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"Todo lo que el Padre ma da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le hecho fuera" (Jn.6:37)

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domingo, 6 de junio de 2010

En mi carne he de ver a Dios

SERMONES SOBRE JOB

Por Juan Calvino
Sermones


SERMÓN N° 9

EN MI CARNE HE DE VER A DIOS*


"Y después de deshecha está mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré yo mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí. Mas debierais decir: ¿Por qué le perseguimos? Ya que la raíz del asunto se halla en mí. Temed vosotros delante de la espada; porque sobreviene el furor de la espada a causa de las injusticias, para que sepáis que hay un juicio" (Job 19:26-29).



Ayer vimos la presentación hecha por Job afirmando tener en cuenta a Dios y no estar de ninguna manera atado a los hombres; porque aquellos cuyo interés se limita al mundo aquí abajo, no escudriñan voluntariamente sus conciencias, como debieran hacerlo , no reconocen sus pecados, a efectos de poder pedir que Dios les perdone, confesando que han sido transgresores. Porque vemos que, tan pronto dependemos de la aprobación de los hombres, lo único que queremos es superarlos, sea con la verdad o con falsedad. Esta es la causa por la cual no pensamos adecuadamente en Dios y consecuentemente no nos preocupamos en corregir nuestras faltas como debiéramos hacerlo; brevemente, en nosotros sólo hay hipocresía. Por eso Job dice que, él sabe que su Redentor vive; como si dijera que no ha alegado lo suficiente para ser justificado delante de los hombres, y que no era ése su propósito, porque sabía que debía presentarse ante Dios, y ser juzgado allá, y rendir cuenta de toda su vida. Luego agrega que el día final Dios separará sobre el polvo; como diciendo, "Cuando los hombres hayan decaído porque el mundo tiene que perecer, Dios aun permanecerá; de modo que cometería una gran necedad queriendo excusarme a mí mismo delante de los hombres mientras Dios me condena, puesto que aquellos que ahora son mis jueces o que quisieran tener ese honor, tienen que perecer conmigo, pero Dios permanecerá siempre. De modo entonces, es suficiente con que me rinda a él, y con oír aquello que él quiera ordenar."

Ahora bien, cuando dice que "Dios se levantará sobre el polvo," quiere significar que él no es como los hombres; porque cuando seamos aniquilados tendremos que renunciar a todo; sabemos que debemos volver a aquellos de donde provenimos, en corrupción y descomposición. "Pero Dios," dice Job, "no puede ir a la perdición de la misma manera que los hombres, sino que siempre seguirá en su condición." Además notemos que Job quería decir que Dios derramará el poder que hay en él sobre el polvo, es decir, sobre los hombres que no son nada, y que no tienen poder en sí mismos. Ahora, bien este título que atribuyó a Dios implica mucho, implica que él es su garante, y que es él quien lo sustenta. Si Dios quisiera, Job podría permanecer, sin embargo, debemos perecer; Dios quiere hacernos partícipes de su poder y de tal modo que nosotros lo experimentemos. De manera entonces que Dios se para sobre el polvo, hace que el polvo reviva completamente, y luego, lo restaura; porque sin esto sería en vano llamarlo "Redentor" y "Garante." Notemos bien que Job no solamente quería expresar que Dios no se limita a guardar su poder encerrado en su propia esencia, sino que lo derrama sobre los hombres. Esta es una buena doctrina para nosotros. Porque en primer lugar somos amonestados acerca de la vanidad que es querer agradar solamente a los hombres y ser aprobados por ellos. ¿Qué ganamos? Porque aquí abajo todo tiene que perecer. Aprendamos entonces a tener nuestros ojos fijados en Dios a efectos de que él pueda poseernos, y que nosotros podamos ser aprobados por él. Es aquí donde hemos de aplicar todo nuestro estudio. Sin embargo, a efectos de no estar atados a este mundo, a efectos de no estar envueltos en la hipocresía que por naturaleza está demasiado arraigada en nosotros, sepamos que Dios es nuestra garantía, es decir, que es cosa exclusivamente suya mantener la integridad de los hombres, cuando hayan andado con la conciencia pura delante de él; que él será su Juez, de una vez para siempre, y que se parará sobre el polvo; y aunque todo cuanto veamos alrededor de nosotros sea frágil e inservible, Dios no es así, su condición es mucho mayor; y no solamente para sí mismo, sino a efectos de volver a poner a todas las criaturas en su condición original, una vez que hayan expirado. Y para los creyentes es un consuelo inestimable cuando se los ve oprimidos por calumnias en este mundo; aunque hayan tratado de caminar rectamente, nunca dejan de ser fastidiados y mordidos con falsedad; entonces, en vista de ello se pueden encomendar a Dios e invocarle como a su garante, descansando en la certeza de que Dios estará de pie con los hombres cuando estos sean aniquilados. Bien, aquellos que hoy presumen condenarnos y de hablar contra nosotros, tienen que caer, y las cosas seguramente serán revertidas; porque Dios será nuestro Redentor. Actualmente, los hombres por su temeridad usurpan el poder de Dios, emprenden aquello que no les es lícito; pero es preciso que al final Dios les muestre su lugar, tanto para que él sea exaltado como para que nosotros sepamos que es asunto suyo mantenernos.

Esto es lo que debemos recordar cada vez que alguien hable con falsedad contra nosotros: por una parte debemos tener un buen testimonio delante de Dios; por otra parte, que es suficiente con que él no apruebe aunque seamos rechazados por todo el mundo. Venimos a lo que dice Job. Job afirma que los gusanos (aunque la palabra no pueda ser expresada, sin embargo, se ve claramente que se refiere a todo tipo de gusano y corrupción), cuando hayan comido la piel, roerán y consumirán lo que haya quedado; no obstante, aunque espera ver a Dios, y verle a él, afirma: "en mi carne," es decir, espera ser restaurado; "si, yo le veré, y no otro, aunque mis riñones hayan decaído en mi interior," es decir, aunque todo mi poder haya sido disuelto y abolido. Aquí hay una afirmación digna de ser notada cuando Job declara que tendrá su atención fijada en Dios, y en ningún otro; en efecto, aunque pueda ser totalmente consumido es como si dijera que la esperanza que tiene en Dios no será medida conforme a lo que se puede ver, sino que, cuando aparentemente no se ve nada, él todavía no dejará de mirar a Dios. ¿Y cómo? Si una persona se encuentra como abandonada por Dios percibiendo solamente toda clase de mal, sintiendo que la muerte la amenaza de todas partes, que incluso la devora totalmente, si a pesar de todo persevera, es porque realmente tiene constancia en la fe para decir, "bien, yo invocaré a mi Dios, y aun experimentaré su poder; solamente su poder me puede dar fuerza; y ello ocurrirá aun cuando aparentemente yo esté perdido." Aquí hay una persona que triunfa sobre las cosas del presente. Entonces muestra la fe y esperanza que tiene en Dios, no porque puede ver y comprender con sus sentidos naturales, sino que trasciende el mundo; como está dicho, nuestra esperanza debe trascender la esperanza; y la esperanza debe estar referida a cosas ocultas. Ahora vemos la intención de Job. Es cierto que aquí no habla explícita y simplemente de la resurrección; no obstante, estas palabras no pueden ser expuestas a menos que se reconozca que Job quería atribuir a Dios ese poder que actualmente no se ve en el orden común de la naturaleza. Es como si dijera que Dios quería ser conocido por nosotros, no solamente cuando nos hace bien, mientras que nos preserva y alimenta; sino también cuando aparentemente nos falla, y cuando solamente vemos la muerte delante de nosotros; aun entonces tenemos que estar convencidos de que nuestro Señor no dejará de ser nuestro garante, y que, siendo suyos, seremos sostenidos mediante su protección.

Pero para obtener mayor provecho de este pasaje, pensemos bien lo que dice Job: "Si bien lo que queda aquí," dice, "sea deshecho después de mi piel, no obstante he de ver a mi Dios." Esto no es creer en Dios únicamente porque hace que la tierra produzca grano y vino; como vemos que ocurre con muchas personas brutas que no tiene sensibilidad o percepción del Dios que está en el cielo a menos que él los alimente y llene sus vientres. Cuando se les pregunta, "¿Adonde está Dios?" responden diciendo, "Es él quien nos alimenta." Es cierto que debemos entender cabalmente la bondad y el poder de nuestro Dios, manifestados en todos los beneficios que él nos concede. Pero no debemos detenernos allí; porque (como ya he dicho), nuestra fe tiene que elevarse por encima de todas las cosas visibles de este mundo. De manera entonces, no digamos, "Yo creo en Dios porque me sostiene, porque me da salud, porque me alimenta." Digamos más bien, "Creo en Dios, y aunque ya me ha dado algunas muestras de su bondad y de su poder al cuidar de este cuerpo que no es sino corrupción, viendo que él mismo declara ser mi Padre, viendo que subsisto por el poder de su espíritu; no obstante, solamente creo en él porque me llama al cielo, porque me ha creado semejante, no a un toro o un asno, para vivir por algún tiempo; sino que me ha formado al imagen suya, para que yo pueda tener esperanza en su reino y ser un participante de la gloria de su Hijo. Creo que diariamente me invita allí, para que yo no tenga dudas de que cuando mi cuerpo sea echado al sepulcro será como si fuera aniquilado, pero que será restaurado en el día final; y, mientras tanto mi alma estará seguramente guardada, cuando después de la muerte Dios me tenga bajo su protección, y que aun entonces contemplaré, mejor que ahora, la vida que ha sido adquirida para nosotros por medio de la sangre de nuestro Señor Jesucristo." Esto entonces, es lo que debiera ser nuestro credo a efectos de vivir bien gobernados. Ahora, cuando estemos así, bien dispuestos, estaremos en condiciones de decir con Job, "Muy bien, es cierto, veo que mi cuerpo está decayendo; si es que aun hay algún vigor, éste va menguando día tras día, y así contemplo a la muerte sin tener que ir a buscarla a diez leguas de distancia; porque es tan poco lo que veo en mis carnes, excepto debilidad, que ésta y es en sí un mensaje de muerte; no obstante, he de ver a mi Dios." Y si podemos hablar de esa manera viendo que nuestro poder declina y se desvanece poco a poco; si a Dios le agrada afligirnos de tal manera que realmente llegamos a ser semiconsumidos (ese fue el caso de Job; porque dice, "Mi piel es carcomida y consumida"; Job era, por así decirlo, un cadáver, y sin embargo, protesta y afirma: "Bien, no dejaré de tener en cuenta a mi Dios.") No dejemos de esperar en Dios de acuerdo al ejemplo de Job. De esta manera entonces, la gravedad de las aflicciones de parte de Dios no nos asombrará, siempre y cuando estemos dispuestos a reconocerlo a él en su manera de obrar con nosotros, es decir, considerando bien el propósito con el cual nos ha creado y por el cual nos mantiene en este mundo.

