Salmo 85:6
Es interesante notar el tiempo en el cual esta oración fue ofrecida. Era un
tiempo de misericordia. "Fuiste propicio á tu tierra, oh Jehová". Era un
tiempo en el cual Dios había llevado a muchos al conocimiento de Cristo, y
había cubierto multitud de pecados. "Perdonaste la iniquidad de tu pueblo".
Era ahora que ellos habían comenzado a sentir la necesidad de otra visita de
misericordia. "¿No volverás tú á darnos vida?".
Aquello por lo que se Oraba
"No volverás tu á darnos vida", o literalmente, regresa y haznos vivir de
nuevo. Es la oración de aquellos quienes habían recibido un poco de vida,
pero ahora sentían la necesidad de más. Habían sido avivados por el Espíritu
Santo. Sentían la dulzura y la excelencia de esta vida nueva, escondida, y
divina. Ellos anhelaban más -- ""¿No volverás tú á darnos vida?"
El Argumento Presentado
"Y tu pueblo se alegrará en ti." Ellos ruegan a Dios que haga esto por amor a
Su pueblo, para que su gozo sea completo; y para que sea completo en el
Señor -- en el Señor de su Justicia -- en el Señor de su Fortaleza.
Cuando es esta Oración Necesaria:
En Un Tiempo De Reincidencia
Muchas veces, como en Éfeso, lo hijos de Dios pierden su primer amor. La
iniquidad abunda, y el amor de muchos se enfría. Los creyentes pierden la
comunión íntima y cercana con Dios. Salen fuera del Lugar Santísimo, y oran
a la distancia con un velo entre ellos. Pierden el fervor, la dulzura, y la
plenitud de la oración secreta. No derraman sus corazones a Dios.
Han perdido el claro descubrimiento de Cristo. Lo ven, pero tenuemente.
Han perdido de vista Su belleza -- el sabor de Su buen ungüento -- el tocar
sus vestiduras. Lo buscan, pero no lo hallan. No pueden despertar el corazón
para aferrarse a Cristo.
El Espíritu mora escasamente en su alma. El agua viva parece estar casi
seca en su interior. El alma está seca y estéril. La corrupción es fuerte: la
gracia es muy débil.
El amor a los hermanos se desvanece. La oración en unidad es abandonada.
La pequeña asamblea ya no parece ser bella. La compasión para los
inconversos es muy poca y frívola. El pecado ya no es reprendido, aunque es
cometido delante de sus propios ojos. Cristo ya no es confesado delante de
los hombres. Quizás el alma cae en pecado, y tiene miedo de regresar; se
queda lejos de Dios, y vive en el desierto.
¡Ah! Este es el caso, temo, de muchos. Es un tiempo terriblemente
peligroso. Nada, tan solo la visita del Espíritu Santo a tu alma puede
persuadirte a regresar. ¿No es un tiempo para esta oración -- "¿No volverás
tú á darnos vida?"
El alma de un creyente necesita la gracia cada momento. "Por la gracia de
Dios soy lo que soy". Pero hay tiempos en los que se necesita más gracia
que en otros. Tal así como el cuerpo que continuamente necesita alimento;
pero hay tiempos en los que se necesita más alimento que otros -- tiempos
que son de gran esfuerzo para el cuerpo, cuando toda la fuerza debe ser
puesta.
Hay momentos donde el alma de un creyente es expuesta a la persecución
ardiente. La culpa quebranta el corazón; o golpea sobre la cabeza como el
sol abrasador. "En pago de mi amor me han sido adversarios". A veces son
los hijos de Dios quienes nos reprochan, y esto es aún más difícil de
soportar. El alma está presta para reposar o hundirse.
A veces es la adulación que tienta el alma. El mundo habla bien de nosotros,
y somos tentados al orgullo y a la vanidad. Esto es aún peor de soportar.
A veces Satanás lucha dentro de nosotros conmoviendo horribles
corrupciones hasta producir una tempestad interior. Oh, ¿hay alguna alma
tentada que lee estas palabras? Jesús ora por ti. Necesitas más paz. Nada
sino el aceite del Espíritu alimentará el fuego de la gracia cuando Satanás
está echando agua sobre ella. Levanta este clamor, "¿No volverás tú á
darnos vida?"
En Un Tiempo De Preocupación
"Pedid á Jehová lluvia en la sazón tardía" Cuando Dios comienza un tiempo
de preocupación en un lugar-- cuando el rocío está empezando a caer --
entonces es tiempo de orar, Señor, no detengas Tu mano -- danos una lluvia
plena -- no dejes a ninguno seco. "¿No volverás tú á darnos vida?"
¿Quienes nesecitan este avivamiento?
Los Ministros lo Necesitan
Los ministros por naturaleza son incrédulos y de corazón duro tal como el
resto de los hombres (Marcos 6:14), por esto Cristo frecuentemente tiene
que reconvenirlos. Toda su fe proviene de lo alto. Deben recibir de Dios todo
aquello que dan. Para poder hablar la verdad con poder, necesitan tomarla
personalmente. Es imposible hablar con poder de un mero conocimiento
mental, o de la experiencia pasada. Si vamos a hablar con poder, debe ser
desde un sentimiento presente de la verdad así como la verdad está en
Jesús. No podemos hablar del maná escondido a menos que tengamos su
gusto en nuestra boca. No podemos hablar del agua viviente a menos que
esté rebosando dentro nuestro. Así como Juan el Bautista, debemos ver a
Jesús venir, y decir, "He aquí el Cordero de Dios" Tenemos que hablar con
nuestra mirada en Cristo, como lo hizo Esteban. "He aquí, veo los cielos
abiertos, y al Hijo del hombre que está á la diestra de Dios." Tenemos que
hablar en un sentido presente del perdón y el acceso a Dios, o nuestras
palabras serán frías y sin vida. ¿Pero cómo podemos hacer esto si no somos
avivados desde arriba? Los ministros están más expuestos a ser derribados
que el resto de los hombres; ellos son portaestandartes, y Satanás ama
cuando un portaestandarte desmaya. Oh, ¡qué necesidad hay de la provisión
completa de la llenura de Cristo! Ora, amado, que así sea. "¿No volverás tú
á darnos vida?"
Los Hijos De Dios lo necesitan
La vida divina es solamente otorgada desde lo alto. No tendrán vida hasta
que vengan a Cristo. "Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y
bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros" Ahora, esta vida es
mantenida al estar unido a Cristo, y al tomar a cada instante la fresca
provisión de su plenitud. "El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí
permanece, y yo en él". En algunos creyentes esta vida es mantenida por
una corriente interior constante del Espíritu Santo -- "Cada momento la
regaré" -- tal como lo es la provisión constante que el pámpano recibe de la
viña. Estos son los cristianos más felices y los más firmes. Otros tienen
crecientes del Espíritu que los llevan más y más alto. A veces obtienen más
en un día que lo que habían obtenido en meses. En algunos, la gracia es
como un río; en otros, es como lluvia en su estación. Sin embargo, en
ambos hay una necesidad de avivamiento. El corazón natural tiende a
marchitarse. Así como un jardín en el verano se seca si no es regado el alma
desmaya y se cansa en hacer el bien. La gracia no es natural para el
corazón. El corazón viejo tiende a secarse y debilitarse. Así que el que es
hijo de Dios tiene que estar buscando continuamente, como el siervo de
Elías, la nube pequeña sobre el mar. Necesitas estar constantemente cerca
de la fuente de agua viva; sí, reposando en la boca del pozo de la salvación,
y bebiendo el agua viva. "¿No volverás tú á darnos vida?"
Aquellos Antiguamente Despertados lo Necesitan
Una gota cayó desde el cielo sobre sus corazones. Ellos temblaron, lloraron,
oraron. Pero las lluvias han pasado, y el corazón de piedra ha cesado de
temblar. Otra vez el ojo se cerró para dormir; los labios se olvidaron de orar.
Ah, ¡qué común y triste es este caso! El Rey de Sión levantó su voz en este
lugar y exclamó. Algunos que estaban en sus sepulcros oyeron su voz y
comenzaron a vivir. Pero esto fue tiempo pasado, y ahora se han hundido
nuevamente en el sepulcro de un alma muerta. ¡Ah! ¡Esta es un estado
terrible! El retroceder a la muerte, el amar la muerte, y el hacer mal a tu
alma. ¿Qué puede salvar a tal persona, sino otra llamada de Jesús?
"Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará
Cristo“. Por amor de muchos de ustedes, yo oro: "¿No volverás tú á darnos
vida?"
Las Higueras Estériles lo Necesitan
Algunos de ustedes han sido plantados en esta viña. Han disfrutado de sol y
la lluvia. Han pasado por medio de todo este tiempo de avivamiento sin ser
movidos. Todavía están muertos, infértiles, inconversos, infructuosos. ¡Ah!
No hay esperanza para ti sino en esta oración. Tiempos ordinarios no te
moverán. Tu corazón es más duro que el del resto de los hombres. Qué
necesidad tienes de orar por una obra eficaz, pura, y profunda de Dios, y
para que no seas omitido. Muchos de ustedes ahora soportarían el
sacudimiento mucho mejor. Muchos de ustedes se han vuelto
experimentados en resistir a Dios, y en apagar el Espíritu. Oh, ora por un
tiempo en el que las montanas sean removidas. Nadie sino el Espíritu
Todopoderoso puede tocar tu corazón duro. "¿Quién eres tú, oh gran monte?
Delante de Zorobabel serás reducido á llanura". "¿No volverás tú á darnos
vida?"
Para quien viene el avivamiento:
Es Dios quien debe avivarnos nuevamente. No es una obra humana. Es
completamente divina. Si pones tu mirada en los hombres para que lo
hagan, sólo recibirás la maldición que se encuentra en Jeremías 17. "Maldito
el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo".
El Señor tiene a todos los hombres en sus manos. El Hijo del Hombre tiene
las siete estrellas en su diestra. Las estrellas son sus ministros. Él las
levanta, o las deja caer, en su soberana voluntad. Él les da toda su luz, o se
las quita. Él los sostiene y los deja brillar claramente, o los sostiene en el
hueco de su mano, como parezca bien ante sus ojos. A veces los permite
brillar sobre el distrito de un país y a veces sobre otro. Ellos sólo brillan para
guiar la gente hacia él. La estrella que guía fuera de él es una estrella
errante, y Cristo la echará a las tinieblas para siempre. Debemos orar a
Cristo que haga a sus ministros resplandecer sobre nosotros.
La llenura del Espíritu fue confiada al Señor. El Padre ha confiado toda la
obra de redención en las manos de Jesús, y por esto el Espíritu es dado a él.
"Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio también al Hijo que
tuviese vida en sí mismo,...así también el Hijo á los que quiere da vida"
Él es quien mantiene la vida de todos sus hijos día a día. Él es la fuente de
las aguas de vida, Sus hijos descansan junto a aguas de reposo, y beben
cada momento vida eterna de él.
Él es quien en su soberanía derrama el Espíritu sobre aquellos que nunca lo
habían conocido. "Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los
moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración" Verdaderamente,
toda la obra, de principio a fin, es de él.
Todo medio será en vano hasta que él derrame el Espíritu (Isaías 32:13,15):
"Sobre la tierra de mi pueblo subirán espinas y cardos,...Hasta que sobre
nosotros sea derramado espíritu de lo alto." Podemos predicar públicamente,
ir de casa en casa, podemos enseñar a los jóvenes y advertir a los ancianos,
pero todo será en vano; hasta que el Espíritu haya sido derramado sobre
nosotros desde lo alto, espinas y cardos crecerán. Nuestra viña será como el
jardín del perezoso. Necesitamos que Cristo despierte; que él desnude su
brazo como en los días antiguos; que derrame abundantemente el Espíritu.
Los hijos de Dios deben rogarle. Pon tu dedo sobre la promesa, y ruega,
"Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, que no hay;...yo Jehová los
oiré" Dile que eres un afligido y menesteroso. Derrama tus deseos delante
de él. Preséntale tu vacio a su llenura. Hay una provisión infinita en él para
todo lo que necesitas, en el momento justo que lo necesitas.
Hombres impíos, estás diciendo, “no hay promesa para nosotros”. Pero si
hay promesa, si lo recibes. Salmo 68:28 - "Subiste á lo alto, cautivaste la
cautividad, Tomaste dones para los hombres, Y también para los rebeldes,
para que habite entre ellos JAH Dios." ¿Eres un rebelde? Ve y dile que lo
eres. Oh, si estás dispuesto a ser justificado por Él, y que tu corazón rebelde
sea cambiado, ve y pídele, y Él te dará el agua de vida. Proverbios 1:23,
"Volveos á mi reprensión: He aquí yo os derramaré mi espíritu, Y os haré
saber mis palabras". Ve y dile que tú eres un "simple" y "burlador". Pídele
que haga lo que él prometió en Ezequiel 34:26, "Y daré á ellas, y á los
alrededores de mi collado, bendición; y haré descender la lluvia en su
tiempo, lluvias de bendición serán". Ahora tal vez no podrás decir que
perteneces al monte de Sión, pero podrás decir que estás en los alrededores
de éste monte. Oh, clama, "¿No volverás tú á darnos vida?"
Los Efectos De Un Avivamiento.
Los hijos del Señor se regocijan en él. Se regocijan en Jesucristo. El gozo
más puro que hay en el mundo es el gozo que es en Cristo Jesús. Cuando el
Espíritu es derramado, su pueblo recibe una visión muy cercana y clara del
Señor Jesús. Comen su cuerpo y beben su sangre. Llegan a una relación
personal con el Señor. Ellos gustan la plenitud de la gracia del Señor. Su
sangre y justicia son infinitamente perfectas, plenas, y gratuitas para sus
almas. Se sientan bajo su sombra con gran deleite. Reposan en la hendidura
de la roca. Su defensa es la fortaleza hecha de rocas. Se inclinan sobre el
Amado. En él hayan fuerza infinita para sus almas -- gracia sobre gracia --
todo lo que necesitan en cualquier hora de prueba y padecimiento hasta el
mismo fin.
Entonces, acércate atreves de él al Padre. "Nos gloriamos en Dios por el
Señor nuestro Jesucristo" Allí hayamos una porción -- un escudo, y un
galardón extremadamente grande. Esto produce gozo inefable y glorioso,
Ahora, Dios ama ver sus hijos felices en él. Él ama ver todos nuestros
manantiales en él. Tómalo y ruega por eso. Oh, orarías de una manera
diferente si Dios derramara agua sobre el sediento. Le contarías todo a él, le
abrirías todas tus tristezas, alegrías, preocupaciones, desahogos. Todo le
sería dicho a él.
Muchos corren a Cristo. "¿Quiénes son estos que vuelan como nubes, y
como palomas á sus ventanas?". "Y á él se congregarán los pueblos" Así
como todas las criaturas entraron al arca, así corren los pobre pecadores en
tal tiempo. Poniendo a un lado sus vestidos (Marcos 10:50), sus
desconfianzas, huyen al arca que es Jesús. Oh, no hay un visión más
hermosa que esta en todo este mundo.
Las almas son salvas. "¿No es éste tizón arrebatado del incendio?" "Ahora
pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús" “Ellos
han pasado "de muerte á vida"
Dios es glorificado. "El que recibe su testimonio (de Cristo), éste atestigua
que Dios es veraz" Él confiesa la santidad de Dios, su amor y su gracia. Su
boca está llena de alabanza. "Bendice, alma mía, á Jehová". Comienza a
desear la imagen de Dios y a confesarle delante de los hombres, comienza a
andar en Sus caminos. Esto da gozo en el cielo, y en la tierra. Oh, ¡ora por
tal tiempo!
Se produce un nuevo despertar en aquellos que habían vuelto atrás. Si no
tenemos un derramamiento del Espíritu, muchos de aquellos que una vez
buscaron a Cristo pero han vuelto atrás, perecerán de una manera terrible;
porque generalmente son ellos los que se vuelven peores de lo que eran
antes. A veces se burlan y hacen broma de todo. Aun Satanás es peor
ahora que antes de ser un ángel. Así se hacen más impíos los que se han
vuelto atrás. Generalmente se van a lo más profundo en el cieno del pecado.
Pero si Dios en su gracia derrama su Espíritu, el corazón endurecido se
derretirá. Ora por esto.
Se produce un despertar en los nuevos pecadores. Es un estado triste
cuando los pecadores son atrevidos en pecar, cuando multitudes quebrantan
abiertamente el sábado, y abiertamente frecuentan la taberna. Es un pecado
terrible cuando los pecadores pueden vivir en el pecado, y todavía sentarse
inmovibles bajo la predicación de la Palabra, echar de sí el temor, y
restringir la oración delante de Dios. Pero si al Señor se agradara en
avivarnos de nuevo, el estado de estas cosas cambiaría.
Estoy seguro que sería una vista más bella el verte acompañado yendo a la
casa de oración, que verte con la multitud yendo a la taberna o a los lugares
de pecado y vergüenza los cuales traerán ruina eterna sobre tu pobre alma.
Sería maravilloso oír un clamor de oración desde tu habitación, que el oír los
sonidos de blasfemias, mofaduras profanas, y tus duros discursos y
reproches a los hijos de Dios. Más maravilloso seria ver sus corazones
anhelando a Cristo, anhelando su perdón, su santidad, su gloria, que el
verlos volverse al mundo y a sus ídolos vanos.
www.descubriendoelevangelio.es
Oh, eleven sus corazones al Señor por tal tiempo. Rueguen fervorosamente
por la promesa, "Derramaré mi Espíritu sobre toda carne”. Entonces este
desierto se convertirá en un campo fructífero, y su nombre será, Jehová-
Shamma -- el Señor está allí.
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domingo, 29 de agosto de 2010
lunes, 23 de agosto de 2010
La Espada Sobre el Inconverso
Por: R.M. McCheyne
«La espada, la espada está afilada y aún acicalada; para degollar víctimas está acicalada, acicalada para que relumbre. ¿Hemos de alegrarnos?» (Ezequiel 21:9, 10).
Se nos enseña desde el segundo versículo de este capítulo que esta profecía fue dirigida contra Jerusalén. "Hijo del hombre, pon tu rostro contra Jerusalén y derrama palabra sobre los santuarios y profetiza sobre la tierra de Israel".
Se nos dice en los textos que preceden a los versículos leídos, que Ezequiel, siendo aún joven, fue llevado cautivo por Nabucodonosor y dejado junto al río Chebar con cierto número de compatriotas suyos. Fue allí que dirigió sus profecías durante un período de 22 años. La profecía que he leído fue dicha en el año séptimo de su cautividad y justamente tres años antes de que Jerusalén fuese destruida y el templo quemado. Por el versículo 2 sabemos que estas palabras fueron dirigidas contra Jerusalén, aunque Dios había transportado a Ezequiel a ministrar a los cautivos del río Chebar y le habla hecho dirigir un mensaje de aliento y misericordia a su ama Jerusalén. "Hijo del hombre, pon tú rostro contra Jerusalén y derrama palabra sobre los santuarios y profetiza sobre la tierra de Israel".
Dios había cumplido ya muchas de las palabras de sus profetas contra Jerusalén. Había dado cumplimiento a la profecía de Jeremías contra uno de sus reyes, Joacim: "En sepultura de asno será enterrado, arrastrándole y echándole fuera de las puertas de Jerusalén". Había cumplido la palabra profética de nuestro profeta transportando a otro rey, Joaquín, a Babilonia con todos los vasos sagrados de la casa de Dios. Pero ninguna de las profecías y ninguno de los juicios contra Jerusalén se habían despertado aún. Así se nos dice (II Crón. 36:12) que Sedechías, el rey que sucedió a Joaquín, "hizo lo malo en ojos de Jehová su Dios, y no se humilló delante de Jeremías profeta, que le hablaba de parte de Jehová". Y siguen los versículos del 14 al 16 diciendo: "y también todos los príncipes??, etc."
Fue en un tiempo de gran dureza e impenitencia de corazón que se anunció la profecía contra Jerusalén justamente tres años antes de que la ira de Dios cayese sobre ellos hasta el máximo. primeramente, todo era alegría y sensualidad en Jerusalén. En segundo lugar los falsos profetas anunciaban paz y el pueblo se complacía en tal anuncio. En tercer lugar, no había ningún clamor, ninguna agitación, sino el escándalo. y gritería producido por los banqueteos y jaranas en que la mayoría se complacían Sólo se oía la risa del necio, que es como el estrépito de las espinas debajo de a la olla" (Eclesiastés, 7:6).
Pero, en medio de aquellas fiestas y escándalos, sólo el profeta en el río Chebar oye el estruendo del trueno a distante. El fiel siervo de Dios vio a Dios armándose como un poderoso guerrero y blandiendo la espada de la venganza en su mano. Y entonces Rama a sus compatriotas clamando con voces como truenos para despertarles: "La espada, la espada está afilada y aun acicalada; para degollar víctimas está acicalada; acicalada para que relumbre, ¿hemos de alegrarnos?"
Amigos míos, quienes de vosotros no sola convertidos, estáis en la misma situación en que se hallaba Jerusalén. En los años que se han desvanecido como la niebla matutina, ¡cuántos mensajes de Dios habéis tenido! ¡Cuántas veces ha enviado Dios sus mensajeros a vosotros madrugando y enviándoles a vosotros! Su Biblia quizá ha estado en vuestro hogar como silencioso, pero poderosísimo clamor de Dios; su providencia se ha manifestado dentro de vuestro círculo familiar, durante la enfermedad y la muerte, en la abundancia o prosperidad, todo ello mostrándoos que debéis acudir al Señor Jesús, el solo y suficiente Salvador.
Todos estos mensajes han venido a vosotros y seguís aún, sin embargo, inconversos. Aún sois huesos secos y muertos, sin Cristo y sin Dios en el mundo; y decís: "Alma, reposa, come y bebe y huélgate". Pero. oíd, amigos, oíd una vez más, porque Dios no quiere que ninguno perezca. Tengo palabra de Dios para vosotros. "La espada, la espada está afilada y aún acicalada; para degollar víctimas está acicalada, acicalada para que relumbre. ¿Hemos de alegrarnos?"
Doctrina. ? Está muy fuera de la razón que las personas no convertidas se alegren.
1. Es ilógico, porque están bajo condenación.
"La espada está acicalada, etc." Existe la idea común de que el hombre está en el mundo como lo estuvo Adán, en un período de prueba, y que las personas no cristianas no serán condenadas hasta el día del juicio. Pero no es así. la Biblia dice: “El que no cree, ya es condenado” “El que no tiene al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él". "Maldito es (no dice será) todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley para hacerlas” Las almas no cristianas están en el momento presente en un horrible abismo en el que toda boca se ha de tapar y todo hombre es culpable delante de Dios. Las almas están encarceladas, están en la prisión, preparadas para ser llevadas a la ejecución. Es por eso que cuando Dios nos envía a predicar a los no cristianos, Dios nos envía "a predicar a los espíritus encarcelados", esto es, a quienes están bajo condenación. La espada no solamente está preparada, sino afilada y acicalada. Pende sobre sus cabezas.
¿Deben, por tanto, alegrarse? No es razonable que un malhechor condenado se alegre. ¿No nos llamaría grandemente la atención ver una compañía de hombres condenados a morir alegrándose y haciendo jolgorio, hablando chistosamente, como al la espada no estuviese sobre ellos? Éste es, amigos, el caso de cada uno de vosotros que no sois convertidos y aún vivía días de alegrías. Habéis sido pesados en balanza y habéis sido hallados faltos; habéis sido condenados por el Juez justo. Vuestro sentencia ya está dictada. Ahora estáis encarcelados y nadie podrá sacaros de esa prisión: la espada está dispuesta y caerá sobre vosotros. Y ¡oh! ¿no es muy ¡lógico que os alegréis? ¿No es una gran locura sentirse felices y contentos con vosotros mismos y con vuestros amigos? ¿No es una insensatez cantar la canción del borracho: "Comamos, bebamos y alegrémonos, que mañana moriremos"?
2. Tremenda insensatez es alegrarse porque los instrumentos de destrucción de Dios están todos preparados. No solamente es un hecho que los incrédulos ya están condenados, sino que además los instrumentos que los habrán de destruir estarán aparejados y completamente preparados. La espada de la venganza está afilada y aún acicalada. Cuando las espadas están guardadas en el armero se untan con grasa para evitar que se oxiden sus afiladas hojas, pero cuando la obra ha de hacerse y se ha de sacar para degollar víctimas, entonces se afilan y se acicalan y se dejan brillantes. Así se hace con la espada del verdugo: cuando no se ha de usar, se guarda; pero cuando la obra se ha de hacer, cuando se ha de ajusticiar a alguien, se afila y se tiene preparada. Se afila y acicala ahora, y precisamente antes de que haya de darse el golpe mortal, para que pueda cortar limpia y fácilmente. Igual sucede con la espada de la venganza de Dios. No está ??dice la Palabra? envainada ni grasienta, sino afilada y acicalada, está completamente a punto de realizar su obra: "para degollar víctimas". La enfermedad por la que cada inconverso ha de morir está dispuesta; corre quizá por las venas de alguno de vosotros en este preciso instante. El accidente que os ha de introducir en la eternidad se cierne sobre vosotros, todos los medios y detalles del mismo están apercibidos. La flecha que ha de heriros mortalmente ya está colocada en el entesado arco, quizá ya ha salido rauda del arco y vuela hacia alguno de vosotros.
