacto para
los creyentes, como si estuviesen en unas últimas voluntades o en un
testamento.
II. Una gran bendición que Cristo hizo nueva para los creyentes en su
testamento fue su paz.
III. Este legado de Cristo es extremadamente diferente de todos los que
los hombres de este mundo puedan dejar a sus hijos cuando ellos
mueran.
I. Cristo con su muerte hizo nuevas las bendiciones del nuevo pacto
para los creyentes, como si estuvieran en las últimas voluntades o en un
testamento.
El nuevo pacto es representado por el apóstol como las últimas
voluntades y testamento de Cristo. Hebreos 9:15-16 “Así que, por eso
es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la
remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los
llamados reciban la promesa de la herencia eterna.
9:16 Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte
del testador.” Lo que los hombres transmiten con sus últimas voluntades
o testamento, es su propia propiedad. Por eso Cristo en el nuevo pacto
transmite a los creyentes su propia herencia. En la medida en que son
capaces de poseerla y disfrutar de ella tienen esa vida eterna que se les
a dado en su medida, vida eterna que Cristo mismo también posee.
Viven en él, y con él, y por una participación de su vida. Porque él vive
ellos también viven. Heredan su reino; el mismo reino que el Padre le
designó. Lucas 22:29. “Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me
lo asignó a mí.” Reinarán en su trono, Apocalipsis 3:21. Se les dará su
gloria, Juan 17. Y porque todas las cosas son de Cristo, por ello en
Cristo todas las cosas son de los santos, 1ª Corintios 3:21-22.
Los hombres en sus últimas voluntades o testamentos comúnmente dan
sus propiedades a sus hijos, por eso los creyentes son representados en
las Escrituras como hijos de Cristo. Hebreos 2:13. “Y otra vez: Yo
confiaré en él. Y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.” Los
hombres normalmente escriben sus últimas voluntades un poco antes
de su muerte, así hizo Cristo la noche antes del día de su crucifixión, de
una manera muy especial y solemne hizo nuevas las bendiciones y
confirmó a sus discípulos las bendiciones del nuevo pacto, en esa
conversación de la cual mi texto es una parte. Las promesas del nuevo
pacto nunca fueron tan particularmente expresadas y tan solemnemente
dadas por Cristo en todo el tiempo que estuvo en la tierra como en su
conversación. Cristo les promete mansiones en la casa de su Padre,
capítulo 16:1,2,3. Aquí él les promete todo tipo de bendiciones que
puedan necesitar y pidan en su nombre. Capítulo 15:7, 14:23-24. Aquí
de una manera más solemne y completa que en cualquier otro sitio
emite y confirma la promesa del Espíritu Santo, la cual es la suma de las
bendiciones del pacto de la gracia. Capítulo 14:18, 17:26, 15:25, 16:7,
15:25. 16:7. Les promete el favor y la misericordiosa presencia de su
padre y la suya propia. Capítulo 14:18, 19:20:21. Les promete paz,
como en el texto. Les promete su gozo. Capítulo 15:11. Promete gracia
que produzca frutos santos. Capítulo 15:16, y victoria sobre el mundo,
Capítulo 16:33. Y claro está que no parece haber en ningún otro sitio en
toda la Biblia una edición tan detallada y completa del pacto de gracia
como en esta postrera conversación de Cristo con sus once verdaderos
discípulos.
Este pacto entre Cristo y sus hijos es como las últimas voluntades o
testamento también en este sentido, que se hace efectivo y se ha
buscado la forma de ejecutarlo, y no hay otra forma más que a través
de su muerte. Como el apóstol observa, así es también entre los
hombres a través de un testamento o últimas voluntades, “Porque el
testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto
que el testador vive.” Hebreos 9:17. Pues aunque el pacto de la gracia
estaba vigente antes de la muerte de Cristo, sin embargo no estaba
vigente de otro modo que a través de su muerte; de modo que su
muerte entonces prácticamente intervino” siendo ya asumida y
comprometida. Como los herederos de un hombre adquieren los legados
que heredan únicamente a través de la muerte del testador, así los
hombres no pueden adquirir la herencia espiritual y eterna sino a través
de la muerte de Cristo. Si no hubiera sido por la muerte de Cristo nunca
la podrían haber adquirido.
II. Una gran bendición que Cristo en su testamento ha legado a sus
verdaderos seguidores es su paz. Aquí hay dos cosas que yo observaría
particularmente: Que Cristo ha legado a los creyentes verdadera paz, y
que la paz que les ha dado es su paz.
1. Nuestro Señor Jesucristo ha legado verdadera paz y consuelo a sus
seguidores. Cristo es llamado Príncipe de paz. Isaías 9:6. Y cuando
nació en este mundo, los ángeles en esa feliz y maravillosa ocasión
cantaron, Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra. Porque de
esa paz que él procurará y legará a los hijos de los hombres es
especialmente el beneficio del que habla este texto. Este Cristo ha
provisto para sus seguidores, y ha puesto fundamentos para poder
disfrutar de ello, en esto él ha procurado para ellos las otras dos
cosas: Paz con Dios, y paz los unos con los otros. El ha provisto para
ellos paz y reconciliación con Dios y su favor y amistad, en esto se
satisfizo por sus pecados y estableció fundamentos para la perfecta
eliminación de la culpa del pecado, y el perdón de todas sus
transgresiones, alcanzó para ellos una perfecta y gloriosa justicia
aceptable ante Dios y suficiente para recomendarles para la
aceptación completa de Dios, para la adopción como hijos y para los
eternos frutos de su paternal favor.
Por estos medios los verdaderos santos son llevados a un estado de
libertad de condenación y de todas las maldiciones de la ley de Dios.
Romanos 8:34 “¿Quién es el que condenará?.” Y por estos medios
son salvos de ese terrible y eterno sufrimiento al cual están por
naturaleza expuestos, y son puestos en alto fuera del alcance de sus
enemigos, para que las puertas del infierno y poderes de la oscuridad
nunca puedan destruirlos, ni tampoco puedan los hombres malvados
aunque los persigan, incluso les hieran. Romanos 8:31 “Si Dios es
por nosotros, ¿quién contra nosotros?.” Números 23:8 “¿Por qué
maldeciré yo al que Dios no maldijo?.” Verso 23 “Porque contra Jacob
no hay agüero,, Ni adivinación contra Israel.” Por medio de esto están
fuera del alcance de la muerte, Juan 6:4 , 9:50-51 “Este es el pan
que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera.”. Por
medio de lo cual la muerte con respecto a ellos ha perdido su
aguijón, y no es digna ya del nombre de muerte. 1ª Corintios 15:55
“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?.” Por estos medios no tienen
necesidad de estar temerosos del día del juicio, cuando los cielos y la
tierra serán disueltos. Salmo 46: 1-2." 1 Dios es nuestro amparo y
fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. 46:2 Por tanto,
no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los
montes al corazón del mar;" Sí, un verdadero santo tiene razones
para descansar en la seguridad de que nada le puede separar del
amor de Dios. Romanos 8:38-39.
Por tanto el que está en Cristo está en un refugio seguro a salvo de
cualquier cosa que pudiera perturbarle, Isaías 32:2 " Y será aquel
varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el
turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra
de gran peñasco en tierra calurosa.” Y por consiguiente los que
moran en Cristo tienen esa promesa cumplida para ellos, que
tenemos en el versículo 18 de ese mismo capítulo" Y mi pueblo
habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de
reposo.”
Y los verdaderos seguidores de Cristo están arraigados no sólo en
descanso y paz de alma por razón de su protección contra el
malvado, sino por su título asegurado y por la seguridad de su gozo
de todo lo bueno que ellos necesitan, en vida, en muerte y por toda
la eternidad. Están sobre un fundamento seguro para la felicidad, han
sido establecidos sobre una roca que no puede ser removida nunca, y
tienen una fuente que es suficiente, y que no se agota nunca. El
pacto está ordenado en todas las cosas y es seguro, y Dios ha
aprobado su palabra y juramento, 79 " para que por dos cosas
inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un
fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la
esperanza puesta delante de nosotros.” El infinito Jehová se ha
convertido en su Dios, que puede hacer todo por ellos. El es su
porción y tiene una infinita plenitud de bondad en sí mismo. "El es su
escudo y su rebosante gran recompensa.” 80 Un gran bien les es
hecho nuevo para ellos, más de lo que pueden desear o concebir y es
hecho tan cierto como puedan desear. Por tanto tienen razones para
hacer descansar sus corazones y tener paz en sus mentes.
Además, el ha legado paz a las almas de su pueblo pues ha provisto
para ellos y ha hecho nuevo para ellos el espíritu de gracia y
verdadera santidad, el cual tiene una tendencia natural a la paz y
tranquilidad del alma. 91 Ello implica un descubrimiento y deleite de
un bien apropiado y suficiente. Trae a las personas hacia una visión
de divina belleza y a un deleite de ese bien que es la verdadera
felicidad del hombre y también trae al alma a su verdadero centro. El
alma por este medio es llevada a descansar y cesa de inquirir
inquietantemente como otros hacen,¿ quién nos mostrará algún
bien?. Y cesa de vagar de un lado a otro como una oveja perdida
buscando descanso y no encontrando ninguno.
El alma le encuentra a él que es el manzano entre los árboles del
bosque y se sienta bajo la sombra con gran deleite, y su fruta es
dulce a su paladar. Cantares 2:2 De este modo las palabras de Cristo
se cumplen, Juan 4:14 " mas el que bebiere del agua que yo le daré,
no tendrá sed jamás.” Y además la verdadera gracia tiende por
naturaleza hacia la paz y tranquilidad, ya que asienta las cosas en el
alma en el orden debido, coloca a la razón en el trono y somete los
sentidos y afectos que antes estuvieron más altos, a su gobierno. La
Gracia tiende a la serenidad ya que humilla los tumultuosos deseos y
pasiones, somete los ansiosos e insaciables apetitos de la naturaleza
sensual y la codicia por las vanidades del mundo. Humilla principios
tales como el odio, discrepancias, emulación, ira, envidias y otras
parecidas, que son una fuente continua de desasosiego y
perturbación, y provee esos principios agradables, suaves y
tranquilizadores, de humildad, sumisión, resignación paciencia,
gentileza, perdón y dulce dependencia en Dios. También tiende a la
paz, y sujeta el objetivo del alma a un cierto fin, para que el alma ya
no sea distraída y arrastrada a la búsqueda de otros propósitos
contrarios y a obtener porciones opuestas, o buscar muchos
maestros de deseos y órdenes contrarias a los que servir, sino que el
corazón está fijo en la elección de un seguro y suficiente e
indefectible bien y el objetivo del alma es esto, y espera en ello, es
como un ancla que se mantiene firme para que no sea llevado de
aquí para allá por cualquier viento.
2. Esta paz que Cristo ha dejado como su legado a sus verdaderos
seguidores, es su paz, es la paz que el mismo disfruta. Esta es la
principal intención que yo considero se quiere transmitir con esta
expresión. Es la paz que él disfrutó cuando estaba en la tierra, en su
estado de humillación, aunque él fue un hombre de dolores,
conocedor de profundas penas, y fue odiado en todas partes y
perseguido por los hombres y demonios y no tuvo lugar de descanso
en este mundo, sin embargo en Dios, su Padre, él tuvo paz. Leemos
de su júbilo en el espíritu en Lucas 10:21. Así es que los verdaderos
discípulos de Cristo, a pesar de que en este mundo tienen tribulación,
sin embargo en Dios tienen paz.
Cuando Cristo hubo terminado su trabajo y sus sufrimientos, resucitó
de los muertos y ascendió al cielo y entró en su descanso. Un estado
de mayor bendición, perfecta y perenne paz, entregada por sus
propios sufrimientos por la imputación de nuestra culpa, absuelta y
justificada por el Padre en su resurrección. Habiendo obtenido una
victoria perfecta sobre todos sus enemigos ha recibido de su Padre en
el cielo el descanso que había preparado para él, para disfrutar del
deseo total y completo de su corazón por toda la eternidad. Y
después tenemos esas palabras en los seis primeros versículos del
salmo 21, que se han cumplido respecto a Cristo. Esta paz y
descanso del Mesías es excelentemente gloriosa. Isaías 11:10 " y su
habitación será gloriosa." Este descanso es lo que Cristo ha provisto,
no solo para si mismo, sino también para su gente por su muerte, y
él se lo ha legado a ellos para que lo disfruten con él,
imperfectamente en este mundo y de forma perfecta y eterna en otro
mundo.
Esa paz que ha sido descrita y que los creyentes disfrutan, es una
participación de la paz que su glorioso Señor y Maestro disfruta por
virtud de la misma sangre por la cual Cristo mismo ha entrado en el
reposo. Es en una participación de la misma justificación por la que
los creyentes son justificados con Cristo. Como él fue justificado
cuando resucitó de los muertos, y como él fue liberado de nuestra
culpa la cual él tenía como nuestra garantía, del mismo modo los
creyentes son justificados en él y por él, siendo aceptados por Dios
en la misma justificación. Es a través del favor del mismo Dios y
Padre celestial que ellos disfrutan de paz. " Subo á mi Padre y á
vuestro Padre, á mi Dios y á vuestro Dios.” Es en una participación
del mismo Espíritu como los creyentes tienen el Espíritu de Cristo. A
él se le dio el Espíritu y no por medida, y de su plenitud reciben
todos, y gracia sobre gracia. Como el aceite derramado sobre la
cabeza de Aaron cayó sobre los bordes de su ropa, así el Espíritu
derramado en Cristo, la cabeza, desciende sobre todos sus
miembros. Es a través de la participación de la misma gracia del
Espíritu que los creyentes disfrutan de esta paz, Juan 1:16.
Es como estar unido a Cristo, y vivir por una participación de su vida,
como una rama viva por la vida de la viña. Es como tomar parte del
mismo amor de Dios, Juan 17:26. " para que el amor con que me has
amado, esté en ellos, y yo en ellos." Es como tener una parte con él
en su victoria sobre los mismos enemigos y también como tener una
participación de la misma clase de descanso y paz eternos. Efesios
2:5-6 “Efesios 2:5-6 “aun estando nosotros muertos en pecados, nos
dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” 6 “y
juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los
lugares celestiales con Cristo Jesús.”
III. Este legado de Cristo a sus verdaderos discípulos es muy
diferente del que los hombres de este mundo jamás puedan dejar a
sus hijos cuando mueran. Los hombres de este mundo, muchos de
ellos cuando mueren, tienen grandes bienes que legar a sus hijos,
una abundancia de las cosas buenas de este mundo, inmensas
extensiones de tierra, quizás en terreno fructífero cubierto de
rebaños y manadas. A veces dejan a sus hijos majestuosas
mansiones e inmensos tesoros de plata, oro, joyas y cosas preciosas
traídas tanto de las Indias como de todas partes de la tierra. Les
dejan en tal situación de magnificencia en la vida, que pueden hacer
alarde entre los hombres de vivir suntuosamente y nadar en placeres
mundanos. Algunos tienen coronas, cetros, palacios y grandes
monarquías que pueden dejar a sus herederos, pero ninguna de
estas cosas se pueden comparar a la bendita paz de Cristo que ha
sido legada a sus seguidores. Estas cosas son las que Dios
comúnmente en su providencia da a sus peores enemigos, a los
cuales él detesta y menosprecia más. Pero la paz de Cristo es un
precioso bien que el reserva para sus peculiares favoritos. Estas
cosas materiales, incluso las mejores de ellas, que los hombres y los
príncipes del mundo dejan a sus hijos, son cosas que Dios en su
providencia arroja a aquellos a los que considera como perros, pero
la paz de Cristo es el pan de sus hijos.
Todas estas cosas terrenales no son más que sombras vacías, que
aunque los hombres ponen sus corazones en ellas, no son pan, y
nunca pueden satisfacer sus almas, pero esta paz de Cristo es un
alimento sustancial que verdaderamente llena. Isaías 55:2. Ninguna
de esas cosas si los hombres las tienen para su provecho e incluso en
gran abundancia, pueden dar verdadera paz y descanso al alma,
como es abundantemente manifiesto no sólo con la razón, sino
también con la experiencia. Siendo evidente a lo largo de todos los
tiempos, que quienes poseen la mayoría de estas cosas tienen menos
serenidad de mente. Es cierto, puede haber una cierta clase de
tranquilidad, una falsa paz en el disfrute de las cosas materiales, los
hombres pueden pueden bendecir sus almas y pensar que son las
únicas personas felices y menospreciar a los demás, pueden decir a
sus almas como el hombre rico hizo: Lucas 12:19 “ y diré a mi alma:
Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate,
come, bebe, regocíjate." Pero la paz de Cristo, que él da a sus
verdaderos seguidores, difiere de la paz que los hombres tienen en
sus disfrutes del mundo en los siguientes aspectos:
1. La paz de Cristo es una paz razonable y descanso del alma, tiene su
fundamento en la luz y en el conocimiento, en los ejercicios propios
de la razón, y en una visión correcta de las cosas. Mientras que la
paz del mundo está fundada en la ceguera y en la vana ilusión o
engaño. La paz que la gente de Cristo tiene, emerge de tener los ojos
abiertos y ver las cosas tal y como son. Cuanto más lo consideran y
más conocen de la verdad y de la realidad de las cosas también
conocen más lo que es verdad en lo que concierne a ellos mismos, el
estado y condición en la que están. Cuanto más conocen de Dios, y
de su manera de ser, también están más seguros de la existencia de
otro mundo y de un juicio venidero, así como de la verdad acerca de
las amenazas y promesas de Dios. Cuanto más despiertas e
iluminadas están sus conciencias y cuanto más luminosas y más
ansiosas de la búsqueda de luz, más se establece su paz. Mientras
que por el contrario, la paz que los hombres del mundo tienen de sus
disfrutes materiales no puede subsistir más que continuando en su
ignorancia. Deben estar con los ojos vendados y engañados, de otro
modo no pueden tener paz. Dejemos pues que la luz entre en sus
conciencias para que puedan conocer acerca de si mismos y ver lo
que son, y en qué circunstancias están, y esto inmediatamente
destruirá toda su tranquilidad y comodidad.
Su paz no puede sobrevivir si no es en la oscuridad, la luz cambia
toda su calma en tormento. Cuanto más conocen acerca de lo que es
cierto concerniente a Dios y concerniente a ellos mismos, más
sensibles estarán a los verdaderos placeres que poseen y más
sensibles estarán acerca de cómo son ahora las cosas y acerca de
cómo serán las cosas en lo sucesivo y aún más se tornará su calma
en tormenta. La paz del hombre de este mundo no puede
mantenerse si no es evitando la consideración y reflexión. Si se
permite a si mismo pensar y ejercitar debidamente la razón esto
destruye su calma y comodidad. Si el mismo establece su propia paz
carnal también le concierne a él poner luz en su mente y dar media
vuelta tan rápido como pueda.
La facultad de la razón, si somos libres, es un enemigo mortal para
su paz. Depende de él que su paz siga viva, dejar estupefacta su
mente y engañarse a si mismo e imaginar que las cosas son de otro
modo a como en realidad son. Pero con respecto a la paz que Cristo
da, la razón es un gran amigo. Cuanto más se ejercita esta facultad,
más se afianzará. Cuanto más ven y consideran ellos las cosas con
verdad y exactitud, más firme es su consuelo y su alegría. ¡Cuán
inmensa es la diferencia entre la paz de un Cristiano y la de uno del
mundo!
¡Cuán desdichados son los que no pueden disfrutar de paz de otro
modo que escondiendo sus ojos de la luz, y confinándose a sí mismos
a la oscuridad. Su paz es estupidez, es como la calma que tiene un
hombre que ha tomado una dosis de veneno pasmoso, la calma y
placer que un hombre ebrio puede tener dentro de una casa ardiendo
sobre su cabeza, o el gozo de un hombre distraído pensando que es
un rey, aunque es un infeliz confinado en un psiquiátrico! Por el
contrario, la paz que Cristo da a sus verdaderos seguidores es la luz
de la vida, un poco de la serenidad del cielo, la paz del paraíso
celestial que tiene la gloria de Dios para iluminarla.
2. La paz de Cristo es una paz virtuosa y santa. La paz que los
hombres disfrutan en el mundo es viciosa, es vil, deprava y envilece
la mente, hace a los hombres brutos. Pero la paz que los santos
disfrutan en Cristo no es sólo su tranquilidad, sino una parte de su
belleza y dignidad. La serenidad cristiana, descanso y gozo de los
verdaderos santos no son únicamente privilegios indescriptibles, sino
también virtudes y gracias del Espíritu de Dios que son una parte de
su imagen. Esta paz tiene su fuente en aquellos principios que son en
el grado más alto virtuosos y afables, tales como la pobreza de
espíritu, resignación santa, confianza en Dios, amor divino,
mansedumbre y caridad, el ejercitar de los benditos frutos del
Espíritu, Gálatas versos 22, 23.