Además, cuando Job dice que él "verá a su Redentor desde su carne," su intención es (como ya hemos dicho), afirmar que será restaurado a una condición nueva, después que su piel haya sido de esa manera carcomida. Porque afirma que aun sus huesos serán consumidos y que nada quedará sano; y luego agrega, "En mi carne he de ver a mi Dios." Pero ¿cómo es que le verá en su carne? Esto es, "Seré restaurado a mi condición anterior, y aun he de ver a mi Dios." De esa manera confiesa que Dios es suficientemente poderoso para levantarlo aunque lo haya consumido totalmente y lo ha arrojado a las profundidades. La condición por la cual debemos esperar en Dios es ésta: que habiéndonos arrojado al sepulcro, podamos saber que extiende su mano para levantarnos de allí. No digamos entonces, "Espero en Dios porque veo que me ayuda y no me falla en nada;" sino que cuando Dios nos falle, cuando es como si estuviera lejos de nosotros, entonces digamos con Job, "Yo he de verle en mi carne; ahora no soy nada; aparentemente soy una sombra y mi vida se desvanece rápidamente; sin embargo, mi Dios se declarará tan poderoso hacia mí que yo he de verle." Así habló Job en una época en que todavía no había mucha doctrina, cuando la ley probablemente aun no había sido escrita; pero supongamos que sí había sido escrita, los profetas todavía no existían en esa forma; solamente existía Moisés (porque los profetas mencionan a Job como a un hombre de tiempos antiguos).1

Entonces, teniendo solamente una pequeña chispa de luz, Job tuvo esa fuerza en sus aflicciones, y no solamente viendo una especie de muerte, sino viendo que Dios aparentemente le había dado la forma de un monstruo entre la gente, una cosa terrible y aterradora, y sin embargo podía decir "Es así para que yo vea a mi Dios." ¿Qué excusa podría haber en la actualidad cuando Dios nos detalla la resurrección tan exacta y tan explícitamente, dándonos tan hermosas promesas de ella? Más aun, considerando que nosotros vemos el espejo y la sustancia de ella en nuestro Señor Jesucristo, viendo que fue resucitado para mostrarnos que no debemos dudar de que en un momento todos seremos partícipes de esa gloria inmortal. Entonces, si después de tales confirmaciones todavía no podemos tener el conocimiento que había en Job, ¿no debería imputarse ello a nuestra ingratitud? Porque si pudiéramos recibir las promesas de Dios con verdadera fe, ¿no tendrían ellas suficiente poder para hacernos vencer todas las tentaciones que tanto gobiernan sobre nosotros? Entonces, notemos bien este pasaje, para que también podamos decir con San Pablo (II Corintios 5:1), "Si este tabernáculo se deshiciere (con "tabernáculo" él se refiere a algo hecho de hojas, algún cobertizo que no tiene valor alguno) tenemos un edificio preparado, mucho mejor y más excelente en el cielo. Si este hombre exterior, es decir, todo lo que es de la vida presente y que tiene apariencia, es aniquilado, y sin embargo Dios quiere renovarnos para hacernos contemplar de alguna manera nuestra resurrección, viendo a nuestro cuerpo fallando de esa manera." Como San Pablo lo expresa también en otro pasaje (I Corintios 15:36) donde nos recuerda la semilla que es echada en la tierra, afirmando que no puede germinar para tener una raíz viva ni llevar fruto, a menos que antes sea transformada a descomposición. ¿Alcanzamos a ver entonces, que la muerte comienza a gobernar sobre nosotros? Sepamos que Dios quiere darnos verdadera vida, es decir, la vida celestial que fue adquirida para nosotros por medio de la preciosa sangre de su Hijo. Ahora bien, sin esto es inevitable que la menor de las tentaciones del mundo nos conquiste, porque (como ya lo he dicho) todas las miserias que tenemos que sufrir son otros tantos mensajeros de muerte. Ahora bien, viendo a la muerte y suponiendo que hemos de ser consumidos por ella, ¿no deberíamos desesperarnos completamente? Entonces, no existe otra forma de consolarnos en nuestras aflicciones excepto con esta doctrina; es decir, cuando todo lo que hay en nosotros haya sido consumido, aun no cesaremos de ver a nuestro Dios; en efecto, de verlo en nuestra carne.

Y luego se dice, "Mis ojos le contemplarán, y no otro." Job no agrega esto siguiendo la proposición que ya había hecho, es decir: "Puesto que Dios me ha dado la certeza de restaurarme al poder, yo me consagro totalmente a él; ya no tengo por qué estar perturbado, ni por qué distraerme de esta o aquella manera; porque debo consagrarme solamente a él. Entonces, "Mis ojos le contemplarán, y no otro." Acá hay todavía una hermosa doctrina. Lo que afirmó no hace mucho, es decir, que verá a Dios en su carne, está referido a la experiencia de cuando Dios lo incorpore sobre sus pies; lo que dice esta vez lo dice a partir de otra consideración, es decir, teniendo en cuenta la esperanza; porque nosotros tenemos dos formas de considerar a Dios: (1) Lo tenemos en cuenta cuando se revela en la experiencia como Padre y Salvador y cuando de ellos nos da una experiencia digna de ser notada. Allí está mi Dios; me habrá librado de tremenda enfermedad de manera que su obra se asemeja a una resurrección; es un testimonio de que ha puesto su mano sobre mí para ayudarme; por eso lo contemplo y lo contemplo por experiencia. Ahora, mientras estoy enfermo, y aunque ya no tengo esperanza, no ceso de contemplar a Dios; porque pongo mi confianza en él; luego espero con paciencia lo que él quiera darme, sin dudar que, aunque tal vez me quite de este mundo, yo soy propiedad suya. (2) Hay todavía otra manera de contemplar a Dios. Entonces Job dijo que contemplaría a Dios por experiencia una vez que haya sido restaurado a su condición. En segundo lugar agrega que no cesará de contemplarlo, a pesar de ser completamente desmenuzado por los males. "Mis ojos" dice Job, "estarán puestos en él, no quiero apartarlos." Ahora bien, aquí vemos la naturaleza de la fe, es decir, reflexionar de tal manera acerca de Dios que nada se pierda, que no haya tales distracciones como las que acostumbramos tener. Pregunto esto, ¿por qué no podemos descansar en Dios como tendríamos que hacerlo? Es porque separamos el oficio de Dios y todas sus virtudes en tantas partes y trozos que prácticamente no dejamos nada de él. Haremos bien en decir que es asunto de Dios sustentarnos; sin embargo, no cesamos de trepar hacia arriba y abajo, hacia adelante a atrás, buscando los medios para nuestra vida; no como medios dados por Dios, y provenientes de él; sino que incluso les atribuimos el poder de Dios y, en efecto, los convertimos en ídolos.

Es así como podemos considerar a Dios con placer, y, sin embargo, no hallar descanso o contentamiento en él. Entonces, notemos bien la palabra usada por Job. Dice que sus ojos contemplarán a Dios, y no otro; como si dijera, "Me aferraré a esto, y no me agitaré como lo hacen los hombres, sino que me entregaré enteramente a mi Dios diciendo, Tires tú, Señor, verdaderamente solo tú, de quien tengo mi vida, y si ahora decaigo, tú me restaurarás, tal como lo has prometido.'" Ahora bien, hagamos siempre la comparación entre Job y nosotros. Porque si Job, sin tener semejante testimonio de la bondad de Dios, sin disponer de una doctrina que fuese una centésima parte tan familiar como la que tenemos nosotros, sin embargo, dijo que contemplaría a Dios - ¿acaso tendremos excusa nosotros si nos descamamos por aquí y por allá; en efecto, habiéndose presentado a nosotros nuestro Señor Jesucristo en quien habita toda la plenitud de la gloria divina, y siendo mostrado todo el poder del Espíritu Santo en El, al ser resucitado de los muertos? Y, no es incluso necesario que extendamos mucho nuestra vista a efectos de contemplarlo. Porque el evangelio es un buen espejo en el que le vemos cara a cara. Siendo así (como ya he mencionado) seamos personas bien aconsejadas libres de la culpa de semejante ingratitud, del extremo de no haber sido suficientemente condescendientes de mirar a aquel quien se nos presentó en forma tan mansa. Esto es, en resumen, lo que debemos notar en este pasaje.

Luego Job agrega: "Aunque mi corazón desfallece dentro de mí," es decir, "aunque ya no hay a poder or vigor en mí." En resumen (siguiendo la proposición que él ha sostenido), ahora muestra que no mira a Dios porque Dios le haya tratado gentilmente porque Dios le haya concedido todos sus deseos, porque haya sido preservado de las aflicciones; porque ocurre completamente lo contrario. "Aunque," dice, "Estoy en tal angustia, aunque aparentemente Dios está golpeándome, aunque ya no hay vigor en mí, no obstante, contemplaré a mi Dios con mis ojos y me aferraré a él únicamente, y sé que aun he de verle como mi Redentor y Garante, después de haberme consumido de esta manera."

Ahora, para concluir, dice a sus amigos, "Ustedes han dicho, ¿por qué es perseguido? o ¡por qué hemos de perseguirlo puesto que la raíz del asunto o de la proposición se encuentra en mí?" Este pasaje es un poco oscuro porque la palabra puede ser interpretada de dos maneras: "¿Por qué es perseguido? o "¿Por qué le perseguiremos?" Si lo tomamos como "¿Por qué es perseguido?" es como que los amigos de Job están asombrados por la aspereza con que lo trata Dios, y sin embargo, arriban a la conclusión de que es un hombre totalmente rechazado. Si las palabras se traducen como: "¿Cómo le perseguiremos?" sería como que han venido con deliberada malicia para destacar sus faltas y satirizarlo. Pero, aunque hay diversidad de interpretaciones en cuanto a las palabras, el sentido resulta ser el mismo. Miremos la doctrina que hemos de deducir de ellas; porque la doctrina es lo principal, ella es el todo. Entonces Job reprocha a sus amigos por haber juzgado mal sus aflicciones. ¿Y por qué? Porque desde el comienzo mismo se apresuraron diciendo: "Oh, realmente tiene que ser una persona malvada; si hubiera andado con buena y pura conciencia no sería afligido de esta manera." Ahora, por el contrario, Job afirma que la raíz de la proposición es hallada en él. Es cierto que esta palabra a veces significa "cosa" y a veces "palabra." Pero aquí Job quiere indicar que tiene un fundamento bueno y firme, y cuando haya sido adecuadamente sondeado, se verá que su caso no es como los otros habían falsamente estimado.

Veamos ahora, a qué propósito lleva esto, y qué provecho podemos sacar de ello. Cuando Job plantea a sus amigos el haber dicho "¿Por qué está siendo perseguido ? " demuestra que es una crueldad de los hombres mirar buscando los pecados de otro tan pronto como éste es castigado por las varas de Dios, es decir: "Este hombre tiene que ser un malvado; por lo tanto hirámoslo hasta que muera." Porque este es el fin donde debiéramos comenzar. Es cierto (como ya fue dicho más plenamente antes) que en todos los azotes y correcciones que Dios envía siempre tenemos que contemplar su juicio sobre los pecados del hombre; pero su propósito es condenarnos a nosotros. No tenemos que ser jueces de otros, eximiéndonos a nosotros mismos; comencemos, comencemos con nosotros mismos. Entonces vemos la utilidad de esta doctrina, es decir: cuando un hombre es oprimido por males, no debemos ser tan apresurados para condenarlo, y, por cierto, no debiéramos tener la inclinación de encontrar crímenes en él; más bien, debiéramos mirar a Dios, quien se revela a sí mismo como Juez tanto de nosotros como de aquel, y que nos constriñe a reconocer que debemos tener piedad y compasión de aquel que sufre, y que tenemos que hacerlo gustosamente, aunque quizá conozcamos sus faltas; debiéramos, en cambio, seguir el consejo de alcanzarle alguna medicina, a efectos de poder restaurarlo. Cuidémonos de poner el arado delante del buey, es decir, de hacer juicios antes de haber entendido el caso, pues eso es lo que estamos acostumbrados a hacer. Ya se ha dicho con frecuencia que Dios no siempre afligirá a los hombres con el mismo propósito; algunas veces castigará sus pecados, a veces querrá probar su paciencia, o bien habrá alguna otra razón. Entonces, no seamos demasiado apresurados o atrevidos para juzgar antes de haber conocido todos los hechos; porque vemos lo que les pasó a los amigos de Job. Tan pronto lo vieron en aflicción dijeron: "Tiene que ser un malvado." Pero bendito el hombre que juzga con prudencia a los afligidos, tal como se dice en el Salmo.2 ¿Acaso David no fue oprimido por la mano de Dios y con una severidad tal que la misma no se vio en otro hombre? Sin embargo, Dios dice: "He hallado que David mi siervo es conforme a mi corazón, lo he ungido con el aceite del gozo."3 He aquí Dios tomando a David como en su seno, y sin embargo, vemos de qué manera es tratado. Si somos apresurados para juzgar condenaremos a David y a Abraham y a todos los santos patriarcas. Y ¿acaso semejante manera de juzgar no resultará en deshonra para Dios? Ciertamente. Entonces, seamos sobrios y modestos cuando vemos que nuestros semejantes son afligidos, y reconozcamos la mano de Dios para que no nos ocurra lo mismo que a los amigos de Job.