El lugar que el inconverso habrá de ocupar en el infierno está preparado, para cada uno un lugar..Cuando Judas cayó en trasgresión: dice la Escritura; murió "para irse a su lugar". Tenía su propio lugar antes de ir allí completamente preparado para él. Del mismo modo que un hombre ,se retira por la noche a su dormitorio completamente puesto a punto para él, así hay para cada incrédulo su propio lugar en la condenación. Cuando el hombre rico murió y fue enterrado, fue inmediatamente a su propio lugar. Lo encontró todo a punto; dice el texto bíblico "y en el infierno alzó sus ojos estando en los tormentos". El infierno está preparado para los no cristianos. Fue, hace mucho ' preparado para el diablo y sus ángeles. Las llamas están completamente dispuestas, completamente encendidas y ardientes. ¡Ah! ¿Han de alegrarse, pues quienes no son cristianos? Un malhechor puede, quizá, decir que mientras no sea erigido el cadalso en que habrá de ser ejecutado, puede alegrarse. Pero el se le dice que el lugar de la ejecución está dispuesto, que la espada está ya afilada y que el verdugo le espera, ¡oh! ¿no sería locura regocijarse entonces? ¡Ay! Tal es vuestra necesidad, pobres almas, sin Cristo. Estáis no solamente condenadas, sino que además también la espada está afilada para herir vuestra alma, y, sin embargo, vivía felices, disfrutando días y noches en los placeres que han de perecer. La enfermedad, el accidente, la flecha, todo, todo está a punto; la tumba está a punto y ¡ay! también el infierno mismo está preparado, tu propio lugar ha sido aparejado, y ¡aún vives alegremente! Puedes tranquilamente distraerte en pasatiempos y regocijarte con insanas compañías. Después de la jornada de trabajo y no sabiendo a qué hora el peso de la justicia de Dios puede descargarse sobre ti, ¿te atreves aún a entregarte a una conversación disoluta, y a una conducta licenciosa añadiendo pecado sobre pecado, y atesorando para ti ira para el día de la ira? Sin antes haber orado y con la mente llena de pensamientos perversos y malos, ¿cómo puedes ir a la cama sin pensar que antes que despunte el día tú bien podrías despertar en el infierno? ¡La espada, la espada está afilada!
3. GRAN ERROR ES ALEGRARSE, PORQUE LA ESPADA PUEDE CAER EN CUALQUIER MOMENTO. Es un hecho que además de que las almas sin Cristo están ya condenadas y la espada de condenación está dispuesta, ésta puede caer en cualquier momento. No sucede igual con los malhechores; su día se fija y si les quedan muchos días, pueden alegrarse relativamente al principio para ir entristeciéndose a medida que transcurren. Por el contrario, en los no creyentes el asunto es muy diferente; su día es fijado, pero no se les dice cuál es. Puede ser este mismo momento. ¿Oh! ¿Y se alegran todavía?
Se ha dado el caso de que algunos malhechores han mostrado un corazón duro hasta el último momento. Muchos han recibido la sentencia impasibles y con cierta sonrisa en el rostro. Algunos incluso se han dirigido al cadalso impasiblemente, con un espíritu casi despreocupado. Pero cuando la cabeza ha sido colocada sobre la madera fatal, cuando los ojos han sido vendados y el cuello apercibido y descubierto, cuando la reluciente espada o hacha ha sido levantada en alto hiriendo el aire a punto de descender rápida y mortal en cualquier momento, entonces se produce un angustioso suspenso. Debe de ser muy horrible ver un hombre así con un espíritu despreocupado. en tal momento. i Oh, sería enorme locura, sí, reírse entonces!
¡Ay, que es ésa vuestra locura, pobres y desgraciadas almas sin Cristo! No sólo estáis condenados y no sólo la espada está preparada, sino que también puede caer pesadamente sobre vosotros en cualquier instante. Vuestra cabeza descansa sobre el duro leño de la ejecución, vuestro cuello está descubierto ante Dios y la tremenda espada pende sobre vosotros, ¿y aún podéis reiros? ¿Podéis todavía ocupar vuestra atención en los negocios y asuntos mundanos, y enriqueceros, edificar y plantar sabiendo que esta noche "pueden pedir vuestra alma"? ¿Podéis aún ocupar vuestro tiempo en pasatiempos y diversiones, en la lectura de libros vanos y distraeros con los compañeros? ¿Podéis ocupar las horas libres del trabajo en conversaciones malsanas y conductas licenciosas, añadiendo pecado a pecado, "atesorando ira para el día de la ira” cuando no sabéis en qué hora de la ira de Dios sobrevendrá vuestro fin? ¿Podéis acostaros sin orar, llenando, por el contrario, vuestras mentes en sucias y hórridas imaginaciones que no conviene mencionar sabiendo que podéis entrar en el infierno antes de mañana? "La espada, la espada está afilada y preparada."
4. OTRA RAZÓN QUE HACE IMPROCEDENTE, la alegría consiste en que Dios no ha prometido a las almas que se mantengan sin Cristo detener su mano para evitar su perdición en ningún momento. Todas las promesas de Dios son Sí y Amén, es decir, son verdaderas. Cumplirá indefectiblemente cada una de sus promesas. Pero la misma Escritura dice que son sí y Amén en Cristo Jesús". Todas las promesas de Dios son hechas en Cristo para los pecadores que acuden a Cristo. Creo que es totalmente imposible, por la naturaleza de lo que nos ha sido revelado, pueda hacerse alguna promesa al. no convertido. Ciertamente todas las promesas de Dios son hechas en Cristo para los pecadores que acuden a Cristo. Toda persona que no ha acudido nunca a Cristo es un no convertido y, por tanto, para él no hay promesa alguna. Si algo promete, es hacerle sentir ansiedad por la salvación; al algo promete, es llevarlo a Cristo, pero nunca ha prometido librarle en ningún momento del infierno, si no se refugia en Cristo. "¿Deben, por tanto, alegrarse?"
Permitid que me dirija a las personas que no tienen a Cristo y que están aquí. Muchos de vosotros, al oírme, habréis podido conocer que estáis sin Cristo, y aunque sabéis esto, permanecéis tan tranquilos y tan felices.
¿Por qué? Porque esperáis ser traídos a Cristo un poco antes de morir. Decía "otro día lo haré, te oiré acerca de esto otra vez” y por esto quedáis tranquilos ahora. Pero esto es irrazonable, no es propio de un ser racional actuar así. Dios no ha prometido traeros a Cristo antes de morir. Dios no tiene ninguna obligación con respecto a vosotros de salvaros. Dios no ha prometido que ya estudiaréis el asunto mañana, o que oiréis otro sermón. Cerca de vosotros existe un día, que para vosotros no tendrá mañana. Si éste no es el último día, sí que puede ser el último sermón que oigáis, aunque después se prediquen otros.
Dadme ocasión de hablar ahora a las personas sin Cristo que sienten ansiedad por sus almas. Oyéndome algunos han descubierto su condición de no cristianas, y ello las ha turba o, y aunque tienen temor por su alma, hay algunas que hacen desaparecer aquella ansiedad y miran atrás a la alegría del mundo. ¿A qué se debe? Es una gran locura. Si vosotros estáis todavía fuera de Cristo a pesar de haber sentido ansiedad, recordad que no por ello Dios ha prometido salvaros. La espada está todavía sobre vosotros, afilada y acicalada. ¡Ah! no os alegréis. Procurad entrar por la Puerta estrecha. Arrebatad el reino de los cielos, porque "al reino de los cielos se hace fuerza". Luchad por entrar. No descanséis en tanto no os halléis realmente disfrutando del pacto, en tanto vuestro nombre no haya sido escrito realmente en el "Libro de la Vida". Entonces seréis felices, más aún, bienaventurados.
5. ES INSENSATO TAMBIÉN PORQUE SE TRATA DE UNA MATANZA DOLOROSA POR SU ALCANCE. “¡La espada, la espada!"
Será una trágica matanza por cuanto alcanzará a cuantos están sin Cristo, sin excepción. La tragedia de la matanza en Jerusalén radicaba en que todos fueron muertos, tanto ancianos como jóvenes. El mandato qué el profeta oyó. era (9:5, 6): "Pasad por la ciudad en pos de él, y herid; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia. Matad viejos y mozos y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno: mas a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no llegaréis; y habéis de comenzar desde mi santuario. Comenzaron, pues, desde los varones ancianos que estaban delante del templo". Tal es la suerte trágica que aguarda a los no convertidos. Toda persona sin Cristo perecerá, sea joven o sea viejo. Dios no perdonará ni su ojo se apiadará.
Pensad esto, personas de canas blancas, que habéis vivido en el pecado y nunca os refugiasteis en Cristo; si moría así, ciertamente pereceréis en la gran matanza.
Considerad esto vosotros, de edad madura, negociantes y trabajadores cuyo único fin es obtener dinero y que, sin embargo, no lo vendéis todo por lograr la perla de gran precio. Vosotras, Martas, es decir, mujeres totalmente absortas en los quehaceres propios de vuestro sexo, cuidadosas y turbadas por las muchas cosas, pero que descuidáis la única cosa que es necesaria, vosotras también todas, unas y otros, también pereceréis en el día de la ira.
Paraos a considerar, jóvenes, que vivía sin ninguna vida de piedad, sino, por el contrario, pensando exclusivamente en la alegría y jolgorio, vosotros que procuráis distraeros, divertiros y ser felices todos los domingos, vosotros que andáis conforme a la concupiscencia de vuestros ojos y de vuestra carne, vosotros también caeréis en la condenación.
Pensad esto vosotros los pequeños que estáis orgullosos y confiáis en la inocencia, pero que ya os habéis descarriado desde el seno maternal cayendo en la mentira. Niños que tenéis enorme afición en vuestros juegos, pero que no sentía atractivo alguno por venir a Cristo, que es el Salvador de los niños, la espada pende también sobre vosotros. 1 Oh! amigos, es la destrucción que no respetará joven, ni simpático, ni cariñoso, ni madre amable, ni afectuoso chiquillo, ni viuda Y su único hijo. ¿Hemos, pues, de alegrarnos? Familias no convertidas, cuando os halléis en una tarde de asueto o de di atracción, unas, y otras, haceos estas pregunta sí ¿Debemos alegrarnos? ¿Es natural que nos alegremos? ¿Es propio de seres conscientes? Compañeros no convertidos que tan a menudo participáis juntos de la alegría de las diversiones, ¿habéis de disfrutar, como lo hacéis siendo tan triste vuestro caso? ¡Ah! Cuán funesto será el contraste cuando Dios diga: "Atado de pies y manos, echadlo al fuego eterno".
6. La última razón consiste en que la gran destrucción tendrá lugar con, la espada de Dios. Si fuese solamente la espada del hombre la que se afila y acicala para la matanza, no sería tan terrible la cuestión. Pero es la espada del Todopoderoso; por esto es tan tremenda. "No temáis a los que matan el cuerpo y después no tienen más que hacer. Os enseñaré a quién habéis de temer: temed a aquel ?que después de haber quitado la vida tiene poder de echar en la Gehena: así os digo: a éste temed". Si fuese la espada del hombre, sólo alcanzaría a dañar el cuerpo; pero ¡ah! es la espada de Dios. Es la misma espada que apareció en el jardín del Edén, "una espada encendida que se revolvía a todos lados para guardar el camino del árbol de la vida". Es la misma espada que atravesó el costado de Jesucristo en su agonía. "Levántate, oh espada, sobre el pastor y sobre el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Heriré al pastor y se desparramarán las ovejas". Es aquella espada a que se refería Cristo cuando dijo: "Y le cortará por medio y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes". Queridos amigos, no se trata de algunas heridas en la carne las que inferirá la espada. Cortará por medio, sumirá en castigo eterno, en muerte eterna. Se trata de una muerte en la que el cuerpo y el alma estarán siempre muriendo, aunque nunca muertos.
1. Permitidme hablar ahora a los ancianos. Quizá hay aquí alguna persona oyéndome en quien concurren estas tres características, a saber: que son ancianos, que están sin Cristo y que tienen alegría. ¡Oh! Si hubiese un tal hombre oyéndome, considere sus caminos, considere si es digna y propia de un ser racional su alegría. Os he mostrado claramente la situación vuestra que descubren las Sagradas Escrituras y es una situación triste y desgraciada. Primero, porque ya estáis condenados; segundo porque la espada de Dios está lista; tercero, porque puede caer sobre vosotros en cualquier momento; cuarto, porque Dios no os ha dado ninguna promesa de salvaros si no es en Cristo, y quinto, porque se cierne sobre vosotros una gran condenación que es, además, eterna. Considerad, por tanto, si es razonable creer una mentira para engañar a vuestras propias almas diciéndoos: "Paz, paz” cuando no hay paz. En el desarrollo normal de los acontecimientos, a no tardar habréis de partir del mundo de los vivos; debéis ser unidos a vuestros padres y entonces cuanto os he expuesto tendrá cumplimiento. ¿Creéis que habéis de alegraros ? Hallándoos como os halláis al borde del infierno, ¿os mantenéis viviendo sin oración y sin Cristo, distrayéndos en vanidades, ocupándoos en chistes inmorales que recordáis de la mocedad? ¡Ay de vosotros! Cuán profundo significado tiene la palabra de Salomón. "A la risa dije: Enloqueceos; y al placer: ¿De qué sirve esto?" "Aún en la risa tendrá dolor el corazón, y el término de la alegría es congoja".
. 2. Permitidme hablar a los jóvenes. Bien puede haber aquí muchos oyentes en los que se dan estas tres características. Son jóvenes, están lejos de Cristo y están llenos de alegría. Ahora, mis amigos, yo os ruego que consideréis si vuestra alegría es razonable. La espada está afilada para una gran matanza, ¿habéis de alegraros?
Objeción 1. ? La juventud es el tiempo de la alegría.
Respuesta. ? Bien sé que es el tiempo de la alegría. El corderito ¡es tan feliz brincando sobre el verde pasto! El cabritillo salta de roca en roca con viva ligereza. El potrino se yergue orgulloso sobre sus patas traseras, lleno de vida y de actividad. Pero, he aquí que ellos no tienen pecado y tú sí lo tienes; para ellos no hay infierno, pero para ti sí. Si vosotros acudís ahora a Cristo y sois librados de la ira ¡ah! entonces sí que podréis con razón encontrar que la juventud es el tiempo de la alegría, que la juventud es el tiempo del regocijo, de la dulce paz y de la más alta esperanza de gloria y la más sublime comunión con Dios.
Objeción 2. ? Tú quieres que nosotros nos entristezcamos y amarguemos la vida.
Respuesta. ? En modo alguno. Todo cuanto de veras mantengo es que, en tanto no os hayáis refugiado en Cristo,, vuestra alegría es necia e irrazonable. Si venis a Cristo, entonces sí, sed tan felices y alegraos tanto como queráis, entonces no "habrá ataduras para vuestro gozo” porque vuestro gozo será un gozo basado en Dios. Y cuando muráis entraréis a la plenitud del gozo de su presencia, en cuya diestra "hay hartura de alegrías y deleites para siempre".
Objeción 3. ? Estando como estoy, sin Cristo, el entristecerme no me va a hacer cristiano; y por esto lo mejor es que me alegre.
Respuesta. ? Ciertamente el hecho de ponerte triste no te llevará a Cristo, pero, desde luego, si hubieras sido realmente Despertado, clamarías a Él si quizá oiría tu clamor. Si estuvieses llamando para entrar, encontrarías entrada. Si estuvieses "haciendo fuerza" al reino de los cielos para entrar, lo tomarlas por la violencia. Buscad la mansedumbre, buscad la justicia. Quizá escaparéis del castigo del día de la ira del Señor. ¡Oh, almas! escapad ahora, antes no sea tarde y oí; sorprenda la condenación ya aparejada. Si permanecéis donde estáis, es bien cierto que os perderéis. Si vivís sobre la base de una seguridad carnal y humana, en medio de alegrías y deleites, estáis fuera de Cristo, estáis completamente perdidos con toda seguridad. "Alégrate ' mancebo, en tu mocedad y tome placer tu corazón en los. días de tu juventud, y anda en los “caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos: mas sabe que sobre todas estas cosas te traerá Dios a juicio."
***
«La espada, la espada está afilada y aún acicalada; para degollar víctimas está acicalada, acicalada para que relumbre. ¿Hemos de alegrarnos?» (Ezequiel 21:9, 10).
Se nos enseña desde el segundo versículo de este capítulo que esta profecía fue dirigida contra Jerusalén. "Hijo del hombre, pon tu rostro contra Jerusalén y derrama palabra sobre los santuarios y profetiza sobre la tierra de Israel".
Se nos dice en los textos que preceden a los versículos leídos, que Ezequiel, siendo aún joven, fue llevado cautivo por Nabucodonosor y dejado junto al río Chebar con cierto número de compatriotas suyos. Fue allí que dirigió sus profecías durante un período de 22 años. La profecía que he leído fue dicha en el año séptimo de su cautividad y justamente tres años antes de que Jerusalén fuese destruida y el templo quemado. Por el versículo 2 sabemos que estas palabras fueron dirigidas contra Jerusalén, aunque Dios había transportado a Ezequiel a ministrar a los cautivos del río Chebar y le habla hecho dirigir un mensaje de aliento y misericordia a su ama Jerusalén. "Hijo del hombre, pon tú rostro contra Jerusalén y derrama palabra sobre los santuarios y profetiza sobre la tierra de Israel".
Dios había cumplido ya muchas de las palabras de sus profetas contra Jerusalén. Había dado cumplimiento a la profecía de Jeremías contra uno de sus reyes, Joacim: "En sepultura de asno será enterrado, arrastrándole y echándole fuera de las puertas de Jerusalén". Había cumplido la palabra profética de nuestro profeta transportando a otro rey, Joaquín, a Babilonia con todos los vasos sagrados de la casa de Dios. Pero ninguna de las profecías y ninguno de los juicios contra Jerusalén se habían despertado aún. Así se nos dice (II Crón. 36:12) que Sedechías, el rey que sucedió a Joaquín, "hizo lo malo en ojos de Jehová su Dios, y no se humilló delante de Jeremías profeta, que le hablaba de parte de Jehová". Y siguen los versículos del 14 al 16 diciendo: "y también todos los príncipes??, etc."
Fue en un tiempo de gran dureza e impenitencia de corazón que se anunció la profecía contra Jerusalén justamente tres años antes de que la ira de Dios cayese sobre ellos hasta el máximo. primeramente, todo era alegría y sensualidad en Jerusalén. En segundo lugar los falsos profetas anunciaban paz y el pueblo se complacía en tal anuncio. En tercer lugar, no había ningún clamor, ninguna agitación, sino el escándalo. y gritería producido por los banqueteos y jaranas en que la mayoría se complacían Sólo se oía la risa del necio, que es como el estrépito de las espinas debajo de a la olla" (Eclesiastés, 7:6).
Pero, en medio de aquellas fiestas y escándalos, sólo el profeta en el río Chebar oye el estruendo del trueno a distante. El fiel siervo de Dios vio a Dios armándose como un poderoso guerrero y blandiendo la espada de la venganza en su mano. Y entonces Rama a sus compatriotas clamando con voces como truenos para despertarles: "La espada, la espada está afilada y aun acicalada; para degollar víctimas está acicalada; acicalada para que relumbre, ¿hemos de alegrarnos?"
Amigos míos, quienes de vosotros no sola convertidos, estáis en la misma situación en que se hallaba Jerusalén. En los años que se han desvanecido como la niebla matutina, ¡cuántos mensajes de Dios habéis tenido! ¡Cuántas veces ha enviado Dios sus mensajeros a vosotros madrugando y enviándoles a vosotros! Su Biblia quizá ha estado en vuestro hogar como silencioso, pero poderosísimo clamor de Dios; su providencia se ha manifestado dentro de vuestro círculo familiar, durante la enfermedad y la muerte, en la abundancia o prosperidad, todo ello mostrándoos que debéis acudir al Señor Jesús, el solo y suficiente Salvador.
Todos estos mensajes han venido a vosotros y seguís aún, sin embargo, inconversos. Aún sois huesos secos y muertos, sin Cristo y sin Dios en el mundo; y decís: "Alma, reposa, come y bebe y huélgate". Pero. oíd, amigos, oíd una vez más, porque Dios no quiere que ninguno perezca. Tengo palabra de Dios para vosotros. "La espada, la espada está afilada y aún acicalada; para degollar víctimas está acicalada, acicalada para que relumbre. ¿Hemos de alegrarnos?"
Doctrina. ? Está muy fuera de la razón que las personas no convertidas se alegren.
1. Es ilógico, porque están bajo condenación.
"La espada está acicalada, etc." Existe la idea común de que el hombre está en el mundo como lo estuvo Adán, en un período de prueba, y que las personas no cristianas no serán condenadas hasta el día del juicio. Pero no es así. la Biblia dice: “El que no cree, ya es condenado” “El que no tiene al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él". "Maldito es (no dice será) todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley para hacerlas” Las almas no cristianas están en el momento presente en un horrible abismo en el que toda boca se ha de tapar y todo hombre es culpable delante de Dios. Las almas están encarceladas, están en la prisión, preparadas para ser llevadas a la ejecución. Es por eso que cuando Dios nos envía a predicar a los no cristianos, Dios nos envía "a predicar a los espíritus encarcelados", esto es, a quienes están bajo condenación. La espada no solamente está preparada, sino afilada y acicalada. Pende sobre sus cabezas.
¿Deben, por tanto, alegrarse? No es razonable que un malhechor condenado se alegre. ¿No nos llamaría grandemente la atención ver una compañía de hombres condenados a morir alegrándose y haciendo jolgorio, hablando chistosamente, como al la espada no estuviese sobre ellos? Éste es, amigos, el caso de cada uno de vosotros que no sois convertidos y aún vivía días de alegrías. Habéis sido pesados en balanza y habéis sido hallados faltos; habéis sido condenados por el Juez justo. Vuestro sentencia ya está dictada. Ahora estáis encarcelados y nadie podrá sacaros de esa prisión: la espada está dispuesta y caerá sobre vosotros. Y ¡oh! ¿no es muy ¡lógico que os alegréis? ¿No es una gran locura sentirse felices y contentos con vosotros mismos y con vuestros amigos? ¿No es una insensatez cantar la canción del borracho: "Comamos, bebamos y alegrémonos, que mañana moriremos"?
2. Tremenda insensatez es alegrarse porque los instrumentos de destrucción de Dios están todos preparados. No solamente es un hecho que los incrédulos ya están condenados, sino que además los instrumentos que los habrán de destruir estarán aparejados y completamente preparados. La espada de la venganza está afilada y aún acicalada. Cuando las espadas están guardadas en el armero se untan con grasa para evitar que se oxiden sus afiladas hojas, pero cuando la obra ha de hacerse y se ha de sacar para degollar víctimas, entonces se afilan y se acicalan y se dejan brillantes. Así se hace con la espada del verdugo: cuando no se ha de usar, se guarda; pero cuando la obra se ha de hacer, cuando se ha de ajusticiar a alguien, se afila y se tiene preparada. Se afila y acicala ahora, y precisamente antes de que haya de darse el golpe mortal, para que pueda cortar limpia y fácilmente. Igual sucede con la espada de la venganza de Dios. No está ??dice la Palabra? envainada ni grasienta, sino afilada y acicalada, está completamente a punto de realizar su obra: "para degollar víctimas". La enfermedad por la que cada inconverso ha de morir está dispuesta; corre quizá por las venas de alguno de vosotros en este preciso instante. El accidente que os ha de introducir en la eternidad se cierne sobre vosotros, todos los medios y detalles del mismo están apercibidos. La flecha que ha de heriros mortalmente ya está colocada en el entesado arco, quizá ya ha salido rauda del arco y vuela hacia alguno de vosotros.