3. Esta paz difiere enormemente de la que es disfrutada por los
hombres del mundo con respecto a su exquisita dulzura. Es una paz
tan superior a la que los hombres naturales disfrutan en los bienes
materiales que sobrepasa su entendimiento y nociones. Filipenses
4:7. Es exquisitamente dulce y segura porque tiene un fundamento
tan firme, la roca eterna que nunca puede ser movida. Porque encaja
perfectamente con la razón, pues emerge de principios divinos y
santos, que como son la virtud así son ellos.
La verdadera felicidad de los hombres, y por la grandeza del buen
objetivo que los santos disfrutan, no es otra que la munificencia y
plenitud de ese Dios que es la fuente de todo bien. La plenitud y
perfección de esa provisión es hecha en Cristo y con el nuevo pacto.
Es un fundamento establecido para la perfecta paz de los santos y
que de aquí en adelante deberían realmente disfrutar, y aunque su
paz no es perfecta ahora, no es debida a ningún defecto en la
provisión que se ha hecho sino en la propia imperfección de ellos y a
su oscuridad. Y como todavía en parte se aferran al mundo y buscan
de ahí la paz, y no se aferran de manera perfecta a Cristo, se
encierran cuanto más hacen esto. Y cuanto más ven la provisión que
se ha hecho y la aceptan y se aferran únicamente a ella, más cerca
serán traídos hacia la perfecta serenidad, Isaías 26:5.
4. La paz del cristiano difiere infinitamente de la de los del mundo en
que es indefectible y eterna. La paz que los hombres carnales tienen
en las cosas del mundo es conforme al fundamento sobre el que está
construida, de corta continuidad, como la comodidad de un sueño. 1ª
de Juan 2; 1ª Corintios 7:31. Estas cosas, las mejores y más
duraderas de ellas, son como burbujas en la superficie del agua, se
desvanecen en un momento. Oseas 10:7. Pero el fundamento de la
paz del Cristiano es eterno, que ni el tiempo ni ningún cambio
pueden destruir. Permanecerá cuando el cuerpo muera, permanecerá
cuando las montañas se muevan y cuando las colinas sean
removidas, y cuando los cielos sean enrollados como un rollo de
pergamino. La fuente de su consuelo no disminuirá, y las corrientes
nunca se secarán. Su consuelo y alegría es un manantial vivo en el
alma, un pozo de agua brotando para vida eterna.
APLICACIÓN
El uso que yo haría de esta doctrina es mejorarla como un incentivo
para renunciar al mundo, no buscando ya más la paz y descanso de sus
vanidades y aferrándonos a Cristo y siguiendo le. Felicidad y descanso
es lo que todos los hombres persiguen, pero las cosas de este mundo
donde la mayoría de los hombres las buscan nunca se las pueden
facilitar. Están trabajando y desgastándose a sí mismos en vano. Pero
Cristo os invita a venir a él, y os ofrece su paz, la cual da a sus
verdaderos seguidores, y excede a todo lo que el mundo pueda ofrecer.
Isaías 55:2-3.
Vosotros que habéis pasado el tiempo hasta la fecha en busca de la
satisfacción en las ganancias o en la gloria del mundo, o en los placeres
y vanidades de la juventud, en este día se os ofrece la excelente y
eterna paz y bendición que Cristo ha comprado con el precio de su
propia sangre. Durante el tiempo que continuéis rechazando estos
ofrecimientos e invitaciones de Cristo, y continuéis estando en la
condición de estar sin Cristo, nunca disfrutareis de una verdadera paz y
consuelo, sino que seréis como el hijo pródigo, que en vano se esforzaba
en saciarse con la farfolla que comían los cerdos.
La ira de Dios y la aflicción es lo que te espera, de los cuales no podrás
escapar. Cristo da paz al más pecador y miserable que viene a él. Sana
aquellos que tienen los corazones desgarrados y venda sus heridas.
Pero es imposible que tengan paz mientras continúan en sus pecados.
Isaías 57:19,20, 21. No hay paz entre Dios y ellos, dado que tienen la
culpa del pecado que permanece en sus almas, y están bajo su dominio,
por ello la indignación de Dios pesa sobre ellos y por tanto trabajan con
penalidades todos sus días.
Mientras vosotros continuéis en tal estado vivís en una espantosa
incertidumbre acerca de lo qué será de vosotros y en un continuo
peligro, mientras estéis disfrutando de las cosas que más os agradan y
que se adecuan más a los deseos de vuestro corazón y que son las que
más se disfrutan, sin embargo os encontráis al filo de la condenación.
Colgáis del foso infernal, con la espada de la divina venganza colgando
sobre vuestra cabeza, no teniendo seguridad ni un momento de la
completa e irremediable destrucción. ¿Qué paz razonable puede nadie
disfrutar en tal estado, aunque le vistas de un maravilloso atavío, o le
coloques en un trono o lo sientes a la mesa de un príncipe y le alimentes
con las más excepcionales exquisiteces que se puedan conseguir en la
vida? ¡Cuan mísera es la calma y alegría que ellos tienen! ¡ Que pobre
clase de comodidad y gozo es la que tienen en su riqueza y en sus
placeres del momento, mientras son los prisioneros de la justicia divina,
y desdichados cautivos del diablo.! ¡No hay nadie que haga amistad con
ellos estando sin Cristo, extranjeros de la mancomunidad de Israel,
forasteros del pacto de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el
mundo!
Os invito ahora a tener una porción mejor, hay cosas mejores que se
han provisto para los pecadores y miserables hijos de los hombres. Hay
un consuelo más seguro y una paz más duradera, consuelo que podéis
disfrutar en un estado de seguridad, y sobre un fundamento seguro.
Una paz y un descanso que podéis disfrutar con la razón, y con los ojos
abiertos. Vuestros pecados pueden ser perdonados, vuestras mayores y
más graves transgresiones pueden ser borradas como una nube,
enterradas como si se encontraran en las profundidades del mar, de
modo que jamás puedan ser encontradas y no sólo siendo perdonadas
sino aceptadas para congraciaros y llegar a ser el objeto del deleite y
complacencia de Dios. Siendo admitidos a la familia de Dios y siendo
hechos sus hijos podéis tener clara evidencia de que vuestros nombres
están escritos en el corazón de Cristo desde antes de la fundación del
mundo, y que tenéis participación en el pacto de gracia que está bien
ordenado en todas las cosas y seguro, donde se promete nada menos
que vida e inmortalidad, una herencia incorruptible e improfanable, una
corona de gloria que no se desvanece. En tales circunstancias nada os
impedirá ser felices para toda la eternidad, teniendo el fundamento de
vuestra esperanza, ese amor de Dios que es desde la eternidad y hasta
la eternidad, y sus promesas y juramento, y su poder omnipotente,
cosas infinitamente más firmes que montañas de metal. Las montañas
se moverán y las colinas serán removidas, aún los cielos se
desvanecerán como humo y la tierra se envejecerá como un vestido, sin
embargo estas cosas nunca serán abolidas.
En tal estado tendréis un fundamento de paz y descanso a través de
todo cambio, y en tiempo de gran alboroto y de calamidad externa
seréis defendidos de toda tormenta y morareis por encima de las
inundaciones, Salmo 32:6-7. Y estaréis en paz con todas las cosas, y
Dios hará que todas las criaturas de todas partes de su dominio tengan
amistad vosotros, Job 5:19-24. No estéis temerosos acerca de lo que
vuestros enemigos puedan haceros, Salmo 3:5-6. Esas cosas que ahora
son las más terribles para vosotros, como son la muerte, el juicio y la
eternidad, serán entonces las más tranquilas, los más dulces y
placenteros objetos de vuestra contemplación. Al menos habrá razones
para que lo sean.
¡Escuchad pues atentamente el amistoso consejo que se os da hoy,
volved vuestros pies al camino de paz, abandonad la insensatez y vivid.
Abandonad aquellas cosas que no son sino el cebo del diablo, y buscad
la excelsa paz y descanso de Jesucristo, la paz de Dios que sobrepasa
todo entendimiento. Gustad y ved, nadie que lo haya intentado ha sido
jamás decepcionado, proverbios 24:13-14. No sólo encontrareis los
consuelos espirituales que Cristo os ofrece en el presente y que son de
una incomparable dulzura, sino que serán para vuestra alma como la luz
del alba que brilla más y más hasta que el día es perfecto, y el
desenlace de todo será vuestra llegada al cielo, esa tierra de descanso,
esas regiones de gozo sin fin donde vuestra paz y felicidad serán
perfectas, sin el más mínimo rastro de preocupación o de aflicción, y
nunca se interrumpirá ni tendrá fin.
76 Fechado, Agosto de 1750.
77 Juan 14:27
78 ibídem (allí mismo)
79 Hebreos 6:18
80 Genesis 15:1 citada libremente.
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lunes, 15 de noviembre de 2010
lunes, 16 de agosto de 2010
La Boda de la Iglesia con sus Hijos y con su Dios
LA BODA DE LA IGLESIA CON SUS HIJOS Y CON SU DIOS
Selecciones de un sermón inolvidable de Jonathan Edwards
condensado y adaptado al español por Les Thompson
En un domingo, septiembre 19 de 1746, el renombrado teólogo Jonathan Edwards[1] predicó el sermón de instalación del reverendo Samuel Buel, nombrado pastor de la congregación de East Hampton en Long Island (lo que hoy es la ciudad de Nueva York). ¿Cómo le fue a Samuel Buel de pastor? la historia no nos dice. Lo que sí ha quedado como ilustrísimo monumento es el sermón que Edwards predicó ese día.
¿Qué es y qué hace un pastor? Este es el tema que nos interesa. ¿Tendrá vigencia lo que fue dicho en tiempos coloniales para nosotros hoy en el siglo electrónico? Si interpretó correctamente el sentir bíblico, no sólo tendrá vigencia sino mucho que enseñarnos en estos días confusos y turbulentos.
Edwards basó su sermón en Isaías 62:4-5, un pasaje que a primera vista no parece tener nada que ver con el pastorado: “Tu tierra será desposada. Pues como el joven desposa con la virgen, se desposarán contigo tus hijos; y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo.” En su exposición Edwards demuestra que este texto se refiere a los pastores. Presentamos a continuación los puntos claves del sermón de Edwards:
Introducción
¿Cómo hemos de entender esta unión tan particular de la Iglesia con sus Hijos y con Dios? ¿Qué es esta boda de que se habla? ¿A qué se refiere todo este asunto?
Los ministros o pastores de Dios, a pesar de que son puestos para ser instructores, guías, y padres del pueblo de Dios, son a su vez hijos que han salido de la iglesia (Amos 2:11: Y levanté de vuestros hijos para profetas, y de vuestros jóvenes para que fuesen nazareos.” (ver también Lam 4:2,7; Isaías 51:18.). Es evidente que estos hijos de la iglesia se refieren a ministros o pastores por el texto que sigue: “Sobre tus muros, O Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás.” Los hijos de la iglesia se casan con ella, parecido a un joven que se casa con una virgen y esto no es un misterio muy distinto a otros que se encuentran en la Biblia. Por ejemplo, es parecido a la misteriosa relación que existe ente Cristo y su pueblo; luego a la relación especial que hay entre creyentes con otros creyentes. No es más misterioso de que Cristo sea el Señor de David, a la misma vez que es su hijo; Él es el vástago que retornará, raíz de la cual viene David (Isa 11:1), y a la
vez que es su descendiente. Cristo es, como nos narra Isaías 9, “Hijo nacido a la vez que es Hijo dado, y el Padre Eterno”. La Iglesia es la madre de Cristo (Cant 3:11 y 8:1), a la vez que es la esposa, la hermana, y la hija de Él. Como creyentes somos la madre de Cristo, y también sus hermanas y hermanos (Lu 8:21). Los pastores son hijos de la iglesia a la vez que padres de ella. Es así que el Apóstol Pablo dice que es el padre de los miembros de la iglesia de Corinto, a la vez que
es la madre de los Gálatas, quien sufre dolores de parto por ellos (Ga 4:19).
La promesa es que la Iglesia se casa con Cristo: “como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo” (Is. 62:5). Por este texto no entendamos que la iglesia tiene muchos maridos, o que Cristo es uno de los esposos y los pastores son otros esposos. No es así, puesto que[1] aunque habla de los pastores como si estuvieran casados con la iglesia, sin embargo no es como si estuvieran en competencia con Cristo, ni que ellos están en la misma relación conyugal. La iglesia, propiamente hablando, tiene sólo un esposo; ella no es adúltera, sino que es una virgen desposada con el Cordero, siguiéndole a Él donde quiera que Él le guíe. Los ministros o pastores son simplemente los embajadores de Cristo, que le representan a Él, y protegen a la iglesia en nombre de Él, hasta que llegue el glorioso día de la Boda del Cordero con su iglesia (Apocalipsis 19); Por tanto:
CUANDO UN PASTOR PROPIAMENTE SE CASA CON UNA IGLESIA, LA RELACIÓN ES IGUAL A LA DE UN HOMBRE QUE SE CASA CON UNA VIRGEN.
La exposición de Edwards tiene que ver con el rol, o el quehacer, o el cargo de un pastor. Lo podremos entender bajo las siguientes propuestas:
A) EL PASTOR QUE ES LLAMADO POR DIOS LE SERVIRÁ COMO UN EMBAJADOR
Edwards dice que el ministro debe estar “propiamente llamado”, en sentido de las credenciales divinas esenciales para el cargo de embajador de Cristo. Al decir “propiamente llamado” quiere diferenciar entre aquel que en verdad es llamado por Dios y apartado por Él para hacerse cargo de la “novia” del Cordero, y otro que no tiene tal llamado ni tal comprensión de lo que es la Iglesia ni qué significa servir al Señor. Desea ser pastor por interés propio, por el prestigio de tener tal cargo, o por beneficios personales que supone tal cargo le dará. Se auto-nombra pastor, pero no tiene esas credenciales especiales de Embajador de Dios, pues Él no los ha llamado ni nombrado.
Para servir a la iglesia de Jesucristo, ha de tener el respaldo divino —igual que un embajador—pues, como indica el pasaje de Isaías, Dios desea darle a Su Iglesia ministros consagrados y capaces como fruto del amor tan grande que Él tiene para ella. Su propósito es derramar gran bendición y gloria espiritual sobre esa agrupación particular de su Iglesia universal. Ya que Su deseo es que la “gente” del mundo y los “reyes” de la tierra vean la “justicia” y “gloria” de Dios a
través de Su iglesia, y que ésta sea “corona de gloria en la mano de Jehová, y diadema de reino en la mano del Dios tuyo” (vss.2-3), el embajador ha de ser escogido y empoderado por el mismo Señor de la Iglesia. Al no ser así, no habrá ni la bendición ni la gloria espiritual que Dios desea darle a la iglesia.
B) EL PASTOR QUE ES LLAMADO POR DIOS RECIBIRÁ SUS CREDENCIALES DE LO ALTO
En segundo lugar, al decir “propiamente llamado” se trata de las credenciales espirituales que Dios da al pastor. Estas no le vienen porque hombres han impuesto sus manos sobre él, como se suele hacer al seguir ciertas tradiciones u observando ciertas costumbres eclesiásticas. Hay
que cuidar que en tales actos de consagración se sigan normas que sean aceptables a Dios, ya que el ministro es representante de Él y no de los hombres. Su nombramiento a una iglesia debe hacerse en conformidad al criterio divino, de forma santa, pura, y de corazón abierto ante Dios.
Si en verdad el ministro es hombre de Dios, nombrado por Él para servir a una congregación, ha de esperarse un acompañamiento correspondiente de bendición que viene de parte de Dios. En tal caso, han de haber grandes expectativas espirituales tanto por parte del pastor como por parte de la congregación. Por esto, el pastor tomará su cargo responsablemente. Por su parte, la congregación lo recibirá como el enviado de Dios. Sólo así habrá ese tipo de unión que se asemeja a la de un desposado con su novia.
C) EL PASTOR QUE ES LLAMADO POR DIOS AMARÁ A LA IGLESIA
El que propiamente es llamado por Dios (en el sentido espiritual de que hablamos) evidenciará un amor genuino por toda la iglesia de Cristo, no importa a donde esta esté, ni de qué denominación sea la iglesia. Reconoce a toda Iglesia evangélica como objeto especial del amor de Jesucristo.Por tanto él también la amará, y sentirá responsabilidad especial de ayudar a su membresía y a servirla. Ya que es embajador y representante especial del Esposo, ha de ser recibido y escuchado con toda la dignidad correspondiente.
Sin embargo, aunque debe amar a toda la iglesia, su preocupación especial será para con la congregación particular a la cual él ha sido llamado. Como encargado en nombre de Cristo Jesús, ha de entregarse a esa iglesia, trabajar por ella, amarla, honrarla, confortarla en tiempos malos como en buenos, y velar por su bien —tanto espiritual como material— sin egoísmo, igual que cualquier esposo haría con la novia con que se ha casado.
Para usar otro simbolismo, el pastor no sólo es “esposo” de la iglesia, pero también es el “ángel” de la iglesia (Ap. 2:1, 8, 12, 18; 3:1, 7, 14), en el sentido que los ángeles son ministros especiales de Dios para hacer todo lo que Él les ordena. Igualmente podríamos dar la interpretación a Apocalipsis 14:6 de que el “ángel” allí nombrado representa a todos los pastores (desde la ascensión de Cristo hasta Su retorno) a los cuales Él entregó el mensaje del “evangelio para
predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo.”
D) EL PASTOR QUE ES LLAMADO POR DIOS LLENARÁ DE GOZO A LA IGLESIA
Cuando propiamente ha habido la unión de un pastor con la iglesia, el resultado es parecido a la unión de un hombre con una mujer. Hay afecto mutuo y evidencia de amor. Los dos se llevan con cariño especial, se aman de corazón. El esposo se entrega a la novia con toda limpieza y pureza, igual que ella se presenta a él en la pureza de su virginidad.
Es así que un ministro llamado por Dios, que entiende su rol, se entrega a la iglesia. No es motivado por ganancia ni por ventajas personales, fueran cuales fueran, sino por amor sincero y afecto puro. La congregación igualmente le presta su estima y afecto santo, no porque lo admiran como hombre o por su sabiduría, capacidad o elocuencia, sino como aquel que viene como
mensajero del Dios Altísimo, llegando a ellos con una encomienda especial del cielo, y con las calificaciones santas que reflejan las virtudes del mismo Cordero de Dios.
Así como en el pacto matrimonial el desposado y la novia se entregan el uno al otro, igualmente en nombre de Cristo el pastor se entrega a la congregación, con votos sinceros, prometiendo a ellos ser fiel pastor ante Dios mientras tanto el Señor en su providencia le permita servirlos. Ellos, a su vez, en votos santos le entregan el cuidado de sus almas, y se someten a su sagrada dirección, atentos a sus enseñanzas, las cuales han de ser bíblicas y correctas, si es que en
verdad representa a Dios.
Tal unión produce gran gozo. El pastor se entrega a su trabajo, dispuesto a dar todo lo que es y tiene para el bien de la congregación, y ellos se dedican a escucharlo y a recibir con gozo las instrucciones y enseñanzas que Dios da a través de él. Así ambos llegan a ser de gozo mutuo, como decía el apóstol Pablo: “Para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros” (Ro. 15:32) y “como también en parte habéis entendido que somos vuestra gloria, así como también vosotros la nuestra” (2 Co. 1:14).
E) EL PASTOR QUE ES LLAMADO POR DIOS VELARÁ POR EL BIEN ESPIRITUAL DE LA IGLESIA
Otro beneficio de esta unión es que el pastor, con la bendición de Dios, busca la manera de fortalecer, nutrir, ministrar, y promover el bien espiritual de cada miembro. Les advierte de los peligros, les muestra los delicados pastos, los protege del engaño, los llena de la Palabra, buscando la paz y prosperidad espiritual de ellos.
A su vez la congregación, sintiéndose satisfecha, busca la manera de que el pastor esté contento con ellos, supliéndole cuantas cosas sean esenciales para su comodidad, aliviándole las cargas materiales para que pueda seguir ministrándoles con gozo y bien. Cuando el pastor cruza por valles difíciles ministrándoles a ellos, la congregación lo respaldan y se unen a él para animarle,
como hicieron los creyentes de la antigüedad: “Levántate, porque esta es tu obligación, y nosotros estaremos contigo; esfuérzate y pon mano a la obra” (Esd. 10: 4).
Es así que se establece entre pastor y congregación una feliz unión. Cuando el pueblo sufre, el pastor sufre con ellos. Cuando ve sus almas afligidas, él se siente afligido. Como dijera el apóstol: “¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se hace tropezar, y yo no me indigno?” (2 Corintios 11:29); “Hemos sido consolados con vuestra consolación” (2 Corintios 7:13). Por su parte, la congregación también entra en las pruebas de él: “Bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación” (Filipenses 4:14), “para que cuando llegue no tenga tristeza de parte de aquellos de quienes me debiera gozar” (2 Corintios 2: 3).