Ahora dice de modo particular que la raíz del asunto está en él, o la raíz de la proposición o su efecto y sustancia. Con esto indica que debemos inquirir antes de juzgar. Ahora, en efecto, cada uno seguramente confesará que cometiendo premeditadamente este error, será una presunción necia y arrogancia de parte nuestra, pues, este proverbio es muy común, "De juez necio, sentencia breve." Entonces, no arriesguemos semejante suposición sin antes haber sondeado y examinado la esencia del asunto. Notemos bien que debemos haber llegado a la raíz antes de emitir juicio alguno; y no juzguemos apresuradamente, por temor de parecer ignorantes, porque esto es lo que impulsa a los hombres a ser demasiado apresurados: la vergüenza que tienen de no ser suficientemente perspicaces para juzgar de inmediato; porque si no doy mi opinión al respecto, ya no me estimarán. Ahora bien, Dios se burla de esta ambición. Mantengámonos a nosotros mismos en sobriedad y modestia hasta que Dios nos haya declarado por qué castiga a uno y a otro no; no queramos adelantarnos a Dios. Es cierto, cuando hayamos inquirido, cuando hayamos llegado a la raíz, entonces estaremos en condiciones de juzgar libremente; porque el juicio no será de nosotros, sino que provendrá de Dios, porque estará fundado en la palabra suya y estará bajo el gobierno de su Espíritu Santo; entonces, sobre todo, hemos de llegar a la raíz que aquí se menciona. Y luego dice: "Temed vosotros delante de la espada; porque la indignación de iniquidad, o de la aflicción, de la espada está cercana, para que sepáis que hay juicio." Esta declaración es suficientemente oscura porque las palabras están cortadas, pero, en resumen, Job quiso expresar esto, "teman delante de la espada," como diciendo, "aquí ustedes están hablando en la oscuridad, están naciendo deporte como aquellos que no tienen ninguna otra cosa que hacer, y que tienen tiempo libre." Tal clase de gente siempre estará dispuesta a disputar; como tampoco no hay mejor gente para la guerra que aquellos que están lejos del frente de batalla; dirigirán la batalla, sitiarán ciudades, matarán, saquearán, se llevarán el botín, y todo será una maravilla; pero después de haber conducido grandes charlas, y cuando hayan bebido en el mercado, solamente les resta escuchar el tambor para esparcirse. Por eso Job reprocha a sus amigos el hecho de haber disputado sobre su caso como pasando el tiempo; debieran temer el juicio de Dios y temer la espada, como si Dios ya se hubiera mostrado sobre ellos.

Luego dice, "La indignación de iniquidad." Esta palabra denota la crueldad de la que previamente los había culpado. "La indignación," es como diciendo, "Aquí ustedes están enardecidos contra mí, en efecto, listos para afligirme." Porque la palabra hebrea puede significar "iniquidad" y también "aflicción." Pero Job declara aquí que sus amigos no han venido a él como teniendo cierta compasión por su problema, más bien han venido enardecidos contra él, en efecto, para afligirlo y para molestarlo aun más. Y ¿a qué se refiere con esto? La espada" dice; o sea, "Dios no dejará impune semejante salvajismo, porque aunque yo les haya ofendido, no obstante, ustedes tienen que ser más humanos hacia mí; pero condenándome sin causa no hacen sino mostrar mayor severidad conmigo; entonces, la espada de Dios tiene que ser mostrada sobre ustedes, en efecto, para que puedan reconocer que hay juicio." Aquí hay una sentencia digna de ser notada y muy útil; porque Job, amonestando así a sus amigos es como un profeta de Dios que se dirige a todos en común y en general. Entonces nos advierte que debemos temer la espada de Dios, si somos tan maliciosos como para juzgar el bien del mal, y si somos tan inhumanos para torturar a aquellos que ya están pasando suficientes miserias. Está dicho que, "Maldito aquel que llama bueno lo malo, y malo lo bueno;"4 y, sin embargo, vemos que este vicio ha reinado desde todos los tiempos, y que todavía reina. Aquellos que son guiados por sus pasiones, ¿qué escrúpulos tendrán para desafiar abiertamente a Dios? Saben suficientemente bien que, "Aquí hay un caso bueno en sí mismo y, no obstante, me opondré a él." "Aquí hay un hombre que quiere servir a Dios, yo he de impedirlo." "Aquí hay algo que podría ser para la edificación de la iglesia, algo que podría servir a la comunidad de los hombres, al bienestar público, pero yo voy a arruinarlo completamente." Porque se verá que aun aquellos que están sentados en el trono de la justicia, serán como diablos encarnados para desafiar a Dios, para trastocar toda equidad y rectitud y que serán llenos de corrupción y exceso. Qué podemos decir cuando vemos esto, excepto que hemos llegado a la cima de toda iniquidad. Con otros es igual; se ve que no hay pequeños ni grandes que no desafíen a Dios. Entonces, no debemos decir que el diablo posee a los hombres, siendo estos tan dados a trastornar el bien, a mantener el mal, a pesar de que esta horrible maldición ha sido pronunciada por el profeta (Isaías 5:20) contra todos aquellos que llaman bueno lo malo, y malo lo bueno? Y esto es lo que Job pretendía aquí diciendo: "Temed la espada." A quién está hablando? A aquellos que están inflados contra Dios y contra toda rectitud. Porque ¿contra quién hacemos guerra cuando queremos cambiar la luz en tinieblas, cuando queremos oprimir una causa buena, sino contra Dios? Aquí Dios está siendo asaltado por nosotros. De manera entonces que tenemos una buena causa para el temor, aunque aflijamos a una sola persona volviendo a molestarla. Porque aquí está Dios que se opone a ello; afirma que no quiere soportar tales actos de violencia, tales extorsiones. Cuando alguien desea cometer un salvajismo e injuria contra los pobres, Dios se adelanta mostrando que es su protector. Entonces, ¿no debiera hacernos temblar el recuerdo de estas palabras cuando somos tentados a ofender y molestar al pobre, y a aquellos que ya están en aflicción sabiendo que la espada de Dios está desenvainada contra todos aquellos que quieren angustiar aun más a aquellos que ya están demasiado afligidos? Entonces, aquí está Dios que desafía a todos los que son dados a injuriar, a cometer actos de violencia y extorsión, o cosas similares, y él los llama a fuego y sangre. Y así cuando sea asunto de alguna pobre persona en aflicción, carente de sostén, tengamos temor de pisotearla, de molestarla, y de avergonzarla. Y ¿por qué? Porque aquí está Dios que declara tener su espada desenvainada contra todos aquellos que hayan atormentado así a los buenos e inocentes.

Esto es lo que Job dice para concluir, que la indignación de iniquidad hará descender la espada; como si dijera: "Es cierto que los hombres, cuando han salido a molestar al bueno, les parece que seguirán impunes, no temen a Dios ni a sus juicios; en efecto, pero temen la espada." Job dice, "está lista para ellos." No seamos entonces tan presuntuosos de prometernos que la mano de Dios no puede venir sobre nosotros, cuando así hemos atormentado a pobres personas que solamente querían vivir en paz, y que no nos han ofendido en nada; cuando hayamos venido para punzarlos y cuando hayamos actuado con amargura contra ellos. Dios será cien mil veces más amargo contra nosotros, y así lo experimentaremos cuando nos hayamos presentado ante él como nuestro Juez. Ahora bien, si esto fuese adecuadamente ponderado es cierto que en el mundo las cosas serían mejores de los que son. Vemos a los príncipes que por su ambición saquearán el campo, quemarán las casas, destruirán las ciudades, robarán, harán destrozos, y pillajes y arruinarán todo en forma horrible. ¿Y por qué? Todo ello les es lícito bajo el título de la guerra. Pero primero debieran considerar si realmente están constreñidos a causar semejantes problemas y de hacer esas guerras en todo el mundo. Pero, puesto que es solamente su ambición lo que los inflama y puesto que son tantos los males producidos por esta avaricia que los mueve, ¿acaso piensan que la espada no está lista para ellos? Y luego, aquellos que les sirven en su codicia, y que la alimentan, ¿acaso suponen que Dios no desenvainará su espada sobre ellos? Pero no los consideremos solamente a ellos; porque vemos a aquellos que no son ni reyes ni príncipes y que no tendrán el poder de trastornar al país, ni de ir por la fuerza, y que sin embargo no cesarán de tener tanta malicia o más que los otros; porque serán como pequeños escorpiones que disparan su ponzoña a través de la cola cuando no tienen otra forma de causar daño; y vemos que cada uno solamente quiere aguijonear y molestar. Entonces, ¿acaso no es necesario que lo dicho aquí sea experimentado, es decir, que la espada está desenvainada contra toda esa gente? Y es por eso que Job dice de manera especial, "para que sepáis." Es cierto que estos no eran cabezas huecas; sabían que hay un Dios en los cielos que es el Juez del mundo, eran hombres de letras y bien preparados, tal como le hemos visto por sus declaraciones, y como aun hemos de ver, gratos a Dios. ¿Por qué es entonces que Job les dice, "Pan que sepáis"? Es que cuando los hombres son enceguecidos por sus malas aflicciones, no reconocen a Dios; les parece que, habiendo levantado un velo divisorio, Dios ya no ve una sola gota, y que ya no debiera castigarlos como se lo han merecido. Entonces, contemplemos la espada, aunque ahora no la podemos ver con los ojos; es decir, aunque Dios todavía no nos dé las señales de querer afligirnos, a efectos de hacernos reconocer que el es el Juez del mundo; permitiendo que se nos muestre que no desea ser excesivamente estrictos hacia nuestros semejantes. Además, sepamos que todavía no alcanza con abstenernos de todo mal, sino que debemos estar dispuestos a ayudar a todos aquellos que están en aflicción. Porque cuando una persona sea capaz de afirmar que se ha abstenido de todo mal e injuria, por ese motivo todavía no es justificada delante de Dios. ¿Y por qué no? Porque debía auxiliar y ayudar a aquellos que se han abstenido del mal no son absueltos delante de Dios, sino que se los considera culpables, les pregunto, qué hemos de decir de aquellos que de día y de noche solamente inventan malicia; los que se preguntan, "¿Cómo podré aguijonear ahora a este, y luego a aquel?" Cuando existan personas tan malvadas, que se aguzan con el propósito deliberado de destruir a sus semejantes, ciertamente, ¿no es preciso que la espada de Dios sea tanto más afilada contra ellos? Entonces, considerémonos a nosotros mismos, y no estemos depuestos solamente a aliviar a los que vemos que están siendo afligidos, sino que también, viendo que hay tantas miserias y calamidades en todo el mundo, tengamos piedad de aquellos que están lejos, y que nuestra visión se extienda hasta allí (así como la caridad tendría que abarcar a toda la humanidad) y oremos a Dios que él se complazca en tener compasión de aquellos que están así angustiados, y que, habiéndolos castigado con sus varas, pueda traerlos de regreso a sí mismo y hacer que todo ello converja para su salvación, para que en lugar de la ocasión que tenemos ahora para gemir, seamos capaces de regocijarnos todos juntos y de bendecir su nombre a una sola voz.