El lugar que el inconverso habrá de ocupar en el infierno está preparado, para cada uno un lugar..Cuando Judas cayó en trasgresión: dice la Escritura; murió "para irse a su lugar". Tenía su propio lugar antes de ir allí completamente preparado para él. Del mismo modo que un hombre ,se retira por la noche a su dormitorio completamente puesto a punto para él, así hay para cada incrédulo su propio lugar en la condenación. Cuando el hombre rico murió y fue enterrado, fue inmediatamente a su propio lugar. Lo encontró todo a punto; dice el texto bíblico "y en el infierno alzó sus ojos estando en los tormentos". El infierno está preparado para los no cristianos. Fue, hace mucho ' preparado para el diablo y sus ángeles. Las llamas están completamente dispuestas, completamente encendidas y ardientes. ¡Ah! ¿Han de alegrarse, pues quienes no son cristianos? Un malhechor puede, quizá, decir que mientras no sea erigido el cadalso en que habrá de ser ejecutado, puede alegrarse. Pero el se le dice que el lugar de la ejecución está dispuesto, que la espada está ya afilada y que el verdugo le espera, ¡oh! ¿no sería locura regocijarse entonces? ¡Ay! Tal es vuestra necesidad, pobres almas, sin Cristo. Estáis no solamente condenadas, sino que además también la espada está afilada para herir vuestra alma, y, sin embargo, vivía felices, disfrutando días y noches en los placeres que han de perecer. La enfermedad, el accidente, la flecha, todo, todo está a punto; la tumba está a punto y ¡ay! también el infierno mismo está preparado, tu propio lugar ha sido aparejado, y ¡aún vives alegremente! Puedes tranquilamente distraerte en pasatiempos y regocijarte con insanas compañías. Después de la jornada de trabajo y no sabiendo a qué hora el peso de la justicia de Dios puede descargarse sobre ti, ¿te atreves aún a entregarte a una conversación disoluta, y a una conducta licenciosa añadiendo pecado sobre pecado, y atesorando para ti ira para el día de la ira? Sin antes haber orado y con la mente llena de pensamientos perversos y malos, ¿cómo puedes ir a la cama sin pensar que antes que despunte el día tú bien podrías despertar en el infierno? ¡La espada, la espada está afilada!
3. GRAN ERROR ES ALEGRARSE, PORQUE LA ESPADA PUEDE CAER EN CUALQUIER MOMENTO. Es un hecho que además de que las almas sin Cristo están ya condenadas y la espada de condenación está dispuesta, ésta puede caer en cualquier momento. No sucede igual con los malhechores; su día se fija y si les quedan muchos días, pueden alegrarse relativamente al principio para ir entristeciéndose a medida que transcurren. Por el contrario, en los no creyentes el asunto es muy diferente; su día es fijado, pero no se les dice cuál es. Puede ser este mismo momento. ¿Oh! ¿Y se alegran todavía?
Se ha dado el caso de que algunos malhechores han mostrado un corazón duro hasta el último momento. Muchos han recibido la sentencia impasibles y con cierta sonrisa en el rostro. Algunos incluso se han dirigido al cadalso impasiblemente, con un espíritu casi despreocupado. Pero cuando la cabeza ha sido colocada sobre la madera fatal, cuando los ojos han sido vendados y el cuello apercibido y descubierto, cuando la reluciente espada o hacha ha sido levantada en alto hiriendo el aire a punto de descender rápida y mortal en cualquier momento, entonces se produce un angustioso suspenso. Debe de ser muy horrible ver un hombre así con un espíritu despreocupado. en tal momento. i Oh, sería enorme locura, sí, reírse entonces!
¡Ay, que es ésa vuestra locura, pobres y desgraciadas almas sin Cristo! No sólo estáis condenados y no sólo la espada está preparada, sino que también puede caer pesadamente sobre vosotros en cualquier instante. Vuestra cabeza descansa sobre el duro leño de la ejecución, vuestro cuello está descubierto ante Dios y la tremenda espada pende sobre vosotros, ¿y aún podéis reiros? ¿Podéis todavía ocupar vuestra atención en los negocios y asuntos mundanos, y enriqueceros, edificar y plantar sabiendo que esta noche "pueden pedir vuestra alma"? ¿Podéis aún ocupar vuestro tiempo en pasatiempos y diversiones, en la lectura de libros vanos y distraeros con los compañeros? ¿Podéis ocupar las horas libres del trabajo en conversaciones malsanas y conductas licenciosas, añadiendo pecado a pecado, "atesorando ira para el día de la ira” cuando no sabéis en qué hora de la ira de Dios sobrevendrá vuestro fin? ¿Podéis acostaros sin orar, llenando, por el contrario, vuestras mentes en sucias y hórridas imaginaciones que no conviene mencionar sabiendo que podéis entrar en el infierno antes de mañana? "La espada, la espada está afilada y preparada."
4. OTRA RAZÓN QUE HACE IMPROCEDENTE, la alegría consiste en que Dios no ha prometido a las almas que se mantengan sin Cristo detener su mano para evitar su perdición en ningún momento. Todas las promesas de Dios son Sí y Amén, es decir, son verdaderas. Cumplirá indefectiblemente cada una de sus promesas. Pero la misma Escritura dice que son sí y Amén en Cristo Jesús". Todas las promesas de Dios son hechas en Cristo para los pecadores que acuden a Cristo. Creo que es totalmente imposible, por la naturaleza de lo que nos ha sido revelado, pueda hacerse alguna promesa al. no convertido. Ciertamente todas las promesas de Dios son hechas en Cristo para los pecadores que acuden a Cristo. Toda persona que no ha acudido nunca a Cristo es un no convertido y, por tanto, para él no hay promesa alguna. Si algo promete, es hacerle sentir ansiedad por la salvación; al algo promete, es llevarlo a Cristo, pero nunca ha prometido librarle en ningún momento del infierno, si no se refugia en Cristo. "¿Deben, por tanto, alegrarse?"
Permitid que me dirija a las personas que no tienen a Cristo y que están aquí. Muchos de vosotros, al oírme, habréis podido conocer que estáis sin Cristo, y aunque sabéis esto, permanecéis tan tranquilos y tan felices.
¿Por qué? Porque esperáis ser traídos a Cristo un poco antes de morir. Decía "otro día lo haré, te oiré acerca de esto otra vez” y por esto quedáis tranquilos ahora. Pero esto es irrazonable, no es propio de un ser racional actuar así. Dios no ha prometido traeros a Cristo antes de morir. Dios no tiene ninguna obligación con respecto a vosotros de salvaros. Dios no ha prometido que ya estudiaréis el asunto mañana, o que oiréis otro sermón. Cerca de vosotros existe un día, que para vosotros no tendrá mañana. Si éste no es el último día, sí que puede ser el último sermón que oigáis, aunque después se prediquen otros.
Dadme ocasión de hablar ahora a las personas sin Cristo que sienten ansiedad por sus almas. Oyéndome algunos han descubierto su condición de no cristianas, y ello las ha turba o, y aunque tienen temor por su alma, hay algunas que hacen desaparecer aquella ansiedad y miran atrás a la alegría del mundo. ¿A qué se debe? Es una gran locura. Si vosotros estáis todavía fuera de Cristo a pesar de haber sentido ansiedad, recordad que no por ello Dios ha prometido salvaros. La espada está todavía sobre vosotros, afilada y acicalada. ¡Ah! no os alegréis. Procurad entrar por la Puerta estrecha. Arrebatad el reino de los cielos, porque "al reino de los cielos se hace fuerza". Luchad por entrar. No descanséis en tanto no os halléis realmente disfrutando del pacto, en tanto vuestro nombre no haya sido escrito realmente en el "Libro de la Vida". Entonces seréis felices, más aún, bienaventurados.
5. ES INSENSATO TAMBIÉN PORQUE SE TRATA DE UNA MATANZA DOLOROSA POR SU ALCANCE. “¡La espada, la espada!"
Será una trágica matanza por cuanto alcanzará a cuantos están sin Cristo, sin excepción. La tragedia de la matanza en Jerusalén radicaba en que todos fueron muertos, tanto ancianos como jóvenes. El mandato qué el profeta oyó. era (9:5, 6): "Pasad por la ciudad en pos de él, y herid; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia. Matad viejos y mozos y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno: mas a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no llegaréis; y habéis de comenzar desde mi santuario. Comenzaron, pues, desde los varones ancianos que estaban delante del templo". Tal es la suerte trágica que aguarda a los no convertidos. Toda persona sin Cristo perecerá, sea joven o sea viejo. Dios no perdonará ni su ojo se apiadará.
Pensad esto, personas de canas blancas, que habéis vivido en el pecado y nunca os refugiasteis en Cristo; si moría así, ciertamente pereceréis en la gran matanza.
Considerad esto vosotros, de edad madura, negociantes y trabajadores cuyo único fin es obtener dinero y que, sin embargo, no lo vendéis todo por lograr la perla de gran precio. Vosotras, Martas, es decir, mujeres totalmente absortas en los quehaceres propios de vuestro sexo, cuidadosas y turbadas por las muchas cosas, pero que descuidáis la única cosa que es necesaria, vosotras también todas, unas y otros, también pereceréis en el día de la ira.
Paraos a considerar, jóvenes, que vivía sin ninguna vida de piedad, sino, por el contrario, pensando exclusivamente en la alegría y jolgorio, vosotros que procuráis distraeros, divertiros y ser felices todos los domingos, vosotros que andáis conforme a la concupiscencia de vuestros ojos y de vuestra carne, vosotros también caeréis en la condenación.
Pensad esto vosotros los pequeños que estáis orgullosos y confiáis en la inocencia, pero que ya os habéis descarriado desde el seno maternal cayendo en la mentira. Niños que tenéis enorme afición en vuestros juegos, pero que no sentía atractivo alguno por venir a Cristo, que es el Salvador de los niños, la espada pende también sobre vosotros. 1 Oh! amigos, es la destrucción que no respetará joven, ni simpático, ni cariñoso, ni madre amable, ni afectuoso chiquillo, ni viuda Y su único hijo. ¿Hemos, pues, de alegrarnos? Familias no convertidas, cuando os halléis en una tarde de asueto o de di atracción, unas, y otras, haceos estas pregunta sí ¿Debemos alegrarnos? ¿Es natural que nos alegremos? ¿Es propio de seres conscientes? Compañeros no convertidos que tan a menudo participáis juntos de la alegría de las diversiones, ¿habéis de disfrutar, como lo hacéis siendo tan triste vuestro caso? ¡Ah! Cuán funesto será el contraste cuando Dios diga: "Atado de pies y manos, echadlo al fuego eterno".
6. La última razón consiste en que la gran destrucción tendrá lugar con, la espada de Dios. Si fuese solamente la espada del hombre la que se afila y acicala para la matanza, no sería tan terrible la cuestión. Pero es la espada del Todopoderoso; por esto es tan tremenda. "No temáis a los que matan el cuerpo y después no tienen más que hacer. Os enseñaré a quién habéis de temer: temed a aquel ?que después de haber quitado la vida tiene poder de echar en la Gehena: así os digo: a éste temed". Si fuese la espada del hombre, sólo alcanzaría a dañar el cuerpo; pero ¡ah! es la espada de Dios. Es la misma espada que apareció en el jardín del Edén, "una espada encendida que se revolvía a todos lados para guardar el camino del árbol de la vida". Es la misma espada que atravesó el costado de Jesucristo en su agonía. "Levántate, oh espada, sobre el pastor y sobre el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Heriré al pastor y se desparramarán las ovejas". Es aquella espada a que se refería Cristo cuando dijo: "Y le cortará por medio y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes". Queridos amigos, no se trata de algunas heridas en la carne las que inferirá la espada. Cortará por medio, sumirá en castigo eterno, en muerte eterna. Se trata de una muerte en la que el cuerpo y el alma estarán siempre muriendo, aunque nunca muertos.
1. Permitidme hablar ahora a los ancianos. Quizá hay aquí alguna persona oyéndome en quien concurren estas tres características, a saber: que son ancianos, que están sin Cristo y que tienen alegría. ¡Oh! Si hubiese un tal hombre oyéndome, considere sus caminos, considere si es digna y propia de un ser racional su alegría. Os he mostrado claramente la situación vuestra que descubren las Sagradas Escrituras y es una situación triste y desgraciada. Primero, porque ya estáis condenados; segundo porque la espada de Dios está lista; tercero, porque puede caer sobre vosotros en cualquier momento; cuarto, porque Dios no os ha dado ninguna promesa de salvaros si no es en Cristo, y quinto, porque se cierne sobre vosotros una gran condenación que es, además, eterna. Considerad, por tanto, si es razonable creer una mentira para engañar a vuestras propias almas diciéndoos: "Paz, paz” cuando no hay paz. En el desarrollo normal de los acontecimientos, a no tardar habréis de partir del mundo de los vivos; debéis ser unidos a vuestros padres y entonces cuanto os he expuesto tendrá cumplimiento. ¿Creéis que habéis de alegraros ? Hallándoos como os halláis al borde del infierno, ¿os mantenéis viviendo sin oración y sin Cristo, distrayéndos en vanidades, ocupándoos en chistes inmorales que recordáis de la mocedad? ¡Ay de vosotros! Cuán profundo significado tiene la palabra de Salomón. "A la risa dije: Enloqueceos; y al placer: ¿De qué sirve esto?" "Aún en la risa tendrá dolor el corazón, y el término de la alegría es congoja".
. 2. Permitidme hablar a los jóvenes. Bien puede haber aquí muchos oyentes en los que se dan estas tres características. Son jóvenes, están lejos de Cristo y están llenos de alegría. Ahora, mis amigos, yo os ruego que consideréis si vuestra alegría es razonable. La espada está afilada para una gran matanza, ¿habéis de alegraros?
Objeción 1. ? La juventud es el tiempo de la alegría.
Respuesta. ? Bien sé que es el tiempo de la alegría. El corderito ¡es tan feliz brincando sobre el verde pasto! El cabritillo salta de roca en roca con viva ligereza. El potrino se yergue orgulloso sobre sus patas traseras, lleno de vida y de actividad. Pero, he aquí que ellos no tienen pecado y tú sí lo tienes; para ellos no hay infierno, pero para ti sí. Si vosotros acudís ahora a Cristo y sois librados de la ira ¡ah! entonces sí que podréis con razón encontrar que la juventud es el tiempo de la alegría, que la juventud es el tiempo del regocijo, de la dulce paz y de la más alta esperanza de gloria y la más sublime comunión con Dios.
Objeción 2. ? Tú quieres que nosotros nos entristezcamos y amarguemos la vida.
Respuesta. ? En modo alguno. Todo cuanto de veras mantengo es que, en tanto no os hayáis refugiado en Cristo,, vuestra alegría es necia e irrazonable. Si venis a Cristo, entonces sí, sed tan felices y alegraos tanto como queráis, entonces no "habrá ataduras para vuestro gozo” porque vuestro gozo será un gozo basado en Dios. Y cuando muráis entraréis a la plenitud del gozo de su presencia, en cuya diestra "hay hartura de alegrías y deleites para siempre".
Objeción 3. ? Estando como estoy, sin Cristo, el entristecerme no me va a hacer cristiano; y por esto lo mejor es que me alegre.
Respuesta. ? Ciertamente el hecho de ponerte triste no te llevará a Cristo, pero, desde luego, si hubieras sido realmente Despertado, clamarías a Él si quizá oiría tu clamor. Si estuvieses llamando para entrar, encontrarías entrada. Si estuvieses "haciendo fuerza" al reino de los cielos para entrar, lo tomarlas por la violencia. Buscad la mansedumbre, buscad la justicia. Quizá escaparéis del castigo del día de la ira del Señor. ¡Oh, almas! escapad ahora, antes no sea tarde y oí; sorprenda la condenación ya aparejada. Si permanecéis donde estáis, es bien cierto que os perderéis. Si vivís sobre la base de una seguridad carnal y humana, en medio de alegrías y deleites, estáis fuera de Cristo, estáis completamente perdidos con toda seguridad. "Alégrate ' mancebo, en tu mocedad y tome placer tu corazón en los. días de tu juventud, y anda en los “caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos: mas sabe que sobre todas estas cosas te traerá Dios a juicio."
***
Jesús es el Camino, La Verdad y la Vida
Por: R.M. McCheyne
«Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mi» (Juan 14:6).
Decía frecuentemente un anciano hombre de Dios que cuando Él tiene en su mano las más grandes misericordias para nosotros, entonces es cuando la mayoría de nosotros estamos pecando contra Él, lo que hace aún más glorioso su amor para con nosotros.
En las palabras que hemos leído encontramos un ejemplo de ello. Nunca antes del corazón de Jesús fluyó su soberano amor con mayor ternura que cuando dijo "no se turbe vuestro corazón". Los discípulos estaban turbados por muchas cosas. Él les había dicho que iba a dejarlos, que partiría de ellos; les había dicho también que uno de ellos le traicionarla, que otro le negaría, que ellos todos aquella misma noche se ofenderían por causa de Él. Y quizá pensaban que los abandonaba airado ?contra ellos. Pero fuese cual fuese la causa de su turbación, el corazón de Jesús era como un vaso lleno de amor a rebosar, y sus palabras fueron las gotas que de su amor se derramaban: "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí".
Seguramente que nunca antes fueron pronunciadas' palabras de ternura tan íntima en este frío mundo; ¡oh! entonces, pensad ¡cuán fría, cuán oscura, cuán tajante es la pregunta con que Tomás interrumpe el celestial discurso! "Dícele Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?" Y ved entonces, como contraste, con cuánta condescendencia habla Jesús a sus corazones fríos y embotados.
Con cuánto amor empieza Jesús la explicación del alfabeto de la salvación. No sólo da las respuestas a Tomás, sino mucho más que las respuestas, concediendo así a su discípulo mucho más de lo que él pedía o pensaba. Él inquiría acerca del camino y del lugar a que iba Jesús, pero Éste le contesta: "Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí". Examinando esta respuesta, por tanto, como una descripción completa de la salvación del Evangelio, entremos en el estudio de sus diferentes partes.
I. Cristo es el camino. ? "Yo soy el camino; nadie viene... y así sigue. Toda la Biblia da testimonio de que ninguno de nosotros puede llegar al Padre. Estamos por naturaleza llenos de pecado y Dios es, por naturaleza, infinitamente santo, es decir, huye del pecado. Del mismo modo que la planta sensitiva, por su propia naturaleza, huye del contacto de toda mano humana, así Dios, dada su naturaleza, se aparta del toque del pecado. Está eternamente separado de los pecadores, es demasiado puro de ojos para soportar la iniquidad.
1. Esto fue enseñado a Adán y a los patriarcas de una forma muy impresiva. Mientras Adán anduvo santamente, Dios habitó en él y andaba con él y con él mantenía una perfecta comunión. Cuando Adán cayó, "Dios echó fuera al hombre y puso al oriente del huerto del Edén querubines y una espada encendida que se revolvía a todos lados para guardar el camino del árbol de la vida". Aquella espada ardiente entre los querubines era un símbolo perfecto de Dios, de su justo odio hacia el pecado. En la zarza, Dios se apareció a Moisés como "fuego consumidor"; en el templo se aparecía entre los querubines rodeado de la gloria de la Shequina. En el Edén se manifestó entre los querubines como una espada encendida mostrando así su perfecto odio hacia el pecado.
Yo quiero haceros notar que esta espada encendida "se revolvía a todos lados” para guardar el camino del árbol de la vida. Si la espada no se hubiese "revuelto a todos lados” si hubiese dejado alguna senda sin guardar, entonces Adán podría haber pasado por ella trazando así su propio camino hacia el árbol de la vida. Pero no; no pudo intentarlo por ninguna vereda. No le era posible aunque fuese secreta o estrecha, aunque fuese escarpada y difícil, aunque tratase de zafarse silenciosamente. Con todo, el dardo ardiente hubiese dado con él; parecía decirle: "¿Cómo puede el hombre justificarse con Dios? porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará". Bien podía Adán sentarse entristecido por la inútil búsqueda de la senda de la vida. Al hombre, por naturaleza, no le es posible llegar al Padre.
Pero Cristo dijo: "Yo soy el el Camino". Como dice el salmo 16, la senda de la vida había de sernos mostrada. Nadie pudo encontrarla, pero ahora podemos decir a Jesús: "Me mostrarás la senda de la vida; hartura de alegrías hay con tu rostro, deleites en tu diestra para siempre". Jesús se compadeció de los pobres hijos de Adán viéndoles batallar inútilmente en busca del camino que los llevase al paraíso de Dios y dejó el seno del Padre para poder abrirnos un camino hacia el Padre. ¿Y cómo lo hizo? ¿burlando la vigilancia de la espada encendida? No, porque ella "se revolvía a todos lados". ¿Lo hizo ejercitando su autoridad divina y ordenando al dardo ardiente que permaneciese inmóvil para franquearle el paso? No, porque con ello hubiera deshonrado la ley de su Padre, en vez de magnificarla. Por eso vino Él a hacerse hombre, para ocupar nuestro lugar; se hizo hombre para ser considerado pecado, con objeto de que Dios cargase en Él la iniquidad de todos nosotros. En representación de todos nosotros avanzó para que aquella terrible espada cayese sobre Él recordando la palabra del profeta que dice: "Levántate, oh espada, sobre el pastor y sobre el compañero mío, dice Jehová de los ejércitos".
Ahora, desde que la afilada espada ha sido hundida en el costado del Redentor, los más viles de los pecadores, quienes quiera que seáis, como quiera que seáis, podéis pasar por encima de su cuerpo sufriente, podéis hallar acceso al paraíso de Dios, podéis comer del árbol de la vida y Vivir eternamente. Venid, pues, prestamente, sin dudar, porque Él ha dicho: "Yo soy el camino".
2. El mismo hecho ??que el hombre por naturaleza no tiene acceso al Padre fue enseñado de forma también muy impresiva tanto a Moisés como al pueblo. Cuando Dios condescendió a habitar entre los hi»s de Israel, habitó en el lugar santísimo, el lugar del templo judío colocado en la parte más interior de sus atrios. Allí la señal visible de su presencia descansaba entre los querubines, siéndonos descrita, por un lado, como una luz inaccesible y llena de gloria, y por otro, como una nube que llenaba el templo. Pero este lugar, el más íntimo, el santísimo (o, como se le llama en los Salmos, el lugar secreto), estaba separado del lugar santo por una cortina, por un grueso velo. No se permitía a ningún hombre trasponerlo (pues si lo hacia moría al instante), excepto el Sumo Sacerdote, que lo hacía con la sangre de los sacrificios una vez cada año. No podía expresarse de forma más gráfica ni más sencilla que el camino al lugar santísimo no estaba manifiesto, que ningún hombre pecador tenía posibilidad de entrar a la presencia de Dios.
Pero Jesús dice: "Yo soy el camino". Apesadumbraba a Jesús que el acceso al lugar santísimo nos estuviese cerrado, que nos fuese imposible llegar, por tanto, a la presencia de Dios, porque Él sabia por experiencia que en la presencia de Dios hay "hartura de alegrías” en otras palabras, hay plenitud de gozo. Consideremos ahora cómo abrió el camino. ¿Descorrió a un lado el velo para que fácilmente pudiéramos introducirnos a la presencia de Dios? No; sino que Él se ofreció a Sí mismo en ofrenda para satisfacer la justicia divina y reconciliarnos con Dios. Jesús dijo: "Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo". Consumado es: la maldición del pecado se ha llevado a cabo, las demandas de la ley han sido satisfechas, el camino ha quedado abierto, el velo se ha rasgado de arriba abajo. No queda ningún vestigio de aquel velo rasgado que nos intercepte el paso. El más culpable y vil pecador de todos vosotros tiene ahora libertad para entrar a través del velo desgarrado, permanecer bajo la faz de la luz de Dios, habitar en lo secreto de su tabernáculo, contemplar su belleza e inquirir en su santo templo.
Ahora, amigos míos, os pregunto: ¿Es por este camino que vosotros os acercáis al Padre? Cristo dice: "Yo soy el camino, nadie viene al Padre sino por mí".? Por tanto, si vosotros queréis todavía trazaros vuestro propio camino, bien sea un camino de lágrimas, o de penitencias, o de propósitos de enmienda, o el de la esperanza de, que Dios no os tratará tan rigurosamente; si vosotros no queréis parar atención a las amonestaciones de Dios, encontraréis en el día del juicio aquella espada ardiente volviéndose a todos los lados y habréis de ser dejados, reservados para aquel fuego consumidor.
Pero, ¡oh!, si hay algún alma que no encuentra paz en sus caminos de justicia propia, al hay alguno de vosotros que a sí mismo se descubre perdido, he aquí que Cristo dice: "Yo soy el camino” como también en otro lugar dice:???Yo soy la puerta". Es un camino abierto y libre, es el camino para los pecadores; ¿por qué aguardar un momento más? Tiempo ha habido en que existía una pared divisoria entre vosotros y Dios, pero Cristo la ha derribado; hubo un tiempo cuando Dios estaba airado con justa ira contra vosotros, pero su santo enojo se ha apartado gracias a este bendito camino. Dios ciertamente ha tomado contentamiento en Cristo.