F) EL PASTOR QUE ES LLAMADO POR DIOS ESTIMULARA A LA IGLESIA A TENER MUCHOS HIJOS
Finalmente, cuando propiamente ha habido una unión de pastor con congregación, se verán los frutos, igual que cuando un matrimonio se casa. Hay fruto particular. No sólo se siente el pastor animado y gozoso con su relación con la congregación pero, al verles crecer en gracia, conocimiento y en obediencia a Dios, comienza a ver entre ellos avance espiritual y vidas
cambiadas, las primicias del fruto palpable de su ministerio. En cuanto a la congregación, al verse satisfecha con lo que recibe en bienes espirituales, se siente con ánimo hacia el pastor y desea bendecirle palpablemente como ven a bien. Así hay gozo y gran provecho de ambas partes.
Pero el fruto no termina ahí. Bajo esta hermosa unión de pastor con congregación, y la obediencia de ambos a Dios, se comienza a ver almas en el vecindario tocadas por el Espíritu de Dios. La iglesia comienza a evidenciar los beneficios de programas de evangelismo. Los vecinos se convierten. Se ve la riqueza del discipulado entre los nuevos creyentes. El sentir en la iglesia
lo expresa Isaías: “Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca tuvo parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová” (Is 54: 1). También 1 Pedro 2: 2: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación”.
Selecciones de un sermón inolvidable de Jonathan Edwards
condensado y adaptado al español por Les Thompson
En un domingo, septiembre 19 de 1746, el renombrado teólogo Jonathan Edwards[1] predicó el sermón de instalación del reverendo Samuel Buel, nombrado pastor de la congregación de East Hampton en Long Island (lo que hoy es la ciudad de Nueva York). ¿Cómo le fue a Samuel Buel de pastor? la historia no nos dice. Lo que sí ha quedado como ilustrísimo monumento es el sermón que Edwards predicó ese día.
¿Qué es y qué hace un pastor? Este es el tema que nos interesa. ¿Tendrá vigencia lo que fue dicho en tiempos coloniales para nosotros hoy en el siglo electrónico? Si interpretó correctamente el sentir bíblico, no sólo tendrá vigencia sino mucho que enseñarnos en estos días confusos y turbulentos.
Edwards basó su sermón en Isaías 62:4-5, un pasaje que a primera vista no parece tener nada que ver con el pastorado: “Tu tierra será desposada. Pues como el joven desposa con la virgen, se desposarán contigo tus hijos; y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo.” En su exposición Edwards demuestra que este texto se refiere a los pastores. Presentamos a continuación los puntos claves del sermón de Edwards:
Introducción
¿Cómo hemos de entender esta unión tan particular de la Iglesia con sus Hijos y con Dios? ¿Qué es esta boda de que se habla? ¿A qué se refiere todo este asunto?
Los ministros o pastores de Dios, a pesar de que son puestos para ser instructores, guías, y padres del pueblo de Dios, son a su vez hijos que han salido de la iglesia (Amos 2:11: Y levanté de vuestros hijos para profetas, y de vuestros jóvenes para que fuesen nazareos.” (ver también Lam 4:2,7; Isaías 51:18.). Es evidente que estos hijos de la iglesia se refieren a ministros o pastores por el texto que sigue: “Sobre tus muros, O Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás.” Los hijos de la iglesia se casan con ella, parecido a un joven que se casa con una virgen y esto no es un misterio muy distinto a otros que se encuentran en la Biblia. Por ejemplo, es parecido a la misteriosa relación que existe ente Cristo y su pueblo; luego a la relación especial que hay entre creyentes con otros creyentes. No es más misterioso de que Cristo sea el Señor de David, a la misma vez que es su hijo; Él es el vástago que retornará, raíz de la cual viene David (Isa 11:1), y a la
vez que es su descendiente. Cristo es, como nos narra Isaías 9, “Hijo nacido a la vez que es Hijo dado, y el Padre Eterno”. La Iglesia es la madre de Cristo (Cant 3:11 y 8:1), a la vez que es la esposa, la hermana, y la hija de Él. Como creyentes somos la madre de Cristo, y también sus hermanas y hermanos (Lu 8:21). Los pastores son hijos de la iglesia a la vez que padres de ella. Es así que el Apóstol Pablo dice que es el padre de los miembros de la iglesia de Corinto, a la vez que
es la madre de los Gálatas, quien sufre dolores de parto por ellos (Ga 4:19).
La promesa es que la Iglesia se casa con Cristo: “como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo” (Is. 62:5). Por este texto no entendamos que la iglesia tiene muchos maridos, o que Cristo es uno de los esposos y los pastores son otros esposos. No es así, puesto que[1] aunque habla de los pastores como si estuvieran casados con la iglesia, sin embargo no es como si estuvieran en competencia con Cristo, ni que ellos están en la misma relación conyugal. La iglesia, propiamente hablando, tiene sólo un esposo; ella no es adúltera, sino que es una virgen desposada con el Cordero, siguiéndole a Él donde quiera que Él le guíe. Los ministros o pastores son simplemente los embajadores de Cristo, que le representan a Él, y protegen a la iglesia en nombre de Él, hasta que llegue el glorioso día de la Boda del Cordero con su iglesia (Apocalipsis 19); Por tanto:
CUANDO UN PASTOR PROPIAMENTE SE CASA CON UNA IGLESIA, LA RELACIÓN ES IGUAL A LA DE UN HOMBRE QUE SE CASA CON UNA VIRGEN.
La exposición de Edwards tiene que ver con el rol, o el quehacer, o el cargo de un pastor. Lo podremos entender bajo las siguientes propuestas:
A) EL PASTOR QUE ES LLAMADO POR DIOS LE SERVIRÁ COMO UN EMBAJADOR
Edwards dice que el ministro debe estar “propiamente llamado”, en sentido de las credenciales divinas esenciales para el cargo de embajador de Cristo. Al decir “propiamente llamado” quiere diferenciar entre aquel que en verdad es llamado por Dios y apartado por Él para hacerse cargo de la “novia” del Cordero, y otro que no tiene tal llamado ni tal comprensión de lo que es la Iglesia ni qué significa servir al Señor. Desea ser pastor por interés propio, por el prestigio de tener tal cargo, o por beneficios personales que supone tal cargo le dará. Se auto-nombra pastor, pero no tiene esas credenciales especiales de Embajador de Dios, pues Él no los ha llamado ni nombrado.
Para servir a la iglesia de Jesucristo, ha de tener el respaldo divino —igual que un embajador—pues, como indica el pasaje de Isaías, Dios desea darle a Su Iglesia ministros consagrados y capaces como fruto del amor tan grande que Él tiene para ella. Su propósito es derramar gran bendición y gloria espiritual sobre esa agrupación particular de su Iglesia universal. Ya que Su deseo es que la “gente” del mundo y los “reyes” de la tierra vean la “justicia” y “gloria” de Dios a
través de Su iglesia, y que ésta sea “corona de gloria en la mano de Jehová, y diadema de reino en la mano del Dios tuyo” (vss.2-3), el embajador ha de ser escogido y empoderado por el mismo Señor de la Iglesia. Al no ser así, no habrá ni la bendición ni la gloria espiritual que Dios desea darle a la iglesia.
B) EL PASTOR QUE ES LLAMADO POR DIOS RECIBIRÁ SUS CREDENCIALES DE LO ALTO
En segundo lugar, al decir “propiamente llamado” se trata de las credenciales espirituales que Dios da al pastor. Estas no le vienen porque hombres han impuesto sus manos sobre él, como se suele hacer al seguir ciertas tradiciones u observando ciertas costumbres eclesiásticas. Hay
que cuidar que en tales actos de consagración se sigan normas que sean aceptables a Dios, ya que el ministro es representante de Él y no de los hombres. Su nombramiento a una iglesia debe hacerse en conformidad al criterio divino, de forma santa, pura, y de corazón abierto ante Dios.
Si en verdad el ministro es hombre de Dios, nombrado por Él para servir a una congregación, ha de esperarse un acompañamiento correspondiente de bendición que viene de parte de Dios. En tal caso, han de haber grandes expectativas espirituales tanto por parte del pastor como por parte de la congregación. Por esto, el pastor tomará su cargo responsablemente. Por su parte, la congregación lo recibirá como el enviado de Dios. Sólo así habrá ese tipo de unión que se asemeja a la de un desposado con su novia.
C) EL PASTOR QUE ES LLAMADO POR DIOS AMARÁ A LA IGLESIA
El que propiamente es llamado por Dios (en el sentido espiritual de que hablamos) evidenciará un amor genuino por toda la iglesia de Cristo, no importa a donde esta esté, ni de qué denominación sea la iglesia. Reconoce a toda Iglesia evangélica como objeto especial del amor de Jesucristo.Por tanto él también la amará, y sentirá responsabilidad especial de ayudar a su membresía y a servirla. Ya que es embajador y representante especial del Esposo, ha de ser recibido y escuchado con toda la dignidad correspondiente.
Sin embargo, aunque debe amar a toda la iglesia, su preocupación especial será para con la congregación particular a la cual él ha sido llamado. Como encargado en nombre de Cristo Jesús, ha de entregarse a esa iglesia, trabajar por ella, amarla, honrarla, confortarla en tiempos malos como en buenos, y velar por su bien —tanto espiritual como material— sin egoísmo, igual que cualquier esposo haría con la novia con que se ha casado.
Para usar otro simbolismo, el pastor no sólo es “esposo” de la iglesia, pero también es el “ángel” de la iglesia (Ap. 2:1, 8, 12, 18; 3:1, 7, 14), en el sentido que los ángeles son ministros especiales de Dios para hacer todo lo que Él les ordena. Igualmente podríamos dar la interpretación a Apocalipsis 14:6 de que el “ángel” allí nombrado representa a todos los pastores (desde la ascensión de Cristo hasta Su retorno) a los cuales Él entregó el mensaje del “evangelio para
predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo.”
D) EL PASTOR QUE ES LLAMADO POR DIOS LLENARÁ DE GOZO A LA IGLESIA
Cuando propiamente ha habido la unión de un pastor con la iglesia, el resultado es parecido a la unión de un hombre con una mujer. Hay afecto mutuo y evidencia de amor. Los dos se llevan con cariño especial, se aman de corazón. El esposo se entrega a la novia con toda limpieza y pureza, igual que ella se presenta a él en la pureza de su virginidad.
Es así que un ministro llamado por Dios, que entiende su rol, se entrega a la iglesia. No es motivado por ganancia ni por ventajas personales, fueran cuales fueran, sino por amor sincero y afecto puro. La congregación igualmente le presta su estima y afecto santo, no porque lo admiran como hombre o por su sabiduría, capacidad o elocuencia, sino como aquel que viene como
mensajero del Dios Altísimo, llegando a ellos con una encomienda especial del cielo, y con las calificaciones santas que reflejan las virtudes del mismo Cordero de Dios.
Así como en el pacto matrimonial el desposado y la novia se entregan el uno al otro, igualmente en nombre de Cristo el pastor se entrega a la congregación, con votos sinceros, prometiendo a ellos ser fiel pastor ante Dios mientras tanto el Señor en su providencia le permita servirlos. Ellos, a su vez, en votos santos le entregan el cuidado de sus almas, y se someten a su sagrada dirección, atentos a sus enseñanzas, las cuales han de ser bíblicas y correctas, si es que en
verdad representa a Dios.
Tal unión produce gran gozo. El pastor se entrega a su trabajo, dispuesto a dar todo lo que es y tiene para el bien de la congregación, y ellos se dedican a escucharlo y a recibir con gozo las instrucciones y enseñanzas que Dios da a través de él. Así ambos llegan a ser de gozo mutuo, como decía el apóstol Pablo: “Para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros” (Ro. 15:32) y “como también en parte habéis entendido que somos vuestra gloria, así como también vosotros la nuestra” (2 Co. 1:14).
E) EL PASTOR QUE ES LLAMADO POR DIOS VELARÁ POR EL BIEN ESPIRITUAL DE LA IGLESIA
Otro beneficio de esta unión es que el pastor, con la bendición de Dios, busca la manera de fortalecer, nutrir, ministrar, y promover el bien espiritual de cada miembro. Les advierte de los peligros, les muestra los delicados pastos, los protege del engaño, los llena de la Palabra, buscando la paz y prosperidad espiritual de ellos.
A su vez la congregación, sintiéndose satisfecha, busca la manera de que el pastor esté contento con ellos, supliéndole cuantas cosas sean esenciales para su comodidad, aliviándole las cargas materiales para que pueda seguir ministrándoles con gozo y bien. Cuando el pastor cruza por valles difíciles ministrándoles a ellos, la congregación lo respaldan y se unen a él para animarle,
como hicieron los creyentes de la antigüedad: “Levántate, porque esta es tu obligación, y nosotros estaremos contigo; esfuérzate y pon mano a la obra” (Esd. 10: 4).
Es así que se establece entre pastor y congregación una feliz unión. Cuando el pueblo sufre, el pastor sufre con ellos. Cuando ve sus almas afligidas, él se siente afligido. Como dijera el apóstol: “¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se hace tropezar, y yo no me indigno?” (2 Corintios 11:29); “Hemos sido consolados con vuestra consolación” (2 Corintios 7:13). Por su parte, la congregación también entra en las pruebas de él: “Bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación” (Filipenses 4:14), “para que cuando llegue no tenga tristeza de parte de aquellos de quienes me debiera gozar” (2 Corintios 2: 3).
F) EL PASTOR QUE ES LLAMADO POR DIOS ESTIMULARA A LA IGLESIA A TENER MUCHOS HIJOS
Finalmente, cuando propiamente ha habido una unión de pastor con congregación, se verán los frutos, igual que cuando un matrimonio se casa. Hay fruto particular. No sólo se siente el pastor animado y gozoso con su relación con la congregación pero, al verles crecer en gracia, conocimiento y en obediencia a Dios, comienza a ver entre ellos avance espiritual y vidas
cambiadas, las primicias del fruto palpable de su ministerio. En cuanto a la congregación, al verse satisfecha con lo que recibe en bienes espirituales, se siente con ánimo hacia el pastor y desea bendecirle palpablemente como ven a bien. Así hay gozo y gran provecho de ambas partes.
Pero el fruto no termina ahí. Bajo esta hermosa unión de pastor con congregación, y la obediencia de ambos a Dios, se comienza a ver almas en el vecindario tocadas por el Espíritu de Dios. La iglesia comienza a evidenciar los beneficios de programas de evangelismo. Los vecinos se convierten. Se ve la riqueza del discipulado entre los nuevos creyentes. El sentir en la iglesia
lo expresa Isaías: “Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca tuvo parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová” (Is 54: 1). También 1 Pedro 2: 2: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación”.
La Insensatez de la Indeterminación en la Religión
Por: Jonatán Edwards
Prédica, 1734
"Y Elías vino a todo el pueblo, y dijo: ¿Hasta cuándo van a cojear entre dos pensamientos? Si el Señor es Dios, síganle; pero si es Baal, entonces síganle a él. Y el pueblo no le respondió ni una palabra." (1 Reyes 18:21)
Es la manera de Dios, antes de dar alguna señal de Su misericordia al pueblo, prepararlo primero para ello; y antes de quitar algún juicio que El trajo sobre ellos por sus pecados, El quiere que primero el pueblo abandone estos pecados que provocaron el juicio. Tenemos un ejemplo de esto en el contexto.
Hubo hambre en Israel. No había caído ni lluvia ni rocío por tres años y seis meses. Esta hambruna fue un juicio por la idolatría del pueblo. Ahora Dios estaba por quitar este juicio. Entonces, para preparar al pueblo, envía a Elías para convencerles de la insensatez de la idolatría, y para llevarles al arrepentimiento.
Para hacer esto, Elías se presenta ante el rey Acab, y le instruye a juntar a todo Israel en el monte Carmelo, y a todos los profetas de Baal, para determinar el asunto y acabar con la controversia, si Jehová era Dios o si Baal lo era. Para esto, Elías propone que él iba a tomar un buey, y los profetas de Baal otro buey, y que cada uno corte su buey en pedazos, lo ponga sobre leña, pero sin encender fuego; y el Dios que iba a responder con fuego, sería el Dios verdadero.
En esa ocasión, Elías dijo al pueblo las palabras: "¿Hasta cuándo van a cojear entre dos pensamientos? Si el Señor es Dios, síganle; pero si es Baal, entonces síganle a él." - Y el pueblo no le respondió nada.
En estas palabras podemos observar:
1. Cómo Elías reprende al pueblo por estar cojeando tanto tiempo entre dos pensamientos.
Los dos pensamientos eran, si el Señor era Dios, o si Baal era Dios. Hubo algunos en Israel que estaban completamente del lado de Baal, y rechazaban completamente al Dios verdadero, como Jezabel y los profetas de Baal. Y hubo algunos que estaban completamente del lado del Dios de Israel, y completamente rechazaban a Baal, como Dios dijo a Elías que "él se había reservado en Israel a siete mil que se no habían arrodillado ante Baal", 1 Reyes 19:18.
Pero el resto del pueblo cojeaba entre las dos opiniones. No sabían cuál escoger; y muchos no tenían ninguna religión en absoluto; no estaban determinados en nada; estaban confundidos entre las diferentes opiniones. Muchos de los que profesaban creer en el Dios verdadero, estaban fríos e indiferentes.
2. Esta reprensión implica que el cojear entre dos pensamientos es insensatez.
"Si el Señor es Dios, síganle; pero si es Baal, entonces síganle a él." Esto implica que el pueblo debería decidirse por el uno o por el otro. - Observamos el silencio del pueblo. Parece que en sus conciencias fueron convencidos de su insensatez; ellos no tenían nada que responder para justificarse.
Enseñanza: La indeterminación en la religión es muy insensata.
I. Muchas personas permanecen muy indeterminados en cuanto a la religión. Muchos que son bautizados, y profesan su religión, y parecen ser cristianos, están en sus mentes todavía cojeando entre dos pensamientos: nunca llegaron plenamente a una conclusión de si quieren ser cristianos o no. Fueron enseñados la religión cristiana en su niñez, y escuchan la prédica de la Biblia, pero continúan y crecen y envejecen en un estado no resuelto de si quieren comprometerse con el cristianismo o no; y muchos continúan así toda su vida.
1. Algunas personas nunca determinaron en sus mentes, si hay alguna verdad en la religión o no. Escucharon de las cosas de la religión desde su niñez, pero nunca llegaron a una conclusión en su mente de si esto es real o fantasía. En particular, algunos nunca determinaron en sus mentes si existe algo así como la conversión. Escucharon hablar mucho de ello, y saben que muchos pretenden haberlo experimentado; pero nunca resolvieron si todo esto quizás sería solo hipocresía y pretensión.
Algunos nunca llegan a una determinación de si las Escrituras son realmente la palabra de Dios, o el invento de hombres; y si las historias acerca de Jesucristo quizás son solo fábulas. Temen que todo es verdad, pero a veces dudan mucho de ellos. Cuando escuchan argumentos a favor, asientan que es verdad; pero cuando surge una pequeña objeción o tentación, lo cuestionan otra vez; así siempre vacilan y nunca se deciden.
2. Algunos nunca determinaron si desean entregarse a la práctica de la religión. Probablemente la mayoría decide ser religiosos en algún momento antes de morir; porque nadie desea ir al infierno. Pero siempre postergan la decisión, y nunca llegan a una conclusión en cuanto a su práctica en el presente.
Hay muchos que nunca resolvieron el asunto de buscar, y dedicarse seriamente, a la salvación. Se halagan a sí mismos que podrían obtener la salvación aunque no la buscan tan seriamente, aunque se preocupan más por los asuntos del mundo que por su salvación. Escucharon muchas veces que debían buscar la salvación con todas sus fuerzas, pero nunca se convencen realmente de ello.
Muchos nunca determinaron cuál parte escoger. Hay solo dos posibilidades que Dios ofrece al hombre: una es este mundo, con los placeres y beneficios del pecado, a los que sigue la miseria eterna; la otra es el cielo y la gloria eterna, con una vida negándose a sí mismo y respetando todos los mandamientos de Dios.
Muchos nunca llegan a una decisión entre los dos. Quisieran tener el cielo y este mundo también; quisieran tener la salvación y el placer del pecado también. Pero considerando el cielo y el mundo como Dios los ofrece, no tendrán ninguno de los dos. Dios ofrece el cielo solo con la negación de sí mismo y las dificultades que están en el camino; y ellos no quieren tener el cielo con estas condiciones. Dios ofrece el mundo y los placeres del pecado solo junto con la miseria eterna; y así ellos no quieren el mundo tampoco.
De hecho, en la práctica y en efecto, ellos escogen el pecado y el infierno. Pero en sus propias mentes no llegan a una conclusión. Mientras no encuentran ninguna dificultad o tentación, y pueden hacer su deber, como dicen, sin herirse mucho a sí mismos ni negarse mucho sus inclinaciones carnales, parecen escoger el cielo y la santidad. En otros momentos, cuando encuentran dificultades en su deber, y grandes tentaciones de beneficios mundanos, entonces escogen el mundo, y se apartan del cielo y de la santidad.