Ahora inclinémonos en humilde reverencia ante el rostro de nuestro Dios.

***





NOTAS DELTEXTO

SERMÓN NO. 9



*Sermón 72 en Calvini Opera, Corpus Reformatorum, \. 324, pp. 127-139.

1.Ezequiel 14:14-20.

2.Salmo 106:3, "Dichosos los que guardan juicio."

3.En realidad no es una cita, sino un resumen de Salmo 89:20, I Crónicas 17:19 y Salmo 45:7.

4.Isaías 5:20 "¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo!"

Yo se que mi Redentor vive

Sermones
SERMONES SOBRE JOB

Por Juan Calvino
SERMÓN N° 8

YO SE QUE MI REDENTOR VIVE*



"Mi aliento vino a ser extraño a mi mujer, aunque por los hijos de mis entrañas le rogaba. Aun los muchachos me menospreciaron; al levantarme, hablaban contra mí, Todos mis íntimos amigos me aborrecieron, y los que yo amaba se volvieron contra mí. Mi piel y mi carne se pegaron a mis huesos, y he escapado con sólo la piel de mis dientes. ¡Oh, vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mí! Porque la mano de Dios me ha tocado. ¿Porque qué me perseguís como Dios, y ni aun de mi carne os saciáis? /Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡Quién diese que se escribiesen en un libro; que con cincel de hierro y con plomo fuesen esculpidas en piedra para siempre! Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo (Job 19:17-25).



Considerando que Dios ha unido a los hombres para que uno pueda sostener al otro, y que cada uno pueda tratar de ayudar a su prójimo, y que, cuando no podamos hacer ninguna otra cosa mejor, podamos tener piedad y compasión el uno para con el otro; si luego ocurre que quedamos desprovistos de toda ayuda, que somos molestados de todas partes, y que nadie muestra humildad hacia nosotros, sino que cada uno es cruel, semejante tentación es muy difícil de sobrellevar. Y es por eso que en este pasaje Job se queja de que no hubo ni esposa, ni amigos, ni sirvientes que se hubieran apiadado de él, sino que todo el mundo lo había rechazado. Ahora, viendo esto debiéramos aplicarlo a nosotros mismos; porque (según lo hemos discutido ayer) Dios permite que los hombres nos fallen, que cada uno se aparte de nosotros, para que cuanto antes podamos volver para verle a él. En efecto, mientras tenemos algún sostén del lado del mundo no esperaremos en Dios como debiéramos; más bien mantendremos nuestra atención aquí abajo; porque también nuestra naturaleza está totalmente inclinada en ese sentido, y estamos demasiado dados a ello. Entonces algunas veces Dios, queriendo acercarnos a sí mismo, nos dejará desprovistos de toda ayuda humana. O quizá sea para humillarnos; porque nos parece que ciertamente tendría que acordarse de nosotros, y que somos dignos de ello y que todo el mundo se enceguece con semejante presunción. Entonces, nuestro Señor quiere instruirnos en la humildad usando ese medio; que cada uno nos odie, que seamos rechazados por grandes y chicos. Cuando ello ocurra tendremos que pensar que no somos como habíamos supuesto. Pero, aunque esto pueda ocurrir, si sucede, sepamos que todavía no hemos sido rechazados por Dios; porque vemos que Job todavía tiene acceso a él, y que no es desengañado en su intento, puesto que Dios le extendió su mano, aunque los hombres lo habían rechazado y habían supuesto que seguramente no quedaba más esperanza para él; fue entonces cuando Dios consideró mostrarle su misericordia. Entonces, confiemos en esto. Además, seamos instruidos a cumplir con nuestro deber con aquellos que están afligidos, siguiendo lo que he dicho, que él nos ha puesto juntos, y nos ha unido, a efectos de que tengamos una comunidad; porque los hombres no deben separarse enteramente entre ellos. Es cierto que nuestro Señor ha designado a la policía1 para que cada uno tenga su casa, que tenga su hogar, su esposa, hijos, y que cada uno esté en su lugar; no obstante, ninguno debiera eximirse de la vida común diciendo, "Voy a vivir la vida sólo para mí." Esto sería vivir peor que una bestia bruta. ¿Qué entonces? Sepamos que Dios nos ha obligado a ayudarnos el uno al otro; y, al menos, viendo que alguno está necesitado, aunque no podamos hacerle el bien que quisiéramos, seamos humanitarios con él. Si ni siquiera hacemos esto, separamos que en la persona de Job el Espíritu Santo pide aquí venganza contra nosotros; porque no hay ninguna duda de que Job (agitado por sufrimientos grandes y excesivos) todavía era gobernado por el Espíritu de Dios, y especialmente en cuanto a los principios generales, es decir, con respecto a las declaraciones que pronunció. Y ya hemos declarado que ellas implicaban doctrinas provechosas. Entonces, notemos aquí que el Señor declara que somos demasiado crueles si al ver a un hombre pobre y afligido, sin tratar de ayudarle nos alejamos de él.

Notemos también que a veces podemos deducir buenas doctrinas de cosas dichas al pasar en las Santas Escrituras. Como Job aquí, hablando de su esposa dice, mi aliento vino a ser extraño a mí mujer aunque por los hijos de mis entrañas le rogaba. Esto demuestra que los hijos debieran añadir al amor entre marido y mujer. Porque cuando Dios bendice a un matrimonio con descendientes ello debiera incrementar el afecto para vivir en mayor concordia. Es algo que los paganos han sabido bien; pero es algo escasamente observado por aquellos que ciertamente debieran ver las cosas con mayor claridad. ¡Y qué condenación habrá para los creyentes que se jactan de haber sido enseñado a los pobres ignorantes que viven como a ciegas! Hay entonces, paganos que han confesado que los hijos son como prendas2 para confirmar mejor el amor entre marido y mujer, para mantenerlos en paz y unión. A continuación Job dice que ha rogado a su mujer por amor de los hijos que había engendrado por medio de ella. Pero esto no la conmovió en lo más mínimo. Entonces, esto demuestra que es algo contra la naturaleza y que en esta situación su mujer demostró ser como una bestia salvaje. Notemos entonces que aquellos que no pueden seguir este orden aquí son amonestados al pasar, como si el Espíritu Santo hubiera pronunciado una sentencia explícita contra ellos. Sin embargo, vemos a muchos que no tienen discreción aunque Dios les ha dado la gracia de tener muchos hijos. Aquí hay un hombre que quisiera vivir con su mujer; es cierto que el matrimonio en sí ya es algo tan sagrado que esta sola palabra tendría que ser suficiente cuando se dice, "Los dos serán una sola carne," para que el hombre considere la unión con su mujer más preciosa que la que tendría con su padre y madre; pero si Dios aun añade, como confirmación sobreabundante de esta gracia, que el matrimonio produce hijos, y aun así los hombres y mujeres son tan brutos para no ser inducidos e incitados por esto a amarse aun mucho más, ciertamente demuestran una ingratitud por demás despreciable. Ahora, (como ya lo hemos dicho) este es un asunto muy escasamente platicado entre los cristianos; entonces, debemos sacar provecho de esta palabra, aunque aquí se la menciona sólo incidentalmente.

Job, a efectos de añadir al mal, dice, que amigos y los hombres de mi consejo, aquellos a quienes estaba acostumbrado a comunicar todos sus secretos, se han vuelto contra él o quizá se han burlado de él, indicando que ya no lo tenían en cuenta. Y que no solamente lo despreciaban los que tenían alguna reputación, sino también los más insignificantes, los más desgraciados. Job indica, en resumen, que se encuentra desprovisto de toda ayuda, viendo que sus amigos le han fallado. En segundo lugar, que su vergüenza ha sido tal que los más despreciables del mundo no se han dignado a considerarlo de su misma categoría. Ciertamente tuvo que decir que su aflicción era grande, viendo que no había nadie que lo reconociera como miembro de la compañía de los hombres, sino que ya estaba más que exterminado. Esto es, en resumen, lo que Job quería decir. Ahora (como ya lo hemos mencionado), Dios quería entrenarlo por esos medios, a efectos de que nos sirviera de ejemplo. Entonces, si ocurriera que nuestro prójimo más cercano fuere nuestro enemigo mortal, que nos persigue, aprendamos a volver corriendo a Dios, y a sobrellevarlo pacientemente, viendo que a Job le ocurrió antes que a nosotros. Y recordemos también lo que se dice de nuestro Señor Jesucristo, ya que él pertenece a todos los miembros de la iglesia, "El que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañal."3 Esto tiene que cumplirse en todos los creyentes, y por eso el Señor Jesús nos ha mostrado el camino, para que no nos sintamos demasiado ofendidos cuando somos conformados a su imagen. Hemos de ver entonces todos los golpes, notar que los hijos de Dios serán traicionados y perseguidos por aquellos en quienes tenían plena confianza y con quienes habían tenido gran intimidad. Bien, este es un asunto sumamente difícil, nadie puede negarlo, y cuando experimentemos este mal alcanzará para hacernos perder el coraje; pero puesto que nuestro Dios nos ha declarado que así tenía que ser, y que nos ha dado un testimonio de ello en la persona de su único Hijo, hemos de pasarlo por alto, y someterlo a esta condición. Es algo que debemos observar en este pasaje.

Ahora venimos a lo que Job agrega. "Oh, vosotros mis amigos, tened compasión de mí, porque la mano de Dios me ha tocado," dice Job. Es cierto, cuando vemos que Dios castiga a los hombres, debemos glorificarle diciendo, Señor, eres justo." Pero hay una consideración especial en cuanto a Job, y es que Dios no lo castigaba por faltas que había cometido, sino por otro propósito. De todos modos, consideremos cuál hubiera sido el caso si hubiera sido castigado conforme a sus merecimientos. Y cuando veamos a un pobre malhecho a quien Dios ha llevado a su condenación, debemos ser tocados en nuestro interior, al menos por dos razones: Una es que si cada uno se mira a sí mismo, veremos que Dios tendría que castigarnos con mayor severidad si se complaciera en visitarnos de acuerdo a nuestros merecimientos. Todo aquel, entonces, que se considere a sí mismo, verá que es culpable para ser castigado por Dios, tan severamente como aquellos que se han endurecido; consecuentemente debemos mirarlos piadosa y compasivamente. Por lo tanto, nuestros vicios y nuestras iniquidades debieran hacernos humildes. Allí hay una persona, pobre y miserable; se ve que Dios la está persiguiendo; es algo horrible. ¿Pero qué de ello? Hay causa suficiente para que Dios también me castigue a mí; entonces debo humillarme, y debo verme a mí mismo en la persona de aquel. Ese es un tema. Y luego veamos a una persona que haya sido extremadamente afligida por la mano de Dios, sepamos que la misma no sólo fue igualmente creada a la imagen de Dios, sino que también es nuestro prójimo, como si fuera uno con nosotros. Todos somos de una naturaleza, tenemos una misma carne, pertenecemos a la humanidad, es decir que procedemos de un mismo origen. Siendo así, ¿no debemos pensar el uno en el otro? "Además, veo una pobre alma que va a perecer; ¿no debiera tenerle compasión para aliviarla si ello está en mi posibilidad?" Y, aunque tal vez no tenga los medios, debo aspirar a hacerlo. Estos son (digo) los dos motivos que deben motivarnos a la piedad cuando vemos que Dios aflige a los que son dignos de ello. Entonces, cuando pensemos en nosotros mismos, ciertamente seríamos muy duros y estúpidos, si no hemos tenido piedad de aquellos que son como nosotros, como cuando hemos reconocido: "Aquí hay una person formada a la imagen de Dios, es un alma que ha sido comprada por la sangre del Hijo de Dios. Si ella perece, ¿acaso no es algo que debe afectarnos?"