II. Cristo es la Verdad. ? La Biblia entera, y también la experiencia, nos da testimonio de que por naturaleza desconocemos la verdad. Desde luego, es cierto que hay muchas verdades que el hombre no convertido conoce. Está capacitado para conocer las verdades de las matemáticas y de la aritmética; puede conocer muchas de las verdades comunes de la vida diaria, pero, por el contrario,, no puede decirse que un hombre inconverso conozca la verdad, porque Cristo es la Verdad. Cristo puede ser llamado la llave del arca de la verdad. Quitad la llave de un arca, y todo lo que hay en el interior de la misma tendrá el mismo valor que ?un montón de ruinas. Pueden estar dentro 1as mismas piedras preciosas, pero están todas revueltas y mezcladas, sin orden, sin fin. Del mismo modo eliminad a Cristo y toda el arca de la verdad viene a carecer de valor. Son las mismas verdades las que permanecen allí, pero caídas, sin coherencia, sin orden...
Cristo puede ser llamado el sol del sistema de la Verdad. Quitad el sol de nuestro sistema solar y todos sus planetas se verán sumidos en la confusión. Habría los mismos planetas, pero las leyes y fuerzas que los rigen los harían chocar entre sí y los llevarían de aquí para allí en un desorden sin fin. Así, si quitáis a Cristo, todo el sistema de la Verdad entraría en confusión. Las mismas verdades estarían en la mente, pero en conflicto y choque, llenas de inexplicables misterios, porque "el camino de los impíos es como la oscuridad: no saben en qué tropiezan". En cambio, si permitimos que Cristo sea revelado a un alma no convertida ?no por medio de la palabra de un hombre que le hable de Cristo, sino por la revelación directa del mismo Espíritu de Dios?? veréis qué cambio se produce. Colocad la llave en el arca de la Verdad, restaurad el sol nuevamente al centro de su sistema: toda la Verdad viene a quedar ordenada y útil en la mente y en el corazón.
Cuando esto es así, el alma conoce la verdad respecto de lo que es en sí misma. Así, ¿el Hijo de Dios dejó realmente el seno del Padre para sufrir su ira sobre sí, ira que debía sufrir yo? En tal caso ?dice el alma? yo debía de estar en una horrenda condenación. ¿El Señor Jesús vino a ser un siervo para que pudiese obedecer la ley de Dios en lugar? de los pecadores? En tal caso no debe de haber ninguna justicia en mí mismo, sino que realmente soy un hijo de desobediencia. Así piensa el alma.
Además, conociendo a Cristo, tal alma conoce la verdad en relación con Dios mismo. ¿Así que voluntariamente Y sin que nadie se lo pidiese, Dios entregó a la muerte a su Hijo por todos nosotros? Siendo as!, si yo creo en Jesús, no hay para mí ninguna condenación: Dios es mi Padre Y ciertamente Dios es amor. He aquí los razonamientos del alma. ¿Habéis visto, queridos amigos, a Cristo? ¿Os ha sido revelado a vosotros, no por carne ni sangre, sino por espíritu como la Verdad? Entonces, vosotros sabéis cuán cierto es que Él es "Alfa y Omega” principio y fin de toda sabiduría. En cambio, si vosotros no habéis visto a Cristo, no sabéis nada como debierais saber, todo vuestro conocimiento es como un arca sin llave, como un sistema sin sol. ¿Qué bien os reportará en el infierno que hayáis conocido todas las ciencias del mundo, todos los acontecimientos de la historia y todos los negocios y asuntos de la política de los breves días de vuestra estancia en la tierra? ¿No sabéis que vuestro mismo conocimiento se os tornará en instrumento de tortura allí? i Oh, cómo desearéis aquel día haber leído menos los periódicos y más la Biblia que teníais arrinconada, con objeto de que, por ella, hubieseis conocido al Salvador, a quien conocerle es vida eterna!
III. Cristo es la vida. ? Toda la Biblia declara que por naturaleza todos nosotros estamos muertos en delitos y pecados y que tal muerte no es una muerte en la que estamos completamente inactivos, sino que en ella andamos de acuerdo con la maldición de este mundo, de acuerdo con el príncipe y las potestades malignas de los ángeles caídos.
Esta verdad se nos enseña plenamente en la visión que tuvo el profeta Ezequiel "cuando fue llevado del Espíritu y colocado en medio de un campo lleno de huesos secos; y como él pasó cerca de ellos por todo alrededor, he aquí que eran muchos sobre la haz del campo y por cierto secos en gran manera".
Justamente así es la visión que cada hijo de Dios tiene del mundo. Los huesos secos son "muchos y secos en gran manera" y hace la misma pregunta que Dios hizo a Ezequiel: "¿Vivirán estos huesos?" Oh, sí, amigos míos, ¿y no os enseña la experiencia esta misma verdad? Cierta mente los muertos no pueden saber que están muertos; solamente en el caso de que el Señor toque vuestro corazón podréis daros cuenta de ello. Estamos predicando a huesos secos. Éste es el método de Dios; en tanto les predicamos, el aliento de Dios sopla sobre ellos. Mirad, por tanto vuestra vida pasada. Considerad cómo habéis andado, conforme a la condición de este mundo. Siempre habéis sido como el hombre que nada a favor de la corriente; nunca habéis nadado contra la corriente., Mirad a vuestro propio corazón y veréis cómo os habéis rebelado contra todos los mandamientos. Habéis sentido que el día del Señor, si lo habíais del guardar conforme a la voluntad de Dios santificándolo, os era una carga, en lugar de seros una delicia y un honor. Si habéis intentado guardar los mandamientos de Dios, si habéis decidido que en todo momento vuestros ojos miren solamente lo puro, vuestros deseos siempre sean justos, vuestra lengua no haya tenido palabras de enojo, o de engaño, o de amargura; si habéis procurado eliminar de vuestro corazón la malicia y la envidia, si todo esto lo habéis intentado ?y sé que la mayoría de los inconversos lo han probado?, si lo habéis intentado, ¿no lo habéis hallado completamente imposible? Era tan difícil como levantarse de los muertos. ¿No os causó la sensación de que estabais librando una batalla contra vosotros mismos, contra lo que es muy innato y está muy arraigado en vuestra propia naturaleza? ¡Oh, cuán cierto es que vosotros estáis muertos, que no habéis nacido de nuevo todavía! "No os maravilléis de que os diga, os es necesario nacer otra vez". Debéis uniros a Cristo porque Cristo es la vida.
Suponed que fuese posible que algún miembro arrancado de su cuerpo, y muerto, como es natural, pudiese ser adherido nuevamente a su cuerpo vivo de forma tan completa que todas las venas pudiesen recibir la corriente el flujo de sangre viva; suponed que los huesos fuesen unidos a los huesos, los nervios a los nervios, ¿os extrañaría ver que aquel miembro que había estado muerto cobrara nueva vida? Antes estaba inerte, sin vida, inmóvil, lleno de corrupción; ahora estaría lleno de vitalidad, de movimiento, de calor. Sería un miembro vivo en virtud de su unión a un cuerpo Heno de vida. Suponed, por otro lado, que fuese posible que una rama desgajada fuese injertada a un árbol de forma también tan total que todos los canales de la rama recibiesen la corriente de la savia. ¿No contemplaríais el milagro de que aquella rama, antes muerta, se convertía en una rama viva? Antes estaba seca, sin fruto; ahora estaría llena de savia, de vida y de vigor. Ahora sería una rama viva porque se habría unido a un árbol que sería su vida. Bien, pues justamente así sucede con él creyente cuando se une a Cristo, ya que éste es la vida y de Él la recibe cada alma. El que está unido al Señor tiene su Espíritu. ¿Es tu alma como un miembro muerto, frío, inerte y lleno de corrupción? Acude a Cristo, únete a Él por la fe y serás con Él un espíritu, recibirás su calor, su vigor y la plenitud de su actividad para el servicio de Dios.
¿Es tu alma como una rama desgajada, seca, sin fruto, que ofrece solamente hojas? Acércate a Cristo, únete a 21 y tendrás su Espíritu. Te darás cuenta entonces de que ciertamente Cristo es la vida, que tu vida está escondida con Cristo en Dios, dirás entonces '!vivo no ya yo, mas vive Cristo en mí y la vida que ahora vivo en la carne la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se dio a sí mismo por mí".
Recordad entonces, mis amigos no creyentes, que el único modo de que vengáis a ser santos es que os unáis a Cristo. Y vosotros, amigos creyentes, recordad que si vivís de forma poco sólida en la santidad, se debe a vuestra poco vigorosa unión con Cristo.
"Estad en Mí, y Yo en vosotros; así llevaréis mucho fruto. Porque sin Mí nada podéis hacer."
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«Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mi» (Juan 14:6).
Decía frecuentemente un anciano hombre de Dios que cuando Él tiene en su mano las más grandes misericordias para nosotros, entonces es cuando la mayoría de nosotros estamos pecando contra Él, lo que hace aún más glorioso su amor para con nosotros.
En las palabras que hemos leído encontramos un ejemplo de ello. Nunca antes del corazón de Jesús fluyó su soberano amor con mayor ternura que cuando dijo "no se turbe vuestro corazón". Los discípulos estaban turbados por muchas cosas. Él les había dicho que iba a dejarlos, que partiría de ellos; les había dicho también que uno de ellos le traicionarla, que otro le negaría, que ellos todos aquella misma noche se ofenderían por causa de Él. Y quizá pensaban que los abandonaba airado ?contra ellos. Pero fuese cual fuese la causa de su turbación, el corazón de Jesús era como un vaso lleno de amor a rebosar, y sus palabras fueron las gotas que de su amor se derramaban: "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí".
Seguramente que nunca antes fueron pronunciadas' palabras de ternura tan íntima en este frío mundo; ¡oh! entonces, pensad ¡cuán fría, cuán oscura, cuán tajante es la pregunta con que Tomás interrumpe el celestial discurso! "Dícele Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?" Y ved entonces, como contraste, con cuánta condescendencia habla Jesús a sus corazones fríos y embotados.
Con cuánto amor empieza Jesús la explicación del alfabeto de la salvación. No sólo da las respuestas a Tomás, sino mucho más que las respuestas, concediendo así a su discípulo mucho más de lo que él pedía o pensaba. Él inquiría acerca del camino y del lugar a que iba Jesús, pero Éste le contesta: "Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí". Examinando esta respuesta, por tanto, como una descripción completa de la salvación del Evangelio, entremos en el estudio de sus diferentes partes.
I. Cristo es el camino. ? "Yo soy el camino; nadie viene... y así sigue. Toda la Biblia da testimonio de que ninguno de nosotros puede llegar al Padre. Estamos por naturaleza llenos de pecado y Dios es, por naturaleza, infinitamente santo, es decir, huye del pecado. Del mismo modo que la planta sensitiva, por su propia naturaleza, huye del contacto de toda mano humana, así Dios, dada su naturaleza, se aparta del toque del pecado. Está eternamente separado de los pecadores, es demasiado puro de ojos para soportar la iniquidad.
1. Esto fue enseñado a Adán y a los patriarcas de una forma muy impresiva. Mientras Adán anduvo santamente, Dios habitó en él y andaba con él y con él mantenía una perfecta comunión. Cuando Adán cayó, "Dios echó fuera al hombre y puso al oriente del huerto del Edén querubines y una espada encendida que se revolvía a todos lados para guardar el camino del árbol de la vida". Aquella espada ardiente entre los querubines era un símbolo perfecto de Dios, de su justo odio hacia el pecado. En la zarza, Dios se apareció a Moisés como "fuego consumidor"; en el templo se aparecía entre los querubines rodeado de la gloria de la Shequina. En el Edén se manifestó entre los querubines como una espada encendida mostrando así su perfecto odio hacia el pecado.
Yo quiero haceros notar que esta espada encendida "se revolvía a todos lados” para guardar el camino del árbol de la vida. Si la espada no se hubiese "revuelto a todos lados” si hubiese dejado alguna senda sin guardar, entonces Adán podría haber pasado por ella trazando así su propio camino hacia el árbol de la vida. Pero no; no pudo intentarlo por ninguna vereda. No le era posible aunque fuese secreta o estrecha, aunque fuese escarpada y difícil, aunque tratase de zafarse silenciosamente. Con todo, el dardo ardiente hubiese dado con él; parecía decirle: "¿Cómo puede el hombre justificarse con Dios? porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará". Bien podía Adán sentarse entristecido por la inútil búsqueda de la senda de la vida. Al hombre, por naturaleza, no le es posible llegar al Padre.
Pero Cristo dijo: "Yo soy el el Camino". Como dice el salmo 16, la senda de la vida había de sernos mostrada. Nadie pudo encontrarla, pero ahora podemos decir a Jesús: "Me mostrarás la senda de la vida; hartura de alegrías hay con tu rostro, deleites en tu diestra para siempre". Jesús se compadeció de los pobres hijos de Adán viéndoles batallar inútilmente en busca del camino que los llevase al paraíso de Dios y dejó el seno del Padre para poder abrirnos un camino hacia el Padre. ¿Y cómo lo hizo? ¿burlando la vigilancia de la espada encendida? No, porque ella "se revolvía a todos lados". ¿Lo hizo ejercitando su autoridad divina y ordenando al dardo ardiente que permaneciese inmóvil para franquearle el paso? No, porque con ello hubiera deshonrado la ley de su Padre, en vez de magnificarla. Por eso vino Él a hacerse hombre, para ocupar nuestro lugar; se hizo hombre para ser considerado pecado, con objeto de que Dios cargase en Él la iniquidad de todos nosotros. En representación de todos nosotros avanzó para que aquella terrible espada cayese sobre Él recordando la palabra del profeta que dice: "Levántate, oh espada, sobre el pastor y sobre el compañero mío, dice Jehová de los ejércitos".
Ahora, desde que la afilada espada ha sido hundida en el costado del Redentor, los más viles de los pecadores, quienes quiera que seáis, como quiera que seáis, podéis pasar por encima de su cuerpo sufriente, podéis hallar acceso al paraíso de Dios, podéis comer del árbol de la vida y Vivir eternamente. Venid, pues, prestamente, sin dudar, porque Él ha dicho: "Yo soy el camino".
2. El mismo hecho ??que el hombre por naturaleza no tiene acceso al Padre fue enseñado de forma también muy impresiva tanto a Moisés como al pueblo. Cuando Dios condescendió a habitar entre los hi»s de Israel, habitó en el lugar santísimo, el lugar del templo judío colocado en la parte más interior de sus atrios. Allí la señal visible de su presencia descansaba entre los querubines, siéndonos descrita, por un lado, como una luz inaccesible y llena de gloria, y por otro, como una nube que llenaba el templo. Pero este lugar, el más íntimo, el santísimo (o, como se le llama en los Salmos, el lugar secreto), estaba separado del lugar santo por una cortina, por un grueso velo. No se permitía a ningún hombre trasponerlo (pues si lo hacia moría al instante), excepto el Sumo Sacerdote, que lo hacía con la sangre de los sacrificios una vez cada año. No podía expresarse de forma más gráfica ni más sencilla que el camino al lugar santísimo no estaba manifiesto, que ningún hombre pecador tenía posibilidad de entrar a la presencia de Dios.
Pero Jesús dice: "Yo soy el camino". Apesadumbraba a Jesús que el acceso al lugar santísimo nos estuviese cerrado, que nos fuese imposible llegar, por tanto, a la presencia de Dios, porque Él sabia por experiencia que en la presencia de Dios hay "hartura de alegrías” en otras palabras, hay plenitud de gozo. Consideremos ahora cómo abrió el camino. ¿Descorrió a un lado el velo para que fácilmente pudiéramos introducirnos a la presencia de Dios? No; sino que Él se ofreció a Sí mismo en ofrenda para satisfacer la justicia divina y reconciliarnos con Dios. Jesús dijo: "Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo". Consumado es: la maldición del pecado se ha llevado a cabo, las demandas de la ley han sido satisfechas, el camino ha quedado abierto, el velo se ha rasgado de arriba abajo. No queda ningún vestigio de aquel velo rasgado que nos intercepte el paso. El más culpable y vil pecador de todos vosotros tiene ahora libertad para entrar a través del velo desgarrado, permanecer bajo la faz de la luz de Dios, habitar en lo secreto de su tabernáculo, contemplar su belleza e inquirir en su santo templo.
Ahora, amigos míos, os pregunto: ¿Es por este camino que vosotros os acercáis al Padre? Cristo dice: "Yo soy el camino, nadie viene al Padre sino por mí".? Por tanto, si vosotros queréis todavía trazaros vuestro propio camino, bien sea un camino de lágrimas, o de penitencias, o de propósitos de enmienda, o el de la esperanza de, que Dios no os tratará tan rigurosamente; si vosotros no queréis parar atención a las amonestaciones de Dios, encontraréis en el día del juicio aquella espada ardiente volviéndose a todos los lados y habréis de ser dejados, reservados para aquel fuego consumidor.
Pero, ¡oh!, si hay algún alma que no encuentra paz en sus caminos de justicia propia, al hay alguno de vosotros que a sí mismo se descubre perdido, he aquí que Cristo dice: "Yo soy el camino” como también en otro lugar dice:???Yo soy la puerta". Es un camino abierto y libre, es el camino para los pecadores; ¿por qué aguardar un momento más? Tiempo ha habido en que existía una pared divisoria entre vosotros y Dios, pero Cristo la ha derribado; hubo un tiempo cuando Dios estaba airado con justa ira contra vosotros, pero su santo enojo se ha apartado gracias a este bendito camino. Dios ciertamente ha tomado contentamiento en Cristo.
II. Cristo es la Verdad. ? La Biblia entera, y también la experiencia, nos da testimonio de que por naturaleza desconocemos la verdad. Desde luego, es cierto que hay muchas verdades que el hombre no convertido conoce. Está capacitado para conocer las verdades de las matemáticas y de la aritmética; puede conocer muchas de las verdades comunes de la vida diaria, pero, por el contrario,, no puede decirse que un hombre inconverso conozca la verdad, porque Cristo es la Verdad. Cristo puede ser llamado la llave del arca de la verdad. Quitad la llave de un arca, y todo lo que hay en el interior de la misma tendrá el mismo valor que ?un montón de ruinas. Pueden estar dentro 1as mismas piedras preciosas, pero están todas revueltas y mezcladas, sin orden, sin fin. Del mismo modo eliminad a Cristo y toda el arca de la verdad viene a carecer de valor. Son las mismas verdades las que permanecen allí, pero caídas, sin coherencia, sin orden...
Cristo puede ser llamado el sol del sistema de la Verdad. Quitad el sol de nuestro sistema solar y todos sus planetas se verán sumidos en la confusión. Habría los mismos planetas, pero las leyes y fuerzas que los rigen los harían chocar entre sí y los llevarían de aquí para allí en un desorden sin fin. Así, si quitáis a Cristo, todo el sistema de la Verdad entraría en confusión. Las mismas verdades estarían en la mente, pero en conflicto y choque, llenas de inexplicables misterios, porque "el camino de los impíos es como la oscuridad: no saben en qué tropiezan". En cambio, si permitimos que Cristo sea revelado a un alma no convertida ?no por medio de la palabra de un hombre que le hable de Cristo, sino por la revelación directa del mismo Espíritu de Dios?? veréis qué cambio se produce. Colocad la llave en el arca de la Verdad, restaurad el sol nuevamente al centro de su sistema: toda la Verdad viene a quedar ordenada y útil en la mente y en el corazón.
Cuando esto es así, el alma conoce la verdad respecto de lo que es en sí misma. Así, ¿el Hijo de Dios dejó realmente el seno del Padre para sufrir su ira sobre sí, ira que debía sufrir yo? En tal caso ?dice el alma? yo debía de estar en una horrenda condenación. ¿El Señor Jesús vino a ser un siervo para que pudiese obedecer la ley de Dios en lugar? de los pecadores? En tal caso no debe de haber ninguna justicia en mí mismo, sino que realmente soy un hijo de desobediencia. Así piensa el alma.
Además, conociendo a Cristo, tal alma conoce la verdad en relación con Dios mismo. ¿Así que voluntariamente Y sin que nadie se lo pidiese, Dios entregó a la muerte a su Hijo por todos nosotros? Siendo as!, si yo creo en Jesús, no hay para mí ninguna condenación: Dios es mi Padre Y ciertamente Dios es amor. He aquí los razonamientos del alma. ¿Habéis visto, queridos amigos, a Cristo? ¿Os ha sido revelado a vosotros, no por carne ni sangre, sino por espíritu como la Verdad? Entonces, vosotros sabéis cuán cierto es que Él es "Alfa y Omega” principio y fin de toda sabiduría. En cambio, si vosotros no habéis visto a Cristo, no sabéis nada como debierais saber, todo vuestro conocimiento es como un arca sin llave, como un sistema sin sol. ¿Qué bien os reportará en el infierno que hayáis conocido todas las ciencias del mundo, todos los acontecimientos de la historia y todos los negocios y asuntos de la política de los breves días de vuestra estancia en la tierra? ¿No sabéis que vuestro mismo conocimiento se os tornará en instrumento de tortura allí? i Oh, cómo desearéis aquel día haber leído menos los periódicos y más la Biblia que teníais arrinconada, con objeto de que, por ella, hubieseis conocido al Salvador, a quien conocerle es vida eterna!
III. Cristo es la vida. ? Toda la Biblia declara que por naturaleza todos nosotros estamos muertos en delitos y pecados y que tal muerte no es una muerte en la que estamos completamente inactivos, sino que en ella andamos de acuerdo con la maldición de este mundo, de acuerdo con el príncipe y las potestades malignas de los ángeles caídos.
Esta verdad se nos enseña plenamente en la visión que tuvo el profeta Ezequiel "cuando fue llevado del Espíritu y colocado en medio de un campo lleno de huesos secos; y como él pasó cerca de ellos por todo alrededor, he aquí que eran muchos sobre la haz del campo y por cierto secos en gran manera".
Justamente así es la visión que cada hijo de Dios tiene del mundo. Los huesos secos son "muchos y secos en gran manera" y hace la misma pregunta que Dios hizo a Ezequiel: "¿Vivirán estos huesos?" Oh, sí, amigos míos, ¿y no os enseña la experiencia esta misma verdad? Cierta mente los muertos no pueden saber que están muertos; solamente en el caso de que el Señor toque vuestro corazón podréis daros cuenta de ello. Estamos predicando a huesos secos. Éste es el método de Dios; en tanto les predicamos, el aliento de Dios sopla sobre ellos. Mirad, por tanto vuestra vida pasada. Considerad cómo habéis andado, conforme a la condición de este mundo. Siempre habéis sido como el hombre que nada a favor de la corriente; nunca habéis nadado contra la corriente., Mirad a vuestro propio corazón y veréis cómo os habéis rebelado contra todos los mandamientos. Habéis sentido que el día del Señor, si lo habíais del guardar conforme a la voluntad de Dios santificándolo, os era una carga, en lugar de seros una delicia y un honor. Si habéis intentado guardar los mandamientos de Dios, si habéis decidido que en todo momento vuestros ojos miren solamente lo puro, vuestros deseos siempre sean justos, vuestra lengua no haya tenido palabras de enojo, o de engaño, o de amargura; si habéis procurado eliminar de vuestro corazón la malicia y la envidia, si todo esto lo habéis intentado ?y sé que la mayoría de los inconversos lo han probado?, si lo habéis intentado, ¿no lo habéis hallado completamente imposible? Era tan difícil como levantarse de los muertos. ¿No os causó la sensación de que estabais librando una batalla contra vosotros mismos, contra lo que es muy innato y está muy arraigado en vuestra propia naturaleza? ¡Oh, cuán cierto es que vosotros estáis muertos, que no habéis nacido de nuevo todavía! "No os maravilléis de que os diga, os es necesario nacer otra vez". Debéis uniros a Cristo porque Cristo es la vida.
Suponed que fuese posible que algún miembro arrancado de su cuerpo, y muerto, como es natural, pudiese ser adherido nuevamente a su cuerpo vivo de forma tan completa que todas las venas pudiesen recibir la corriente el flujo de sangre viva; suponed que los huesos fuesen unidos a los huesos, los nervios a los nervios, ¿os extrañaría ver que aquel miembro que había estado muerto cobrara nueva vida? Antes estaba inerte, sin vida, inmóvil, lleno de corrupción; ahora estaría lleno de vitalidad, de movimiento, de calor. Sería un miembro vivo en virtud de su unión a un cuerpo Heno de vida. Suponed, por otro lado, que fuese posible que una rama desgajada fuese injertada a un árbol de forma también tan total que todos los canales de la rama recibiesen la corriente de la savia. ¿No contemplaríais el milagro de que aquella rama, antes muerta, se convertía en una rama viva? Antes estaba seca, sin fruto; ahora estaría llena de savia, de vida y de vigor. Ahora sería una rama viva porque se habría unido a un árbol que sería su vida. Bien, pues justamente así sucede con él creyente cuando se une a Cristo, ya que éste es la vida y de Él la recibe cada alma. El que está unido al Señor tiene su Espíritu. ¿Es tu alma como un miembro muerto, frío, inerte y lleno de corrupción? Acude a Cristo, únete a Él por la fe y serás con Él un espíritu, recibirás su calor, su vigor y la plenitud de su actividad para el servicio de Dios.