Así pasan su vida sin decidirse, aunque en la práctica escogieron el servicio de satanás. De estas personas dice Santiago en 1:8: "El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos."
II. Continuar en este estado indeterminado en las cosas de la religión, es muy insensato, por las siguientes razones:
1. Las cosas de la religión son de suma importancia para nosotros. Si Dios existe o no; si las Escrituras son la palabra de Dios o no; si Cristo es el Hijo de Dios o no; si existe la conversión o no - esto hace una diferencia infinita en nuestra vida. Por tanto estamos bajo la más grande obligación de resolver en nuestras mentes si estas cosas son verdad o no. El que permanece indeterminado, y no investiga en estas cosas, actúa de manera muy insensata. En vez de buscar e investigar acerca de los argumentos a favor y en contra, ocupan sus mentes con cosas infinitamente menos importantes; y actúan como si no les importaría si existe la eternidad.
Ningún hombre sabio se quedaría insatisfecho en esta pregunta; porque si la eternidad existe como las Escrituras aseguran, entonces cada uno de nosotros tiene su parte allí, o en el lugar de la recompensa eterna, o en el lugar del castigo eterno. Entonces no podemos quedarnos indiferentes hacia estos asuntos. Se trata de estados opuestos, no solo por algunos días en este mundo, sino por toda la eternidad. Es una locura infinita no llegar a una determinación.
2. Dios nos creó como criaturas razonables, capaces de determinar de manera racional. Dios hizo al hombre capaz de descubrir la verdad en los asuntos de la religión. La solución de estas preguntas no es más allá de nuestras capacidades.
Dios dio al hombre suficiente entendimiento para que pueda determinar qué es lo mejor, llevar una vida de negarse a sí mismo y disfrutar de la felicidad eterna, o disfrutar del pecado y quemar en el infierno para siempre. La pregunta no es difícil - la razón de un niño sería suficiente para determinarla. Por tanto, los hombres que permanecen indeterminados, actúan no como criaturas razonables, sino "como el caballo y el mulo, que no tienen entendimiento" (Sal.32:9).
3. Dios pone en nuestras manos la oportunidad de decidir nosotros mismos. ¿Qué mejor oportunidad puede desear un hombre, que tener la libertad de escoger su propio destino? Dios ha puesto la vida y la muerte delante de nosotros (Deut.30:19). Por tanto, los que descuidan su decisión, actúan de manera irrazonable, porque están tapando su propia luz, y descuidan una oportunidad tan gloriosa.
4. No tenemos muchas opciones entre las que escoger, sino solamente dos: la vida o la muerte, la bendición o la maldición, una vida de obediencia perseverante con gloria eterna, o una vida mundana, carnal, malvada, con miseria eterna. Si tuviéramos muchas opciones, y muchas de ellas tuvieran casi el mismo valor, entonces sería más entendible si alguien se queda indeciso por mucho tiempo. Pero hay solo dos alternativas.
Y hay solo dos estados en este mundo: el estado del pecado y el estado de santidad; el estado natural y el estado convertido. Hay solo dos caminos para viajar, el camino angosto que lleva a la vida, y el camino ancho que lleva a la destrucción.
5. Dios nos ha dado toda la ayuda para decidir. Las Escrituras están abiertas ante nosotros, y todas las doctrinas del evangelio están expuestas, con sus razones y evidencias. Podemos buscar y probar su fuerza y suficiencia a nuestro antojo.
Tenemos claramente expuestas ante nosotros las ventajas de ambos lados; la pérdida y la ganancia están específicamente declaradas. Cristo nos dijo fielmente lo que recibiremos, y lo que perderemos, al hacernos Sus seguidores. También nos dijo lo que recibiremos, y lo que perderemos, con una vida de pecado.
El nos dijo claramente que debemos tomar la cruz diariamente y seguirle a El; que debemos aborrecer a padre y madre, y esposa ye hijos, y hermanos y hermanas, y aun nuestra propia vida, para ser Sus discípulos. Tenemos la oportunidad de calcular el costo imparcialmente por ambos lados, y somos instruidos a hacerlo (Luc.14:28). - Cuán irrazonable es, entonces, permanecer indeciso y no llegar a una conclusión de si uno quiere ser cristiano o pagano, ser de Dios o del diablo.
6. No podemos esperar estar más tarde en mejores condiciones para decidir que ahora. Nunca tendremos una revelación más clara de la verdad del evangelio; nunca tendremos una exposición más clara de las ventajas y desventajas de ambos lados como ya la tenemos en la palabra de Dios; y no es probable que algún día sepamos mejor qué es bueno para nosotros. Entonces, los que postergan su decisión, solo están dando a satanás más oportunidad de oscurecer sus mentes, de engañarles y de llevarles por el camino equivocado.
7. Si alguién no llega a una decisión en esta vida, Dios decidirá por él, y le dará su parte con los malvados. Si los pecadores, al negarse a escoger o el cielo o el infierno, pudieran evitar ambos, su necedad no sería tan grande. Pero este no es el caso; si ellos permanecen indecisos, Dios decidirá por ellos, y su parte será en el lago que arde con fuego y azufre para siempre.
8. El que posterga la decisión es irrazonable, porque no sabe cuán pronto habrá pasado la oportunidad de decidir. Esta oportunidad dura solamente mientras estamos con vida; una vez que acaba la vida, el asunto estará cerrado.
Aquellos que perdieron esta oportunidad, estarían felices si pudieran escoger después; entonces no dudarían en qué escoger. Los juicios de los pecadores, después de esta vida, se resuelven rápidamente. Pero entonces será demasiado tarde; su oportunidad pasó. Ellos darían el mundo entero por una segunda oportunidad de escoger; pero no la tendrán.
APLICACIÓN
I. Que cada uno se examine a sí mismo, si ya llegó a una determinación plena en el asunto de la religión.
Primero, ¿ya llegaste a una determinación plena en cuanto a la verdad de la religión? ¿o queda todavía una cuestión no resuelta?
1. Si tu razón principal para aceptar la verdad de la religión es, que otros lo creen, y que te han instruido así desde niño; entonces para ti la verdad de la religión todavía está indeterminada. La tradición y la educación nunca asegurarán la mente en una fe satisfactoria y eficiente en la verdad. Una tal fe no soportará ningún choque; una tentación o una prueba la derribará fácilmente.
Hay multitudes que parecen estar seguros en la verdad de la religión, pero el fundamento de su fe es solo la tradición de sus padres, o la religión de sus prójimos; y temo que este es el caso de muchos que se consideran buenos cristianos. Mientras nunca han visto alguna otra evidencia para satisfacerles, están todavía cojeando entre dos pensamientos.
2. Si llegaste plenamente a una determinación en cuanto a la verdad de la religión, entonces estas cosas tendrán para ti más peso que cualquier cosa en el mundo. Si estás realmente convencido de que esto es realidad, entonces necesariamente esto te influenciará más que cualquier cosa del mundo; porque estas cosas (de la religión) son tan grandes, y exceden tanto las cosas temporales, que no puede ser de otra manera. El que realmente está convencido de que el cielo y el infierno existen, y el juicio eterno; y que la felicidad y la miseria del futuro son tan grandes como las Escrituras lo representan; y que Dios es tan santo, justo, y celoso, como El declaró acerca de sí mismo; el que realmente está convencido de todo esto, será influenciado por ello más que por cualquier cosa del mundo. Se preocupará más por escapar de la condenación eterna y por tener el favor de Dios y la vida eterna, que por ganar el mundo, agradar a la carne, complacer a sus prójimos, recibir honra, o ganar cualquier ventaja temporal. Su preocupación principal no será, "¿qué comeremos, y qué beberemos?" (Mat.6:31), sino "buscará primero el reino de Dios y su justicia" (Mat.6:33).
Examínate en este punto. ¿No está puesto tu corazón primeramente hacia el mundo y sus cosas? ¿No es tu preocupación asegurar tus intereses externos, más que asegurar tu interés en el cielo? ¿Y no es esta la razón por qué nunca viste la realidad de las cosas eternas?
Segundo, ¿ya llegaste a una determinación respecto a la práctica de la religión?
¿Escogiste el cielo junto con el camino que lleva allá, o sea, la obediencia y negarte a ti mismo, y renunciaste a este mundo y los caminos del pecado? ¿Has determinado elegir como lo mejor, dedicarte al servicio de Dios?
Las siguientes son señales de que los hombres cojean entre dos pensamientos en este asunto:
1. Postergar el deber para después. Si alguien tiene muy buenas intenciones en cuanto a lo que hará mañana, pero actos muy insatisfactorios hoy; si dice como Félix: "Anda por esta vez, te volveré a llamar cuando tenga un tiempo conveniente" (Hech.24:25) - entonces es una señal de que está cojeando entre dos pensamientos. Aquellos que decidieron plenamente que la religión es necesaria, no desearán postergarla, sino se ocuparán de ella en el presente e inmediatamente.
2. Igualmente, cuando alguien es estrico y concienzudo en algunas cosas, pero no universal en su obediencia; hace algunos deberes pero omite otros; evita algunos pecados pero se permite otros; está consciente de sus deberes de adoración pública y privada, pero no de su comportamiento con sus prójimos; no es justo en sus negocios, ni concienzudo en pagar sus deudas; no trata a los demás en la manera que él mismo quisiera ser tratado, pero actúa en maneras torcidas y perversas.
Lo mismo, cuando alguien es justo en sus negocios y se comporta bien con sus prójimos, pero no es concienzudo en otras cosas: se permite apetitos sensuales, come o bebe en exceso, o se permite la lascivia; o si es honesto y moderado, pero no domina el uso de su lengua, calumniando e insultando a sus prójimos - 2 Tim.3:6-7.
3. Es una señal de que estás cojeando entre dos pensamientos, si a veces estás considerablemente dedicado a la religión, pero en otros momentos la descuidas; a veces estás resuelto a buscar seriamente la salvación, y en otros momentos completamente absorbido en las cosas del mundo.
Esto demuestra que todavía eres inconstante en todos tus caminos. Si tu determinación fuera fija en la religión, entonces estarías más constante en tu práctica.
4. Es una señal de que estás cojeando entre dos pensamientos, si evitas tu deber cuando alguna dificultad viene en tu camino, o cuando tu deber interfiere con tus propios intereses, con tu comodidad, o con tu honra temporal. No importa cuan celoso y estricto seas normalmente en las cosas de la religión, todavía no llegaste a una determinación plena. A lo más, llegaste hasta donde llegó el rey Agrippa, quien fue casi persuadido a volverse cristiano (Hech.26:28). Estás en el estado de la tierra pedregosa, no tienes raíz en ti, y como un árbol sin raíz, estás fácilmente derribado por cualquier viento.
II. Concluiré con una exhortación seria a todos, de no seguir cojeando entre dos pensamientos, sino llegar inmediatamente a una determinación, si desean ser cristianos o no. Decide si deseas tener el cielo, con una vida de obediencia universal y perseverante; o el infierno, con una vida disfrutando de este mundo. - Considera lo que fue dicho, demostrando la insensatez de continuar en tal indecisión acerca de un asunto de infinita importancia para ti. - Considera, además, estos dos puntos:
1. Aquellos que viven en conocimiento del evangelio, y continúan indecisos en cuanto a la religión, son más abominables para Dios que los paganos. El odia a aquellos que continúan año tras año bajo los llamados, y advertencias, e instrucciones de la palabra de Dios, y sin embargo no llegan a ninguna determinación y no quieren ser ni cristianos ni paganos. Estos son de los que habla Apocalipsis 3:15-16: "Yo conozco tus obras, que no eres ni frío ni caliente. ¡Oh, si fueras frío o caliente! Así como eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca." Estos son los que "siempre están aprendiendo, y nunca llegan al conocimiento de la verdad" (2 Tim.3:7).
2. Si sigues negándote a llegar a una determinación de si quieres ser cristiano o no, ¡cuán justo sería, si Dios no te diera ninguna oportunidad futura! Si rehúsas decidirte en absoluto - después de todo lo que fue hecho para exponer la vida y la muerte tan claramente delante de ti, llamándote y advirtiéndote -, cuán justo sería, si Dios rehusara seguir esperándote, y en lugar de ello, por su sentencia inalterable, fijara tu lugar con los incrédulos, y te enseñara la verdad por medio de una experiencia triste y fatal, cuando sea demasiado tarde para escoger tu parte.
Prédica, 1734
"Y Elías vino a todo el pueblo, y dijo: ¿Hasta cuándo van a cojear entre dos pensamientos? Si el Señor es Dios, síganle; pero si es Baal, entonces síganle a él. Y el pueblo no le respondió ni una palabra." (1 Reyes 18:21)
Es la manera de Dios, antes de dar alguna señal de Su misericordia al pueblo, prepararlo primero para ello; y antes de quitar algún juicio que El trajo sobre ellos por sus pecados, El quiere que primero el pueblo abandone estos pecados que provocaron el juicio. Tenemos un ejemplo de esto en el contexto.
Hubo hambre en Israel. No había caído ni lluvia ni rocío por tres años y seis meses. Esta hambruna fue un juicio por la idolatría del pueblo. Ahora Dios estaba por quitar este juicio. Entonces, para preparar al pueblo, envía a Elías para convencerles de la insensatez de la idolatría, y para llevarles al arrepentimiento.
Para hacer esto, Elías se presenta ante el rey Acab, y le instruye a juntar a todo Israel en el monte Carmelo, y a todos los profetas de Baal, para determinar el asunto y acabar con la controversia, si Jehová era Dios o si Baal lo era. Para esto, Elías propone que él iba a tomar un buey, y los profetas de Baal otro buey, y que cada uno corte su buey en pedazos, lo ponga sobre leña, pero sin encender fuego; y el Dios que iba a responder con fuego, sería el Dios verdadero.
En esa ocasión, Elías dijo al pueblo las palabras: "¿Hasta cuándo van a cojear entre dos pensamientos? Si el Señor es Dios, síganle; pero si es Baal, entonces síganle a él." - Y el pueblo no le respondió nada.
En estas palabras podemos observar:
1. Cómo Elías reprende al pueblo por estar cojeando tanto tiempo entre dos pensamientos.
Los dos pensamientos eran, si el Señor era Dios, o si Baal era Dios. Hubo algunos en Israel que estaban completamente del lado de Baal, y rechazaban completamente al Dios verdadero, como Jezabel y los profetas de Baal. Y hubo algunos que estaban completamente del lado del Dios de Israel, y completamente rechazaban a Baal, como Dios dijo a Elías que "él se había reservado en Israel a siete mil que se no habían arrodillado ante Baal", 1 Reyes 19:18.
Pero el resto del pueblo cojeaba entre las dos opiniones. No sabían cuál escoger; y muchos no tenían ninguna religión en absoluto; no estaban determinados en nada; estaban confundidos entre las diferentes opiniones. Muchos de los que profesaban creer en el Dios verdadero, estaban fríos e indiferentes.
2. Esta reprensión implica que el cojear entre dos pensamientos es insensatez.
"Si el Señor es Dios, síganle; pero si es Baal, entonces síganle a él." Esto implica que el pueblo debería decidirse por el uno o por el otro. - Observamos el silencio del pueblo. Parece que en sus conciencias fueron convencidos de su insensatez; ellos no tenían nada que responder para justificarse.
Enseñanza: La indeterminación en la religión es muy insensata.
I. Muchas personas permanecen muy indeterminados en cuanto a la religión. Muchos que son bautizados, y profesan su religión, y parecen ser cristianos, están en sus mentes todavía cojeando entre dos pensamientos: nunca llegaron plenamente a una conclusión de si quieren ser cristianos o no. Fueron enseñados la religión cristiana en su niñez, y escuchan la prédica de la Biblia, pero continúan y crecen y envejecen en un estado no resuelto de si quieren comprometerse con el cristianismo o no; y muchos continúan así toda su vida.
1. Algunas personas nunca determinaron en sus mentes, si hay alguna verdad en la religión o no. Escucharon de las cosas de la religión desde su niñez, pero nunca llegaron a una conclusión en su mente de si esto es real o fantasía. En particular, algunos nunca determinaron en sus mentes si existe algo así como la conversión. Escucharon hablar mucho de ello, y saben que muchos pretenden haberlo experimentado; pero nunca resolvieron si todo esto quizás sería solo hipocresía y pretensión.
Algunos nunca llegan a una determinación de si las Escrituras son realmente la palabra de Dios, o el invento de hombres; y si las historias acerca de Jesucristo quizás son solo fábulas. Temen que todo es verdad, pero a veces dudan mucho de ellos. Cuando escuchan argumentos a favor, asientan que es verdad; pero cuando surge una pequeña objeción o tentación, lo cuestionan otra vez; así siempre vacilan y nunca se deciden.
2. Algunos nunca determinaron si desean entregarse a la práctica de la religión. Probablemente la mayoría decide ser religiosos en algún momento antes de morir; porque nadie desea ir al infierno. Pero siempre postergan la decisión, y nunca llegan a una conclusión en cuanto a su práctica en el presente.
Hay muchos que nunca resolvieron el asunto de buscar, y dedicarse seriamente, a la salvación. Se halagan a sí mismos que podrían obtener la salvación aunque no la buscan tan seriamente, aunque se preocupan más por los asuntos del mundo que por su salvación. Escucharon muchas veces que debían buscar la salvación con todas sus fuerzas, pero nunca se convencen realmente de ello.
Muchos nunca determinaron cuál parte escoger. Hay solo dos posibilidades que Dios ofrece al hombre: una es este mundo, con los placeres y beneficios del pecado, a los que sigue la miseria eterna; la otra es el cielo y la gloria eterna, con una vida negándose a sí mismo y respetando todos los mandamientos de Dios.
Muchos nunca llegan a una decisión entre los dos. Quisieran tener el cielo y este mundo también; quisieran tener la salvación y el placer del pecado también. Pero considerando el cielo y el mundo como Dios los ofrece, no tendrán ninguno de los dos. Dios ofrece el cielo solo con la negación de sí mismo y las dificultades que están en el camino; y ellos no quieren tener el cielo con estas condiciones. Dios ofrece el mundo y los placeres del pecado solo junto con la miseria eterna; y así ellos no quieren el mundo tampoco.
De hecho, en la práctica y en efecto, ellos escogen el pecado y el infierno. Pero en sus propias mentes no llegan a una conclusión. Mientras no encuentran ninguna dificultad o tentación, y pueden hacer su deber, como dicen, sin herirse mucho a sí mismos ni negarse mucho sus inclinaciones carnales, parecen escoger el cielo y la santidad. En otros momentos, cuando encuentran dificultades en su deber, y grandes tentaciones de beneficios mundanos, entonces escogen el mundo, y se apartan del cielo y de la santidad.
Así pasan su vida sin decidirse, aunque en la práctica escogieron el servicio de satanás. De estas personas dice Santiago en 1:8: "El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos."
II. Continuar en este estado indeterminado en las cosas de la religión, es muy insensato, por las siguientes razones:
1. Las cosas de la religión son de suma importancia para nosotros. Si Dios existe o no; si las Escrituras son la palabra de Dios o no; si Cristo es el Hijo de Dios o no; si existe la conversión o no - esto hace una diferencia infinita en nuestra vida. Por tanto estamos bajo la más grande obligación de resolver en nuestras mentes si estas cosas son verdad o no. El que permanece indeterminado, y no investiga en estas cosas, actúa de manera muy insensata. En vez de buscar e investigar acerca de los argumentos a favor y en contra, ocupan sus mentes con cosas infinitamente menos importantes; y actúan como si no les importaría si existe la eternidad.
Ningún hombre sabio se quedaría insatisfecho en esta pregunta; porque si la eternidad existe como las Escrituras aseguran, entonces cada uno de nosotros tiene su parte allí, o en el lugar de la recompensa eterna, o en el lugar del castigo eterno. Entonces no podemos quedarnos indiferentes hacia estos asuntos. Se trata de estados opuestos, no solo por algunos días en este mundo, sino por toda la eternidad. Es una locura infinita no llegar a una determinación.
2. Dios nos creó como criaturas razonables, capaces de determinar de manera racional. Dios hizo al hombre capaz de descubrir la verdad en los asuntos de la religión. La solución de estas preguntas no es más allá de nuestras capacidades.
Dios dio al hombre suficiente entendimiento para que pueda determinar qué es lo mejor, llevar una vida de negarse a sí mismo y disfrutar de la felicidad eterna, o disfrutar del pecado y quemar en el infierno para siempre. La pregunta no es difícil - la razón de un niño sería suficiente para determinarla. Por tanto, los hombres que permanecen indeterminados, actúan no como criaturas razonables, sino "como el caballo y el mulo, que no tienen entendimiento" (Sal.32:9).