Es por que ahora Job dice, "amigos, tened compasión de mí, porque la mano de Dios me ha tocado." Para entender esto mejor aun, debemos considerar la siguiente declaración, "Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo."4 Entonces, cuando vemos algún castigo enviado por Dios, debemos sentir temor, aun cuando Dios nos esté persiguiendo. Yo estaré en paz, y aparentemente Dios no me tocará, sin embargo, veré cómo castiga a uno, cómo aflige a otro; ¿acaso no es asombroso? ¿Acaso vamos a esperar hasta que Dios nos golpee fuertemente en la cabeza? Sería por demás despreciable. Pero cuando vemos que quiere instruirnos a expensas de otros, debemos considerar la causa por la que castiga así a los hombres. Como nos lo muestra San Pablo (Efesios 5:6). No dice, "Teman porque la ira de Dios vendrá sobre ustedes;" lo que dice es, "Amigos míos, vean cómo Dios castiga a los incrédulos, y cómo los guarda a ustedes; entonces debieran saber que es para instrucción de ustedes cuando muestra alguna señal de su ira sobre los hombres." Notemos entonces esta frase del apóstol, es decir, "Cosa horrenda es caer en las manos de Dios;" y cada vez que ejecute algún castigo, permitamos que ello nos afecte. Que esto nos sirva ahora para una instrucción completa a efectos de apiadarnos de aquellos que sufren diciendo, "¡Ay! He aquí una pobre criatura; si fuera afligida por un hombre mortal se le podría dar algún alivio; pero es Dios quien se le ha vuelto en contra. ¿Pero acaso no hemos de tenerle piedad viendo esto?" Si alguien responde diciendo, "¿Acaso no sería resistir a Dios si tenemos piedad de aquellos que son castigados por sus faltas? ¿No sería como querer interponernos, contra la justicia de Dios?" No, porque ciertamente podemos tener estos dos motivos: (1) aprobar la justicia de Dios, dándole gloria y honor por lo que hace; y, sin embargo, (2) permitirnos un sentimiento de piedad hacia aquellos que son castigados, dado que nosotros merecíamos tanto o más, y puesto que debemos buscar la salvación de todos, sea la de nuestro prójimo cercano o la de aquellos con quienes nos une algún lazo interpuesto por Dios. Es como cuando aprobamos la justicia terrenal que solamente como un pequeño espejo de la justicia de Dios, aunque la aprobamos nos permitimos sentir compasión por el malhechor. Cuando un criminal es castigado, no se dice que fue tratado injustamente ni que hubo crueldad en el juez. Ante tal caso se dice que quienes fueron constituidos para ejercer justicia se perciben de su tarea y ofrecen un sacrificio aceptable a Dios sentenciando a la muerte el criminal; sin embargo, nos permitimos sentir piedad por una pobre criatura que sufre a consecuencia de sus malas obras; si ello no nos conmueve es que no hay humanidad en nosotros. Si esto lo reconocemos en la justicia humana, que solamente es como un pequeño destello de Dios; al acercarnos a su trono soberano, les pregunto, ¿no debiéramos, en primer lugar, glorificar a Dios por todo lo que hace, sabiendo que es justo y equitativo en todo y por medio de todo? No obstante, esto no nos impedirá (como he dicho) de: (1) que tengamos compasión de aquellos que están sufriendo, de cuidar de ellos y aliviarlos; y, cuando no podamos hacer nada mejor, (2) desear su salvación orando a Dios que al final él quiera hacer que las correcciones de su mano sean provechosas para atraerlos nuevamente a sí mismo; que no permita que sigan endurecido enfureciéndose contra su mano.

Esto digo, es la base, sobre la cual Job pide y exhorta a sus amigos a que se apiaden de él. Se dirige especialmente a aquellos que le son más cercanos; porque, si bien Dios puso cierta unidad entre los hombres en general, es decir, los ha unido a todos (como ya hemos dicho) y que no debieran separarse los unos de los otros; de todos modos, Dios nos obliga doblemente cuando tenemos, ya sea algún parentesco o algún otro lazo; ya sabemos que los parientes debieran sentirse impulsados a tener más amistad privada los unos con los otros; porque tratándose de parientes Dios ha puesto a los hombres como se pueden poner a las bestias, bajo yugo, diciendo según el dicho, "las bestias brutas no enseñarán lo que debemos hacer." Si dos bueyes están bajo un yugo y uno quiere rebelarse, ambos se atormentarán mutuamente; y si no están dispuestos a trabajar juntos de común acuerdo, para luego beber y dormir juntos, se convertirán en sus propios verdugos. Así es con las personas cuando Dios pone a unos cerca de otros, cualquiera sea la forma; es como si quisiera atar a ambos bajo el mismo yugo para ayudarles a sostenerse el uno al otro; y si son rebeldes, si son peores que las bestias brutas, ¿qué condenación merecerán recibir sobre sus cabezas? Entonces, notemos bien, que según Dios nos une, dándonos los medios para comunicarnos mutuamente, también nos compromete el uno con el otro. Porque una persona será tanto más dada a su amigo, aunque nuestra caridad debiera ser general, y aunque debiéramos amar a aquellos que Dios nos encomienda, que incluso pueden ser nuestros enemigos mortales. De todos modos el marido será más dado a su esposa, el padre a sus hijos, los hijos a su padre, y los parientes los unos a los otros; y, en general, debemos reconocer todos los grados de amistad que Dios ha puesto en el mundo.

Ahora Job agrega, "¿Por qué me perseguís como Dios? " Ciertamente parece que esta frase no es muy razonable aquí; porque se dice (como ya lo hemos mencionado) que los justos lavarán sus manos en la sangre de los inicuos. Entonces debiéramos regocijarnos al ver que Dios castiga a los malvados. Pero Job afirma aquí que uno no debiera perseguir a los que Dios persigue. Pero esta cuestión ya fue solucionada cuando dijimos que podíamos muy bien estar de acuerdo con la justicia de Dios y sin embargo, permitirnos un sentimiento de piedad hacia aquellos que sufren, y ayudarles, si está en nuestro poder hacerlo; porque por lo menos hemos de sentirnos impulsados a desear su salvación. Por lo tanto sería una crueldad si perseguimos a los hombres como Dios. ¿Y por qué? Porque cuando Dios aflige a los hombres (no digo a los justos como Job, sino a aquellos que han vivido en el mal, que han llevado una vida malvada) no es que vayamos a levantar nuestra cabeza contra ellos, y que los vayamos a molestar aun más; sino que él quiere, en primer lugar, que cada uno de nosotros pueda aprender a condenarse a sí mismo en la persona del otro. Veo que tal individuo ahora es castigado por las caras de Dios. ¿Y por qué? Por sus pecados. Ahora bien, ¿acaso no es Dios el juez de todo el mundo? Entonces, esto me incluye a mí, porque ¿acaso soy inocente? ¡Ay! No hay sino demasiadas faltas, y todas son faltas despreciables. Así es entonces, como uno debiera condenarse en la persona de otro cada vez que contemplamos en otro los castigos enviados por Dios; además Dios también quiere instruirnos en la piedad y compasión. Si seguimos este orden, no podremos equivocarnos; pero, si venimos a atormentar a aquellos que ya tiene demasiado mal, ignorando nuestras propias faltas, ¿no sería ello una crueldad? Queremos usurpar la función de Dios para ser jueces; más bien debiéramos pensar en lo que se dice, "Todos debemos comparecer ante el trono del juicio de Dios." Es cierto (como ya lo hemos dicho) que Dios tiene que ser glorificado a través de todos los castigos que envía a los hombres; pero esto no significa que cada uno se exima de condenarse a sí mismo, ni de estar sujeto a algún tipo de humanitarismo por medio de esto; así sabremos que Dios tiene que ser el Juez de todos. Y es por eso que Job argumenta correctamente con sus amigos afirmando que ellos lo persiguen como Dios. Entonces, notemos bien esto, si Dios mostró su venganza sobre aquellos que le ofendieron, ello no significa que quiera animarnos a ser inhumanos y a enfurecernos con los pobres pacientes cuando están totalmente derrotados; más bien quiere que tengamos compasión de ellos.

Además Job acusa aquí a sus amigos de crueldad, diciendo que no se satisfacen con su carne. "¿Por qué," dice Job, "ni aun de mi carne os saciáis?" Es cierto que aquí usa una figura del lenguaje; porque cuando nos oponemos así (como ellos dicen) a nuestros semejantes, es como si quisiéramos devorarlos vivos; y nosotros también usamos esta manera de hablar en nuestro lenguaje común. Así como una persona se deleita en comer, comiendo y bebiendo; también aquellos que son crueles contra sus semejantes, parecieran querer prepararse su comida, parecieran querer comerlos y devorarlos con vida. Es por eso entonces que Job dice, "¿Por qué ni aun de mi carne os saciáis?" Porque cuando vemos que el mal de nuestros semejantes es cada vez mayor, y nosotros todavía no estamos satisfechos, y aun añadimos al mal de ellos, ello es una crueldad demasiado grande, es como comerlos. Esta circunstancia entonces tiene que ser notada cuando Job dice, "Por lo menos sus amigos debieran estar satisfechos al verlo tan derrotado. ¿Qué más quieren? Estoy que no doy más, ya no soporto más." Es algo natural que cuando hemos buscado todos los medios para vengarnos, si luego le ocurre la peor de todas las aflicciones, nuestra ira se aplaque. Ahora, no estoy diciendo que este sentimiento aquí deba ser considerado como una virtud; porque los paganos, aunque fueren malvados, aunque suponen que la venganza les es permitida, sin embargo, tenían la consideración de apaciguarse viendo que sus enemigos eran molestados de tal manera que ya no tenían necesidad de infligirles nada con sus propias manos. ¿Cómo es eso? Aquí hay una persona que le ha hecho daño a alguien; o quizá la persona ofendida alentará el deseo de vengarse, si le fuera posible. Sin embargo, Dios se le anticipa y la manda una gran calamidad al ofensor. Entonces el hombre que había estado amargado y solamente deseaba la ruina de aquel a quien odiaba, ahora dirá, "Realmente, ¿qué más haré?" Ahora está tan derrotado que incluso es digno de piedad, ya ha tenido lo suficiente." Así es entonces cómo el fuego será extinguido naturalmente cuando hemos sido la persona más irritada del mundo contra alguien, viéndole en aflicción. Esto (como he dicho) no es virtud ni debe ser tenido en cuenta como un servicio a Dios ni como caridad. Sin embargo, si esto es una inclinación natural aun entre los paganos, ¿qué de aquellos que en el día de hoy no están satisfechos cuando ven a sus enemigos perseguidos a más no poder, pero que sin embargo no se sacian y aún quisieran devorarlos? Y si es condenable cuando uno no está satisfecho con las aflicciones que Dios manda a los enemigos, ¿cuánto más condenable será actuar así respecto de los amigos? Entonces los que tienen semejante crueldad sepan que no son dignos de ser considerados como parte del número de los humanos. Todo aquel entonces, que quiere cumplir con su deber, no solamente debe dejarse apaciguar por el mal y la aflicción de sus enemigos, sino que debiera sentirse impulsado a la piedad; y en vez de buscar venganza debiera, más bien, estar dispuesto a ayudarles todo lo que puede; porque no hay duda, cuando Dios envía alguna aflicción a nuestros enemigos, y a aquellos que nos han irritado, él desea suavizar la malicia y la mala voluntad que hay en nosotros, quiere cambiar en nosotros aquello que nos motiva a estar mal intencionados respecto de nuestros semejantes. Y si ahora Dios nos llama a ser humanos, y nosotros vamos en dirección totalmente opuesta, ¿no es como oponernos abiertamente a él? Entonces, notemos bien, cuando Dios aflige a aquellos que nos han hecho algún mal y nos han herido, es para suavizar el rencor que hay en nuestro corazón; y si previamente habíamos estado enojados y ofendidos, o si hemos deseado venganza, Dios quiso moderar todos esos malos sentimientos en nosotros; él quiere inducirnos a la compasión y al humanitarismo. Esto es lo que debemos notar de este pasaje.