¿Es tu alma como una rama desgajada, seca, sin fruto, que ofrece solamente hojas? Acércate a Cristo, únete a 21 y tendrás su Espíritu. Te darás cuenta entonces de que ciertamente Cristo es la vida, que tu vida está escondida con Cristo en Dios, dirás entonces '!vivo no ya yo, mas vive Cristo en mí y la vida que ahora vivo en la carne la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se dio a sí mismo por mí".
Recordad entonces, mis amigos no creyentes, que el único modo de que vengáis a ser santos es que os unáis a Cristo. Y vosotros, amigos creyentes, recordad que si vivís de forma poco sólida en la santidad, se debe a vuestra poco vigorosa unión con Cristo.
"Estad en Mí, y Yo en vosotros; así llevaréis mucho fruto. Porque sin Mí nada podéis hacer."
***
El Perfecto Amor de Dios
Por: R.M. McCheyne
«En amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor: porque el temor tiene pena. De donde el que terne, no está perfecto en el amor. Nosotros le amamos a Él, porque ]ti nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios y aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de 21: Que el que ama a Dios, ame también a su hermanos" (I Juan 4:18-21).
"El perfecto amor echa fuera el temor".
1. LA SITUACIÓN DE UN ALMA DESPERTADA
"El temor tiene pena". En la Biblia se mencionan dos clases de temor, siendo muy opuestos el uno del otro. El uno es el temor que se respira en la misma atmósfera del cielo, mientras que el otro es el que se respira en el ambiente del infierno.
1. Hay el temor del amor. - Es el temor que se halla en la manera de ser del niño: el temor del Señor, que es el principio de la sabiduría. Es el temor de Job, de quien se nos dice que era "temeroso de Dios y apartado del mal" SI, es el mismo espíritu que había en el Señor Jesús. Sobre Él posaba "el espíritu del temor del Señor".
2. Hay también el temor del terror. - Es el que caracteriza la manera de ser de los demonios: "El diablo cree y tiembla". Este temor es el que hubo en Adán después de la caída. Junto con Eva huyó de Dios al oír su voz y trató de esconderse tras alguno de los árboles del huerto del Edén. Éste fue el temor del carcelero de Filipos cuando, temblando y corriendo a los misioneros Pablo y Silas, derribándose a sus pies, dijo: "Señores, ¿qué es menester que yo haga para ser salvo?" Éste es el temor a que nos estamos refiriendo, el temor del tormento. "El temor tiene -pena". Algunos de vosotros habéis tenido alguna vez este temor que tiene pena. Muchos más podrían sentirlo hoy; está a vuestro alcance experimentarlo, pues se halla en ciernes en vuestra condición de perdidos. Permitidme explicaros cómo se produce en el alma.
Primero: El hombre natural se desentiende de él y lo ahuyenta absteniéndose de presentarse delante de Dios y evitando todo aquello que -dice- le ocasiona complicaciones. "Quieto estuvo Moab desde su mocedad y sobre sus heces ha estado él reposado y no fue trasegado de vaso en vaso, ni nunca fue en cautiverio; por tanto, quedó su sabor en él, y su olor no se ha trocado" (Jer..48:11). El hombre natural es como un campo que nunca ha sido removido con el arado y que se encuentra completamente cubierto de espinos y cardos. ¿Hay entre vosotros alguien que nunca ha temblado por su alma? Muchos de vosotros pensáis que sois mejores que vuestros vecinos. ¡Ay! que vuestro dulce, pero funesto sueño bien pronto será roto y despertaréis a la triste realidad.
Segundo: Cuando el Espíritu de Dios abre los ojos del hombre natural, hace que tiemble aún cuando sea el más osado y desvergonzado de los pecadores. El Espíritu Santo le muestra el número de sus pecados y hasta diríamos que no le muestra el número de ellos porque no pueden ser contados. Antes de la obra del Espíritu Santo tenía una memoria que fácilmente olvidaba sus pecados; las blasfemias se desbordaban por su lengua y ni siquiera se enteraba. Cada día que transcurría añadía nuevos pecados en la negra lista que llena las páginas del libro de Dios y él ni se daba cuenta. Sin embargo, ahora el Espíritu de Dios le ha hecho sentir el Peso de ellos y la visión de ellos está siempre presente delante de él. Todos los pecados no perdonados, todas las barbaridades cometidas hace ya mucho tiempo -aunque. hasta ahora completamente olvidadas--- se levantan ante él acusándole y produciendo el temor de que estamos hablando. "Me han cercado males hasta no haber cuento: hanme comprendido mis maldades y no puedo levantar la vista" (Salmo 40:12).
Tercero: El Espíritu Santo hace sentir al hombre la grandeza de su pecado y la tremenda pecaminosidad del mismo. Antes consideraba al pecado como si fuese algo de escasa importancia, como un fantasma producto de una mente débil y supersticiosa, pero ahora se yergue ante él como. un diluvio en el que habrá de perecer anegado. Siente que la ira de Dios pesa sobre él, le parece que un tremendo sonido de condenación azota sus oídos. Entonces no sabe qué hacer y su temor tiene pena. El pecado aparece ahora como una tremenda ofensa contra un Dios tres veces Santo, contra un Dios que es amor y contra el Señor Jesucristo y su amor.
Cuarto: Una tercera cosa que atormenta tremendamente al alma es el descubrimiento de la corrupción que hay en su corazón. Frecuentemente las personas que han sido redargüidas de pecado por el Espíritu Santo, son llevadas a experimentar la espantosa obra que se mueve en su corazón. A menudo la tentación y la convicción de pecado aparecen tan íntimamente relacionadas que producen un tremendo tormento que llena de pena el corazón, la pena del temor, pena que destroza el corazón. La convicción de pecado lacera su corazón incitándole a huir de la ira que vendrá, pero por otro lado y en el mismo instante alguna baja pasión ruge, o algún pecaminoso pensamiento de envidia o malicia en una cualquiera de las cincuenta mil maneras que tiene de manifestarse bulle en el seno del corazón arrastrándolo hacia el infierno. Entonces el hombre siente que el infierno se halla dentro de él. En el infierno habrá mucho de esta, mixtura, mucho de esta mezcla de experiencia: abundará el temor irrefrenable de la ira de Dios, el espanto de sus juicios siempre renovados y también aparecerá, en todo su tremendo horror, la corrupción hirviendo en el seno haciendo a las almas más intolerables el castigo. Lo que podríamos llamar primicias de esta experiencia a menudo ha sido sentido por más de uno aquí en la tierra. Algunos de vosotros podéis estar sintiéndolo ahora en vuestros corazones. Éste es el temor que produce pena.
Quinto' - Otra cosa que atormenta horriblemente al alma radica en el hecho de la convicción que el Espíritu Santo obra en la conciencia haciéndole ver su completa incapacidad para salvarse a ¡sí misma, su total incapacidad para ayudarse a sí misma. Al principio de la experiencia de un hombre -que habiendo estado muerto en delitos y pecados es despertado-, éste piensa: "Pronto saldré de esta horrible situación, pues de ahora en adelante me mejoraré". Traza entonces muchos planes para reformarse y justificarse así a sí mismo. Cambia entonces ¡su vida, trata de arrepentirse e inicia una vida de piedad con oración y asistencia a cultos religiosos. Sin embargo, pronto descubre que "sus justicias son como trapos de inmundicia" que está intentando cubrir sus miserias con trapos también inmundos; pronto es guiado por el Espíritu -Santo a descubrir que cuanto él pueda hacer no significa nada que pueda justificarle, y que de él, sucio por naturaleza, nunca podrá salir nada limpio. Entonces su alma se hunde en una horrible desesperación. Éste es el temor que tiene tormento.
Sexto: Teme entonces que nunca podrá ser hallado en Cristo. Ya algunos de vosotros quizá sabéis cuánto tormento produce este temor. El libre ofrecimiento de Cristo es el hecho que hace todavía más hiriente el temor que lacera vuestro corazón. Habéis oído predicar acerca de Él, que está lleno de misericordia, qué invita a los pecadores a acudir a Él, -que Él nunca echa fuera a los que a Él acuden pero teméis que nunca llegaréis a ser uno de ellos. Teméis que habéis pecado demasiado, que os habéis excedido, que habéis pecado más allí de la medida de la gracia. ¡Ah!, este temor tiene un gran tormento.
Algunos han negado a pensar que no es buena cosa haber ¡sido despertados.
Consideración 1. - Ése es el único camino que conduce a la paz que excede a todo conocimiento. Es el método que Dios ha escogido con miras a llevaros a sentir la urgente necesidad que tenéis de Cristo antes de que éste venga a vuestros corazones. La paz que antes habíais tenido era la paz de un sueño, una paz irreal; ahora que han sido despertados, comprendéis que realmente era así. Preguntad ahora a las otras almas despertadas -y salvadas después--- si ellas se volverían a su antiguo sueño, el sueño de la paz que ahora han hallado era falsa. ''¡Ah 1, no ---os dirían-, si he de morir no se me aparte del pie de la cruz; no se me haga perecer como perecen los no despertados. Bendito el día en que descubrí mi terrible situación"
Consideración 2. - Aun cuando no lo queráis, habréis de ser despertados algún día. Si no lo sois ahora, lo seréis después en el infierno. En el infierno no hay ni siquiera un alma no despertada; allí todas tiemblan llenas de espanto. Los demonios tiemblan, como también tiemblan las almas condenadas. ¿No sería mejor temblar ahora que tenéis tiempo de refugiaros en Cristo? Es ahora que Él está aguardándoos para poder tener misericordia de vosotros. Después Él se mofará de vosotros cuando os sobrecoja el temor y se apodere de vuestras almas como ladrón que de forma inesperada viene de noche. Conoceréis entonces por toda la eternidad que el "temor tiene pena"
II. EL CAMBIO QUE SE PRODUCE EN EL CREYENTE
"En amor no hay temor". "El perfecto amor echa fuera el temor".
1. El amor de que se nos habla aquí, no es el amor que nosotros tenemos para con Dios, sino el amor que Él tiene para con nosotros. Todo lo que hay en nosotros o puede brotar de nosotros es imperfecto. Una vez que hayamos cumplido cuanto nos haya ¡sido mandado habremos de decir: "Siervos inútiles so~'. El pecado se mezcla con todos nuestros pensamientos y con todas nuestras obras. No nos significaría consuelo alguno que se nos dijese que si amamos a Dios perfectamente, entonces nuestro temor sería echado fuera, porque ¿cómo podemos nosotros obrar tal amor en nuestros corazones, cómo podemos nosotros producir ese sentimiento en su perfección? Es el amor del Padre para con nosotros .lo que echa fuera el temor. Dios es perfecto y todas sus obras son perfectas. 21 no puede hacer nada que no sea perfecto. Su conocimiento es un conocimiento perfecto, su ira es una ira perfecta, ¡su amor es un amor perfecto. Y es este amor perfecto el que echa fuera el temor. Del mismo modo que un rayo de luz del sol barre por completo las tinieblas que lo inundaban todo antes de que él hiciese su aparición, así su amor echa fuera el temor.
2. Pero ¿de dónde procede este amor, o en dónde radica? Se halla y radica plenamente en Cristo Jesús. En dos ocasiones habló Dios desde el cielo para, decir: "Éste es mi Hijo amado en quien mi alma toma contentamiento". Dios ama perfectamente a su Hijo y admira la infinita belleza de ¡su persona. En 101, Dios se contempla a al mismo revelado en carne. Dios está perfectamente complacido con su obra consumada completamente. El corazón infinito del Dios también infinito se desborda en amor para con nuestro Señor Jesucristo. Y en el seno de Crísto no hay temor. Todos sus temores, que un día anegaban su alma, han sido echados fuera. Hubo un tiempo en que exclamó: "Desde la mocedad he nevado tus terrores, he estado medroso; sobre mí han pasado tus iras, tus espantos me han cortado!' (Salmo 88:15-16). Sin embargo, ahora se halla disfrutando del perfecto amor de Dios, y ese perfecto amor echa fuera el temor. Escuchad, pues, almas tremolas y llenas de temor. En ese mismo amor podéis hallar descanso para vuestras almas. No tenéis por qué vivir ni siquiera una hora más con los tormentos que hieren vuestro corazón. Jesucristo ha cargado sobre al la ira que atormenta vuestra alma. Ahora 111 ha venido a constituirse en un refugio para los oprimidos, un refugio para el tiempo de la turbación. Mirad a Cristo y vuestros temores serán echados fuera. Acudid a los pies de Cristo y allí hallaréis descanso para vuestras almas. Invocad el nombre del Señor y os librará de todos vuestros temores. Incluso llegáis a decir que no podéis mirar a Cristo, ni acudir a 21 ni invocar su nombre, porque sentís que no podéis ni siquiera hacer eso; tal es vuestra situación desesperada. Oíd, pues, y vivirá vuestra alma. Jesús es el Salvador de los desesperanzados. Cristo es, no sólo el Salvador de los desnudos y vacíos y de los que no tienen nada bueno que pueda servirles de recomendación, sino que también es el Salvador de aquellos que se sienten incapacitados para darse a al mismos. Es completamente imposible que vuestra situación sea, una ¡situación demasiado desesperada para Cristo. Mientras permanecéis en la incredulidad, la ira perfecta de Dios se halla amenazadora sobre vosotros. La ira de Dios es tan sorprendente como sorprendente es su amor. Ambos sentimientos brotan del mismo seno. Pero en el mismo instante en que miráis a Cristo, venía a ser hallados en la posición segura de su perfecto amor, amor que no conoce tibieza de ninguna clase, luz sin mezcla de sombra, amor sin nube ni montaña alguna que se oponga como un obstáculo. El amor de Dios echa fuera todos los temores.
III. EL AMOR NOS DARÁ CONFIANZA EN EL DÍA DEL JUICIO (v. 17).
Existe un día grande del que muy a menudo se habla en la Escritura: es el día del juicio, el día en que Dios juzgará lo oculto de los corazones de los hombres por el Señor Jesucristo. Toda alma no cristiana no podrá mantenerse en el día del juicio. Los impíos no permanecerán en el día del juicio. Actualmente, los pecadores son muy atrevidos y desvergonzados; su cuello se mantiene erguido como si su nervio fuese de hierro, y su frente parece de duro metal. La mayoría de ellos no se avergüenzan cuando son sorprendidos en pecado. Hablando entre nosotros, ¿no es extraordinaria la osadía con que los pecadores participan muchas veces de los actos religiosos, con hipocresía, como si realmente sintiesen lo que no sienten? ¡Con qué desfachatez y sarcasmo juran a veces y hacen sus votos! ¡Con cuánta osadía algunos impíos se acercan a la mesa del Señor! Ah, pero ello durará sólo muy poco tiempo. Cuando aparecerá el Señor Jesús, el Santo Jesús en toda su gloria, entonces los pecadores, de rostro endurecido por la desvergüenza, serán humillados. Quienes nunca han orado, empezarán a inclinar su rostro en actitud de reverencia y rendición. Los pecadores que presurosos corrían al pecado y también resueltamente a participar de la Cena del Señor o de cualquier otro acto religioso, empezarán a temblar llenos de flaqueza y chocarán sus rodillas entre sí.
¿Quién vivirá el día de la venida del Señor Jesucristo y quién podrá permanecer en el día del juicio? Cuando los libros se abran, por un lado el Libro de la Vida y por otro la Biblia, los muertos todos serán juzgados por las cosas escritas en ellos. Entonces el corazón de los impíos desfallecerá dentro de ellos y entonces empezará su vergüenza y perdición eternas. Muchos impíos se consuelan ahora pensando que su pecado no es conocido, que ningún ojo humano les ha visto; pero en aquel día los más secretos e íntimos pecados de cada uno serán sacados y llevados a la luz. "Toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio". i Cómo debierais temblar y caer cubiertos de vergüenza, oh hombres impíos que os introducía hipócritamente en las congregaciones! ¿No os avergonzaría el que yo ahora descendiese del púlpito y delante de esta congregación os acusase de todos los pecados que habéis cometido durante la semana transcurrida, sacando a luz todos los fraudes y engaños, todas las inmoralidades secretas, todo el rencor y malicia de intención que está fuertemente sellado en lo más íntimo de vuestra conciencia? ¿No quedaríais llenos de confusión y os taparíais el rostro por la vergüenza? ¡Cuánto más en aquel día, cuando los pecados más secretos de toda vuestra vida serán sacados a luz y puestos al descubierto ante todo el mundo! ¡En qué eterna confusión se verá sumida vuestra alma en aquel día! Os sentiréis corridos de vergüenza, todo vuestro orgullo y vanidad habrán quedado para siempre, -aunque vivos---mortalmente heridos.
Sin embargo, todos los que estén en Cristo Jesús tendrán confianza.
1. Porque Cristo será el juez. - í Cuánta paz inundará vuestros corazones aquel día cuando veáis, creyentes, que Cristo es el juez, aquel que derramó su sangre por vosotros, aquel que es vuestro refugio, vuestro Pastor; vuestro todo. Todos los temores desaparecerán. Exclamaréis entonces: ¿Quién nos condenará? Porque Cristo es el que murió, En la misma bendita mano que contemplasteis abrió los libros, veréis las heridas que sufrió en la cruz cuando llevó sobre el vuestros pecados. Cristo, para vosotros, será el mismo en el día del juicio que es ahora.
2. Porque el Padre mismo os ama. - Cristo y el Padre son uno. El Padre no halla pecado en vosotros porque como es Cristo, así sois vosotros en el mundo. Seréis juzgados en conformidad a lo que es vuestro refugio, así es que el amor de Dios será en vosotros en aquel día. Sentiréis la tranquilizadora sonrisa del Padre posándose sobre vosotros en tanto ola la voz de Cristo decir: "Venid, benditos de mi Padre".
Aprended a no tener ningún temor ahora en tanto vivía aquí en la tierra -,si en verdad sois de Él-, porque tampoco lo tendréis en aquel di& No temáis, sino aguardad al Señor y tened buen ánimo.
IV. LAS CONSECUENCIAS DE ESTAR EN EL AMOR DE DIOS.
1. "Nosotros te amamos a É1,Porque Él nos amó Primero" (v. 19). Cuando un pobre pecador se acerca a Jesús y halla en Él todo el amor perdonador de Dios, siente que nace de su corazón un sentimiento de gratitud y de amor que no puede ocultar. Cuando el hijo pródigo regresó a su hogar y sintió los brazos de su padre abrazándole fuertemente, sintió nacer tan vigoroso como el abrazo un sentimiento tierno de gratitud y amor para con su ofendido, pero amante padre. Cuando el sol del verano cae ardorosamente sobre el manto azul de las aguas del mar, un vapor de agua se eleva hacia el firmamento formándose así las nubes. Y del mismo modo cuando los rayos del Sol de Justicia se derraman sobre un alma, hace nacer y elevarse de lo más íntimo de ella sentimientos de amor para con Dios nunca antes conocidos.
Algunos de vosotros os estáis esforzando por amar más a Dios. Venid, pues, a Dios. Dejaos amar por Él, aunque sintáis cuán indignos sois. Es mucho mejor ser amado por Él que incluso amarle, y, además, es el único y eficaz camino por el que podemos aprender a amarle. Cuando la luz del sol llega a la luna, la encuentra fría y poco codiciable, pero la luna refleja la luz y vuelve a enviarla hacia el sol. Del mismo modo debéis permitir que el amor de Dios brille en vuestro seno y, de forma natural, descubriréis cómo brota de vosotros el amor por el que suspiráis. Él amor de Cristo nos constriñe. "Nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero" El único remedio que puede curar nuestros corazones de su fría dureza es mirar el corazón de Jesús.
Algunos de vosotros no tenéis amor a Dios porque amáis algún ídolo. Tened por cierto que vosotros nunca habéis acudido al amor de Dios, y sabed que ¡sobre vosotros descansa la maldición de Dios: "El que no am al Señor Jesucristo sea anatema, Maranatha!"
1. Nosotros también amamos a los hermanos. - Si vosotros amáis a alguna persona que está ausente de vosotros, ciertamente amáis su fotografía. ¿No es una fotografía de su esposo lo que la esposa del pescador guarda con gran cariño envuelta cuidadosamente en algún pañuelo 0 colocada junto a su mesita de noche, rodeada casi siempre de olorosas flores? Cada mañana y cada noche la coge y la besa después de contemplarla con sus perlados ojos humedecidos por las lágrimas. Es el retrato de su marido ausente. Tiene mucho aprecio a aquella fotografía porque es, como es él; verdad es que tiene muchas imperfecciones, pero es como es él. Los creyentes son los retratos de Dios, son la imagen de Dios en este mundo; el Espíritu de Cristo habita en ellos. Los creyentes andan como Él anduvo. Desde luego, están llenos de imperfecciones, pero no por ello dejan de ser su verdadera imagen. Si vosotros le amáis a Él, notaréis que también amáis a los creyentes; haréis de ellos vuestros mejores amigos
Entre vosotros ¿hay algunos a quienes desagradan los verdaderos cristianos Ciertamente hay entre vosotros quienes no hallan complacencia en su manera de ser, ni en ¡u conducta, ni en su hablar, y halláis ridícula su vida de oración. Los llamáis hipócritas y los menospreciáis evitando también su amistad, ¿ sabéis por qué? Odiáis la imagen, odiáis la copia, porque odiáis el original. Odiáis a Cristo, y desde luego, no sois suyos.
«En amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor: porque el temor tiene pena. De donde el que terne, no está perfecto en el amor. Nosotros le amamos a Él, porque ]ti nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios y aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de 21: Que el que ama a Dios, ame también a su hermanos" (I Juan 4:18-21).
"El perfecto amor echa fuera el temor".
1. LA SITUACIÓN DE UN ALMA DESPERTADA
"El temor tiene pena". En la Biblia se mencionan dos clases de temor, siendo muy opuestos el uno del otro. El uno es el temor que se respira en la misma atmósfera del cielo, mientras que el otro es el que se respira en el ambiente del infierno.
1. Hay el temor del amor. - Es el temor que se halla en la manera de ser del niño: el temor del Señor, que es el principio de la sabiduría. Es el temor de Job, de quien se nos dice que era "temeroso de Dios y apartado del mal" SI, es el mismo espíritu que había en el Señor Jesús. Sobre Él posaba "el espíritu del temor del Señor".
2. Hay también el temor del terror. - Es el que caracteriza la manera de ser de los demonios: "El diablo cree y tiembla". Este temor es el que hubo en Adán después de la caída. Junto con Eva huyó de Dios al oír su voz y trató de esconderse tras alguno de los árboles del huerto del Edén. Éste fue el temor del carcelero de Filipos cuando, temblando y corriendo a los misioneros Pablo y Silas, derribándose a sus pies, dijo: "Señores, ¿qué es menester que yo haga para ser salvo?" Éste es el temor a que nos estamos refiriendo, el temor del tormento. "El temor tiene -pena". Algunos de vosotros habéis tenido alguna vez este temor que tiene pena. Muchos más podrían sentirlo hoy; está a vuestro alcance experimentarlo, pues se halla en ciernes en vuestra condición de perdidos. Permitidme explicaros cómo se produce en el alma.
Primero: El hombre natural se desentiende de él y lo ahuyenta absteniéndose de presentarse delante de Dios y evitando todo aquello que -dice- le ocasiona complicaciones. "Quieto estuvo Moab desde su mocedad y sobre sus heces ha estado él reposado y no fue trasegado de vaso en vaso, ni nunca fue en cautiverio; por tanto, quedó su sabor en él, y su olor no se ha trocado" (Jer..48:11). El hombre natural es como un campo que nunca ha sido removido con el arado y que se encuentra completamente cubierto de espinos y cardos. ¿Hay entre vosotros alguien que nunca ha temblado por su alma? Muchos de vosotros pensáis que sois mejores que vuestros vecinos. ¡Ay! que vuestro dulce, pero funesto sueño bien pronto será roto y despertaréis a la triste realidad.
Segundo: Cuando el Espíritu de Dios abre los ojos del hombre natural, hace que tiemble aún cuando sea el más osado y desvergonzado de los pecadores. El Espíritu Santo le muestra el número de sus pecados y hasta diríamos que no le muestra el número de ellos porque no pueden ser contados. Antes de la obra del Espíritu Santo tenía una memoria que fácilmente olvidaba sus pecados; las blasfemias se desbordaban por su lengua y ni siquiera se enteraba. Cada día que transcurría añadía nuevos pecados en la negra lista que llena las páginas del libro de Dios y él ni se daba cuenta. Sin embargo, ahora el Espíritu de Dios le ha hecho sentir el Peso de ellos y la visión de ellos está siempre presente delante de él. Todos los pecados no perdonados, todas las barbaridades cometidas hace ya mucho tiempo -aunque. hasta ahora completamente olvidadas--- se levantan ante él acusándole y produciendo el temor de que estamos hablando. "Me han cercado males hasta no haber cuento: hanme comprendido mis maldades y no puedo levantar la vista" (Salmo 40:12).