3. Dios pone en nuestras manos la oportunidad de decidir nosotros mismos. ¿Qué mejor oportunidad puede desear un hombre, que tener la libertad de escoger su propio destino? Dios ha puesto la vida y la muerte delante de nosotros (Deut.30:19). Por tanto, los que descuidan su decisión, actúan de manera irrazonable, porque están tapando su propia luz, y descuidan una oportunidad tan gloriosa.
4. No tenemos muchas opciones entre las que escoger, sino solamente dos: la vida o la muerte, la bendición o la maldición, una vida de obediencia perseverante con gloria eterna, o una vida mundana, carnal, malvada, con miseria eterna. Si tuviéramos muchas opciones, y muchas de ellas tuvieran casi el mismo valor, entonces sería más entendible si alguien se queda indeciso por mucho tiempo. Pero hay solo dos alternativas.
Y hay solo dos estados en este mundo: el estado del pecado y el estado de santidad; el estado natural y el estado convertido. Hay solo dos caminos para viajar, el camino angosto que lleva a la vida, y el camino ancho que lleva a la destrucción.
5. Dios nos ha dado toda la ayuda para decidir. Las Escrituras están abiertas ante nosotros, y todas las doctrinas del evangelio están expuestas, con sus razones y evidencias. Podemos buscar y probar su fuerza y suficiencia a nuestro antojo.
Tenemos claramente expuestas ante nosotros las ventajas de ambos lados; la pérdida y la ganancia están específicamente declaradas. Cristo nos dijo fielmente lo que recibiremos, y lo que perderemos, al hacernos Sus seguidores. También nos dijo lo que recibiremos, y lo que perderemos, con una vida de pecado.
El nos dijo claramente que debemos tomar la cruz diariamente y seguirle a El; que debemos aborrecer a padre y madre, y esposa ye hijos, y hermanos y hermanas, y aun nuestra propia vida, para ser Sus discípulos. Tenemos la oportunidad de calcular el costo imparcialmente por ambos lados, y somos instruidos a hacerlo (Luc.14:28). - Cuán irrazonable es, entonces, permanecer indeciso y no llegar a una conclusión de si uno quiere ser cristiano o pagano, ser de Dios o del diablo.
6. No podemos esperar estar más tarde en mejores condiciones para decidir que ahora. Nunca tendremos una revelación más clara de la verdad del evangelio; nunca tendremos una exposición más clara de las ventajas y desventajas de ambos lados como ya la tenemos en la palabra de Dios; y no es probable que algún día sepamos mejor qué es bueno para nosotros. Entonces, los que postergan su decisión, solo están dando a satanás más oportunidad de oscurecer sus mentes, de engañarles y de llevarles por el camino equivocado.
7. Si alguién no llega a una decisión en esta vida, Dios decidirá por él, y le dará su parte con los malvados. Si los pecadores, al negarse a escoger o el cielo o el infierno, pudieran evitar ambos, su necedad no sería tan grande. Pero este no es el caso; si ellos permanecen indecisos, Dios decidirá por ellos, y su parte será en el lago que arde con fuego y azufre para siempre.
8. El que posterga la decisión es irrazonable, porque no sabe cuán pronto habrá pasado la oportunidad de decidir. Esta oportunidad dura solamente mientras estamos con vida; una vez que acaba la vida, el asunto estará cerrado.
Aquellos que perdieron esta oportunidad, estarían felices si pudieran escoger después; entonces no dudarían en qué escoger. Los juicios de los pecadores, después de esta vida, se resuelven rápidamente. Pero entonces será demasiado tarde; su oportunidad pasó. Ellos darían el mundo entero por una segunda oportunidad de escoger; pero no la tendrán.
APLICACIÓN
I. Que cada uno se examine a sí mismo, si ya llegó a una determinación plena en el asunto de la religión.
Primero, ¿ya llegaste a una determinación plena en cuanto a la verdad de la religión? ¿o queda todavía una cuestión no resuelta?
1. Si tu razón principal para aceptar la verdad de la religión es, que otros lo creen, y que te han instruido así desde niño; entonces para ti la verdad de la religión todavía está indeterminada. La tradición y la educación nunca asegurarán la mente en una fe satisfactoria y eficiente en la verdad. Una tal fe no soportará ningún choque; una tentación o una prueba la derribará fácilmente.
Hay multitudes que parecen estar seguros en la verdad de la religión, pero el fundamento de su fe es solo la tradición de sus padres, o la religión de sus prójimos; y temo que este es el caso de muchos que se consideran buenos cristianos. Mientras nunca han visto alguna otra evidencia para satisfacerles, están todavía cojeando entre dos pensamientos.
2. Si llegaste plenamente a una determinación en cuanto a la verdad de la religión, entonces estas cosas tendrán para ti más peso que cualquier cosa en el mundo. Si estás realmente convencido de que esto es realidad, entonces necesariamente esto te influenciará más que cualquier cosa del mundo; porque estas cosas (de la religión) son tan grandes, y exceden tanto las cosas temporales, que no puede ser de otra manera. El que realmente está convencido de que el cielo y el infierno existen, y el juicio eterno; y que la felicidad y la miseria del futuro son tan grandes como las Escrituras lo representan; y que Dios es tan santo, justo, y celoso, como El declaró acerca de sí mismo; el que realmente está convencido de todo esto, será influenciado por ello más que por cualquier cosa del mundo. Se preocupará más por escapar de la condenación eterna y por tener el favor de Dios y la vida eterna, que por ganar el mundo, agradar a la carne, complacer a sus prójimos, recibir honra, o ganar cualquier ventaja temporal. Su preocupación principal no será, "¿qué comeremos, y qué beberemos?" (Mat.6:31), sino "buscará primero el reino de Dios y su justicia" (Mat.6:33).
Examínate en este punto. ¿No está puesto tu corazón primeramente hacia el mundo y sus cosas? ¿No es tu preocupación asegurar tus intereses externos, más que asegurar tu interés en el cielo? ¿Y no es esta la razón por qué nunca viste la realidad de las cosas eternas?
Segundo, ¿ya llegaste a una determinación respecto a la práctica de la religión?
¿Escogiste el cielo junto con el camino que lleva allá, o sea, la obediencia y negarte a ti mismo, y renunciaste a este mundo y los caminos del pecado? ¿Has determinado elegir como lo mejor, dedicarte al servicio de Dios?
Las siguientes son señales de que los hombres cojean entre dos pensamientos en este asunto:
1. Postergar el deber para después. Si alguien tiene muy buenas intenciones en cuanto a lo que hará mañana, pero actos muy insatisfactorios hoy; si dice como Félix: "Anda por esta vez, te volveré a llamar cuando tenga un tiempo conveniente" (Hech.24:25) - entonces es una señal de que está cojeando entre dos pensamientos. Aquellos que decidieron plenamente que la religión es necesaria, no desearán postergarla, sino se ocuparán de ella en el presente e inmediatamente.
2. Igualmente, cuando alguien es estrico y concienzudo en algunas cosas, pero no universal en su obediencia; hace algunos deberes pero omite otros; evita algunos pecados pero se permite otros; está consciente de sus deberes de adoración pública y privada, pero no de su comportamiento con sus prójimos; no es justo en sus negocios, ni concienzudo en pagar sus deudas; no trata a los demás en la manera que él mismo quisiera ser tratado, pero actúa en maneras torcidas y perversas.
Lo mismo, cuando alguien es justo en sus negocios y se comporta bien con sus prójimos, pero no es concienzudo en otras cosas: se permite apetitos sensuales, come o bebe en exceso, o se permite la lascivia; o si es honesto y moderado, pero no domina el uso de su lengua, calumniando e insultando a sus prójimos - 2 Tim.3:6-7.
3. Es una señal de que estás cojeando entre dos pensamientos, si a veces estás considerablemente dedicado a la religión, pero en otros momentos la descuidas; a veces estás resuelto a buscar seriamente la salvación, y en otros momentos completamente absorbido en las cosas del mundo.
Esto demuestra que todavía eres inconstante en todos tus caminos. Si tu determinación fuera fija en la religión, entonces estarías más constante en tu práctica.
4. Es una señal de que estás cojeando entre dos pensamientos, si evitas tu deber cuando alguna dificultad viene en tu camino, o cuando tu deber interfiere con tus propios intereses, con tu comodidad, o con tu honra temporal. No importa cuan celoso y estricto seas normalmente en las cosas de la religión, todavía no llegaste a una determinación plena. A lo más, llegaste hasta donde llegó el rey Agrippa, quien fue casi persuadido a volverse cristiano (Hech.26:28). Estás en el estado de la tierra pedregosa, no tienes raíz en ti, y como un árbol sin raíz, estás fácilmente derribado por cualquier viento.
II. Concluiré con una exhortación seria a todos, de no seguir cojeando entre dos pensamientos, sino llegar inmediatamente a una determinación, si desean ser cristianos o no. Decide si deseas tener el cielo, con una vida de obediencia universal y perseverante; o el infierno, con una vida disfrutando de este mundo. - Considera lo que fue dicho, demostrando la insensatez de continuar en tal indecisión acerca de un asunto de infinita importancia para ti. - Considera, además, estos dos puntos:
1. Aquellos que viven en conocimiento del evangelio, y continúan indecisos en cuanto a la religión, son más abominables para Dios que los paganos. El odia a aquellos que continúan año tras año bajo los llamados, y advertencias, e instrucciones de la palabra de Dios, y sin embargo no llegan a ninguna determinación y no quieren ser ni cristianos ni paganos. Estos son de los que habla Apocalipsis 3:15-16: "Yo conozco tus obras, que no eres ni frío ni caliente. ¡Oh, si fueras frío o caliente! Así como eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca." Estos son los que "siempre están aprendiendo, y nunca llegan al conocimiento de la verdad" (2 Tim.3:7).
2. Si sigues negándote a llegar a una determinación de si quieres ser cristiano o no, ¡cuán justo sería, si Dios no te diera ninguna oportunidad futura! Si rehúsas decidirte en absoluto - después de todo lo que fue hecho para exponer la vida y la muerte tan claramente delante de ti, llamándote y advirtiéndote -, cuán justo sería, si Dios rehusara seguir esperándote, y en lugar de ello, por su sentencia inalterable, fijara tu lugar con los incrédulos, y te enseñara la verdad por medio de una experiencia triste y fatal, cuando sea demasiado tarde para escoger tu parte.
Pecadores en manos de un Dios airado
(Deuteronomio 32:35)
Famoso mensaje de Jonathan Edwars, predicado en 1741.
De todos los cultivos del cielo, sacaron a luz frutos amargos y venenosos; como en los dos versículos que preceden al texto. -La expresión que he escogido para mi texto, A su tiempo su pie resbalará, parece indicar las siguientes cosas con respecto al castigo y destrucción a que están expuestos estos impíos israelitas.
Implica que estuvieron siempre expuestos a una rápida destrucción repentina. Como el que camina en lugares resbaladizos está expuesto en cada momento a caer, no puede predecir si al siguiente momento permanecerá de pie o caerá; y cuando cae, cae de sopetón sin advertencia, lo cual está también expresado en el Sal. 73:18-19. "Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer. ¡Cómo han sido asolados de repente!"
Otra cosa implicada es, que están expuestos a caer por ellos mismos, sin ser arrojados a tierra por la mano de otro; como aquel que camina en suelo resbaladizo no necesita otra cosa que su propio peso para caer al suelo.
La razón por la que no han caído todavía, ni caen ahora, es solamente porque el tiempo señalado por Dios no ha llegado. Porque se dice que cuando ese esperado tiempo, o momento señalado llegue, sus pies resbalarán. Luego se dejarán caer, de la manera en que están inclinados a ello por su propio peso. Dios no los sostendrá ya más en estos lugares resbaladizos, sino que los dejará ir; y luego, en ese mismo instante caerán en destrucción; como aquel que se encuentra en suelos inclinados y resbaladizos, o en el orilla de un abismo, que no puede mantenerse firme por sí solo; cuando se deja sin apoyo inmediatamente cae y se pierde.
La observación de estas palabras en las que voy a insistir ahora es ésta: "No hay otra cosa que mantenga a los hombres impíos fuera del infierno en todo momento que el mero agrado de Dios." Por el mero agrado de Dios quiero expresar su placer soberano, su voluntad arbitraria, no restringida por ninguna obligación, ni impedida por ninguna dificultad, ni ninguna otra cosa; como si la pura voluntad de Dios no tuviera ni un momento, en el menor grado, o en ningún otro aspecto, ningún lugar en la preservación de los impíos. La verdad de esta observación aparece al considerar lo siguiente:
Dios no desea en ningún instante hacer muestra de su poder arrojando a los impíos en el infierno. Las manos de los hombres no pueden ser fuertes cuando Dios se levanta; el más fuerte no tiene poder para resistirle, ni puede librarse de sus manos. El no sólo es capaz de arrojar a los impíos al infierno, sino que puede hacerlo fácilmente. Algunas veces un príncipe terrenal se encuentra con la dificultad de sujetar a un rebelde que ha encontrado medios para fortificarse a sí mismo, y se ha hecho fuerte por el número de sus seguidores. Pero no es así con Dios. No hay Fortaleza que sea defensa contra el poder de Dios.
Aunque mano se una con mano, y una vasta multitud de los enemigos de Dios se combinen y asocien, son fácilmente quebrados en pedazos. Son como grandes montones de paja ligera ante el torbellino; o grandes cantidades de rastrojo seco ante llamas devoradoras. Encontramos fácil pisotear y aplastar un gusano que vemos arrastrarse en la tierra; también es fácil para nosotros cortar o chamuscar un hilo delgado que agarre cualquier cosa; y así es fácil para Dios, cuando le place, arrojar a sus enemigos al infierno. ¿Qué somos nosotros para que permanezcamos de pie frente a Él, ante cuya reprensión la tierra tiembla, y las rocas son arrojadas?
Ellos merecen ser arrojados al infierno; de manera que si la justicia divina se encuentra en el camino, no hay objeción eficaz contra el uso del poder de Dios para destruirlos. Antes, por el contrario, la justicia clama fuertemente por un castigo infinito de sus pecados. La justicia divina dice del árbol que da a luz las uvas de Sodoma, "córtalo, ¿para qué inutiliza también la tierra?" (Luc. 13:7). La espada de la justicia divina está en cada momento blandeada sobre sus cabezas, y no es otra cosa que la misericordia arbitraria y la pura voluntad de Dios que la detiene.
Ellos ya están bajo una sentencia de condenación al infierno. No sólo merecen justamente ser arrojados allí, sino que la sentencia de la ley de Dios, esa regla eterna e inmutable de justicia que Dios ha fijado entre El y la humanidad, ha ido en su contra, y permanece en su contra; de manera que ya están dispuestos para el infierno. "El que no cree, ya ha sido condenado" (Juan 3:18). De modo que cada inconverso pertenece propiamente al infierno; ese es su lugar; de allí es él. "Vosotros sois de abajo" (Juan 8:23), y allí estáis atados; es el lugar que la justicia, la palabra de Dios, y la sentencia de su ley inmutable les han asignado.
Ellos ahora son los objetos de ese mismo enojo e ira de Dios que es expresada en los tormentos del infierno. Y la razón por la que no bajan al infierno en cualquier momento, no es porque Dios, en cuyo poder están, no está entonces muy enojado con ellos, como lo está con muchas criaturas miserables que ahora están siendo atormentadas en el infierno, y allí sienten y experimentan el furor de su ira. Si, Dios está más enojado con otros tantos que ahora están en la tierra; sí, sin duda lo está con muchos que están ahora en esta congregación, con quienes está airado con más facilidad que con muchos de los que se encuentran ahora en las llamas del infierno. Pero no es porque Dios se haya olvidado de su impiedad ni se resienta por ello la razón por la que no desata su mano y los corta. Dios no es en conjunto como uno de ellos, para ellos su condenación no se duerme; el abismo está preparado, el fuego ya está listo, el horno esta caliente, listo para recibirlos; las llamas se inflaman y arden. La espada resplandeciente está afilada y se sostiene sobre ellos, y el abismo ha abierto su boca bajo ellos.
El diablo esta listo para caer sobre ellos y asirlos para sí; momento que Dios permitirá. Ellos le pertenecen; él tiene sus almas en su posesión y bajo su dominio. La Escritura los representa como sus buenas dádivas (Luc.11:13). Los demonios los vigilan; siempre están a su diestra por ellos; permanecen esperando por ellos como leones hambrientos y codiciosos que ven su presa y esperan tenerla, pero por el momento se retienen. Si Dios retirara su mano, por la cual ellos son restringidos, volarían sobre sus pobres almas. La serpiente antigua los mira con asombro; el infierno abre su amplia boca para recibirlos; y si Dios lo permitiera serían apresuradamente tragados y se perderían.
En las almas de los impíos reinan principios infernales que están actualmente encendidos y llameando en el infierno de fuego si no fuera por las restricciones de Dios. En la naturaleza de cada hombre carnal está colocado un fundamento para los tormentos del infierno. Hay esos principios corrompidos reinando y en plena posesión de ellos, que son la semilla del infierno de fuego. Estos principios son activos y poderosos, excesivos y violentos en su naturaleza, y si no fuera por la mano restringida de Dios pronto estallarían y se inflamarían de la misma manera que lo harían las corrupciones y enemistad en los corazones de las almas condenadas, y engendrarían los mismos tormentos que crean en ellos.
Las almas de los impíos son comparadas en la Escritura al mar en tempestad (Isa. 57:20). Por el momento, Dios restringe su impiedad por medio de su gran poder, de la misma manera en que hace con las coléricas ondas del mar turbulento, diciendo, "hasta aquí llegarás y no pasarás;" pero si Dios retirara ese poder restringido, rápidamente se llevaría todo por delante. El pecado es la ruina y la miseria del alma; es destructiva en su naturaleza; y si Dios lo dejara sin restricción no faltaría nada para hacer al alma algo perfectamente miserable. La corrupción del corazón del hombre es inmoderada e ilimitada en su furia; y mientras el impío vive aquí es como un fuego contenido por las restricciones de Dios, que si fuera dejado en libertad atacaría con fuego el curso de la naturaleza; y ya que el corazón es ahora un montón de pecado, de no ser restringido, inmediatamente convertiría el alma en un horno ardiente, o en un horno de fuego y azufre.
No es seguridad para los impíos el que en ningún momento haya medios visibles de la muerte a la mano. No es seguridad para un hombre natural el que está ahora en salud ni el que no vea ninguna manera en la que pueda ahora partir inmediatamente de este mundo por algún accidente, ni el que no haya ningún peligro visible en ningún aspecto en sus circunstancias. La experiencia múltiple y continua del mundo en todas las edades muestra que no hay evidencia de que un hombre no está al borde de la eternidad, y de que el próximo paso no sea en otro mundo. Lo invisible, el olvido de modos y medios por los que las personas salen súbitamente del mundo son innumerables e inconcebibles.
Los hombres inconversos caminan sobre el abismo del infierno en una cubierta podrida, y hay innumerables lugares tan débiles en esta cubierta que no pueden soportar su peso; lugares que además no se ven a simple vista. Las flechas de la muerte vuelan a mediodía sin ser vistas; la vista más aguda no las puede discernir. Dios tiene tantas maneras diferentes e inescrutables de tomar al impío fuera del mundo y enviarlo al infierno, que no hay nada que haga parecer que Dios tuviera necesidad de estar a expensas de un milagro, o salirse fuera del curso de su providencia, para destruir al impío en cualquier instante. Todos los medios por los que los impíos parten del mundo están de tal manera en las manos de Dios, y tan universal y absolutamente sujetos a su poder y determinación, que no depende sino de la pura voluntad de Dios el que los pecadores vayan en cualquier momento al infierno, el que los medios nunca sean usados o estén involucrados en el caso.
La prudencia y el cuidado de los hombres naturales para preservar sus propias vidas, o el cuidado de otros para preservarlos a ellos, no les brinda seguridad en ningún momento. De esto dan testimonio la providencia divina y la experiencia universal. Hay la clara evidencia de que la propia sabiduría de los hombres no es seguridad para ellos cuando están frente a la muerte; si fuera de otra manera veríamos alguna diferencia entre los hombres sabios y políticos y los demás con respecto a su propensión a una muerte temprana e inesperada; pero ¿cómo es esto en los hechos? "También morirá el sabio como el necio" (Ecl.2:16).
Todas las luchas y maquinaciones que los hombres impíos usan para escapar del infierno, mientras continúan rechazando a Cristo, permaneciendo así como impíos, no les libra del infierno en ningún momento. Casi todo hombre natural que oye del infierno se adula a sí mismo de que escapará; depende de sí mismo para su seguridad; se elogia a si mismo en lo que ha hecho, en lo que está haciendo, o en lo que intenta hacer. Cada quien dispone cosas en su mente sobre cómo evitará la condenación, y se engaña a si mismo planeando su propio bien, y pensando que sus esquemas no fallarán. Ellos oyen sin embargo que son pocos los que se salvan, y que la mayor parte de los hombres que han muerto hasta ahora han ido al infierno; pero cada quien se imagina que planea mejores cosas para su escape que lo que otros han hecho. El no pretende ir a ese lugar de tormento; dice dentro de si que intenta tomar un cuidado efectivo, y ordenar las cosas de tal manera que no falle.