Ahora Job todavía agrega algunos otros lamentos referidos a sus miserias, diciendo, "Mi piel y mi carne se pegaron a mis huesos, y he escapado con sólo la piel de mis dientes." Esto es para expresar mejor la proposición que ya hemos discutido, es decir, que sus enemigos ciertamente debieran estar satisfechos aunque fuesen semejantes a bestias con el único anhelo de devorar. Y ¿por qué? "Porque" dice, "ustedes ven en qué estado me encuentro. ¿Qué más quieren? ¿Acaso alguien puede desear mayor mal a una persona que el que Dios me ha mandado?" Ahora, cuando dice que su piel se le ha pegado a los huesos, es como si dijera que se ha secado completamente, que es como un cadáver, que ya no hay jugo ni sustancia en él. Al decir que ha escapado con la piel de sus dientes, es para indicar que no hay salud en él sino en sus encías, o que su piel se asemeja a sus encías, porque cuando la infección se ha esparcido en el cuerpo, la piel ya no se ve seca; tendrá, en cambio, el aspecto de las encías, es decir, cuando la descomposición se dispersa, todo es carcomido, y la carne se verá ensangrentada, y brotará mitad sangre y mitad agua, como de una herida, como también vemos que una herida tiene el aspecto de las encías. Así que entonces, Job está diciendo aquí que su aspecto humano estaba tan desfigurado que ya no se lo reconocería. Ahora, habiendo llegado a tal extremo, ¿No era razonable que sus amigos se dieran por satisfechos? Entonces, aquí se nos amonesta a tener más consideración que de veras tenemos de las aflicciones de nuestros amigos; y que, cuando Dios les envía algunas calamidades, debiéramos orar a él que nos quiera dar la gracia de tener nuestros ojos más abiertos para considerarlos, y de tenerlos bien en cuenta, para que puedan inducirnos a la piedad; que cada uno se ocupe de aplicar este remedio, lo mejor que puede; y que aun al final debiéramos esperar que siendo tocados por la mano de Dios, él manifiesta su misericordia.

Ahora, puesto que Job era acusado por sus amigos de haber blasfemado contra Dios, y de haberse justificado a sí mismo sin razón alguna, y de haberse enceguecido en sus vicios, sin reconocerlos; en vista de ello Job dice, "¡quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! que con cincel de hierro y con plomo fuesen esculpidas en piedra para siempre, y como memoria permanente." Hablando de esa manera Job declara que no en vano ha conservado su inocencia, y que solamente teme aquello que sería un reproche para él delante de Dios; sabe que tiene buena causa para hacerlo. En resumen, esto es lo que sostiene. Ahora, es muy cierto con respecto de las declaraciones de Job, algunas eran exageradas. Dijo muchas cosas extravagantes; porque él mismo no se controlaba, y aunque tenía un fundamento bueno y razonable, y aunque su caso era aprobado por Dios, no obstante la presentación que él hacía era deficiente (como ya lo hemos dicho anteriormente) y muchas palabras escapaban de su boca que eran dignas de condenación. Entonces, ¿por qué dice ahora que quisiera que sus declaraciones fuesen asentadas por escrito? ¿No es acaso para traer doble condenación sobre su cabeza? Notemos que Job lo consideraba como principio, sin estar sujeto a cada palabra que había pronunciado; sino que aquí hace estas afirmaciones para defender su caso. Ahora bien, esta defensa era justa; y aunque era totalmente rebuscada, y aunque iba de un lado a otro, sin embargo, sostiene justamente que su aflicción no era por causa de sus pecados, y que ellos no debían considerarlo como el hombre más malvado del mundo porque Dios había mostrado tal severidad contra él. Entonces, las proposiciones de Job eran correctas; de todos modos aun estaba en falta puesto que no reconoció todos sus vicios y puesto que ciertamente no siempre se consideraba culpable delante de Dios. Por eso se nos amonesta que hablemos con mucha prudencia. En Salmo 39:2 se dice, "Guardaré mi boca con freno, en tanto que el impío esté delante de mí, pero al final no me pude contener." David sabía bien que cuando los hijos de Dios son tentados, y se ven oprimidos por aflicciones, mientras que los malvados logran sus victorias y tienen vía libre, ello es una experiencia tan dura que nos resulta sumamente difícil contenernos y no murmurar contra Dios. Por ese motivo dice, "he resuelto mantenerme bajo control, he puesto un lazo sobre mi mandíbula inferior, he cerrado mi boca para no pronunciar una sola palabra; pero al final todas estas barreras fueron rotas, todas las resoluciones que había tomado no pudieron evitar que mostrase el deseo que había concebido en mi interior; y al final el fuego estalló." Con esto David muestra que es una virtud muy grande y muy rara, que seamos pacientes en silencio refrenándonos a nosotros mismos cuando los malvados nos oprimen, y sobre todo, cuando vemos que los malvados tienen su boca bien abierta para glorificarse ellos mismos y mofarse de nosotros. De manera que al unir este pasaje de David con el ejemplo de Job, debemos ser instruidos a callarnos cuando Dios nos aflige. ¿Y por qué? Porque de acuerdo a la violencia de nuestras pasiones aunque aprendamos a hablar con la debida sencillez y a alabar a Dios y a bendecirle, aun así no llegamos a ser tan prudentes y moderados que no se nos escape nada, que no se nos salga alguna bambolla, es decir que siempre seremos culpables en nuestras declaraciones. Entonces, aunque quizá no queramos blasfemar contra Dios, ni decir algo que no sea para honrarle, aun así puede ocurrir que seamos demasiado atrevidos en nuestro hablar; como cuando Job pidió que todo fuese escrito, que todo fuese grabado en un memorándum, que fuese esculpido o bien en la roca o en plomo, para que nunca pudiera ser borrado. Sigamos más bien el consejo de orar a Dios con respecto a las declaraciones que suponemos ser las más puras, para que nos perdone por las faltas cometidas con ellas. Porque aquel que sea capaz de refrenar su lengua (Santiago 3:2) tendrá una virtud poco frecuente. Puesto que estamos dispuestos a hablar el mal cada vez que podemos, y cuando suponemos haber hablado con perfecta rectitud, Dios hallará que todavía habrá algún exceso. Esto entonces es lo que debemos notar de este pasaje.

Ahora, para finalizar, Job agrega que él sabe que su Redentor vive. Ciertamente, en aquel entonces esto no podía ser entendido tan cabalmente como ahora; de manera que debemos entender la intención de Job al hablar de esa manera. Su intención, entonces, es que no estaba haciendo la parte de un hipócrita, presentando su causa delante de los hombres, y justificándoles a sí mismo; sabía que se las tenía que ver con Dios. Eso es lo que debemos saber con respecto a estas frases; si ellas fuesen tomadas fuera de su contexto, no serían de mucha edificación y no sabríamos lo que Job quiso decir. Por eso, recordemos lo que hemos discutido. ¿Qué es lo que sostiene Job? Sabemos que los hombres hacen todo lo posible por excusarse ellos mismos, en efecto, sin pensar en Dios. Les es suficiente que el mundo esté satisfecho con ellos, y en tal caso son considerados como caballeros. Esta es la hipocresía que engendra actitudes impúdicas, porque si no sé que Dios es mi Juez, ¡oh! me conformaré con que los hombres me aplaudan y yo tenga buena reputación entre ellos. ¿Y qué habré ganado? Nada, absolutamente. ¿Acaso no es una actitud muy impúdica cuando, aunque amonestado por mi propia conciencia, aunque convencido de haber hecho el mal, no obstante levanto una barrera y digo, "¿Por qué soy acusado? ¿Qué he hecho, acaso no tengo una buena causa?" Podré hacer hermosos intentos por disimular para cubrir mi pecado, y cuando así haya confundido los ojos de los hombres, he aquí mi caso habrá sido ganado. Pero ocurre lo que he dicho, la hipocresía engendra una actitud impúdica, es decir, que los hombres se atreven a defender su caso como bueno porque no tienen en cuenta a Dios.

Ahora bien, Job, en cambio, dice "yo sé que mi Redentor vive y que al fin se levantará sobre el polvo. Como si dijera, "quizá yo sea considerado un hombre malvado y desesperado, como alguien que ha blasfemado contra Dios, tratando de justificarme a mí mismo contra él. No, en absoluto, solamente quiero humillarme y descansar debajo de su gracia; sin embargo, sostengo mi integridad delante de ustedes porque veo que ustedes solamente proceden con calumnias. Entonces me defiendo de tal manera de tener en cuenta a Dios y tener mis ojos fijados en él." Ahora bien, de esto podemos y debiéramos deducir buenas enseñanzas; es decir, que no seamos como hipócritas, cubriéndonos delante de los hombres, haciéndoles creer que sostenemos un buen caso, y exhibiéndonos como caballeros mientras que nuestra conciencia nos está amonestando. Aprendamos, en cambio, a examinarnos a nosotros mismos, a conocer nuestros pecados y a humillarnos delante de Dios. Comencemos, pues diciendo, ¿Cómo estoy yo mismo? Es cierto que podría excusarme fácilmente delante de los hombres, ¿pero de qué me serviría delante Dios? ¿Acaso me aceptaría? No, de ninguna manera. De acuerdo con esto procedamos entonces todos, tanto grandes como chicos a venir ante este Juez celestial y que cada uno se presente allí para pedir perdón por sus faltas; y no dudemos de que al acercarnos sinceramente somos absueltos por él, no porque lo hayamos merecido, sino por su gracia y misericordia.

Ahora inclinémonos en humilde reverencia ante el rostro de nuestro Dios.



***





NOTAS DELTEXTO

SERMÓN NO. 8



*Sermón 71 en Calvini Opera, Corpus Reformatorum, V. 34, pp. 114-126.

1.Francés: pólice.

2.Francés: gages.

3.Salmo 41:9 se refiere a David y Ahitofel, pero también tiene cumplimiento en Cristo y Judas, Juan 13:18.

4.Hebreos 10:31.

¿Tendrán fin las palabras vacías?