Tercero: El Espíritu Santo hace sentir al hombre la grandeza de su pecado y la tremenda pecaminosidad del mismo. Antes consideraba al pecado como si fuese algo de escasa importancia, como un fantasma producto de una mente débil y supersticiosa, pero ahora se yergue ante él como. un diluvio en el que habrá de perecer anegado. Siente que la ira de Dios pesa sobre él, le parece que un tremendo sonido de condenación azota sus oídos. Entonces no sabe qué hacer y su temor tiene pena. El pecado aparece ahora como una tremenda ofensa contra un Dios tres veces Santo, contra un Dios que es amor y contra el Señor Jesucristo y su amor.
Cuarto: Una tercera cosa que atormenta tremendamente al alma es el descubrimiento de la corrupción que hay en su corazón. Frecuentemente las personas que han sido redargüidas de pecado por el Espíritu Santo, son llevadas a experimentar la espantosa obra que se mueve en su corazón. A menudo la tentación y la convicción de pecado aparecen tan íntimamente relacionadas que producen un tremendo tormento que llena de pena el corazón, la pena del temor, pena que destroza el corazón. La convicción de pecado lacera su corazón incitándole a huir de la ira que vendrá, pero por otro lado y en el mismo instante alguna baja pasión ruge, o algún pecaminoso pensamiento de envidia o malicia en una cualquiera de las cincuenta mil maneras que tiene de manifestarse bulle en el seno del corazón arrastrándolo hacia el infierno. Entonces el hombre siente que el infierno se halla dentro de él. En el infierno habrá mucho de esta, mixtura, mucho de esta mezcla de experiencia: abundará el temor irrefrenable de la ira de Dios, el espanto de sus juicios siempre renovados y también aparecerá, en todo su tremendo horror, la corrupción hirviendo en el seno haciendo a las almas más intolerables el castigo. Lo que podríamos llamar primicias de esta experiencia a menudo ha sido sentido por más de uno aquí en la tierra. Algunos de vosotros podéis estar sintiéndolo ahora en vuestros corazones. Éste es el temor que produce pena.
Quinto' - Otra cosa que atormenta horriblemente al alma radica en el hecho de la convicción que el Espíritu Santo obra en la conciencia haciéndole ver su completa incapacidad para salvarse a ¡sí misma, su total incapacidad para ayudarse a sí misma. Al principio de la experiencia de un hombre -que habiendo estado muerto en delitos y pecados es despertado-, éste piensa: "Pronto saldré de esta horrible situación, pues de ahora en adelante me mejoraré". Traza entonces muchos planes para reformarse y justificarse así a sí mismo. Cambia entonces ¡su vida, trata de arrepentirse e inicia una vida de piedad con oración y asistencia a cultos religiosos. Sin embargo, pronto descubre que "sus justicias son como trapos de inmundicia" que está intentando cubrir sus miserias con trapos también inmundos; pronto es guiado por el Espíritu -Santo a descubrir que cuanto él pueda hacer no significa nada que pueda justificarle, y que de él, sucio por naturaleza, nunca podrá salir nada limpio. Entonces su alma se hunde en una horrible desesperación. Éste es el temor que tiene tormento.
Sexto: Teme entonces que nunca podrá ser hallado en Cristo. Ya algunos de vosotros quizá sabéis cuánto tormento produce este temor. El libre ofrecimiento de Cristo es el hecho que hace todavía más hiriente el temor que lacera vuestro corazón. Habéis oído predicar acerca de Él, que está lleno de misericordia, qué invita a los pecadores a acudir a Él, -que Él nunca echa fuera a los que a Él acuden pero teméis que nunca llegaréis a ser uno de ellos. Teméis que habéis pecado demasiado, que os habéis excedido, que habéis pecado más allí de la medida de la gracia. ¡Ah!, este temor tiene un gran tormento.
Algunos han negado a pensar que no es buena cosa haber ¡sido despertados.
Consideración 1. - Ése es el único camino que conduce a la paz que excede a todo conocimiento. Es el método que Dios ha escogido con miras a llevaros a sentir la urgente necesidad que tenéis de Cristo antes de que éste venga a vuestros corazones. La paz que antes habíais tenido era la paz de un sueño, una paz irreal; ahora que han sido despertados, comprendéis que realmente era así. Preguntad ahora a las otras almas despertadas -y salvadas después--- si ellas se volverían a su antiguo sueño, el sueño de la paz que ahora han hallado era falsa. ''¡Ah 1, no ---os dirían-, si he de morir no se me aparte del pie de la cruz; no se me haga perecer como perecen los no despertados. Bendito el día en que descubrí mi terrible situación"
Consideración 2. - Aun cuando no lo queráis, habréis de ser despertados algún día. Si no lo sois ahora, lo seréis después en el infierno. En el infierno no hay ni siquiera un alma no despertada; allí todas tiemblan llenas de espanto. Los demonios tiemblan, como también tiemblan las almas condenadas. ¿No sería mejor temblar ahora que tenéis tiempo de refugiaros en Cristo? Es ahora que Él está aguardándoos para poder tener misericordia de vosotros. Después Él se mofará de vosotros cuando os sobrecoja el temor y se apodere de vuestras almas como ladrón que de forma inesperada viene de noche. Conoceréis entonces por toda la eternidad que el "temor tiene pena"
II. EL CAMBIO QUE SE PRODUCE EN EL CREYENTE
"En amor no hay temor". "El perfecto amor echa fuera el temor".
1. El amor de que se nos habla aquí, no es el amor que nosotros tenemos para con Dios, sino el amor que Él tiene para con nosotros. Todo lo que hay en nosotros o puede brotar de nosotros es imperfecto. Una vez que hayamos cumplido cuanto nos haya ¡sido mandado habremos de decir: "Siervos inútiles so~'. El pecado se mezcla con todos nuestros pensamientos y con todas nuestras obras. No nos significaría consuelo alguno que se nos dijese que si amamos a Dios perfectamente, entonces nuestro temor sería echado fuera, porque ¿cómo podemos nosotros obrar tal amor en nuestros corazones, cómo podemos nosotros producir ese sentimiento en su perfección? Es el amor del Padre para con nosotros .lo que echa fuera el temor. Dios es perfecto y todas sus obras son perfectas. 21 no puede hacer nada que no sea perfecto. Su conocimiento es un conocimiento perfecto, su ira es una ira perfecta, ¡su amor es un amor perfecto. Y es este amor perfecto el que echa fuera el temor. Del mismo modo que un rayo de luz del sol barre por completo las tinieblas que lo inundaban todo antes de que él hiciese su aparición, así su amor echa fuera el temor.
2. Pero ¿de dónde procede este amor, o en dónde radica? Se halla y radica plenamente en Cristo Jesús. En dos ocasiones habló Dios desde el cielo para, decir: "Éste es mi Hijo amado en quien mi alma toma contentamiento". Dios ama perfectamente a su Hijo y admira la infinita belleza de ¡su persona. En 101, Dios se contempla a al mismo revelado en carne. Dios está perfectamente complacido con su obra consumada completamente. El corazón infinito del Dios también infinito se desborda en amor para con nuestro Señor Jesucristo. Y en el seno de Crísto no hay temor. Todos sus temores, que un día anegaban su alma, han sido echados fuera. Hubo un tiempo en que exclamó: "Desde la mocedad he nevado tus terrores, he estado medroso; sobre mí han pasado tus iras, tus espantos me han cortado!' (Salmo 88:15-16). Sin embargo, ahora se halla disfrutando del perfecto amor de Dios, y ese perfecto amor echa fuera el temor. Escuchad, pues, almas tremolas y llenas de temor. En ese mismo amor podéis hallar descanso para vuestras almas. No tenéis por qué vivir ni siquiera una hora más con los tormentos que hieren vuestro corazón. Jesucristo ha cargado sobre al la ira que atormenta vuestra alma. Ahora 111 ha venido a constituirse en un refugio para los oprimidos, un refugio para el tiempo de la turbación. Mirad a Cristo y vuestros temores serán echados fuera. Acudid a los pies de Cristo y allí hallaréis descanso para vuestras almas. Invocad el nombre del Señor y os librará de todos vuestros temores. Incluso llegáis a decir que no podéis mirar a Cristo, ni acudir a 21 ni invocar su nombre, porque sentís que no podéis ni siquiera hacer eso; tal es vuestra situación desesperada. Oíd, pues, y vivirá vuestra alma. Jesús es el Salvador de los desesperanzados. Cristo es, no sólo el Salvador de los desnudos y vacíos y de los que no tienen nada bueno que pueda servirles de recomendación, sino que también es el Salvador de aquellos que se sienten incapacitados para darse a al mismos. Es completamente imposible que vuestra situación sea, una ¡situación demasiado desesperada para Cristo. Mientras permanecéis en la incredulidad, la ira perfecta de Dios se halla amenazadora sobre vosotros. La ira de Dios es tan sorprendente como sorprendente es su amor. Ambos sentimientos brotan del mismo seno. Pero en el mismo instante en que miráis a Cristo, venía a ser hallados en la posición segura de su perfecto amor, amor que no conoce tibieza de ninguna clase, luz sin mezcla de sombra, amor sin nube ni montaña alguna que se oponga como un obstáculo. El amor de Dios echa fuera todos los temores.
III. EL AMOR NOS DARÁ CONFIANZA EN EL DÍA DEL JUICIO (v. 17).
Existe un día grande del que muy a menudo se habla en la Escritura: es el día del juicio, el día en que Dios juzgará lo oculto de los corazones de los hombres por el Señor Jesucristo. Toda alma no cristiana no podrá mantenerse en el día del juicio. Los impíos no permanecerán en el día del juicio. Actualmente, los pecadores son muy atrevidos y desvergonzados; su cuello se mantiene erguido como si su nervio fuese de hierro, y su frente parece de duro metal. La mayoría de ellos no se avergüenzan cuando son sorprendidos en pecado. Hablando entre nosotros, ¿no es extraordinaria la osadía con que los pecadores participan muchas veces de los actos religiosos, con hipocresía, como si realmente sintiesen lo que no sienten? ¡Con qué desfachatez y sarcasmo juran a veces y hacen sus votos! ¡Con cuánta osadía algunos impíos se acercan a la mesa del Señor! Ah, pero ello durará sólo muy poco tiempo. Cuando aparecerá el Señor Jesús, el Santo Jesús en toda su gloria, entonces los pecadores, de rostro endurecido por la desvergüenza, serán humillados. Quienes nunca han orado, empezarán a inclinar su rostro en actitud de reverencia y rendición. Los pecadores que presurosos corrían al pecado y también resueltamente a participar de la Cena del Señor o de cualquier otro acto religioso, empezarán a temblar llenos de flaqueza y chocarán sus rodillas entre sí.
¿Quién vivirá el día de la venida del Señor Jesucristo y quién podrá permanecer en el día del juicio? Cuando los libros se abran, por un lado el Libro de la Vida y por otro la Biblia, los muertos todos serán juzgados por las cosas escritas en ellos. Entonces el corazón de los impíos desfallecerá dentro de ellos y entonces empezará su vergüenza y perdición eternas. Muchos impíos se consuelan ahora pensando que su pecado no es conocido, que ningún ojo humano les ha visto; pero en aquel día los más secretos e íntimos pecados de cada uno serán sacados y llevados a la luz. "Toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio". i Cómo debierais temblar y caer cubiertos de vergüenza, oh hombres impíos que os introducía hipócritamente en las congregaciones! ¿No os avergonzaría el que yo ahora descendiese del púlpito y delante de esta congregación os acusase de todos los pecados que habéis cometido durante la semana transcurrida, sacando a luz todos los fraudes y engaños, todas las inmoralidades secretas, todo el rencor y malicia de intención que está fuertemente sellado en lo más íntimo de vuestra conciencia? ¿No quedaríais llenos de confusión y os taparíais el rostro por la vergüenza? ¡Cuánto más en aquel día, cuando los pecados más secretos de toda vuestra vida serán sacados a luz y puestos al descubierto ante todo el mundo! ¡En qué eterna confusión se verá sumida vuestra alma en aquel día! Os sentiréis corridos de vergüenza, todo vuestro orgullo y vanidad habrán quedado para siempre, -aunque vivos---mortalmente heridos.
Sin embargo, todos los que estén en Cristo Jesús tendrán confianza.
1. Porque Cristo será el juez. - í Cuánta paz inundará vuestros corazones aquel día cuando veáis, creyentes, que Cristo es el juez, aquel que derramó su sangre por vosotros, aquel que es vuestro refugio, vuestro Pastor; vuestro todo. Todos los temores desaparecerán. Exclamaréis entonces: ¿Quién nos condenará? Porque Cristo es el que murió, En la misma bendita mano que contemplasteis abrió los libros, veréis las heridas que sufrió en la cruz cuando llevó sobre el vuestros pecados. Cristo, para vosotros, será el mismo en el día del juicio que es ahora.
2. Porque el Padre mismo os ama. - Cristo y el Padre son uno. El Padre no halla pecado en vosotros porque como es Cristo, así sois vosotros en el mundo. Seréis juzgados en conformidad a lo que es vuestro refugio, así es que el amor de Dios será en vosotros en aquel día. Sentiréis la tranquilizadora sonrisa del Padre posándose sobre vosotros en tanto ola la voz de Cristo decir: "Venid, benditos de mi Padre".
Aprended a no tener ningún temor ahora en tanto vivía aquí en la tierra -,si en verdad sois de Él-, porque tampoco lo tendréis en aquel di& No temáis, sino aguardad al Señor y tened buen ánimo.
IV. LAS CONSECUENCIAS DE ESTAR EN EL AMOR DE DIOS.
1. "Nosotros te amamos a É1,Porque Él nos amó Primero" (v. 19). Cuando un pobre pecador se acerca a Jesús y halla en Él todo el amor perdonador de Dios, siente que nace de su corazón un sentimiento de gratitud y de amor que no puede ocultar. Cuando el hijo pródigo regresó a su hogar y sintió los brazos de su padre abrazándole fuertemente, sintió nacer tan vigoroso como el abrazo un sentimiento tierno de gratitud y amor para con su ofendido, pero amante padre. Cuando el sol del verano cae ardorosamente sobre el manto azul de las aguas del mar, un vapor de agua se eleva hacia el firmamento formándose así las nubes. Y del mismo modo cuando los rayos del Sol de Justicia se derraman sobre un alma, hace nacer y elevarse de lo más íntimo de ella sentimientos de amor para con Dios nunca antes conocidos.
Algunos de vosotros os estáis esforzando por amar más a Dios. Venid, pues, a Dios. Dejaos amar por Él, aunque sintáis cuán indignos sois. Es mucho mejor ser amado por Él que incluso amarle, y, además, es el único y eficaz camino por el que podemos aprender a amarle. Cuando la luz del sol llega a la luna, la encuentra fría y poco codiciable, pero la luna refleja la luz y vuelve a enviarla hacia el sol. Del mismo modo debéis permitir que el amor de Dios brille en vuestro seno y, de forma natural, descubriréis cómo brota de vosotros el amor por el que suspiráis. Él amor de Cristo nos constriñe. "Nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero" El único remedio que puede curar nuestros corazones de su fría dureza es mirar el corazón de Jesús.
Algunos de vosotros no tenéis amor a Dios porque amáis algún ídolo. Tened por cierto que vosotros nunca habéis acudido al amor de Dios, y sabed que ¡sobre vosotros descansa la maldición de Dios: "El que no am al Señor Jesucristo sea anatema, Maranatha!"
1. Nosotros también amamos a los hermanos. - Si vosotros amáis a alguna persona que está ausente de vosotros, ciertamente amáis su fotografía. ¿No es una fotografía de su esposo lo que la esposa del pescador guarda con gran cariño envuelta cuidadosamente en algún pañuelo 0 colocada junto a su mesita de noche, rodeada casi siempre de olorosas flores? Cada mañana y cada noche la coge y la besa después de contemplarla con sus perlados ojos humedecidos por las lágrimas. Es el retrato de su marido ausente. Tiene mucho aprecio a aquella fotografía porque es, como es él; verdad es que tiene muchas imperfecciones, pero es como es él. Los creyentes son los retratos de Dios, son la imagen de Dios en este mundo; el Espíritu de Cristo habita en ellos. Los creyentes andan como Él anduvo. Desde luego, están llenos de imperfecciones, pero no por ello dejan de ser su verdadera imagen. Si vosotros le amáis a Él, notaréis que también amáis a los creyentes; haréis de ellos vuestros mejores amigos
Entre vosotros ¿hay algunos a quienes desagradan los verdaderos cristianos Ciertamente hay entre vosotros quienes no hallan complacencia en su manera de ser, ni en ¡u conducta, ni en su hablar, y halláis ridícula su vida de oración. Los llamáis hipócritas y los menospreciáis evitando también su amistad, ¿ sabéis por qué? Odiáis la imagen, odiáis la copia, porque odiáis el original. Odiáis a Cristo, y desde luego, no sois suyos.
El Llamdo del Evangelio
Por R.M. McCheyne
«¡Oh hombres, a vosotros clamo: y mi voz es a los hijos de los hombres" (Proverbios 8:4).
Son éstas las palabras de la sabiduría, y la sabiduría, en el libro de los Proverbios, personifica a nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Es evidente por lo que Él dice en el cap. 1 y versículo 23 en que manifiesta: "He aquí yo os derramará mi espíritu". Sólo Cristo es quien nos ha dado el don del Espíritu Santo. De nuevo en 8:22 dice Él: "Jehová me poseía en el principio de su camino", y el v. SO, "Con él estaba yo ordenándolo todo y fui su delicia todos los días, teniendo solaz delante de él en todo tiempo". Estas palabras sólo son ciertas referidas a Cristo Jesús , el Verbo que era con Dios y el Verbo que era Dios y por el que todas las cosas fueron hechas.
Observad los lugares a que Jesús va con su invitación. Primeramente va al campo. Él escala toda altiplanicie, "todo cabezo" y clama allí; entonces desciende a los caminos, donde halla muchas encrucijadas. Después va a la ciudad, a la entrada de las puertas, donde la multitud se reúne para hacer sus negocios y para escuchar juicios; entonces atraviesa la principal calzada de la ciudad y clama junto a cada puerta por que atraviesa. Visita en primer lugar las sendas y veredas del campo para, luego, dirigirse a las calles y plazas de la ciudad llevando su precioso mensaje.
Observad la forma en que Jesús ofrece su invitación. Él, clama fuertemente, hace oír su voz, permanece en pie y llama y levanta su voz; se parece a algún mercader que ofrece sus géneros, primeramente en el mercado y después de puerta en puerta. Nunca ningún ocupado mercader ofreció vender sus mercancías con tanta ansiedad como Jesús ofrece su salvación. "Recibid mi enseñanza y no plata, y ciencia antes que el oro escogido" (v. 10).
Observad a quién dirige Jesús su invitación (v. 4). "Oh, hombres, a vosotros clamo, y mi voz es a los hijos de los hombres". Los mercaderes ofrecen sus mercancías a cierta clase de personas, a los compradores, pero Jesús ofrece las suyas a todos los hombres. Doquiera hay un hijo de Adán, doquiera existe un hijo de mujer, la palabra que se le dirije es: "El que tiene oídos para oír, oiga".
Doctrina. - Cristo se ofrece como Salvador a toda la raza humana.
I. ES ÉSTA LA VERDAD MAS GLORIOSA DE TODA LA BIBLIA.
Es común creer que la predicación de la Santa Ley es la verdad más grande de la Biblia, para que por ella toda boca se tape y todo el mundo venga a ser declarado culpable delante de Dios. Y ciertamente creo que es la ley el medio de que se sirve Dios más comúnmente. Pero, en mi opinión, hay algo que se destaca mucho más en la visión de un Salvador divino ofreciéndose libre y voluntariamente por cada ser que compone la raza humana. Hay algo que puede quebrantar el corazón humano, que es como una piedra en este clamor: "Oh, hombres, a vosotros clamp, y mi voz es a los hijos de los hombres".
1. De haber vivido vosotros en los días de Noé cuando construía su arca, de haber visto aquella enorme barca preparada y con la puerta abierta, invitando a todos los hombres a entrar en sus amplios departamentos, ¿no os hubiese significado a vosotros el más grande aviso de alerta! ¿Hubieseis podido mirarla sin pensar en el diluvio venidero e inmediato en que había de anegarse el mundo impío?
2, De haber vivido en los días en que Jesús estuvo sobre la tierra, de haberle visto sobre la grupa de su asno en el monte de los Olivos, deteniéndose ante la misma Jerusalén que vivía plácida y deslumbrante a sus pies, de haber visto al Hijo de Dios llorar sobre la ciudad y decir: "¡ Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que toca a tu paz!, mas ahora está encubierto a tus ojos", ¿no tendríais la sensación de que alguna terrible destrucción aguardaba a la inconsciente ciudad? ¿Derramó Él estas lágrimas sin causa? Ciertamente veía aquel día en que el enemigo la destruirla, lo que nadie, sino sólo Él, conocía.
3. Del mismo modo, queridos amigos, cuando alcancéis a ver a Jesús yendo de un lugar a otro, de los montes a los senderos, de las encrucijadas a las puertas de la ciudad, de las entradas de la ciudad a las puertas de las casas, cuando os sea dado oír su ansioso clamor; "Oh, hombres a vosotros clamo", ¿no comprenderéis entonces que todos los hombres están perdidos, que una terrible condenación se cierne sobre ellos? ¿Clamaría tan fuerte e insistentemente el Salvador al no existiese el infierno?
Aplicaos esto, almas que dormís en vuestros pecados; vuestra soñolienta alma peligra. Notad quién es el que os llama -¡es la Sabiduría!- Es Jesús, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. "Oh, hombres, a vosotros clamo". A menudo sucede que cuando los ministros os han tocado el corazón por medio de sus sermones, al acudir a vuestro hogar decía: "Oh, era la palabra de un ministro solamente, ¿he de temblar por las palabras de un hombre?" Pero he aquí que no es la palabra de un ministro, sino que es la palabra de Cristo. He aquí que es la palabra de uno que conoce vuestra verdadera situación, que conoce vuestro corazón y vuestra historia, que conoce tanto vuestros pecados cometidos a la luz del día como los realizados al amparo de la noche, que conoce la ira que ha de venir sobre vosotros y la condenación eterna que os acecha. 'M, hombres, a vosotros clamo".
Notad en cuántos lugares os llama. En los collados y en las sendas, en las puertas y en las entradas de la ciudad. ¿No ha sido así con vosotros? ¿No habéis recibido el llamamiento a través de la Biblia, o por la familia, o en el templo del Señor? Habéis ido de lugar en lugar, pero el Salvador siempre ha ido detrás de vosotros. Habéis acudido a los lugares de diversión, a los lugares de pecado, y Cristo os ha acompañado. Habéis permanecido en la cama de la enfermedad y Cristo os ha seguido. ¿No será que la oveja está en un gran peligro cuando el pastor la sigue y busca tan de cerca?
Fijaos en cómo clama. Él clama y levanta su voz. ¿No ha hecho igual con vosotros? ¿No ha llamado tierna e íntimamente a la puerta de vuestro corazón en los peligros, en las circunstancias en que se ha manifestado su providencia, con ocasión de la muerte de algún ser querido? ¿No ha clamado dulcemente en la, predicación de la palabra? Algunas veces, cuando habéis leído a solas la Biblia, ¿no ha sido la voz de Cristo más profunda que los mismos truenos distantes?
Fijaos en que clama a todos. De haber invitado solamente a los viejos, podrían decir entonces los jóvenes: "Nosotros somos salvos, nosotros no necesitamos un Salvador". De haber llamado solamente a los jóvenes, los ancianos podrían haber dicho: "No es para. nosotros". De haber llamado a los buenos o a los malos, unos u otros se hubiesen dado por excusados Pero Él llama a vosotros todos. Por tanto, todos estáis perdidos, viejos y jóvenes, ricos y pobres. Penséis lo que penséis de vosotros mismos, Jesús sabe que todos estáis perdidos, por esto clama desgarradoramente: "Oh, hombres, a vosotros clamo".
II. ES ÉSTA LA VERDAD MÁS CONSOLADORA DE LA BIBLIA
Cuando se habla de Cristo a personas despertadas por el Espíritu Santo, generalmente ven aumentados sus temores. Ellas ven con claridad que Jesús es un grande y glorioso Salvador, pero entonces sienten que le han rechazado y temen que Jesús nunca podrá ser su Salvador. Muy a menudo las personas despertadas se sientan y escuchan una viva descripción de Cristo, de la obra de sustitución en lugar de los pecadores, pero su pregunta ansiosa es: ¿"Será Cristo Salvador para mí?" Ahora contesto yo a tal pregunta: Cristo se ofreció voluntariamente en favor de toda la raza humana. "Oh, hombres, a vosotros clamo". Si no hubiese ningún otro texto en toda la Biblia para alentar a los pecadores a venir sin impedimentos a Cristo, éste sólo habría de bastar para persuadirlos. No hay tema más mal interpretado y peor comprendido por los no convertidos que el de la libertad sin condiciones de acudir a Cristo. Tan mísera idea tenemos, por lo general, de su libre gracia, que no podemos creer que Dios pueda ofrecernos un Salvador, en tanto permanecemos en nuestra flaqueza y debilidad carnales, condición natural de¡ hombre condenado al infierno. ¡Oh, es triste pensar cómo el hombre lucha contra su propia felicidad y no cree a la misma Palabra de Dios!