Pero los hijos insensatos de los hombres se engañan miserablemente a Si mismos en sus propios esquemas, y en confianza de su propia fuerza y sabiduría; no confían en más que una mera sombra. La mayoría de esos que hasta ahora han vivido bajo los mismos medios de gracia y han muerto, han ido indudablemente al infierno; la razón no es que ellos no eran tan sabios como los que ahora están vivos; no fue porque no planearon cosas que les aseguraran su escape. Si pudiéramos hablar con ellos, y preguntarles, a uno por uno, si ellos esperaban cuando estaban vivos y cuando oían hablar acerca del infierno que serían objetos de esa miseria, indudablemente escucharíamos uno por uno contestar: "No, yo nunca pretendí venir aquí; había dispuesto las cosas de otra manera en mi mente; pensé haber planeado el bien para mi; proyecté un buen modelo. Intenté tomar un cuidado eficaz; pero vino sobre mí inesperadamente. No lo esperaba en ese momento y de esa manera; vino como un ladrón. La muerte me burló. La ira de Dios fue demasiado rápida para mi. 0h mi maldita insensatez! Me estaba engañando y agradando con sueños vanos acerca de lo que yo haría en el más allá; y cuando me encontraba diciendo, 'paz y seguridad, 'vino sobre mi destrucción repentina."
Dios en ningún momento se ha puesto bajo ninguna obligación por alguna promesa que haya dado, de mantener al hombre natural fuera del infierno. Ciertamente Dios no ha dado promesas acerca de la vida eterna o de alguna liberación o preservación de la muerte eterna, sino aquellas que están contenidas en el pacto de gracia, las promesas son sí y Amén. Pero seguramente aquellos que no son hijos del pacto, que no creen en ninguna de las promesas, no tienen interés en las promesas del pacto de gracia, y no tienen interés en el Mediador del pacto.
De manera que, aunque alguno haya tenido imaginaciones y pretensiones acerca de promesas hechas a hombres naturales que buscan con sinceridad, es claro y manifiesto que no importa los dolores que un hombre natural sufra en la religión, ni las oraciones que haga, hasta que no crea en Cristo, Dios no está de ninguna manera bajo la obligación de librarlo en ningún momento de la destrucción eterna. De manera que así es que los hombres naturales son regresados por la mano de Dios sobre el abismo del infierno; han merecido el fiero abismo, y ya están sentenciados a él; Dios ha sido terriblemente provocado, su ira es tan grande hacia ellos como la de aquellos que están actualmente sufriendo las ejecuciones de la furia de su ira en el infierno, y no han hecho nada en lo más mínimo para apaciguar o disminuir ese enojo, ni está Dios atado en lo más mínimo a ninguna promesa de perdonarlos en ningún momento.
El diablo está esperando por ellos, el infierno está abierto de par en par para ellos, las llamas se reúnen y centellean a su alrededor, los atraparán y tragarán; el fuego contenido en sus corazones está luchando para estallar; y ellos no tienen ningún interés en ningún mediador; no hay medios al alcance que les puedan servir de seguridad. En resumen, no tienen refugio, nada de que aferrarse; todo lo que los preserva en todo instante es la pura voluntad y la paciencia no obligada de un Dios encolerizado.
APLICACIÓN
Este terrible tema puede ser útil para hacer despertar algunas personas inconversas en esta congregación. Esto que has oído es el caso de cada uno de ustedes que se encuentra fuera de Cristo. Ese mundo de miseria, ese lago de azufre ardiente se extiende debajo de ti. Allí está el espantoso abismo de las llamas ardientes de la ira de Dios; allí está la ancha boca del infierno abierta de par en par; y no tienes nada sobre que permanecer en pie, ni nada de donde agarrarte; no hay nada entre ti y el infierno sino sólo el aire; es tan sólo el poder y el puro placer de Dios el que te soporta.
Posiblemente no eres sensible a esto; te ves fuera del infierno, pero no ves la mano de Dios en ello; pero contempla otras cosas, como el buen estado de tu constitución corporal, el cuidado de tu propia vida, y los medios que usas para tu preservación. Pero verdaderamente estas cosas son nada; si Dios retirara su mano, ellas no te beneficiarían más en cuanto a evitar tu caída, que lo que hace el delgado hilo al sujetar una persona que se suspende en él.
Tu impiedad te hace como si fueras tan pesado como el plomo, y te dirigirá hacia abajo con gran peso y presión directo al infierno; y si Dios te dejara caer, inmediatamente te sumergirías y rápidamente descenderías dentro del golfo sin fondo; y tu constitución saludable, y tu propio cuidado y prudencia, y tu mejor plan, y toda tu justicia, no tendrían más influencia para sujetarte y librarte del infierno, que lo que una tela de araña puede hacer para frenar una roca al caer.
De no ser por el soberano agrado de Dios, la tierra no te sostendría un instante porque eres una carga para ella. La creación gime contigo; la criatura está hecha sujeta a la esclavitud de tu corrupción, no para ayudarte voluntariamente a servir al pecado y a Satanás; la tierra no produce su incremento voluntariamente para satisfacer tus pasiones; ni es voluntariamente un escenario sobre el que tus impiedades actúen; el aire no te sirve voluntariamente para mantener la llama de vida de tus órganos vitales, mientras pasas tu vida al servicio de los enemigos de Dios. Las criaturas de Dios son buenas, y fueron hechas para que el hombre sirviera a Dios con ellas, y para que no sirvieran voluntariamente a ningún otro propósito, y para que gimieran cuando fueran usadas para propósitos tan directamente contrarios a su naturaleza y fin. El mundo te vomitaría de no ser por la mano soberana de Aquel que lo tiene sujetado en esperanza.
Las negras nubes de la ira de Dios están ahora flotando directamente sobre sus cabezas, llenas de terribles tormentas y truenos; y de no ser por la mano restrictiva de Dios hubieran reventado inmediatamente sobre ti. El placer soberano de Dios, por el presente, detiene su viento agitado; de otro modo vendría con furia, y tu destrucción llegaría como torbellino. Serías como la paja menuda en el suelo después de ser trillada en el verano.
La ira de Dios es como el agua contenida en una gran presa, que crece más y más con la lluvia y que mientras más agua contenga más rápido y poderoso será su curso cuando sean rotas.
Es verdad que el juicio contra tus obras perversas no ha sido ejecutado todavía; los diluvios de la venganza de Dios han sido retenidos; pero tu culpa entretanto está constantemente aumentando, y está cada día atesorando más ira; las aguas están aumentando constantemente, y creciendo más y más poderosas; y no hay nada fuera del puro agrado de Dios que refrene las aguas, las cuales no quieren ser detenidas, y presionan duramente para ir hacia adelante. Si Dios tan sólo retirara su mano de la compuerta, se abriría inmediatamente, y los fieros diluvios del furor e ira de Dios empujarían con furia inconcebible, y vendría sobre ti con poder omnipotente; y si tú fueras diez mil veces mayor que lo que eres, sí, diez mil veces mayor que la fuerza del más corpulento y robusto diablo en el infierno, no serías nada para resistirla o soportarla.
El arco de la ira de Dios está encorvado, la flecha lista en la cuerda, y la justicia dirige la flecha a tu corazón, y tensa el arco, y no es otra cosa que el mero placer de Dios, y el que un Dios airado que sin ninguna promesa y obligación del todo, retiene la flecha de embriagarse con tu sangre. Así todos los que de ustedes nunca han pasado por un gran cambio de corazón, por el gran poder del Espíritu de Dios sobre sus almas; todos los que de ustedes nunca han nacido de nuevo, ni han sido hechos nuevas criaturas, ni han sido levantados de la muerte en el pecado a un nuevo estado, ni han experimentado la luz y la vida, están en las manos de un Dios airado.
Aunque hayan reformado sus vidas en muchas cosas, y hayan tenido afecciones religiosas, y hayan podido mantener cierta forma de religión con sus familiares y cercanos, y aún en la casa de Dios, no es otra cosa que Su mera paciencia que los preserva de ser consumidos por la destrucción eterna. No importa cuán poco convencidos estén ahora de la verdad que oyen, a su tiempo estarán plenamente convencidos de ella. Aquellos que han partido estando en las mismas circunstancias en que están ustedes, ven que así fue con ellos; porque la destrucción vino bruscamente sobre la mayoría de ellos; cuando no la esperaban, y mientras estaban diciendo, paz y seguridad. Ahora ven, que esas cosas en las que dependían para la paz y la seguridad, no eran más que un hilo delgado y una sombra vacía.
El Dios que te sostiene sobre el abismo del infierno, ha sido terriblemente provocado más que uno que sostenga una araña, o cualquier insecto asqueroso sobre el fuego, te aborrece. Su ira hacia ti se enciende como fuego; te ve como digno, pero no para otra cosa que para ser echado en el fuego; es tan puro de ojos que no puede mantenerte a su vista; eres diez mil veces más abominable a sus ojos que lo que la serpiente venenosa más odiada es a los nuestros. Le has ofendido infinitamente más que lo que un rebelde obstinado ofende a su príncipe; y sin embargo, no es otra cosa que su mano la que te sostiene de caer en el fuego en cualquier momento. No debe ser atribuido a nadie más el que no hayas ido al infierno la última noche; el que hayas sufrido otra vez el despertar en este mundo, después de haber cerrado los ojos para dormir. Y no hay otra razón del porqué no has caído en el infierno desde que te levantaste en la mañana, que el hecho de que la mano de Dios te ha sostenido. No hay otra razón que dar del porqué no has ido al infierno, desde que te sentaste aquí en la casa de Dios, provocando sus ojos puros por tu modo pecaminoso e impío de atender a su solemne adoración.
Si, no hay otra cosa que dar como razón de por qué no caes en el infierno en este preciso momento. Oh, pecador, considera el terrible peligro en que estás. Es sobre un horno de ira, un abismo amplio y sin fondo, lleno del fuego de la ira, en el que estás soportado por la mano de Dios, cuya ira ha sido provocada e inflamada tanto contra ti, como contra muchos de los ya condenados en el infierno. Cuelgas de un hilo delgado, con las llamas de la ira divina destellando alrededor, y listas en todo momento para chamuscarlo y quemarlo en dos; y no tienes interés ni por un instante en ningún Mediador, ni en nada en qué aferrarte para salvarte a ti mismo, ni para librarte de las llamas de la ira. Ni siquiera hay algo en ti, nada de lo que hayas hecho ni puedas hacer, para inducir a Dios a perdonarte. Por eso te pido que consideres los siguientes puntos de modo más particular:
Mira de quien es la ira. Es la ira de un Dios infinito. Si fuera solamente la ira de un hombre, aunque fuera la del príncipe más poderoso, sería comparativamente pequeña para ser considerada. La ira de reyes es mucho más terrible, especialmente la de monarcas absolutos, que tienen las posesiones y las vidas de sus súbditos enteramente en su poder para disponer de ellas a su mera voluntad. "Como rugido de cachorro de león es el terror del rey; el que te enfurece peca contra sí mismo" (Prov.20:2).
El súbdito que se enfurece mucho contra un príncipe arbitrario, está expuesto a sufrir los tormentos más extremos que el arte humano puede inventar o que el poder humano puede infligir. Pero las más grandes potestades terrenales, en su mayor majestad y fuerza, cuando están vestidos de sus más grandes terrores, no son mas que gusanos débiles y despreciables de la tierra en comparación al Gran y Todopoderoso Creador y Rey del cielo y de la tierra. Es en realidad poco lo que ellos pueden hacer en el momento en que ellos están más enfurecidos, y cuando han ejercido el extremo de su furia. Todos los reyes de la tierra son como langostas ante Dios; son nada y menos que nada; tanto su amor como su odio son reducidos en poco. La ira del gran Rey de reyes es tanto más terrible que la de ellos, como lo es su majestad. "Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed" (Luc. 12:4,5).
Es a la furia de su ira a la que estás expuesto. A menudo leemos de la furia de Dios; como en Isa. 59:18. "Como para retribuir con ira a sus enemigos, y dar el pago a sus adversarios." Así también Isa. 66:15. "Porque he aquí que Jehová vendrá con fuego, y sus carros como torbellino, para descargar su ira con furor, y su represión con llama de fuego." Y en muchos otros lugares. También Ap. 19:15; allí leemos de "el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso." Las palabras son en extremo terribles. Si solamente se hubiera dicho, "la ira de Dios," los términos implicarían algo infinitamente terrible; pero es "el furor y la ira de Dios."
¡La furia de Dios! ¡el furor de Jehová! ¡Oh, cuán terrible debe ser eso! ¿Quién puede pronunciar o concebir lo que estas expresiones implican en sí mismas? Pero además, "el furor y la ira del Dios Todopoderoso." Como si hubiera una gran manifestación de su poder omnipotente en lo que el furor de su ira realiza; como si la omnipotencia estuviera encolerizada y ejercida de tal manera que los hombres no pueden ejercer su fuerza en contra del furor de su ira. ¡Oh! entonces, ¡cuál será la consecuencia! ¡Qué será de aquellos pobres gusanos que la sufrirán! ¿Quién tendrá manos fuertes para esto? ¿Qué corazón la podrá resistir? ¡A qué terrible, indecible, inconcebible profundidad de miseria está sumergida la pobre criatura que esté sujeta a esto! Considera esto, tú que estás aquí presente, y aún permaneces en un estado no regenerado. Que Dios ejecutará el furor de su enojo, implica, que El infligirá su ira sin piedad.
Cuando Dios observe la extremidad inefable de tu caso, y vea tu tormento estar tan vastamente desproporcionado a tu fuerza, y vea cómo tu pobre alma es molida, y se hunde como si estuviera en tinieblas infinitas; no tendrá compasión de ti, no contenderá las ejecuciones de su ira, y ni siquiera aligerará su mano no habrá moderación ni misericordia, no apaciguará su viento agitado; no tendrá cuidado de tu bienestar, ni será en ningún sentido cuidadoso, a menos que sufras mucho más en cualquier otra manera, que lo que sufrirías con lo que la justicia estricta requiere. Nada será retenido por el hecho de que sea demasiado fuerte de sobrellevar. "Pues también yo procederé con furor; no perdonará mi ojo, ni tendré misericordia; y gritarán a mis oídos con gran voz, y no los oiré (Ez. 8:18).
Ahora Dios está presto a tener piedad de ti; este es un día de misericordia; puedes gritar ahora con el aliento de obtener misericordia. Pero cuando el día de misericordia pase, tus gritos y chillidos de lamento y dolor serán en vano; estarás enteramente perdido y alejado de Dios, como para que nadie se interese en tu bienestar. Dios no tendrá otra cosa que hacer contigo que ponerte a sufrir miseria; no continuarás en existencia para otro fin que no sea ese; porque serás un vaso de ira preparado para destrucción; y no habrá otro uso para este vaso, que ser llenado a plenitud de ira. Dios estará tan lejos de tener piedad de ti cuando grites, que se dice que solamente "reirá y se burlará" (Prov. 1:25,26ss).
Cuán terribles son esas palabras, las cuales proceden del gran Dios, "los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas" (Isa. 63:3). Es quizás imposible concebir otras palabras que expresen con más claridad la idea de desprecio, odio, y furia de indignación. Si clamas a Dios para que tenga piedad de ti, El estará tan lejos de hacer tal cosa en tu doloroso caso, o de mostrarte ningún cuidado o favor, que, en lugar de ello, te hollará bajo sus pies. Y aunque sabrá que no podrás sobrellevar el peso de la omnipotencia sobre ti, no tendrá consideración, sino que te aplastará bajo sus pies sin misericordia; hará volar tu sangre al molerte, y salpicará sobre sus vestidos, de tal manera que manchará todas sus ropas. No sólo te odiará, sino que te tendrá bajo el desprecio más extremo; no habrá otro lugar más adecuado para ti que el estar bajo sus pies, ser pisoteado como el fango de las calles.
la miseria a la que estás expuesto es aquella que Dios infligirá con el fin de mostrarte lo que la ira de Jehová es. Dios ha tenido en su corazón el mostrar a los ángeles y a los hombres cuán excelente es su amor, y también cuan terrible es su ira. Algunas veces los reyes terrenales tienen en mente mostrar cuán terrible es su ira, por los castigos extremos que ejecutan en contra de aquellos que le provocan. Nabucodonosor, ese monarca poderoso y orgulloso del imperio caldeo, estuvo presto a mostrar su ira cuando se encolerizó contra Sadrac, Mesac y Abednego; y de esa manera dio orden de que el fiero horno ardiente fuera calentado siete veces más de como estaba. Sin duda, fue levantado al grado más extremo de furor que el arte humano podía levantar.
Pero el gran Dios está también presto a mostrar su ira, y magnificar su terrible majestad y omnipotencia, en los sufrimientos extremos de sus enemigos. "¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción?" (Rom. 9:22). Y viendo que éste es su diseño, aquello que El ha determinado, mostrar cuán terrible es la ira, la furia y el furor de Jehová cuando no es refrenada, El lo llevará a cabo. Sucederá ante un testigo algo que será espantoso.
Cuando el gran Dios airado se haya levantado y ejecutado su terrible venganza sobre el pobre pecador, y cuando el miserable esté sufriendo el peso y el poder infinito de su indignación, entonces Dios llamará al universo completo para que contemple esa terrible majestad y omnipotencia que será vista en ella. "Y los pueblos serán como cal quemada; como espinos cortados serán quemados con fuego. Oíd, los que estáis lejos, lo que he hecho; y vosotros los que estáis cerca, conoced mi poder. Los pecadores se asombraron en Sión, espanto sobrecogió a los hipócritas" (Isa. 33:12-14). Así será con aquellos de ustedes que están en un estado de no conversión, si continúan en él.
El poder infinito, la majestad y lo terrible del Dios omnipotente será magnificado sobre ti, en la inefable fuerza de tus tormentos. Serás atormentado en la presencia de los santos ángeles, y en la del Cordero; y cuando te encuentres en ese estado de sufrimiento, los habitantes gloriosos del cielo irán y verán el terrible espectáculo, para que puedan ver lo que es la ira y el furor del Todopoderoso; y cuando lo hayan visto, caerán y adorarán ese gran poder y majestad. "Y de mes en mes, y de día de reposo, en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová. Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará, y serán abominables a todo hombre" (Isa. 66:23-24).
Es una ira eterna. Sería terrible sufrir este furor y esta ira del Dios Todopoderoso por un momento; pero debes sufrirla por toda la eternidad. No habrá fin para esta aguda y horrible miseria. Cuando mires hacia delante, mirarás una duración infinita ante ti, la cual tragará tus pensamientos, y sorprenderá tu alma; y estarás absolutamente desesperado de no tener liberación, de no tener fin, de no mitigar, de no tener reposo del todo. Conocerás ciertamente que deberás consumirte luchando contra esta venganza todopoderosa y ausente de misericordia durante largas edades, millones de millones de edades. Y cuando así lo hayas hecho, cuando esas tantas edades hayan pasado sobre ti de esa manera, conocerás que eso es sólo un punto de lo que queda. De manera que tu castigo será verdaderamente infinito. ¡0h, quién puede expresar cuál es el estado del alma en tales circunstancias!. Todo lo que podamos decir acerca de ello solamente da una representación muy débil; es inexpresable e inconcebible, porque "¿quién conoce el poder de la ira de Dios?"
¡Cuán terrible es el estado de esos que diariamente y a cada hora están en peligro de esta gran ira y miseria infinita! Pero ese es el lúgubre caso de cada alma en esta congregación que todavía no ha nacido de nuevo, no importa cuán moralistas, estrictos, sobrios y religiosos puedan ser. ¡Oh, si tan sólo consideraras esto, ya seas joven o viejo! Hay razón para pensar, que hay muchos ahora en esta congregación oyendo este discurso, que eventualmente serán sujetos de esta miseria por toda la eternidad. No sabemos quiénes son, ni en qué asientos están, ni qué pensamientos tienen ahora.
Puede que ahora están cómodos, y oigan todas estas cosas sin mucha turbación, y están ahora engañándose a sí mismos de que ellos no son esas personas, prometiéndose también que escaparán. Si conociéramos a una persona, sólo de una en esta congregación, que fuera sujeto de esta miseria, ¡qué terrible sería pensar en ello! Si supiéramos quién es, ¡qué vista más terrible sería el mirar a tal persona! ¡Cómo surgiría un grito de lamento amargo por él de parte del resto de la congregación! Pero ¡ay! en lugar de uno, ¡cuántos de ustedes recordarán este discurso en el infierno! Sería un milagro si algunos de los que están ahora presentes no se encontraran en el infierno dentro de poco tiempo, o antes de que este año termine. Y no seria un milagro si algunas personas, de las que ahora están aquí sentadas en algunos asientos de esta casa de reunión, en salud, quietos y seguros, se encuentren allí antes de mañana en la mañana.