Sermones
SERMONES SOBRE JOB

Por Juan Calvino
SERMÓN N° 7

¿TENDRÁN FIN LAS PALABRAS VACIAS?*



"Respondió Job, y dijo: Muchas veces he oído cosas como estas; consoladores molestos sois todos vosotros. ¿Tendrán fin las palabras vacías? ¿O qué te anima a responder? También yo podría hablar como vosotros, si vuestra alma estuviera en lugar de la mía; yo podría hilvanar contra vosotros palabras, y sobre vosotros mover mi cabeza. Pero yo os alentaría con mis palabras, y la consolación de mis labios apaciguaría vuestro dolor. Si hablo mi dolor no cesa; y si dejo de hablar, no se aparta de mí. Pero ahora tú me has fatigado; has asolado toda mi compañía. Tú me has llenado de arrugas; testigo es mi flacura, que se levanta contra mí para testificar en mi rostro. Su furor me despedazó y me ha sido contrario; crujió sus dientes contra mí; contra mí aguzó sus ojos mi enemigo" (Job 16: 1-9).

Cuando Elifaz hubo dicho que los hombres malvados y aquellos que desafían a Dios tienen que ser turbados, y que su condición tiene que ser revertida, a modo de conclusión agrega, "concibieron dolor, dieron a luz iniquidad, y en sus entrañas traman engaño." Con ello indica que toda la apariencia que asuman los hombres malvados no les sirve de nada, sino que Dios revierte sus planes, de manera que sus esfuerzos son frustrados. Es cierto, esta declaración es interpretada como una razón presentada por Elifaz; es cierto que no es sin motivos que Dios aflige y turba a los hombres malvados e hipócritas. Y ¿por qué? Porque no hacen más que concebir el mal contra todo el mundo. Entonces, así como ellos son una carga para sus semejantes, se les devuelve con la misma moneda. En efecto, la Escritura frecuentemente usa esa manera de hablar, como en Salmo 7I15;1 lo mismo en Isaías 59:4.2 Entonces, el Espíritu cuando quiere declarar que todos los hombres en todos sus consejos, en todos sus pensamientos y emociones, están dados al mal y al pecado, utiliza esta comparación diciendo que son como una mujer que ha concebido para dar a luz un niño. Cuando han concebido castigo, es decir tormento contra sus semejantes, para hostigarlos, para oprimirlos de alguna manera, dan a luz iniquidad, es decir, ejecutan el mal que han pensado. Ahora bien, tal interpretación no sería adecuada para este pasaje. Ahora bien, tal interpretación no sería adecuada para este pasaje. Porque (como ya hemos dicho) Elifaz ya ha dado buenos motivos explicando por qué Dios era tan opuesto a los malvados; y ahora solamente quiere decir que, aunque en adelante sean guiados por buenos deseos y crean que por algún medio obtendrán recompensa por cuanto han emprendido, finalmente se encontrarán turbados. ¿Y por qué, puesto que solamente la bendición de Dios nos hace prosperar? Estos, entonces, no ganarán nada cuando hayan alentado alguna esperanza en su corazón. Porque Dios lo trastornará todo. Y no es solamente aquí que la Escritura hable de esa manera. En Isaías 26:18 dice: "Oh Jehová, concebimos, tuvimos dolores de parto, dimos a luz viento." Es cierto que estos son creyentes que hablan y se lamentan delante de Dios; pero reconocen sus pecados y los confiesan; porque todo el tiempo que ellos afirman haber estado en dolores como las mujeres, Dios los estaba persiguiendo por causa de sus faltas. Ahora afirman que han concebido viento, y lo han dado a luz, es decir, cuando esperaban algún alivio a sus dolores, todo se fue en viento y humo, y habiendo languidecido durante largo tiempo su problema no se ha corregido. Aquí Elifaz va más allá, es decir, que los malvados solamente conciben dolor, y únicamente dan a luz problemas para ellos mismos, que sus entrañas alimentan decepción, es decir, esperanzas vanas y frustraciones, cosas que al final serán puro engaño. Esa también es la amenaza de Dios en Isaías 33:11 contra los engañadores que no han tenido en cuenta su palabra, siendo incluso endurecidos contra ella. "Concebisteis (dice) hojarascas, rastrojos daréis a luz." Como si dijera, "Allí están ustedes obstinados contra mi palabra, puesto que no pueden reconocer el mal que han cometido y como han provocado mi ira contra ustedes. En vano se adulan a ustedes mismos; porque con todas sus adulaciones conocerán que solamente han concebido paja y hojarasca, y que el viento se lo llevará; y sabrán que todas sus adulaciones no les habrán servido de nada." En suma vemos la intención de Elifaz; es decir que por un tiempo los malvados estarán a sus anchas, y Dios no los presione tan severamente como para no alentar algún esfuerzo. Pero ¿luego qué? Dios - aunque ellos lo desprecian- los presionará; tendrán un gusano que los carcoma interiormente, siempre les molestará la conciencia, tendrán remordimientos y afiladas agujas que los atormentarán en secreto; en efecto, al final Dios les enviará agonías tan poderosas y excesivas que darán a luz lo que han alimentado en su interior. ¿Y por qué? Porque sus entrañas solamente concibieron decepción; es decir, aunque al principio quizá no hayan experimentado sus dolores, no obstante, solamente se están arruinando a sí mismos al no buscar el favor de Dios. Ellos mismos se prometen esto y aquello, pero cualquiera sea el caso solamente habrá desengaño. Ahora llegamos a la respuesta de Job. En primer lugar les dice que muchas veces ha escuchado cosas semejantes, y que además son consoladores molestos, tanto más diciendo palabras tan hirientes a Job. Al decir que muchas veces ha escuchado cosas similares indica que no le tienen que traer cosas comunes, remedios ordinarios, puesto que su enfermedad es tan grande y tan extremada que, sin duda, debían traerle algún alivio suavizante que le pudiera ayudar; además, no le debían presentar tales proposiciones, las mismas que usarían por formalidad con cualquier persona que no es tan gravemente afligida. Vemos entonces el propósito de Job al decir que muchas veces ha escuchado proposiciones semejantes. Ahora bien, es cierto que cuando alguien nos trae un alivio que ya conocemos no debiéramos despreciarlo. ¿Y por qué no? Porque si hoy se nos enseña acerca de la bondad de Dios, aceptemos la exhortación a la paciencia, nada nos exime de pensar en ello. Es cierto que no nos será una proposición oscura; pero si somos afligidos y alguien nos recuerda lo que se nos ha dicho, no pensemos que sus palabras son lenguaje superfluo. ¿Y por qué no? Porque es cuestión de practicar lo que ya hemos oído, lo que ya hemos entendido. Pero quizá la aflicción no nos ha tocado en lo más profundo; quizá la ocasión no sea la más adecuada. Pero si Dios nos presiona mediante alguien ha tomado y extraído de su palabra. En efecto, Job no era como estos aficionados que siempre quieren, no sé qué, con tal que sea algo nuevo, sin permitir que nadie les venga dos veces con la misma proposición. "Oh, ya escuché eso," dirán, o "No lo escuché antes," hasta aturdimos con sus respuestas. Efectivamente, es cierto que ellos tienen que meditar; si una persona nos repite algo será para gran provecho y progreso nuestro. Ahora bien, Job no era de esos, no era un provocador que no toma en cuenta una enseñanza por común que fuese, no era un simple cazador de curiosidades; simplemente (como ya lo hemos dicho) demuestra que su enfermedad era tan seria que necesitaba ser consolado en una forma extraordinaria. Como en el caso de una enfermedad ligera con la cual también se usa un remedio suave; pero si la enfermedad es dolorosa el médico tiene que investigar más a fondo. Porque si quisiera aplicar el mismo remedio a todas las enfermedades, ¿qué ocurriría? Así es con las aflicciones. Veremos a una persona que es afligida por la muerte de sus padres, o de su esposa o de sus hijos, y esto le causará cierta herida. Quizá alguien le acerque un moderado alivio, tal como Dios lo ha indicado. Pero si hay alguno que es atormentado no solamente de una manera, sino que experimenta cómo la mano de Dios lo persigue de todas partes -ocurriéndole un mal también le ocurre el segundo y tercero, y que no solamente es afligido en su cuerpo, en su persona, en sus bienes y en sus amigos, sino que quizá tenga (como lo hemos visto en Job) tentaciones espirituales, como que Dios quisiera arrojarlo al abismo- entonces será necesario proceder en forma más delicada. Porque si uno quiere molestar a un pobre individuo que tiene el corazón por el suelo, todo lo que uno le traiga, ¿de qué servirá? Mucho mejor es que usted controle su lengua y deje que Dios supla lo que falta a los hombres. Eso, entonces, es lo que Job quería decir.

Aquí está Elifaz sugiriendo a Job que Dios castiga a los malvados a efectos de revelarse como Juez del mundo, para demostrar al mundo que ellos se arman en vano, que no escaparán de su mano, Aunque quizá tengan un gran séquito y estén en gran compañía, Dios los destruirá a todos. ¿Pero por qué? Cuando esta proposición es aplicada a Job es para hacerle creer que Dios es su enemigo, porque él es un malvado, y que en él también no hay sino hipocresía. Entonces, esta proposición ha sido equivocadamente aplicada. Por eso, no es sin motivo que él diga, muy bien, estas son cosas conocidas para mí, y si las necesitara, ahora las aplicaría a mí mismo; pero son cosas que no van al grano." Job sabía que no estaba siendo afligido por causa de sus pecados, que no era ese el propósito de Dios; no es que no se haya considerado culpable y digno de soportar aun más, si Dios hubiera querido examinarlo estrictamente. Sin embargo, sabía que Dios no lo estaba tratando así por causa de sus pecados, sino que tenía algún otro propósito. Sabiendo esto Job rechaza las proposiciones que le son presentadas. ¿Y por qué? porque no van al grano. "Ustedes me son," dice, "consoladores molestos." ¿La razón? Es porque no le traen ningún remedio adecuado. De esta manera somos amonestados a que, cuando queremos consolar a nuestros semejantes en sus penas y pruebas, no hagamos conclusiones apresuradas; puesto que existen muchos que eternamente tocan en la misma cuerda sin considerar a la persona a la que hablan, porque a una persona tenemos que tratarla distinto que a otra. Porque cuando alguien es obstinado en cuanto a Dios, tenemos que hablarle en un estilo y lenguaje diferente que cuando nos dirigimos a una pobre criatura que se ha extraviado inocentemente. Y luego, de acuerdo al mal, también es preciso ver cómo proceder contra él. Por ejemplo, si los hombres son estúpidos tenemos que gritar y amonestar su indiferencia, para que puedan aprender acerca de la mano de Dios, a efectos de humillarse debajo de ella. Existe, entonces una necesidad de mucha prudencia si queremos consolar adecuadamente a los que son afligidos por Dios. Esto es lo que debemos recordar del pasaje, cuando se dice que quienes intentaron consolar a Job fueron molestos, puesto que no le llevaron nada que le hubiera servido. Esto es entonces, lo que debemos recordar en forma especial.