Todos los símbolos y tipos bíblicos mostraban que el Salvador se ofrecería libremente a todos.
1. La serpiente de metal fue levantada ante el pueblo de Israel para que todo aquel que la mirara fuese sanado. Cristo mismo así lo explica de sí mismo: "Así es menester que el Hijo del hombre sea levantado, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, mas tenga vida eterna".
2. Las ciudades de refugio asentadas sobre una colina, con sus puertas abiertas noche y día, nos enseñan lo mismo. Todo aquel que quiera, acuda al refugio, porque la esperanza se pone ante cada uno de vosotros.
3. Los ángeles de Belén repitieron la misma enseñanza. "He aquí os doy, nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo". Y la última invitación de la Biblia es la más Ubre e incondicional de todas. "El que quiera, tome del agua de la vida de balde". Notad también en nuestro texto lo amplio del llamamiento: "Oh, hombres, a vosotros clamo". Esto nos muestra que no se ofrece a los demonios, sino a todos los hombres. A cada ser que tiene forma y nombre humanos se ofrece libremente el Salvador. No es ello a causa de la bondad que pudiera haber en cualquier hombre, no porque en ellos se haya producido algún cambio, sino justa y precisamente se ofrece por su condición totalmente perdida. Libremente se presenta ante ellos, aunque nunca antes le hayan buscado. Existen muchas estratagemas por las que Satanás trata de mantener a los hombres lejos. de Cristo.
Algunos dicen que no hay esperanza para ellos. "No tengo esperanza, no, porque yo he amado la vida impura y he corrido tras las rameras. He cometido pecados tan grandes, tan profundamente me he hundido en el lodo del pecado, he dado de tal forma rienda suelta a mis pasiones y concupiscencias, que es imposible que pueda ni siquiera pensar en que hay para mí perdón y promesa de regenerarme. Es completamente imposible. No hay esperanza para mí, no". A ti quiero contestarte. "Hay esperanza. Por el amor de Cristo tus pecados pueden ser perdonados." Ah, ¿por qué al libre e incondicional clamor de Cristo, por qué permitís que Satanás os engañe, almas queridas, que inspiráis tanta compasión? Es cierto que os habéis sumido en el lodo del modo triste que lamentáis, que os habéis destrozado a vosotros mismos convirtiéndoos en verdaderas piltrafas, pero con todo, hay esperanza en Cristo. Jesús vino a buscar a los perdidos como vosotros. Cristo habla de tal manera a vosotros. Pertenecéis a la raza humana y Cristo se ofrece libremente a toda la raza humana.. "Oh, hombres, a vosotros clamo".
"Hasta este momento -decís- no me he preocupado absolutamente por mi alma. Hasta este momento no he oído ningún sermón, ni he prestado la menor atención a las palabras de la Biblia; no ha tenido para mí ningún atractivo nada relacionado con Cristo o con Dios o con las cosas eternas. A vosotros contesto, a vosotros quiero manifestar que Cristo se ofreció libre y voluntariamente por vosotros. Aunque jamás os hayáis preocupado por vuestra alma, Cristo el se ha preocupado y desea salvarla. Aunque no os hayáis preocupado de Cristo, Él el se ha preocupado de vosotros y ha extendido sus brazos salvadores hacia vosotros en muchas ocasiones. Cristo no vino al mundo a buscar a quienes se preocupaban de sus almas, sino a buscar a los que estaban perdidos. Si alguien pensase: "Es que yo soy el más perdido", no debiera tener duda alguna de que es uno de los que Cristo vino a buscar. Hoy podéis hallar al Salvador. "Oh, hombres, a vosotros clamo".
"Si yo supiese --dicen otros--- que soy uno de los elegidos, vendría a Cristo, pero me temo que no lo soy". He de deciros que nunca nadie acudió a Cristo porque supiese que era de los escogidos. Es cierto que Dios ha escogido, por su buena y perfecta voluntad, algunos para vida eterna, pero los tales nunca lo supieron en tanto no acudieron a Cristo. Cristo nunca ha invitado a los escogidos a acudir a Él. Por lo tanto, tu cuestión no es: ¿Soy yo uno de los escogidos?, sino: ¿pertenezco a la raza humana?
Alguno de vosotros puede estar pensando: "Si yo pudiese ver mi nombre en la Biblia, entonces creería que Cristo quiere salvarme. Cuando Cristo llamó a Zaqueo, le dijo: "Zaqueo, desciende". Le llamó por su nombre y él acudió inmediatamente". Si ahora Cristo me llamase por mi -nombre, rápidamente acudiría a Él". He de contestaros que Cristo os llama por vuestro nombre, pues dice: "Oh, hombres, a vosotros clamo". Suponed que Cristo hubiese escrito los nombres de todos los hombres y de todas las mujeres del mundo y de todos los tiempos; vuestro nombre estaría anotado, ¿no es cierto? En vez de escribir cada nombre, uno tras otro, los ha incluido a todos en una sola palabra que los engloba a todos, a cada hombre y mujer y niño. "Oh, hombres, a vosotros clamo, y mi voz es a los hijos de los hombres". De esta manera tu nombre está escrito en la Biblia. "Id y predicad el Evangelio a toda criatura".
"Si yo pudiese arrepentirme y creer, en tal caso Cristo se ofrecería libremente por mí. Pero yo no puedo arrepentirme y creer". Contesto: ¿no eres tú un hombre aún antes de arrepentirte y creer? En ese caso, Cristo se ofreció por ti antes de que se diese tu arrepentimiento y fe. Y, creyentes, permitidme deciros que Cristo no se ofreció por vosotros a causa de vuestro arrepentimiento, sino a causa de vuestra perdición y maldad. "Oh, hombres, a vosotros clamo".
"Temo que ha pasado para mí el tiempo de la gracia, -piensan otros---. Debí haber acudido a Cristo al principio de mi vida. Yo creo que Cristo se ofreció por mí entonces, en mi juventud, cuando di mis primeros pasos religiosos y el temor de Dios aún anidaba en mi corazón, pero ahora ya ha pasado para mí el día de la gracia". ¿No eres todavía un hombre, no perteneces aún al género humano? ¿No, se ofreció Cristo en tu favor, no por nada bueno que en ti hubiese antes, sino por que tú eras un vil y perdido pecador? Todavía eres un vil y perdido pecador y aún ahora se ofrece por ti a sí mismo. "Oh, hombres, a vosotros clamo".
Quisiera ahora aprovechar esta oportunidad para hacer una invitación de Cristo con todos sus beneficios a cada alma presente en esta reunión. A todo hombre, mujer y niño, la hago ahora en el nombre de mi Maestro y Señor, invitación plena, ofrecimiento Ubre del Salvador crucificado, para que sea vuestra seguridad y justicia, vuestro refugio y fortaleza. Quisiera poner a vuestro alcance el Evangelio, hacerlo llegar tan abajo, que los pecadores que son bajos de estatura, como Zaqueo puedan alcanzarlo. ¡Oh! ¿no hay nadie que acepte, que coja a Jesucristo, el único y suficiente Salvador?
III. PERO TAMBIÉN ES LA VERDAD MÁS CONDENATORIA DE LAS ESCRITURAS
Si Cristo es ofrecido libremente a todos los hombres, entonces es claro que cuantos viven y mueren sin Cristo se verán sumidos en la condenación de aquellos que rechazan al Hijo de Dios. ¡Ah! tremenda cosa es que la misma verdad que es vida para quienes la creen, sea muerte y condenación para los otros. Ésta es la condenación. Nosotros, los creyentes, somos olor suave en Cristo para Dios. Cuando los ignorantes del Evangelio pasen a la presencia de Dios para ser juzgados -los hindúes, los africanos y los chinos, por ejemplo, y en general, cuantas personas a quienes no se les han hecho los mismos ofrecimientos de Cristo- no tendrán tan terrible condenación como aquellos que han vivido y muerto sin la salvación a pesar de haber gozado del privilegio de la predicación del Evangelio. Tiro y Sidón no serán tan severamente juzgadas como lo será Corazín y Betsaida y la impenitente e incrédula Capernaum.
¡Oh, amigos, no tenéis excusa a los ojos de Dios si hoy acudís a vuestras casas no salvados! El Evangelio ha sido puesto a vuestro alcance, ha sido bajado en este día a vuestra altura, a la altura de cada uno de vosotros. Si marcháis a vuestra casa sin haberlo aceptado, en el postrer día vuestra condenación y culpa será más pesada. Si Cristo no hubiese venido a vosotros no tendríais pecado, pero ahora he aquí que vuestro pecado permanece.
Objeción. - Pero mi corazón es tan duro que no puedo creer. Mi corazón, de tal forma siente el atractivo de las cosas del mundo, que no puedo abandonarlas para acudir a Cristo. He nacido así, tal soy por naturaleza.
Respuesta. - Esto no hace sino agravar tu pecado Y culpabilidad. Es cierto que eres nacido así y que tu corazón es duro como una piedra de molino. Pero ello es precisa Y justamente la razón porque Dios te condenará; porque desde tu niñez has sido duro de corazón y has vivido en la incredulidad. Si un ladrón, por ejemplo, cuando es llevado ante la presencia de un juez, en vez de clamar misericordia, empieza a decir que él siempre ha sido un ladrón, que cuando era niño su corazón ya sentía atractivo hacia el robo y la delincuencia, y dijese que prefiere seguir con la misma conducta, ¿no agravarían tales declaraciones su culpa? Lo mismo sucede contigo.
¡Oh, amigos, si al morir pudieseis decir que Cristo nunca os fue ofrecido, tendríais un castigo más tolerable que el que entonces tendréis! Debéis salir de aquí hoy, o bien con el gozo de Cristo, o bien con la tristeza de haberle rechazado; debéis salir hoy de aquí habiéndole aceptado o habiéndole rechazado; o ganados y encontrados por Cristo, o más perdidos que antes. Ninguno de vosotros podrá escaparse de la culpabilidad en la que habéis incurrido en este día del Señor. Este sermón os saldrá al encuentro. Mirad que no desechéis al que habla: "¿Cómo escaparemos si tuviéremos en poco una salvación tan grande?"
***
«¡Oh hombres, a vosotros clamo: y mi voz es a los hijos de los hombres" (Proverbios 8:4).
Son éstas las palabras de la sabiduría, y la sabiduría, en el libro de los Proverbios, personifica a nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Es evidente por lo que Él dice en el cap. 1 y versículo 23 en que manifiesta: "He aquí yo os derramará mi espíritu". Sólo Cristo es quien nos ha dado el don del Espíritu Santo. De nuevo en 8:22 dice Él: "Jehová me poseía en el principio de su camino", y el v. SO, "Con él estaba yo ordenándolo todo y fui su delicia todos los días, teniendo solaz delante de él en todo tiempo". Estas palabras sólo son ciertas referidas a Cristo Jesús , el Verbo que era con Dios y el Verbo que era Dios y por el que todas las cosas fueron hechas.
Observad los lugares a que Jesús va con su invitación. Primeramente va al campo. Él escala toda altiplanicie, "todo cabezo" y clama allí; entonces desciende a los caminos, donde halla muchas encrucijadas. Después va a la ciudad, a la entrada de las puertas, donde la multitud se reúne para hacer sus negocios y para escuchar juicios; entonces atraviesa la principal calzada de la ciudad y clama junto a cada puerta por que atraviesa. Visita en primer lugar las sendas y veredas del campo para, luego, dirigirse a las calles y plazas de la ciudad llevando su precioso mensaje.
Observad la forma en que Jesús ofrece su invitación. Él, clama fuertemente, hace oír su voz, permanece en pie y llama y levanta su voz; se parece a algún mercader que ofrece sus géneros, primeramente en el mercado y después de puerta en puerta. Nunca ningún ocupado mercader ofreció vender sus mercancías con tanta ansiedad como Jesús ofrece su salvación. "Recibid mi enseñanza y no plata, y ciencia antes que el oro escogido" (v. 10).
Observad a quién dirige Jesús su invitación (v. 4). "Oh, hombres, a vosotros clamo, y mi voz es a los hijos de los hombres". Los mercaderes ofrecen sus mercancías a cierta clase de personas, a los compradores, pero Jesús ofrece las suyas a todos los hombres. Doquiera hay un hijo de Adán, doquiera existe un hijo de mujer, la palabra que se le dirije es: "El que tiene oídos para oír, oiga".
Doctrina. - Cristo se ofrece como Salvador a toda la raza humana.
I. ES ÉSTA LA VERDAD MAS GLORIOSA DE TODA LA BIBLIA.
Es común creer que la predicación de la Santa Ley es la verdad más grande de la Biblia, para que por ella toda boca se tape y todo el mundo venga a ser declarado culpable delante de Dios. Y ciertamente creo que es la ley el medio de que se sirve Dios más comúnmente. Pero, en mi opinión, hay algo que se destaca mucho más en la visión de un Salvador divino ofreciéndose libre y voluntariamente por cada ser que compone la raza humana. Hay algo que puede quebrantar el corazón humano, que es como una piedra en este clamor: "Oh, hombres, a vosotros clamp, y mi voz es a los hijos de los hombres".
1. De haber vivido vosotros en los días de Noé cuando construía su arca, de haber visto aquella enorme barca preparada y con la puerta abierta, invitando a todos los hombres a entrar en sus amplios departamentos, ¿no os hubiese significado a vosotros el más grande aviso de alerta! ¿Hubieseis podido mirarla sin pensar en el diluvio venidero e inmediato en que había de anegarse el mundo impío?
2, De haber vivido en los días en que Jesús estuvo sobre la tierra, de haberle visto sobre la grupa de su asno en el monte de los Olivos, deteniéndose ante la misma Jerusalén que vivía plácida y deslumbrante a sus pies, de haber visto al Hijo de Dios llorar sobre la ciudad y decir: "¡ Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que toca a tu paz!, mas ahora está encubierto a tus ojos", ¿no tendríais la sensación de que alguna terrible destrucción aguardaba a la inconsciente ciudad? ¿Derramó Él estas lágrimas sin causa? Ciertamente veía aquel día en que el enemigo la destruirla, lo que nadie, sino sólo Él, conocía.
3. Del mismo modo, queridos amigos, cuando alcancéis a ver a Jesús yendo de un lugar a otro, de los montes a los senderos, de las encrucijadas a las puertas de la ciudad, de las entradas de la ciudad a las puertas de las casas, cuando os sea dado oír su ansioso clamor; "Oh, hombres a vosotros clamo", ¿no comprenderéis entonces que todos los hombres están perdidos, que una terrible condenación se cierne sobre ellos? ¿Clamaría tan fuerte e insistentemente el Salvador al no existiese el infierno?
Aplicaos esto, almas que dormís en vuestros pecados; vuestra soñolienta alma peligra. Notad quién es el que os llama -¡es la Sabiduría!- Es Jesús, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. "Oh, hombres, a vosotros clamo". A menudo sucede que cuando los ministros os han tocado el corazón por medio de sus sermones, al acudir a vuestro hogar decía: "Oh, era la palabra de un ministro solamente, ¿he de temblar por las palabras de un hombre?" Pero he aquí que no es la palabra de un ministro, sino que es la palabra de Cristo. He aquí que es la palabra de uno que conoce vuestra verdadera situación, que conoce vuestro corazón y vuestra historia, que conoce tanto vuestros pecados cometidos a la luz del día como los realizados al amparo de la noche, que conoce la ira que ha de venir sobre vosotros y la condenación eterna que os acecha. 'M, hombres, a vosotros clamo".
Notad en cuántos lugares os llama. En los collados y en las sendas, en las puertas y en las entradas de la ciudad. ¿No ha sido así con vosotros? ¿No habéis recibido el llamamiento a través de la Biblia, o por la familia, o en el templo del Señor? Habéis ido de lugar en lugar, pero el Salvador siempre ha ido detrás de vosotros. Habéis acudido a los lugares de diversión, a los lugares de pecado, y Cristo os ha acompañado. Habéis permanecido en la cama de la enfermedad y Cristo os ha seguido. ¿No será que la oveja está en un gran peligro cuando el pastor la sigue y busca tan de cerca?
Fijaos en cómo clama. Él clama y levanta su voz. ¿No ha hecho igual con vosotros? ¿No ha llamado tierna e íntimamente a la puerta de vuestro corazón en los peligros, en las circunstancias en que se ha manifestado su providencia, con ocasión de la muerte de algún ser querido? ¿No ha clamado dulcemente en la, predicación de la palabra? Algunas veces, cuando habéis leído a solas la Biblia, ¿no ha sido la voz de Cristo más profunda que los mismos truenos distantes?
Fijaos en que clama a todos. De haber invitado solamente a los viejos, podrían decir entonces los jóvenes: "Nosotros somos salvos, nosotros no necesitamos un Salvador". De haber llamado solamente a los jóvenes, los ancianos podrían haber dicho: "No es para. nosotros". De haber llamado a los buenos o a los malos, unos u otros se hubiesen dado por excusados Pero Él llama a vosotros todos. Por tanto, todos estáis perdidos, viejos y jóvenes, ricos y pobres. Penséis lo que penséis de vosotros mismos, Jesús sabe que todos estáis perdidos, por esto clama desgarradoramente: "Oh, hombres, a vosotros clamo".
II. ES ÉSTA LA VERDAD MÁS CONSOLADORA DE LA BIBLIA
Cuando se habla de Cristo a personas despertadas por el Espíritu Santo, generalmente ven aumentados sus temores. Ellas ven con claridad que Jesús es un grande y glorioso Salvador, pero entonces sienten que le han rechazado y temen que Jesús nunca podrá ser su Salvador. Muy a menudo las personas despertadas se sientan y escuchan una viva descripción de Cristo, de la obra de sustitución en lugar de los pecadores, pero su pregunta ansiosa es: ¿"Será Cristo Salvador para mí?" Ahora contesto yo a tal pregunta: Cristo se ofreció voluntariamente en favor de toda la raza humana. "Oh, hombres, a vosotros clamo". Si no hubiese ningún otro texto en toda la Biblia para alentar a los pecadores a venir sin impedimentos a Cristo, éste sólo habría de bastar para persuadirlos. No hay tema más mal interpretado y peor comprendido por los no convertidos que el de la libertad sin condiciones de acudir a Cristo. Tan mísera idea tenemos, por lo general, de su libre gracia, que no podemos creer que Dios pueda ofrecernos un Salvador, en tanto permanecemos en nuestra flaqueza y debilidad carnales, condición natural de¡ hombre condenado al infierno. ¡Oh, es triste pensar cómo el hombre lucha contra su propia felicidad y no cree a la misma Palabra de Dios!
Todos los símbolos y tipos bíblicos mostraban que el Salvador se ofrecería libremente a todos.
1. La serpiente de metal fue levantada ante el pueblo de Israel para que todo aquel que la mirara fuese sanado. Cristo mismo así lo explica de sí mismo: "Así es menester que el Hijo del hombre sea levantado, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, mas tenga vida eterna".
2. Las ciudades de refugio asentadas sobre una colina, con sus puertas abiertas noche y día, nos enseñan lo mismo. Todo aquel que quiera, acuda al refugio, porque la esperanza se pone ante cada uno de vosotros.
3. Los ángeles de Belén repitieron la misma enseñanza. "He aquí os doy, nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo". Y la última invitación de la Biblia es la más Ubre e incondicional de todas. "El que quiera, tome del agua de la vida de balde". Notad también en nuestro texto lo amplio del llamamiento: "Oh, hombres, a vosotros clamo". Esto nos muestra que no se ofrece a los demonios, sino a todos los hombres. A cada ser que tiene forma y nombre humanos se ofrece libremente el Salvador. No es ello a causa de la bondad que pudiera haber en cualquier hombre, no porque en ellos se haya producido algún cambio, sino justa y precisamente se ofrece por su condición totalmente perdida. Libremente se presenta ante ellos, aunque nunca antes le hayan buscado. Existen muchas estratagemas por las que Satanás trata de mantener a los hombres lejos. de Cristo.
Algunos dicen que no hay esperanza para ellos. "No tengo esperanza, no, porque yo he amado la vida impura y he corrido tras las rameras. He cometido pecados tan grandes, tan profundamente me he hundido en el lodo del pecado, he dado de tal forma rienda suelta a mis pasiones y concupiscencias, que es imposible que pueda ni siquiera pensar en que hay para mí perdón y promesa de regenerarme. Es completamente imposible. No hay esperanza para mí, no". A ti quiero contestarte. "Hay esperanza. Por el amor de Cristo tus pecados pueden ser perdonados." Ah, ¿por qué al libre e incondicional clamor de Cristo, por qué permitís que Satanás os engañe, almas queridas, que inspiráis tanta compasión? Es cierto que os habéis sumido en el lodo del modo triste que lamentáis, que os habéis destrozado a vosotros mismos convirtiéndoos en verdaderas piltrafas, pero con todo, hay esperanza en Cristo. Jesús vino a buscar a los perdidos como vosotros. Cristo habla de tal manera a vosotros. Pertenecéis a la raza humana y Cristo se ofrece libremente a toda la raza humana.. "Oh, hombres, a vosotros clamo".
"Hasta este momento -decís- no me he preocupado absolutamente por mi alma. Hasta este momento no he oído ningún sermón, ni he prestado la menor atención a las palabras de la Biblia; no ha tenido para mí ningún atractivo nada relacionado con Cristo o con Dios o con las cosas eternas. A vosotros contesto, a vosotros quiero manifestar que Cristo se ofreció libre y voluntariamente por vosotros. Aunque jamás os hayáis preocupado por vuestra alma, Cristo el se ha preocupado y desea salvarla. Aunque no os hayáis preocupado de Cristo, Él el se ha preocupado de vosotros y ha extendido sus brazos salvadores hacia vosotros en muchas ocasiones. Cristo no vino al mundo a buscar a quienes se preocupaban de sus almas, sino a buscar a los que estaban perdidos. Si alguien pensase: "Es que yo soy el más perdido", no debiera tener duda alguna de que es uno de los que Cristo vino a buscar. Hoy podéis hallar al Salvador. "Oh, hombres, a vosotros clamo".
"Si yo supiese --dicen otros--- que soy uno de los elegidos, vendría a Cristo, pero me temo que no lo soy". He de deciros que nunca nadie acudió a Cristo porque supiese que era de los escogidos. Es cierto que Dios ha escogido, por su buena y perfecta voluntad, algunos para vida eterna, pero los tales nunca lo supieron en tanto no acudieron a Cristo. Cristo nunca ha invitado a los escogidos a acudir a Él. Por lo tanto, tu cuestión no es: ¿Soy yo uno de los escogidos?, sino: ¿pertenezco a la raza humana?
Alguno de vosotros puede estar pensando: "Si yo pudiese ver mi nombre en la Biblia, entonces creería que Cristo quiere salvarme. Cuando Cristo llamó a Zaqueo, le dijo: "Zaqueo, desciende". Le llamó por su nombre y él acudió inmediatamente". Si ahora Cristo me llamase por mi -nombre, rápidamente acudiría a Él". He de contestaros que Cristo os llama por vuestro nombre, pues dice: "Oh, hombres, a vosotros clamo". Suponed que Cristo hubiese escrito los nombres de todos los hombres y de todas las mujeres del mundo y de todos los tiempos; vuestro nombre estaría anotado, ¿no es cierto? En vez de escribir cada nombre, uno tras otro, los ha incluido a todos en una sola palabra que los engloba a todos, a cada hombre y mujer y niño. "Oh, hombres, a vosotros clamo, y mi voz es a los hijos de los hombres". De esta manera tu nombre está escrito en la Biblia. "Id y predicad el Evangelio a toda criatura".
"Si yo pudiese arrepentirme y creer, en tal caso Cristo se ofrecería libremente por mí. Pero yo no puedo arrepentirme y creer". Contesto: ¿no eres tú un hombre aún antes de arrepentirte y creer? En ese caso, Cristo se ofreció por ti antes de que se diese tu arrepentimiento y fe. Y, creyentes, permitidme deciros que Cristo no se ofreció por vosotros a causa de vuestro arrepentimiento, sino a causa de vuestra perdición y maldad. "Oh, hombres, a vosotros clamo".
"Temo que ha pasado para mí el tiempo de la gracia, -piensan otros---. Debí haber acudido a Cristo al principio de mi vida. Yo creo que Cristo se ofreció por mí entonces, en mi juventud, cuando di mis primeros pasos religiosos y el temor de Dios aún anidaba en mi corazón, pero ahora ya ha pasado para mí el día de la gracia". ¿No eres todavía un hombre, no perteneces aún al género humano? ¿No, se ofreció Cristo en tu favor, no por nada bueno que en ti hubiese antes, sino por que tú eras un vil y perdido pecador? Todavía eres un vil y perdido pecador y aún ahora se ofrece por ti a sí mismo. "Oh, hombres, a vosotros clamo".