Aquellos de ustedes que continúen en un estado natural, que piensen que serán librados del infierno más tiempo, ¡estarán allí en poco tiempo! su condenación no se tarda; vendrá velozmente, y, con toda probabilidad, muy prontamente, sobre muchos de ustedes. Ustedes tienen razón al admirarse de que no están ya en el infierno. Es dudoso el caso de algunos que ustedes han visto y conocido, que nunca merecieron el infierno más que ustedes, y que una vez parecían igualmente estar vivos como ustedes.
Su caso ha perdido toda esperanza; ahora están gritando en extrema miseria y perfecta desesperación; pero ustedes están aquí en la tierra de los vivientes, en la casa de Dios, y tienen una oportunidad de obtener salvación. ¡Qué no darían esas pobres, condenadas y desesperanzadas almas por un día de oportunidad como el que ahora disfrutas! Y ahora tienes una oportunidad extraordinaria, un día en el que Cristo tiene ampliamente abierta la puerta de la misericordia, permanece allí llamando, y gritando con alta voz a los pobres pecadores; un día en el que muchos están uniéndose a El, y apresurándose a entrar en el reino de Dios.
Muchos vienen diariamente del este, oeste, norte y sur; muchos que estuvieron últimamente en la misma condición miserable en que están ustedes, y que ahora están en un estado de alegría, con sus corazones llenos de amor por aquel que los amó y los lavó de sus pecados con su propia sangre, y se gozan en la esperanza de la gloria de Dios. ¡Cuán terrible será ser echado a un lado en aquel día! ¡Ver a tantos festejando, mientras te estás consumiendo y pereciendo! !Ver a tantos regocijándose y cantando con gozo del corazón, mientras tienes motivo para lamentarte con pena interior, y clamar a gritos con vejación del espíritu! ¿Cómo pueden descansar aun un momento en tal condición? ¿No son sus almas tan preciosas como las almas de la gente de Suffield (un pueblo de las inmediaciones) que están yendo a Cristo día tras día? No hay muchos de ustedes aquí que han vivido un largo tiempo en el mundo, y hasta este día no han nacido de nuevo? y son así extranjeros de la nación de Israel, y no han hecho otra cosa desde su existencia que atesorar ira en contra del día de la ira?
Oh, señores, su caso, en una manera especial, es peligroso en extremo. Su culpa y dureza de corazón es extremadamente grande. No ven ustedes cómo generalmente las personas de su edad son pasados por alto y dejados en el notable presente y maravillosa dispensación de la misericordia de Dios? Tienen necesidad de considerarse a ustedes mismos, y despertar por completo del sueño. No pueden llevar la carga del furor y la ira del Dios infinito. Y ustedes, hombres y mujeres jóvenes, negarán esta preciosa época que ahora disfrutan, cuando tantos otros de su edad están renunciando a todas las vanidades juveniles, y yendo a Cristo? Tienen ahora una oportunidad extraordinaria; pero si la rechazan, les pasará como a esas personas que gastaron todos los días preciosos de su juventud en el pecado, y ahora han pasado a un estado de ceguera y endurecimiento.
Y ustedes, hijos, que están sin convertir, no saben que van al infierno, a sobrellevar la terrible ira de ese Dios, que ahora está enojado contigo cada día y noche? Estarán ustedes contentos de ser hijos del diablo, cuando tantos otros niños en la tierra están convertidos, y han venido a ser los hijos santos y alegres del Rey de reyes? Que cada uno que esté sin Cristo, y colgando sobre el abismo del infierno, ya sea anciano o anciana, de mediana edad, joven o niños, oigan ahora los fuertes llamados de la palabra y la providencia de Dios. Este año aceptable del Señor, un día de tanto favor para algunos, será sin lugar a dudas un día de notable venganza para otros. Los corazones de los hombres se endurecerían, y su culpa se incrementaría aprisa en un día como éste, si niegan salud a sus almas.
Nunca hubo tanto peligro para estas personas de ser entregadas a la dureza de corazón y ceguera de mente. Dios ahora parece estar reuniendo apresuradamente a sus escogidos de todas partes de la tierra; y probablemente la mayor parte de los adultos que se salvarán, serán traídos dentro de poco tiempo, y será como el gran repartimiento del Espíritu sobre los judíos en los días de los apóstoles. Los elegidos obtendrán la salvación, y el resto será cegado. Si éste fuera tu caso, maldecirás este día eternamente, y maldecirás el día en que naciste al ver el tiempo de repartimiento del Espíritu, y desearás haber muerto y haberte ido al infierno antes de haberlo contemplado. Ahora, indudablemente, como lo fue en los días de Juan el Bautista, el hacha está colocada de una manera extraordinaria a la raíz de los árboles, para que todo árbol que no dé buen fruto, sea cortado, y arrojado al fuego. Por tanto, que todo aquel que esté sin Cristo, despierte ahora y huya de la ira por venir. La ira del Dios Todopoderoso se cierne ahora sobre una gran parte de esta congregación. Que cada uno huya de Sodoma: "Dense prisa y escapen por sus vidas; no miren tras sí, escapen al monte, no sea que perezcan."
Famoso mensaje de Jonathan Edwars, predicado en 1741.
De todos los cultivos del cielo, sacaron a luz frutos amargos y venenosos; como en los dos versículos que preceden al texto. -La expresión que he escogido para mi texto, A su tiempo su pie resbalará, parece indicar las siguientes cosas con respecto al castigo y destrucción a que están expuestos estos impíos israelitas.
Implica que estuvieron siempre expuestos a una rápida destrucción repentina. Como el que camina en lugares resbaladizos está expuesto en cada momento a caer, no puede predecir si al siguiente momento permanecerá de pie o caerá; y cuando cae, cae de sopetón sin advertencia, lo cual está también expresado en el Sal. 73:18-19. "Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer. ¡Cómo han sido asolados de repente!"
Otra cosa implicada es, que están expuestos a caer por ellos mismos, sin ser arrojados a tierra por la mano de otro; como aquel que camina en suelo resbaladizo no necesita otra cosa que su propio peso para caer al suelo.
La razón por la que no han caído todavía, ni caen ahora, es solamente porque el tiempo señalado por Dios no ha llegado. Porque se dice que cuando ese esperado tiempo, o momento señalado llegue, sus pies resbalarán. Luego se dejarán caer, de la manera en que están inclinados a ello por su propio peso. Dios no los sostendrá ya más en estos lugares resbaladizos, sino que los dejará ir; y luego, en ese mismo instante caerán en destrucción; como aquel que se encuentra en suelos inclinados y resbaladizos, o en el orilla de un abismo, que no puede mantenerse firme por sí solo; cuando se deja sin apoyo inmediatamente cae y se pierde.
La observación de estas palabras en las que voy a insistir ahora es ésta: "No hay otra cosa que mantenga a los hombres impíos fuera del infierno en todo momento que el mero agrado de Dios." Por el mero agrado de Dios quiero expresar su placer soberano, su voluntad arbitraria, no restringida por ninguna obligación, ni impedida por ninguna dificultad, ni ninguna otra cosa; como si la pura voluntad de Dios no tuviera ni un momento, en el menor grado, o en ningún otro aspecto, ningún lugar en la preservación de los impíos. La verdad de esta observación aparece al considerar lo siguiente:
Dios no desea en ningún instante hacer muestra de su poder arrojando a los impíos en el infierno. Las manos de los hombres no pueden ser fuertes cuando Dios se levanta; el más fuerte no tiene poder para resistirle, ni puede librarse de sus manos. El no sólo es capaz de arrojar a los impíos al infierno, sino que puede hacerlo fácilmente. Algunas veces un príncipe terrenal se encuentra con la dificultad de sujetar a un rebelde que ha encontrado medios para fortificarse a sí mismo, y se ha hecho fuerte por el número de sus seguidores. Pero no es así con Dios. No hay Fortaleza que sea defensa contra el poder de Dios.
Aunque mano se una con mano, y una vasta multitud de los enemigos de Dios se combinen y asocien, son fácilmente quebrados en pedazos. Son como grandes montones de paja ligera ante el torbellino; o grandes cantidades de rastrojo seco ante llamas devoradoras. Encontramos fácil pisotear y aplastar un gusano que vemos arrastrarse en la tierra; también es fácil para nosotros cortar o chamuscar un hilo delgado que agarre cualquier cosa; y así es fácil para Dios, cuando le place, arrojar a sus enemigos al infierno. ¿Qué somos nosotros para que permanezcamos de pie frente a Él, ante cuya reprensión la tierra tiembla, y las rocas son arrojadas?
Ellos merecen ser arrojados al infierno; de manera que si la justicia divina se encuentra en el camino, no hay objeción eficaz contra el uso del poder de Dios para destruirlos. Antes, por el contrario, la justicia clama fuertemente por un castigo infinito de sus pecados. La justicia divina dice del árbol que da a luz las uvas de Sodoma, "córtalo, ¿para qué inutiliza también la tierra?" (Luc. 13:7). La espada de la justicia divina está en cada momento blandeada sobre sus cabezas, y no es otra cosa que la misericordia arbitraria y la pura voluntad de Dios que la detiene.
Ellos ya están bajo una sentencia de condenación al infierno. No sólo merecen justamente ser arrojados allí, sino que la sentencia de la ley de Dios, esa regla eterna e inmutable de justicia que Dios ha fijado entre El y la humanidad, ha ido en su contra, y permanece en su contra; de manera que ya están dispuestos para el infierno. "El que no cree, ya ha sido condenado" (Juan 3:18). De modo que cada inconverso pertenece propiamente al infierno; ese es su lugar; de allí es él. "Vosotros sois de abajo" (Juan 8:23), y allí estáis atados; es el lugar que la justicia, la palabra de Dios, y la sentencia de su ley inmutable les han asignado.
Ellos ahora son los objetos de ese mismo enojo e ira de Dios que es expresada en los tormentos del infierno. Y la razón por la que no bajan al infierno en cualquier momento, no es porque Dios, en cuyo poder están, no está entonces muy enojado con ellos, como lo está con muchas criaturas miserables que ahora están siendo atormentadas en el infierno, y allí sienten y experimentan el furor de su ira. Si, Dios está más enojado con otros tantos que ahora están en la tierra; sí, sin duda lo está con muchos que están ahora en esta congregación, con quienes está airado con más facilidad que con muchos de los que se encuentran ahora en las llamas del infierno. Pero no es porque Dios se haya olvidado de su impiedad ni se resienta por ello la razón por la que no desata su mano y los corta. Dios no es en conjunto como uno de ellos, para ellos su condenación no se duerme; el abismo está preparado, el fuego ya está listo, el horno esta caliente, listo para recibirlos; las llamas se inflaman y arden. La espada resplandeciente está afilada y se sostiene sobre ellos, y el abismo ha abierto su boca bajo ellos.
El diablo esta listo para caer sobre ellos y asirlos para sí; momento que Dios permitirá. Ellos le pertenecen; él tiene sus almas en su posesión y bajo su dominio. La Escritura los representa como sus buenas dádivas (Luc.11:13). Los demonios los vigilan; siempre están a su diestra por ellos; permanecen esperando por ellos como leones hambrientos y codiciosos que ven su presa y esperan tenerla, pero por el momento se retienen. Si Dios retirara su mano, por la cual ellos son restringidos, volarían sobre sus pobres almas. La serpiente antigua los mira con asombro; el infierno abre su amplia boca para recibirlos; y si Dios lo permitiera serían apresuradamente tragados y se perderían.
En las almas de los impíos reinan principios infernales que están actualmente encendidos y llameando en el infierno de fuego si no fuera por las restricciones de Dios. En la naturaleza de cada hombre carnal está colocado un fundamento para los tormentos del infierno. Hay esos principios corrompidos reinando y en plena posesión de ellos, que son la semilla del infierno de fuego. Estos principios son activos y poderosos, excesivos y violentos en su naturaleza, y si no fuera por la mano restringida de Dios pronto estallarían y se inflamarían de la misma manera que lo harían las corrupciones y enemistad en los corazones de las almas condenadas, y engendrarían los mismos tormentos que crean en ellos.
Las almas de los impíos son comparadas en la Escritura al mar en tempestad (Isa. 57:20). Por el momento, Dios restringe su impiedad por medio de su gran poder, de la misma manera en que hace con las coléricas ondas del mar turbulento, diciendo, "hasta aquí llegarás y no pasarás;" pero si Dios retirara ese poder restringido, rápidamente se llevaría todo por delante. El pecado es la ruina y la miseria del alma; es destructiva en su naturaleza; y si Dios lo dejara sin restricción no faltaría nada para hacer al alma algo perfectamente miserable. La corrupción del corazón del hombre es inmoderada e ilimitada en su furia; y mientras el impío vive aquí es como un fuego contenido por las restricciones de Dios, que si fuera dejado en libertad atacaría con fuego el curso de la naturaleza; y ya que el corazón es ahora un montón de pecado, de no ser restringido, inmediatamente convertiría el alma en un horno ardiente, o en un horno de fuego y azufre.
No es seguridad para los impíos el que en ningún momento haya medios visibles de la muerte a la mano. No es seguridad para un hombre natural el que está ahora en salud ni el que no vea ninguna manera en la que pueda ahora partir inmediatamente de este mundo por algún accidente, ni el que no haya ningún peligro visible en ningún aspecto en sus circunstancias. La experiencia múltiple y continua del mundo en todas las edades muestra que no hay evidencia de que un hombre no está al borde de la eternidad, y de que el próximo paso no sea en otro mundo. Lo invisible, el olvido de modos y medios por los que las personas salen súbitamente del mundo son innumerables e inconcebibles.
Los hombres inconversos caminan sobre el abismo del infierno en una cubierta podrida, y hay innumerables lugares tan débiles en esta cubierta que no pueden soportar su peso; lugares que además no se ven a simple vista. Las flechas de la muerte vuelan a mediodía sin ser vistas; la vista más aguda no las puede discernir. Dios tiene tantas maneras diferentes e inescrutables de tomar al impío fuera del mundo y enviarlo al infierno, que no hay nada que haga parecer que Dios tuviera necesidad de estar a expensas de un milagro, o salirse fuera del curso de su providencia, para destruir al impío en cualquier instante. Todos los medios por los que los impíos parten del mundo están de tal manera en las manos de Dios, y tan universal y absolutamente sujetos a su poder y determinación, que no depende sino de la pura voluntad de Dios el que los pecadores vayan en cualquier momento al infierno, el que los medios nunca sean usados o estén involucrados en el caso.
La prudencia y el cuidado de los hombres naturales para preservar sus propias vidas, o el cuidado de otros para preservarlos a ellos, no les brinda seguridad en ningún momento. De esto dan testimonio la providencia divina y la experiencia universal. Hay la clara evidencia de que la propia sabiduría de los hombres no es seguridad para ellos cuando están frente a la muerte; si fuera de otra manera veríamos alguna diferencia entre los hombres sabios y políticos y los demás con respecto a su propensión a una muerte temprana e inesperada; pero ¿cómo es esto en los hechos? "También morirá el sabio como el necio" (Ecl.2:16).
Todas las luchas y maquinaciones que los hombres impíos usan para escapar del infierno, mientras continúan rechazando a Cristo, permaneciendo así como impíos, no les libra del infierno en ningún momento. Casi todo hombre natural que oye del infierno se adula a sí mismo de que escapará; depende de sí mismo para su seguridad; se elogia a si mismo en lo que ha hecho, en lo que está haciendo, o en lo que intenta hacer. Cada quien dispone cosas en su mente sobre cómo evitará la condenación, y se engaña a si mismo planeando su propio bien, y pensando que sus esquemas no fallarán. Ellos oyen sin embargo que son pocos los que se salvan, y que la mayor parte de los hombres que han muerto hasta ahora han ido al infierno; pero cada quien se imagina que planea mejores cosas para su escape que lo que otros han hecho. El no pretende ir a ese lugar de tormento; dice dentro de si que intenta tomar un cuidado efectivo, y ordenar las cosas de tal manera que no falle.
Pero los hijos insensatos de los hombres se engañan miserablemente a Si mismos en sus propios esquemas, y en confianza de su propia fuerza y sabiduría; no confían en más que una mera sombra. La mayoría de esos que hasta ahora han vivido bajo los mismos medios de gracia y han muerto, han ido indudablemente al infierno; la razón no es que ellos no eran tan sabios como los que ahora están vivos; no fue porque no planearon cosas que les aseguraran su escape. Si pudiéramos hablar con ellos, y preguntarles, a uno por uno, si ellos esperaban cuando estaban vivos y cuando oían hablar acerca del infierno que serían objetos de esa miseria, indudablemente escucharíamos uno por uno contestar: "No, yo nunca pretendí venir aquí; había dispuesto las cosas de otra manera en mi mente; pensé haber planeado el bien para mi; proyecté un buen modelo. Intenté tomar un cuidado eficaz; pero vino sobre mí inesperadamente. No lo esperaba en ese momento y de esa manera; vino como un ladrón. La muerte me burló. La ira de Dios fue demasiado rápida para mi. 0h mi maldita insensatez! Me estaba engañando y agradando con sueños vanos acerca de lo que yo haría en el más allá; y cuando me encontraba diciendo, 'paz y seguridad, 'vino sobre mi destrucción repentina."
Dios en ningún momento se ha puesto bajo ninguna obligación por alguna promesa que haya dado, de mantener al hombre natural fuera del infierno. Ciertamente Dios no ha dado promesas acerca de la vida eterna o de alguna liberación o preservación de la muerte eterna, sino aquellas que están contenidas en el pacto de gracia, las promesas son sí y Amén. Pero seguramente aquellos que no son hijos del pacto, que no creen en ninguna de las promesas, no tienen interés en las promesas del pacto de gracia, y no tienen interés en el Mediador del pacto.
De manera que, aunque alguno haya tenido imaginaciones y pretensiones acerca de promesas hechas a hombres naturales que buscan con sinceridad, es claro y manifiesto que no importa los dolores que un hombre natural sufra en la religión, ni las oraciones que haga, hasta que no crea en Cristo, Dios no está de ninguna manera bajo la obligación de librarlo en ningún momento de la destrucción eterna. De manera que así es que los hombres naturales son regresados por la mano de Dios sobre el abismo del infierno; han merecido el fiero abismo, y ya están sentenciados a él; Dios ha sido terriblemente provocado, su ira es tan grande hacia ellos como la de aquellos que están actualmente sufriendo las ejecuciones de la furia de su ira en el infierno, y no han hecho nada en lo más mínimo para apaciguar o disminuir ese enojo, ni está Dios atado en lo más mínimo a ninguna promesa de perdonarlos en ningún momento.
El diablo está esperando por ellos, el infierno está abierto de par en par para ellos, las llamas se reúnen y centellean a su alrededor, los atraparán y tragarán; el fuego contenido en sus corazones está luchando para estallar; y ellos no tienen ningún interés en ningún mediador; no hay medios al alcance que les puedan servir de seguridad. En resumen, no tienen refugio, nada de que aferrarse; todo lo que los preserva en todo instante es la pura voluntad y la paciencia no obligada de un Dios encolerizado.
APLICACIÓN
Este terrible tema puede ser útil para hacer despertar algunas personas inconversas en esta congregación. Esto que has oído es el caso de cada uno de ustedes que se encuentra fuera de Cristo. Ese mundo de miseria, ese lago de azufre ardiente se extiende debajo de ti. Allí está el espantoso abismo de las llamas ardientes de la ira de Dios; allí está la ancha boca del infierno abierta de par en par; y no tienes nada sobre que permanecer en pie, ni nada de donde agarrarte; no hay nada entre ti y el infierno sino sólo el aire; es tan sólo el poder y el puro placer de Dios el que te soporta.
Posiblemente no eres sensible a esto; te ves fuera del infierno, pero no ves la mano de Dios en ello; pero contempla otras cosas, como el buen estado de tu constitución corporal, el cuidado de tu propia vida, y los medios que usas para tu preservación. Pero verdaderamente estas cosas son nada; si Dios retirara su mano, ellas no te beneficiarían más en cuanto a evitar tu caída, que lo que hace el delgado hilo al sujetar una persona que se suspende en él.
Tu impiedad te hace como si fueras tan pesado como el plomo, y te dirigirá hacia abajo con gran peso y presión directo al infierno; y si Dios te dejara caer, inmediatamente te sumergirías y rápidamente descenderías dentro del golfo sin fondo; y tu constitución saludable, y tu propio cuidado y prudencia, y tu mejor plan, y toda tu justicia, no tendrían más influencia para sujetarte y librarte del infierno, que lo que una tela de araña puede hacer para frenar una roca al caer.