Quisiera ahora aprovechar esta oportunidad para hacer una invitación de Cristo con todos sus beneficios a cada alma presente en esta reunión. A todo hombre, mujer y niño, la hago ahora en el nombre de mi Maestro y Señor, invitación plena, ofrecimiento Ubre del Salvador crucificado, para que sea vuestra seguridad y justicia, vuestro refugio y fortaleza. Quisiera poner a vuestro alcance el Evangelio, hacerlo llegar tan abajo, que los pecadores que son bajos de estatura, como Zaqueo puedan alcanzarlo. ¡Oh! ¿no hay nadie que acepte, que coja a Jesucristo, el único y suficiente Salvador?
III. PERO TAMBIÉN ES LA VERDAD MÁS CONDENATORIA DE LAS ESCRITURAS
Si Cristo es ofrecido libremente a todos los hombres, entonces es claro que cuantos viven y mueren sin Cristo se verán sumidos en la condenación de aquellos que rechazan al Hijo de Dios. ¡Ah! tremenda cosa es que la misma verdad que es vida para quienes la creen, sea muerte y condenación para los otros. Ésta es la condenación. Nosotros, los creyentes, somos olor suave en Cristo para Dios. Cuando los ignorantes del Evangelio pasen a la presencia de Dios para ser juzgados -los hindúes, los africanos y los chinos, por ejemplo, y en general, cuantas personas a quienes no se les han hecho los mismos ofrecimientos de Cristo- no tendrán tan terrible condenación como aquellos que han vivido y muerto sin la salvación a pesar de haber gozado del privilegio de la predicación del Evangelio. Tiro y Sidón no serán tan severamente juzgadas como lo será Corazín y Betsaida y la impenitente e incrédula Capernaum.
¡Oh, amigos, no tenéis excusa a los ojos de Dios si hoy acudís a vuestras casas no salvados! El Evangelio ha sido puesto a vuestro alcance, ha sido bajado en este día a vuestra altura, a la altura de cada uno de vosotros. Si marcháis a vuestra casa sin haberlo aceptado, en el postrer día vuestra condenación y culpa será más pesada. Si Cristo no hubiese venido a vosotros no tendríais pecado, pero ahora he aquí que vuestro pecado permanece.
Objeción. - Pero mi corazón es tan duro que no puedo creer. Mi corazón, de tal forma siente el atractivo de las cosas del mundo, que no puedo abandonarlas para acudir a Cristo. He nacido así, tal soy por naturaleza.
Respuesta. - Esto no hace sino agravar tu pecado Y culpabilidad. Es cierto que eres nacido así y que tu corazón es duro como una piedra de molino. Pero ello es precisa Y justamente la razón porque Dios te condenará; porque desde tu niñez has sido duro de corazón y has vivido en la incredulidad. Si un ladrón, por ejemplo, cuando es llevado ante la presencia de un juez, en vez de clamar misericordia, empieza a decir que él siempre ha sido un ladrón, que cuando era niño su corazón ya sentía atractivo hacia el robo y la delincuencia, y dijese que prefiere seguir con la misma conducta, ¿no agravarían tales declaraciones su culpa? Lo mismo sucede contigo.
¡Oh, amigos, si al morir pudieseis decir que Cristo nunca os fue ofrecido, tendríais un castigo más tolerable que el que entonces tendréis! Debéis salir de aquí hoy, o bien con el gozo de Cristo, o bien con la tristeza de haberle rechazado; debéis salir hoy de aquí habiéndole aceptado o habiéndole rechazado; o ganados y encontrados por Cristo, o más perdidos que antes. Ninguno de vosotros podrá escaparse de la culpabilidad en la que habéis incurrido en este día del Señor. Este sermón os saldrá al encuentro. Mirad que no desechéis al que habla: "¿Cómo escaparemos si tuviéremos en poco una salvación tan grande?"
***
El Corazón Quebrantado
EL CORAZÓN QUEBRANTADO
por R.M. McCheyne
«Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado. Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios» (Salmo 51:17).
Ningún otro salmo expresa tan plenamente la experiencia por que atraviesa el alma que ha sido guiada al arrepentimiento Su humilde confesión de pecado (va. 3, 4 y 5); su deseo intenso de ser perdonada por los méritos de la sangre de Cristo (v. 7) ; su ansiedad porque el Señor le conceda un corazón puro (v. 10); su voluntad de ofrecer, de rendir algo a Dios por todos sus beneficios.
Dice el salmista que él enseñará a los prevaricadores el camino de Dios; dice que sus labios, por la gracia. de Dios, se abrirán para publicar las alabanzas de Dios; manifiesta que ofrecerá a Dios un espíritu quebrantado y humillado (va. 16, 17). Viene a decir que, del mismo modo que ha ofrecido ---siguiendo los ritos mosaicos-- numerosos corderos inmolados ¡u acción de gracias a Dios, también ahora ofrecerá a Dios, como un cordero inmolado, su quebrantado corazón. Cada uno de vosotros, quienes habéis hallado el mismo perdón de Dios, llegasteis en el pasado a la misma resolución, la de ofrecer a Dios un corazón quebrantado, lo cual nuevamente os será grato hacer hoy.
I. EL CORAZÓN NATURAL ES UN CORAZÓN NO HERIDO, NO QUEBRANTADO.
La ley de Dios, sus misericordias, las aflicciones que le acontecen, no quebrantan el corazón natural. Oye hablar de la ley de Dios y de su misericordia y continúa impasible. Es más duro que una piedra. Nada hay en el universo tan duro. "Oídme, duros de corazón, que estáis lejos de la justicia" (Isaías 46:12). "Hemos recorrido la tierra y he aquí que toda la tierra está reposada y quieta" (Zacarías 1:11). "Yo escudriñaré a Jerusalén con candiles y haré visitación sobre los hombres que están sentados sobre sus heces" (Sofonías 1:12). "Endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron tornarse" (Jeremías 5:3). "Mujeres reposadas y confiadas, oh confiadas" (lsaías 32:9-11).
¿Por qué? ¿Por qué es tan duro, el corazón natural?
Primero: Porque hay un velo sobre él. Porque el corazón del hombre natural se halla cubierto por un espeso velo. No cree en la, Biblia, ni en lo estricto de la ley, ni en la ira que ha de venir; un trágico velo cubre sus ojos.
Segundo: Porque Satanás es dueño del corazón natural. Satanás se lleva la semilla tan presto como puede.
Tercero: Porque el hombre natural está muerto en delitos y pecados. Los muertos. no oyen, ni sienten; carecen de sentimientos y de sensibilidad.
Cuarto: Porque se ha construido una barrera de despreocupación que le resultará mortal. El corazón natural confía a lo más en cualquier refugio falso, refugio de mentira, como dice la Biblia. Confía en la oración, o en las limosnas.
Pedid, amigos, a Dios que os libre de la maldición de un corazón muerto, no quebrantado, no contrito y humillado. Primero, porque no pasará mucho tiempo tranquilo en su falsa confianza; os halláis sobre lugares resbaladizos y las olas del océano rugen bajo vuestros pies. Segundo, porque Dios os denostará en la eternidad en vuestra calamidad. Si vosotros os volvéis ahora, hay esperanza de perdón cierto. Los ministros y los cristianos están preparados y Cristo mismo también lo está; pero después, en la eternidad, su denuesto caerá sobre vosotros.
II. EL CORAZÓN DESPERTADO ES UN CORAZÓN HERIDO, PERO NO QUEBRANTADO, NO ROTO.
1. La ley inflige la primera herida. - Cuando Dios se dispone a salvar un alma, la lleva primeramente a preocuparse de sus pecados. "Maldito es todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas". "Así que yo, sin la ley vivía por algún tiempo, mas venido el mandamiento el pecado revivió y yo morí". La vida y el corazón de cada uno adquieren entonces tremendos colores.
2. La majestad de Dios produce la segunda herida. El pecador recibe la sensibilidad que le hace sentir la grandeza y santidad de Aquel contra quien ha pecado. "Contra ti, a ti solo he pecado" (v. 4).
3. La tercera herida procede de su propia incapacidad para mejorarse. - En este estado el corazón todavía no ha sido quebrantado; el corazón se levanta contra Dios. Primero, a causa de lo estricto de la ley: %Si no fuese tan exigente...!" Segundo, porque sea la fe el único camino de la salvación y ella constituye un don de Dios: "¡Quisiera merecerse la salvación y ganarla!" Tercero, porque Dios sea soberano y pueda salvar o no, según su voluntad. Esto es lo que hay en el corazón no quebrantado. No existe otro estado y situación más miserables.
Aprendamos que una cosa es ser despertado y otra muy diferente ser salvado. Amigos, no descanséis en vuestras opiniones.
III. EL CORAZÓN DEL CREYENTE ES UN CORAZÓN QUEBRANTADO EN DOS ASPECTOS.
Ha sido quebrantado de su propia justicia y de su propia posibilidad de justificarse. Cuando el Espíritu Santo lleva a un alma a la cruz, ésta desespera de justificarse por sus propios méritos y justicia. Toda su carga y todas sus propias justicias y sus propias opiniones se derraman perdiéndose del modo como un líquido se pierde al romperse el frasco que lo contiene.
Primero, porque la obra de Cristo se le muestra. tan perfecta, lo mismo que la sabiduría y el poder de Dios. Ve en la obra de la cruz la justicia de Dios. "Me maravillo al pensar que hubo un tiempo en que yo busqué otros caminos de salvación. De haberla podido obtener con mis obras, ciertamente que con todas mis fuerzas me hubiera lanzado a ello. Me maravillo al pensar que el mundo no ha comprendido, ni ha aceptado, el único camino de salvación por la justicia de Cristo" - Brainerd.
Segunda. ¡La gracia de Cristo tiene tanto esplendor! ¡Qué maravilloso que toda la justicia de Cristo tan excelsa y divina, sea ofrecida gratuitamente al pecador! ¡Que yo, que he sido voluntariamente negligente, menospreciador de Cristo, que he odiado su obra, que he obstaculizado su llamamiento levantando entre él y yo verdaderas montañas haya sido objeto de su amor, y a pesar de todo, haya venido hasta mí pasando por todas ellas! "Para que te acuerdes y te avergüences, y nunca más abras la boca a causa de tu vergüenza, cuando me aplacare para contigo de todo lo que hiciste, dice Jehová" (Ezequiel 16:63). ¿Tienes tú este corazón quebrantado, y contrito ante la visión de la cruz? No será una mirada a tu propio corazón, o al corazón del infierno, sino al corazón de Cristo lo que quebrantará tu corazón. ¡Oh, pedid que Dios os dé un corazón quebrantado así! El orgullo y la jactancia están excluidos ¡A Él sea la gloria, digno es el Cordero! Todas las batallas y los esfuerzos del alma que busca su propia justificación han de ser quitados y hollados con desprecio.
El corazón quebrantado ha visto deshecho su amor para con el pecado. - Cuando un hombre cree en Cristo, se da cuenta entonces de que el pecado le es aborrecible. Primero, porque él le separa de Dios, abre entre Dios y él una gran alma y arrastra al hombre a la condenación del infierno. Segundo, porque llevó a Cristo a la cruz, al Señor de gloria; fué la gran carga que gravitó sobre su alma, lo que le hizo sudar, sangrar y morir. Tercero, porque es la plaga del corazón de Cristo ahora. Toda mi infelicidad y desdicha se debe a que soy un pecador. Ahora el creyente se lamenta y conduele, como una paloma, de haber pecado contra quien tanto le amó. "Entonces recordarás tus caminos y todas las cosas en que hablas vivido impíamente y te aborrecerás a ti mismo".
IV. LAS VENTAJAS DE UN CORAZÓN QUEBRANTADO.
1. Te guardarás de que te ofendas por causa de la predicación de la cruz. El corazón natural se ofende cuando se le predica de la cruz. Muchos de vosotros estoy cierto de que la odiáis y la menospreciáis. Muchos, sin duda, se enfurecen a menudo en lo más íntimo de sus corazones al oír la predicación de la justicia de otro, que debéis aceptar desechando la vuestra, si no queréis perecer. Muchos, sin duda, han abandonado esta iglesia por causa de tal predicación; y muchos más, a no dudar, seguirán el mismo camino. El escándalo y la ofensa de la cruz no han terminado. En cambio, amados, el corazón quebrantado no puede ofenderse de tal predicación. Los ministros puede mente la verdad a los corazones quebrantados. Un corazón quebrantado gozosamente se sienta a oír acerca de la justicia sin obras.
Muchos de vosotros os ofendéis cuando hablamos claramente del pecado; muchos se ofendieron el domingo pasado. Pero el corazón quebrantado y contrito no se ofende porque odia el pecado más que los mismos ministros a veces pueden hacerlo. Hay muchos como los adoradores de Baal: "Saca fuera tu hijo para que muera" dicen (Jueces 6:30). Del mismo modo quienes no tienen un corazón quebrantado respiran amenazas contra el predicador que destroza el ídolo de su orgullo; pero un corazón quebrantado desea ver el ídolo destrozado y derrotado y convertido en añicos.
2. El corazón quebrantado descansa al fin. - El corazón natural es como el mar tempestuoso. "¿Quién nos mostrará lo bueno?" Y corre preguntando de criatura en criatura buscando su propio placer, "lo bueno". El corazón despertado no tiene paz. Los temores de la muerte y del infierno amenazan ---así lo descubren los desesperados- sus almas desde que fueron sacados bruscamente de su condición dormida y de su estado de reposo y falsa tranquilidad.
Pero el corazón contrito dice: "¡Vuelve a tu paz, oh alma mía!" La justicia de Cristo echa fuera el temor, disipa todos los temores. Aun la misma plaga y corrupción del corazón no pueden verdaderamente turbarle, porque ha depositado todas sus cargas en Cristo.
3. No puede acontecerle ningún mal al corazón quebrantado. - Para los no convertidos, ¡cuán trágico es el lecho de muerte, o de la enfermedad, agitado e inquieto corno una bestia salvaje aprisionada en la red! En cambio, el corazón quebrantado se halla satisfecho y sereno en Cristo. Cristo le es suficiente; no ambiciona nada más. Aunque todo desaparezca, su amor, el amor de Cristo permanece. Está como un niño de meses en el regazo de su madre, confiado y seguro. ¿Conoces tú este seguro descanso?
por R.M. McCheyne
«Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado. Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios» (Salmo 51:17).
Ningún otro salmo expresa tan plenamente la experiencia por que atraviesa el alma que ha sido guiada al arrepentimiento Su humilde confesión de pecado (va. 3, 4 y 5); su deseo intenso de ser perdonada por los méritos de la sangre de Cristo (v. 7) ; su ansiedad porque el Señor le conceda un corazón puro (v. 10); su voluntad de ofrecer, de rendir algo a Dios por todos sus beneficios.
Dice el salmista que él enseñará a los prevaricadores el camino de Dios; dice que sus labios, por la gracia. de Dios, se abrirán para publicar las alabanzas de Dios; manifiesta que ofrecerá a Dios un espíritu quebrantado y humillado (va. 16, 17). Viene a decir que, del mismo modo que ha ofrecido ---siguiendo los ritos mosaicos-- numerosos corderos inmolados ¡u acción de gracias a Dios, también ahora ofrecerá a Dios, como un cordero inmolado, su quebrantado corazón. Cada uno de vosotros, quienes habéis hallado el mismo perdón de Dios, llegasteis en el pasado a la misma resolución, la de ofrecer a Dios un corazón quebrantado, lo cual nuevamente os será grato hacer hoy.
I. EL CORAZÓN NATURAL ES UN CORAZÓN NO HERIDO, NO QUEBRANTADO.
La ley de Dios, sus misericordias, las aflicciones que le acontecen, no quebrantan el corazón natural. Oye hablar de la ley de Dios y de su misericordia y continúa impasible. Es más duro que una piedra. Nada hay en el universo tan duro. "Oídme, duros de corazón, que estáis lejos de la justicia" (Isaías 46:12). "Hemos recorrido la tierra y he aquí que toda la tierra está reposada y quieta" (Zacarías 1:11). "Yo escudriñaré a Jerusalén con candiles y haré visitación sobre los hombres que están sentados sobre sus heces" (Sofonías 1:12). "Endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron tornarse" (Jeremías 5:3). "Mujeres reposadas y confiadas, oh confiadas" (lsaías 32:9-11).
¿Por qué? ¿Por qué es tan duro, el corazón natural?
Primero: Porque hay un velo sobre él. Porque el corazón del hombre natural se halla cubierto por un espeso velo. No cree en la, Biblia, ni en lo estricto de la ley, ni en la ira que ha de venir; un trágico velo cubre sus ojos.
Segundo: Porque Satanás es dueño del corazón natural. Satanás se lleva la semilla tan presto como puede.
Tercero: Porque el hombre natural está muerto en delitos y pecados. Los muertos. no oyen, ni sienten; carecen de sentimientos y de sensibilidad.
Cuarto: Porque se ha construido una barrera de despreocupación que le resultará mortal. El corazón natural confía a lo más en cualquier refugio falso, refugio de mentira, como dice la Biblia. Confía en la oración, o en las limosnas.
Pedid, amigos, a Dios que os libre de la maldición de un corazón muerto, no quebrantado, no contrito y humillado. Primero, porque no pasará mucho tiempo tranquilo en su falsa confianza; os halláis sobre lugares resbaladizos y las olas del océano rugen bajo vuestros pies. Segundo, porque Dios os denostará en la eternidad en vuestra calamidad. Si vosotros os volvéis ahora, hay esperanza de perdón cierto. Los ministros y los cristianos están preparados y Cristo mismo también lo está; pero después, en la eternidad, su denuesto caerá sobre vosotros.
II. EL CORAZÓN DESPERTADO ES UN CORAZÓN HERIDO, PERO NO QUEBRANTADO, NO ROTO.
1. La ley inflige la primera herida. - Cuando Dios se dispone a salvar un alma, la lleva primeramente a preocuparse de sus pecados. "Maldito es todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas". "Así que yo, sin la ley vivía por algún tiempo, mas venido el mandamiento el pecado revivió y yo morí". La vida y el corazón de cada uno adquieren entonces tremendos colores.
2. La majestad de Dios produce la segunda herida. El pecador recibe la sensibilidad que le hace sentir la grandeza y santidad de Aquel contra quien ha pecado. "Contra ti, a ti solo he pecado" (v. 4).
3. La tercera herida procede de su propia incapacidad para mejorarse. - En este estado el corazón todavía no ha sido quebrantado; el corazón se levanta contra Dios. Primero, a causa de lo estricto de la ley: %Si no fuese tan exigente...!" Segundo, porque sea la fe el único camino de la salvación y ella constituye un don de Dios: "¡Quisiera merecerse la salvación y ganarla!" Tercero, porque Dios sea soberano y pueda salvar o no, según su voluntad. Esto es lo que hay en el corazón no quebrantado. No existe otro estado y situación más miserables.
Aprendamos que una cosa es ser despertado y otra muy diferente ser salvado. Amigos, no descanséis en vuestras opiniones.
III. EL CORAZÓN DEL CREYENTE ES UN CORAZÓN QUEBRANTADO EN DOS ASPECTOS.
Ha sido quebrantado de su propia justicia y de su propia posibilidad de justificarse. Cuando el Espíritu Santo lleva a un alma a la cruz, ésta desespera de justificarse por sus propios méritos y justicia. Toda su carga y todas sus propias justicias y sus propias opiniones se derraman perdiéndose del modo como un líquido se pierde al romperse el frasco que lo contiene.
Primero, porque la obra de Cristo se le muestra. tan perfecta, lo mismo que la sabiduría y el poder de Dios. Ve en la obra de la cruz la justicia de Dios. "Me maravillo al pensar que hubo un tiempo en que yo busqué otros caminos de salvación. De haberla podido obtener con mis obras, ciertamente que con todas mis fuerzas me hubiera lanzado a ello. Me maravillo al pensar que el mundo no ha comprendido, ni ha aceptado, el único camino de salvación por la justicia de Cristo" - Brainerd.
Segunda. ¡La gracia de Cristo tiene tanto esplendor! ¡Qué maravilloso que toda la justicia de Cristo tan excelsa y divina, sea ofrecida gratuitamente al pecador! ¡Que yo, que he sido voluntariamente negligente, menospreciador de Cristo, que he odiado su obra, que he obstaculizado su llamamiento levantando entre él y yo verdaderas montañas haya sido objeto de su amor, y a pesar de todo, haya venido hasta mí pasando por todas ellas! "Para que te acuerdes y te avergüences, y nunca más abras la boca a causa de tu vergüenza, cuando me aplacare para contigo de todo lo que hiciste, dice Jehová" (Ezequiel 16:63). ¿Tienes tú este corazón quebrantado, y contrito ante la visión de la cruz? No será una mirada a tu propio corazón, o al corazón del infierno, sino al corazón de Cristo lo que quebrantará tu corazón. ¡Oh, pedid que Dios os dé un corazón quebrantado así! El orgullo y la jactancia están excluidos ¡A Él sea la gloria, digno es el Cordero! Todas las batallas y los esfuerzos del alma que busca su propia justificación han de ser quitados y hollados con desprecio.
El corazón quebrantado ha visto deshecho su amor para con el pecado. - Cuando un hombre cree en Cristo, se da cuenta entonces de que el pecado le es aborrecible. Primero, porque él le separa de Dios, abre entre Dios y él una gran alma y arrastra al hombre a la condenación del infierno. Segundo, porque llevó a Cristo a la cruz, al Señor de gloria; fué la gran carga que gravitó sobre su alma, lo que le hizo sudar, sangrar y morir. Tercero, porque es la plaga del corazón de Cristo ahora. Toda mi infelicidad y desdicha se debe a que soy un pecador. Ahora el creyente se lamenta y conduele, como una paloma, de haber pecado contra quien tanto le amó. "Entonces recordarás tus caminos y todas las cosas en que hablas vivido impíamente y te aborrecerás a ti mismo".
IV. LAS VENTAJAS DE UN CORAZÓN QUEBRANTADO.
1. Te guardarás de que te ofendas por causa de la predicación de la cruz. El corazón natural se ofende cuando se le predica de la cruz. Muchos de vosotros estoy cierto de que la odiáis y la menospreciáis. Muchos, sin duda, se enfurecen a menudo en lo más íntimo de sus corazones al oír la predicación de la justicia de otro, que debéis aceptar desechando la vuestra, si no queréis perecer. Muchos, sin duda, han abandonado esta iglesia por causa de tal predicación; y muchos más, a no dudar, seguirán el mismo camino. El escándalo y la ofensa de la cruz no han terminado. En cambio, amados, el corazón quebrantado no puede ofenderse de tal predicación. Los ministros puede mente la verdad a los corazones quebrantados. Un corazón quebrantado gozosamente se sienta a oír acerca de la justicia sin obras.
Muchos de vosotros os ofendéis cuando hablamos claramente del pecado; muchos se ofendieron el domingo pasado. Pero el corazón quebrantado y contrito no se ofende porque odia el pecado más que los mismos ministros a veces pueden hacerlo. Hay muchos como los adoradores de Baal: "Saca fuera tu hijo para que muera" dicen (Jueces 6:30). Del mismo modo quienes no tienen un corazón quebrantado respiran amenazas contra el predicador que destroza el ídolo de su orgullo; pero un corazón quebrantado desea ver el ídolo destrozado y derrotado y convertido en añicos.
2. El corazón quebrantado descansa al fin. - El corazón natural es como el mar tempestuoso. "¿Quién nos mostrará lo bueno?" Y corre preguntando de criatura en criatura buscando su propio placer, "lo bueno". El corazón despertado no tiene paz. Los temores de la muerte y del infierno amenazan ---así lo descubren los desesperados- sus almas desde que fueron sacados bruscamente de su condición dormida y de su estado de reposo y falsa tranquilidad.
Pero el corazón contrito dice: "¡Vuelve a tu paz, oh alma mía!" La justicia de Cristo echa fuera el temor, disipa todos los temores. Aun la misma plaga y corrupción del corazón no pueden verdaderamente turbarle, porque ha depositado todas sus cargas en Cristo.
3. No puede acontecerle ningún mal al corazón quebrantado. - Para los no convertidos, ¡cuán trágico es el lecho de muerte, o de la enfermedad, agitado e inquieto corno una bestia salvaje aprisionada en la red! En cambio, el corazón quebrantado se halla satisfecho y sereno en Cristo. Cristo le es suficiente; no ambiciona nada más. Aunque todo desaparezca, su amor, el amor de Cristo permanece. Está como un niño de meses en el regazo de su madre, confiado y seguro. ¿Conoces tú este seguro descanso?
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