De no ser por el soberano agrado de Dios, la tierra no te sostendría un instante porque eres una carga para ella. La creación gime contigo; la criatura está hecha sujeta a la esclavitud de tu corrupción, no para ayudarte voluntariamente a servir al pecado y a Satanás; la tierra no produce su incremento voluntariamente para satisfacer tus pasiones; ni es voluntariamente un escenario sobre el que tus impiedades actúen; el aire no te sirve voluntariamente para mantener la llama de vida de tus órganos vitales, mientras pasas tu vida al servicio de los enemigos de Dios. Las criaturas de Dios son buenas, y fueron hechas para que el hombre sirviera a Dios con ellas, y para que no sirvieran voluntariamente a ningún otro propósito, y para que gimieran cuando fueran usadas para propósitos tan directamente contrarios a su naturaleza y fin. El mundo te vomitaría de no ser por la mano soberana de Aquel que lo tiene sujetado en esperanza.
Las negras nubes de la ira de Dios están ahora flotando directamente sobre sus cabezas, llenas de terribles tormentas y truenos; y de no ser por la mano restrictiva de Dios hubieran reventado inmediatamente sobre ti. El placer soberano de Dios, por el presente, detiene su viento agitado; de otro modo vendría con furia, y tu destrucción llegaría como torbellino. Serías como la paja menuda en el suelo después de ser trillada en el verano.
La ira de Dios es como el agua contenida en una gran presa, que crece más y más con la lluvia y que mientras más agua contenga más rápido y poderoso será su curso cuando sean rotas.
Es verdad que el juicio contra tus obras perversas no ha sido ejecutado todavía; los diluvios de la venganza de Dios han sido retenidos; pero tu culpa entretanto está constantemente aumentando, y está cada día atesorando más ira; las aguas están aumentando constantemente, y creciendo más y más poderosas; y no hay nada fuera del puro agrado de Dios que refrene las aguas, las cuales no quieren ser detenidas, y presionan duramente para ir hacia adelante. Si Dios tan sólo retirara su mano de la compuerta, se abriría inmediatamente, y los fieros diluvios del furor e ira de Dios empujarían con furia inconcebible, y vendría sobre ti con poder omnipotente; y si tú fueras diez mil veces mayor que lo que eres, sí, diez mil veces mayor que la fuerza del más corpulento y robusto diablo en el infierno, no serías nada para resistirla o soportarla.
El arco de la ira de Dios está encorvado, la flecha lista en la cuerda, y la justicia dirige la flecha a tu corazón, y tensa el arco, y no es otra cosa que el mero placer de Dios, y el que un Dios airado que sin ninguna promesa y obligación del todo, retiene la flecha de embriagarse con tu sangre. Así todos los que de ustedes nunca han pasado por un gran cambio de corazón, por el gran poder del Espíritu de Dios sobre sus almas; todos los que de ustedes nunca han nacido de nuevo, ni han sido hechos nuevas criaturas, ni han sido levantados de la muerte en el pecado a un nuevo estado, ni han experimentado la luz y la vida, están en las manos de un Dios airado.
Aunque hayan reformado sus vidas en muchas cosas, y hayan tenido afecciones religiosas, y hayan podido mantener cierta forma de religión con sus familiares y cercanos, y aún en la casa de Dios, no es otra cosa que Su mera paciencia que los preserva de ser consumidos por la destrucción eterna. No importa cuán poco convencidos estén ahora de la verdad que oyen, a su tiempo estarán plenamente convencidos de ella. Aquellos que han partido estando en las mismas circunstancias en que están ustedes, ven que así fue con ellos; porque la destrucción vino bruscamente sobre la mayoría de ellos; cuando no la esperaban, y mientras estaban diciendo, paz y seguridad. Ahora ven, que esas cosas en las que dependían para la paz y la seguridad, no eran más que un hilo delgado y una sombra vacía.
El Dios que te sostiene sobre el abismo del infierno, ha sido terriblemente provocado más que uno que sostenga una araña, o cualquier insecto asqueroso sobre el fuego, te aborrece. Su ira hacia ti se enciende como fuego; te ve como digno, pero no para otra cosa que para ser echado en el fuego; es tan puro de ojos que no puede mantenerte a su vista; eres diez mil veces más abominable a sus ojos que lo que la serpiente venenosa más odiada es a los nuestros. Le has ofendido infinitamente más que lo que un rebelde obstinado ofende a su príncipe; y sin embargo, no es otra cosa que su mano la que te sostiene de caer en el fuego en cualquier momento. No debe ser atribuido a nadie más el que no hayas ido al infierno la última noche; el que hayas sufrido otra vez el despertar en este mundo, después de haber cerrado los ojos para dormir. Y no hay otra razón del porqué no has caído en el infierno desde que te levantaste en la mañana, que el hecho de que la mano de Dios te ha sostenido. No hay otra razón que dar del porqué no has ido al infierno, desde que te sentaste aquí en la casa de Dios, provocando sus ojos puros por tu modo pecaminoso e impío de atender a su solemne adoración.
Si, no hay otra cosa que dar como razón de por qué no caes en el infierno en este preciso momento. Oh, pecador, considera el terrible peligro en que estás. Es sobre un horno de ira, un abismo amplio y sin fondo, lleno del fuego de la ira, en el que estás soportado por la mano de Dios, cuya ira ha sido provocada e inflamada tanto contra ti, como contra muchos de los ya condenados en el infierno. Cuelgas de un hilo delgado, con las llamas de la ira divina destellando alrededor, y listas en todo momento para chamuscarlo y quemarlo en dos; y no tienes interés ni por un instante en ningún Mediador, ni en nada en qué aferrarte para salvarte a ti mismo, ni para librarte de las llamas de la ira. Ni siquiera hay algo en ti, nada de lo que hayas hecho ni puedas hacer, para inducir a Dios a perdonarte. Por eso te pido que consideres los siguientes puntos de modo más particular:
Mira de quien es la ira. Es la ira de un Dios infinito. Si fuera solamente la ira de un hombre, aunque fuera la del príncipe más poderoso, sería comparativamente pequeña para ser considerada. La ira de reyes es mucho más terrible, especialmente la de monarcas absolutos, que tienen las posesiones y las vidas de sus súbditos enteramente en su poder para disponer de ellas a su mera voluntad. "Como rugido de cachorro de león es el terror del rey; el que te enfurece peca contra sí mismo" (Prov.20:2).
El súbdito que se enfurece mucho contra un príncipe arbitrario, está expuesto a sufrir los tormentos más extremos que el arte humano puede inventar o que el poder humano puede infligir. Pero las más grandes potestades terrenales, en su mayor majestad y fuerza, cuando están vestidos de sus más grandes terrores, no son mas que gusanos débiles y despreciables de la tierra en comparación al Gran y Todopoderoso Creador y Rey del cielo y de la tierra. Es en realidad poco lo que ellos pueden hacer en el momento en que ellos están más enfurecidos, y cuando han ejercido el extremo de su furia. Todos los reyes de la tierra son como langostas ante Dios; son nada y menos que nada; tanto su amor como su odio son reducidos en poco. La ira del gran Rey de reyes es tanto más terrible que la de ellos, como lo es su majestad. "Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed" (Luc. 12:4,5).
Es a la furia de su ira a la que estás expuesto. A menudo leemos de la furia de Dios; como en Isa. 59:18. "Como para retribuir con ira a sus enemigos, y dar el pago a sus adversarios." Así también Isa. 66:15. "Porque he aquí que Jehová vendrá con fuego, y sus carros como torbellino, para descargar su ira con furor, y su represión con llama de fuego." Y en muchos otros lugares. También Ap. 19:15; allí leemos de "el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso." Las palabras son en extremo terribles. Si solamente se hubiera dicho, "la ira de Dios," los términos implicarían algo infinitamente terrible; pero es "el furor y la ira de Dios."
¡La furia de Dios! ¡el furor de Jehová! ¡Oh, cuán terrible debe ser eso! ¿Quién puede pronunciar o concebir lo que estas expresiones implican en sí mismas? Pero además, "el furor y la ira del Dios Todopoderoso." Como si hubiera una gran manifestación de su poder omnipotente en lo que el furor de su ira realiza; como si la omnipotencia estuviera encolerizada y ejercida de tal manera que los hombres no pueden ejercer su fuerza en contra del furor de su ira. ¡Oh! entonces, ¡cuál será la consecuencia! ¡Qué será de aquellos pobres gusanos que la sufrirán! ¿Quién tendrá manos fuertes para esto? ¿Qué corazón la podrá resistir? ¡A qué terrible, indecible, inconcebible profundidad de miseria está sumergida la pobre criatura que esté sujeta a esto! Considera esto, tú que estás aquí presente, y aún permaneces en un estado no regenerado. Que Dios ejecutará el furor de su enojo, implica, que El infligirá su ira sin piedad.
Cuando Dios observe la extremidad inefable de tu caso, y vea tu tormento estar tan vastamente desproporcionado a tu fuerza, y vea cómo tu pobre alma es molida, y se hunde como si estuviera en tinieblas infinitas; no tendrá compasión de ti, no contenderá las ejecuciones de su ira, y ni siquiera aligerará su mano no habrá moderación ni misericordia, no apaciguará su viento agitado; no tendrá cuidado de tu bienestar, ni será en ningún sentido cuidadoso, a menos que sufras mucho más en cualquier otra manera, que lo que sufrirías con lo que la justicia estricta requiere. Nada será retenido por el hecho de que sea demasiado fuerte de sobrellevar. "Pues también yo procederé con furor; no perdonará mi ojo, ni tendré misericordia; y gritarán a mis oídos con gran voz, y no los oiré (Ez. 8:18).
Ahora Dios está presto a tener piedad de ti; este es un día de misericordia; puedes gritar ahora con el aliento de obtener misericordia. Pero cuando el día de misericordia pase, tus gritos y chillidos de lamento y dolor serán en vano; estarás enteramente perdido y alejado de Dios, como para que nadie se interese en tu bienestar. Dios no tendrá otra cosa que hacer contigo que ponerte a sufrir miseria; no continuarás en existencia para otro fin que no sea ese; porque serás un vaso de ira preparado para destrucción; y no habrá otro uso para este vaso, que ser llenado a plenitud de ira. Dios estará tan lejos de tener piedad de ti cuando grites, que se dice que solamente "reirá y se burlará" (Prov. 1:25,26ss).
Cuán terribles son esas palabras, las cuales proceden del gran Dios, "los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas" (Isa. 63:3). Es quizás imposible concebir otras palabras que expresen con más claridad la idea de desprecio, odio, y furia de indignación. Si clamas a Dios para que tenga piedad de ti, El estará tan lejos de hacer tal cosa en tu doloroso caso, o de mostrarte ningún cuidado o favor, que, en lugar de ello, te hollará bajo sus pies. Y aunque sabrá que no podrás sobrellevar el peso de la omnipotencia sobre ti, no tendrá consideración, sino que te aplastará bajo sus pies sin misericordia; hará volar tu sangre al molerte, y salpicará sobre sus vestidos, de tal manera que manchará todas sus ropas. No sólo te odiará, sino que te tendrá bajo el desprecio más extremo; no habrá otro lugar más adecuado para ti que el estar bajo sus pies, ser pisoteado como el fango de las calles.
la miseria a la que estás expuesto es aquella que Dios infligirá con el fin de mostrarte lo que la ira de Jehová es. Dios ha tenido en su corazón el mostrar a los ángeles y a los hombres cuán excelente es su amor, y también cuan terrible es su ira. Algunas veces los reyes terrenales tienen en mente mostrar cuán terrible es su ira, por los castigos extremos que ejecutan en contra de aquellos que le provocan. Nabucodonosor, ese monarca poderoso y orgulloso del imperio caldeo, estuvo presto a mostrar su ira cuando se encolerizó contra Sadrac, Mesac y Abednego; y de esa manera dio orden de que el fiero horno ardiente fuera calentado siete veces más de como estaba. Sin duda, fue levantado al grado más extremo de furor que el arte humano podía levantar.
Pero el gran Dios está también presto a mostrar su ira, y magnificar su terrible majestad y omnipotencia, en los sufrimientos extremos de sus enemigos. "¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción?" (Rom. 9:22). Y viendo que éste es su diseño, aquello que El ha determinado, mostrar cuán terrible es la ira, la furia y el furor de Jehová cuando no es refrenada, El lo llevará a cabo. Sucederá ante un testigo algo que será espantoso.
Cuando el gran Dios airado se haya levantado y ejecutado su terrible venganza sobre el pobre pecador, y cuando el miserable esté sufriendo el peso y el poder infinito de su indignación, entonces Dios llamará al universo completo para que contemple esa terrible majestad y omnipotencia que será vista en ella. "Y los pueblos serán como cal quemada; como espinos cortados serán quemados con fuego. Oíd, los que estáis lejos, lo que he hecho; y vosotros los que estáis cerca, conoced mi poder. Los pecadores se asombraron en Sión, espanto sobrecogió a los hipócritas" (Isa. 33:12-14). Así será con aquellos de ustedes que están en un estado de no conversión, si continúan en él.
El poder infinito, la majestad y lo terrible del Dios omnipotente será magnificado sobre ti, en la inefable fuerza de tus tormentos. Serás atormentado en la presencia de los santos ángeles, y en la del Cordero; y cuando te encuentres en ese estado de sufrimiento, los habitantes gloriosos del cielo irán y verán el terrible espectáculo, para que puedan ver lo que es la ira y el furor del Todopoderoso; y cuando lo hayan visto, caerán y adorarán ese gran poder y majestad. "Y de mes en mes, y de día de reposo, en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová. Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará, y serán abominables a todo hombre" (Isa. 66:23-24).
Es una ira eterna. Sería terrible sufrir este furor y esta ira del Dios Todopoderoso por un momento; pero debes sufrirla por toda la eternidad. No habrá fin para esta aguda y horrible miseria. Cuando mires hacia delante, mirarás una duración infinita ante ti, la cual tragará tus pensamientos, y sorprenderá tu alma; y estarás absolutamente desesperado de no tener liberación, de no tener fin, de no mitigar, de no tener reposo del todo. Conocerás ciertamente que deberás consumirte luchando contra esta venganza todopoderosa y ausente de misericordia durante largas edades, millones de millones de edades. Y cuando así lo hayas hecho, cuando esas tantas edades hayan pasado sobre ti de esa manera, conocerás que eso es sólo un punto de lo que queda. De manera que tu castigo será verdaderamente infinito. ¡0h, quién puede expresar cuál es el estado del alma en tales circunstancias!. Todo lo que podamos decir acerca de ello solamente da una representación muy débil; es inexpresable e inconcebible, porque "¿quién conoce el poder de la ira de Dios?"
¡Cuán terrible es el estado de esos que diariamente y a cada hora están en peligro de esta gran ira y miseria infinita! Pero ese es el lúgubre caso de cada alma en esta congregación que todavía no ha nacido de nuevo, no importa cuán moralistas, estrictos, sobrios y religiosos puedan ser. ¡Oh, si tan sólo consideraras esto, ya seas joven o viejo! Hay razón para pensar, que hay muchos ahora en esta congregación oyendo este discurso, que eventualmente serán sujetos de esta miseria por toda la eternidad. No sabemos quiénes son, ni en qué asientos están, ni qué pensamientos tienen ahora.
Puede que ahora están cómodos, y oigan todas estas cosas sin mucha turbación, y están ahora engañándose a sí mismos de que ellos no son esas personas, prometiéndose también que escaparán. Si conociéramos a una persona, sólo de una en esta congregación, que fuera sujeto de esta miseria, ¡qué terrible sería pensar en ello! Si supiéramos quién es, ¡qué vista más terrible sería el mirar a tal persona! ¡Cómo surgiría un grito de lamento amargo por él de parte del resto de la congregación! Pero ¡ay! en lugar de uno, ¡cuántos de ustedes recordarán este discurso en el infierno! Sería un milagro si algunos de los que están ahora presentes no se encontraran en el infierno dentro de poco tiempo, o antes de que este año termine. Y no seria un milagro si algunas personas, de las que ahora están aquí sentadas en algunos asientos de esta casa de reunión, en salud, quietos y seguros, se encuentren allí antes de mañana en la mañana.
Aquellos de ustedes que continúen en un estado natural, que piensen que serán librados del infierno más tiempo, ¡estarán allí en poco tiempo! su condenación no se tarda; vendrá velozmente, y, con toda probabilidad, muy prontamente, sobre muchos de ustedes. Ustedes tienen razón al admirarse de que no están ya en el infierno. Es dudoso el caso de algunos que ustedes han visto y conocido, que nunca merecieron el infierno más que ustedes, y que una vez parecían igualmente estar vivos como ustedes.
Su caso ha perdido toda esperanza; ahora están gritando en extrema miseria y perfecta desesperación; pero ustedes están aquí en la tierra de los vivientes, en la casa de Dios, y tienen una oportunidad de obtener salvación. ¡Qué no darían esas pobres, condenadas y desesperanzadas almas por un día de oportunidad como el que ahora disfrutas! Y ahora tienes una oportunidad extraordinaria, un día en el que Cristo tiene ampliamente abierta la puerta de la misericordia, permanece allí llamando, y gritando con alta voz a los pobres pecadores; un día en el que muchos están uniéndose a El, y apresurándose a entrar en el reino de Dios.
Muchos vienen diariamente del este, oeste, norte y sur; muchos que estuvieron últimamente en la misma condición miserable en que están ustedes, y que ahora están en un estado de alegría, con sus corazones llenos de amor por aquel que los amó y los lavó de sus pecados con su propia sangre, y se gozan en la esperanza de la gloria de Dios. ¡Cuán terrible será ser echado a un lado en aquel día! ¡Ver a tantos festejando, mientras te estás consumiendo y pereciendo! !Ver a tantos regocijándose y cantando con gozo del corazón, mientras tienes motivo para lamentarte con pena interior, y clamar a gritos con vejación del espíritu! ¿Cómo pueden descansar aun un momento en tal condición? ¿No son sus almas tan preciosas como las almas de la gente de Suffield (un pueblo de las inmediaciones) que están yendo a Cristo día tras día? No hay muchos de ustedes aquí que han vivido un largo tiempo en el mundo, y hasta este día no han nacido de nuevo? y son así extranjeros de la nación de Israel, y no han hecho otra cosa desde su existencia que atesorar ira en contra del día de la ira?
Oh, señores, su caso, en una manera especial, es peligroso en extremo. Su culpa y dureza de corazón es extremadamente grande. No ven ustedes cómo generalmente las personas de su edad son pasados por alto y dejados en el notable presente y maravillosa dispensación de la misericordia de Dios? Tienen necesidad de considerarse a ustedes mismos, y despertar por completo del sueño. No pueden llevar la carga del furor y la ira del Dios infinito. Y ustedes, hombres y mujeres jóvenes, negarán esta preciosa época que ahora disfrutan, cuando tantos otros de su edad están renunciando a todas las vanidades juveniles, y yendo a Cristo? Tienen ahora una oportunidad extraordinaria; pero si la rechazan, les pasará como a esas personas que gastaron todos los días preciosos de su juventud en el pecado, y ahora han pasado a un estado de ceguera y endurecimiento.
Y ustedes, hijos, que están sin convertir, no saben que van al infierno, a sobrellevar la terrible ira de ese Dios, que ahora está enojado contigo cada día y noche? Estarán ustedes contentos de ser hijos del diablo, cuando tantos otros niños en la tierra están convertidos, y han venido a ser los hijos santos y alegres del Rey de reyes? Que cada uno que esté sin Cristo, y colgando sobre el abismo del infierno, ya sea anciano o anciana, de mediana edad, joven o niños, oigan ahora los fuertes llamados de la palabra y la providencia de Dios. Este año aceptable del Señor, un día de tanto favor para algunos, será sin lugar a dudas un día de notable venganza para otros. Los corazones de los hombres se endurecerían, y su culpa se incrementaría aprisa en un día como éste, si niegan salud a sus almas.
Nunca hubo tanto peligro para estas personas de ser entregadas a la dureza de corazón y ceguera de mente. Dios ahora parece estar reuniendo apresuradamente a sus escogidos de todas partes de la tierra; y probablemente la mayor parte de los adultos que se salvarán, serán traídos dentro de poco tiempo, y será como el gran repartimiento del Espíritu sobre los judíos en los días de los apóstoles. Los elegidos obtendrán la salvación, y el resto será cegado. Si éste fuera tu caso, maldecirás este día eternamente, y maldecirás el día en que naciste al ver el tiempo de repartimiento del Espíritu, y desearás haber muerto y haberte ido al infierno antes de haberlo contemplado. Ahora, indudablemente, como lo fue en los días de Juan el Bautista, el hacha está colocada de una manera extraordinaria a la raíz de los árboles, para que todo árbol que no dé buen fruto, sea cortado, y arrojado al fuego. Por tanto, que todo aquel que esté sin Cristo, despierte ahora y huya de la ira por venir. La ira del Dios Todopoderoso se cierne ahora sobre una gran parte de esta congregación. Que cada uno huya de Sodoma: "Dense prisa y escapen por sus vidas; no miren tras sí, escapen al monte, no sea que perezcan."
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