Ahora Job agrega, "Cuándo pondréis fin a las palabras vacías?" Las llama palabras vacías cuando carecen de sustancia, es decir, cuando no pueden edificar al hombre. Usa esa metáfora según la Sagrada Escritura porque cuando se trata de que una persona sea enseñada para salvación, se dice, "es edificada." ¿Cómo? Puesto que la persona es fundamentada, y luego sobreedificada por alguien, de manera de ser confirmada en la ley, y confirmada también en la paciencia para llevar con constancia sus aflicciones; luego resuelve orar e invocar a Dios, para tener sus recursos en él. Pero si contrariamente las proposiciones sólo son para agitar la mente, y para que una persona tenga ocasión de hablar y parlotear sin que nadie reciba instrucción alguna, aplicable a la salvación - entonces, todas esas palabras son vacías. Notemos también que cuando queramos exponer alguna exhortación o doctrina, debemos tener, sobre todo, esta convicción que quienes nos escuchen deben recibir una buena instrucción de manera que puedan acostumbrarse a andar conforme a Dios, y puedan ser afirmados en la confianza de sus misericordia para que puedan dedicarse a invocarle, no con dudas y en suspenso, sino sabiendo que serán oídos. Esto entonces, es lo que debemos estudiar a efectos de instruir a nuestros semejantes; se nos requiere tal constancia que lo aprendido no sea esparcido como por el viento. Además, cada uno de nosotros también debe aferrarse a una doctrina de modo que no tengamos deseos de ser llenos de viento, como vemos que hay muchas personas curiosas que quisieran que el predicador les diera su propio tipo de entretenimiento, agasajando sus oídos y satisfaciendo sus vanas fantasías. Imaginan esto y aquello, y quisieran que el predicador les ofrezca diversión de acuerdo a su propio agrado, para discutir cosas que no son edificantes. El espíritu humano está demasiado inclinado a este vicio, incluso está enteramente entregado a él. Porque si cada uno de nosotros quisiera seguir su apetito, ciertamente sólo sería asunto de sostener proposiciones inútiles sobre esto y aquello, proposiciones que carecerían de sustancia -serían nada más que viento. De manera que aprendamos a buscar lo que es bueno y adecuado para edificarnos en el temor de Dios, en la fe, en la paciencia, y en todas las cosas buenas y útiles. Esto es lo que debemos recordar en cuanto al pasaje en el cual Job menciona las palabras vacías.

Sin embargo, también es cierto que debemos considerarnos a nosotros mismos, a efectos de no rechazar toda proposición que nos sea presentada como si fuera viento; en cambio deberíamos aprender a distinguir entre algo vano y la buena instrucción, la cual deberíamos saber aplicar a nuestro uso. Entonces oremos a Dios que nos dé gracia para que, cuando alguien nos presente una buena doctrina, la misma no se evapore por causa de nuestra indiferencia, que la misma no se vaya con el viento. Porque si alguien viene para proponernos la palabra de Dios, deberíamos saber que siempre contiene alguna buena instrucción. Pero muchos apenas la aprovechan. ¿Y por qué? Porque no le dedican todos sus sentidos y toda su mente; su cerebro en cambio se atolondra y la palabra de Dios se va como con el viento; pero es así porque no hay sustancia sólida en ellos. Sin embargo, para aplicar mejor esta frase a nuestro uso, cada uno de nosotros, (tal como ya lo he dicho antes) tiene que mirarse cuidadosamente a sí mismo.

Ahora el libro de Job sigue así: "Si sus amigos estuvieran en la misma condición que él, él podría hablar como ellos, podría hacerles compañía en sus argumentos, podría debatir con ellos y menear su cabeza contra ellos. Es cierto que algunos exponen este pasaje como diciendo que Job no les haría lo mismo si los viera en semejante molestia, más bien trataría de suavizar su dolor y llevarles algún alivio, en vez de añadir a su tristeza, como ellos lo habían hecho con El. Hemos visto su crueldad, y hemos visto que no era cuestión de llevar a este santo hombre a la desesperación a menos que Dios lo hubiera querido. Los que interpretan así este pasaje lo hacen por la siguiente razón: no habría sido algo decente que Job quisiera vengarse una vez que Dios le hubiera quitado su mano de él; y que sintiéndose mejor quisiera burlarse de esta pobre gente al tocarles una calamidad similar; porque el solo hecho de soportar la aflicción, debiera enseñarles a tener piedad y compasión de aquellos que la necesitan. Pero cuando cada cosa es adecuadamente considerada, Job no quiere declarar aquí lo que haría, sino lo que una persona podría hacer estando en tal condición. Entonces, no está implicando que devolverá lo mismo a aquellos que premeditadamente lo están molestando, sino que simplemente podría regocijarse si su situación fuera como la de ellos. Entonces, en resumen, indica; "Ustedes hablan bien cuando se sienten cómodos, aquí ustedes menean la cabeza contra mí, no les cuesta nada condenarme, y aún de arrojarme a las profundidades, ustedes lo hacen como personas que no saben lo que es soportar el mal. ¿Acaso yo no podría hacer lo mismo si estuviera en la condición de ustedes? ¿Y cómo lo tomarían si yo viniera a menear la cabeza viendo su calamidad, viendo que la mano de Dios los ha presionado hasta el extremo? Si yo dijera, "Oh, es muy útil. Dios tiene que castigarlos y hacerles ver de qué manera aflige a los pecadores; si ustedes no tuvieran sino turbación y yo hablase de esa manera, ¿no podrían decir ustedes que soy un hombre escarnecedor? Entonces, piensen ahora qué harían en mi lugar." Esta es, en resumen, la intención de Job.

Pero ahora vemos aquí que Job no está buscando venganza como aquellos que no temen a Dios, quienes al enfurecerse quisieran disponer del poder para devolver duplicado el mal que les fue hecho a ellos. Job no era así. En efecto, los hijos de Dios ciertamente tienen que controlarse; aunque somos probados y atormentados no es propio dar coces contra aquellos que nos han perseguido injustamente, Dios podría enviarlos a ellos para humillarnos. Debemos saber que ellos son varas procedentes de la mano de Dios. Pero, ciertamente, podríamos seguir el ejemplo de Job y afirmar contra los que vienen a molestarnos sin causa, que podríamos hacerles lo mismo. ¿Y por qué? Porque una persona nunca conocerá adecuadamente su falta hasta que alguien la trate como ella ha tratado a otros. Pero cuando la persona percibe que el mal podría volver sobre su propia cabeza, quizá se contenga y diga, "¿Cómo es esto? ¿Qué estoy haciendo?" Aquí está Dios quien, para guiarnos a un sano juicio dice, "No hagas a tu semejante excepto lo que quieres que te haga a ti."3 En efecto, bien podría haber dicho, "Cuando estés tratando con tus semejantes, cuídate de tratarlos con toda equidad y rectitud, cuídate de entregarte a la malvada codicia y llevarte los bienes de otros, cuídate de querer enriquecerte a expensas de este o de aquel." Y, es cierto que así habla en las Escrituras; pero concluyendo ofrece esta declaración, "Haz aquello que quieres que te sea hecho a ti.'"* Porque no hay nadie que en beneficio propio no sería encargado principal. Entonces sabemos cómo argumentar, diciendo "¿Cómo es esto? Fulano de tal me ha injuriado. ¿Pero, proviene esto de un cristiano? ¿Acaso no hay equidad? ¿No proviene esto de una persona cobardemente cruel?" Cada uno sabrá cómo continuar sus razonamientos en cuanto a equidad y rectitud cuando es un asunto de su propio provecho. Y esto es lo que Job señala a sus amigos, ya que están ciegos; les dice que si estuvieran en una angustia como la suya seguramente desearían ser tratados con más amabilidad. No puede hacer otra cosa sino guiarlos a esta equidad natural, y que ellos mismos se comparen con él. De modo entonces, que les dice, "Vengan ahora, si ustedes estuvieran en la condición en que me ven a mí, ¿sería razonable que yo les echara en cara las proposiciones que ustedes me están haciendo a mí? Si alguien quisiera tratarlos de la manera en que ustedes están procediendo contra mí, ¿cómo lo tomarían?" Entonces ellos tendrían que ser tocados. Y ¿por qué? Porque (como ya lo he dicho) mientras estamos fuera de nosotros mismos, es decir, cuando algo no nos toca y realmente no nos pertenece, lo miramos desde una distancia. Pero si el caso nos concierne, ¡Oh! entonces aprendemos rápidamente cómo aconsejarnos mejor. Esto es, en resumen, lo que Job quería decir.

Ahora, de esto podemos deducir una buena doctrina, siguiendo la frase que he citado de nuestro Señor Jesucristo, que no debemos hacer a otros excepto aquello que querernos que nos hagan a nosotros. Porque tenemos la ley de Dios sellada sobre nuestro corazón, tenemos principios generales que permanecen en nosotros. ¿Por qué es entonces, que nuestro juicio es tan corrupto y pervertido y que siempre malinterpretamos las cosas? Es simplemente esto: Una vez que Dios nos ha dado una buena regla, somos motivados por la ambición, el odio, orgullo, avaricia. Y de esa manera cada cosa es pervertida. Entonces, si hay alguna ambición en nosotros, a efectos de sacarle el mayor provecho, llegamos a despreciar a nuestros semejantes. Si hay alguna precipitación somos capaces de decir rápidamente algo antes de haber considerado adecuadamente el mérito del caso; si somos guiados por el orgullo, tal vez queramos avanzar por nosotros mismos eliminando a los que vemos que se adelantan a nosotros. ¿Acaso no seremos ciegos en cuanto a lo que debemos hacer por amor o bondad, cuando nos incita el odio y la mala voluntad? Examinémonos a nosotros mismos y oremos a Dios que obre en nuestro corazón para que podamos juzgar con rectitud. ¿Qué pasaría ahora si el problema fuese tuyo, qué dirías?" Es así como deberíamos ser sabios, prudentes, es decir, cuando hayamos aplicado a nosotros mismos lo que hemos dicho a otro. Porque somos tan dados a nuestro apetito y beneficio (como ya lo he dicho), y también la naturaleza nos mantiene así, que en realidad cada uno se ama demasiado a sí mismo. Por eso seremos tanto más inexcusables cuando se halle este vicio en nosotros, a pesar de ser exhortados tantas veces a seguir la rectitud y equidad. Ahora oremos a Dios que obre de tal manera en nosotros que por medio de su Espíritu Santo este vicio sea convertido en virtud. Consideremos la implicancia de estas palabras, "Amarás a tu prójimos como a ti mismo." ¿Por qué es que cada uno se sale de sus límites? ¿Por qué nos amamos tanto nosotros mismos despreciando a nuestros semejantes? A menos que practiquemos con suficiente diligencia lo que se nos dice, es decir, que no debemos ser dados a nosotros mismos, al extremo de no amar a nuestros semejantes como a nosotros mismos. Porque debemos considerar que Dios nos ha creado a todos a su imagen, en consecuencia somos de la misma naturaleza. Con ello también nos demuestra que debemos estar unidos en auténtica hermandad con aquellos que están con nosotros. Esto es lo que debemos recordar de este pasaje, cuando Job demuestra contra los que lo acusaban injustamente, que, puesto que ellos no aceptarían que alguien les hiciera lo que ellos hacían, no por eso debían abusar de su paciencia. Esto es, en resumen, lo que debemos deducir aquí.

Ahora se agrega, "Ahora yo controlaría mi lengua, pero,¿de qué me servirá? Si hablo, ¿qué alivio recibiré? Aquí Job anticipa la respuesta que podría recibir, porque sus amigos podrían decir, "Consuélate a ti mismo ahora, ya que eres un hombre tan entendido; y puesto que, si nosotros estuviésemos en tal condición, podrías obrar milagros, ven ahora, y muestra tus facultades para contigo mismo." Pero él dice, "Aquí estoy en una condición tan miserable que no podría ser peor. De modo entonces, no sé qué esperanza puedo alentar puesto que Dios me presiona en forma tan extraña; si hablo no hago sino incrementar mi dolor; y si domino mi lengua no tengo alivio. Considérenme entonces, como un hombre totalmente absorbido por las aflicciones." Esto, en resumen, es lo que Job quiere decir: ya sea que hable o que se refrene, de ninguna manera hay alivio para él. Es así también cómo David se lamenta en el Salmo 32:3 que su mal lo ha presionado tanto a la angustia que no sabe qué va a ser de él, ni qué remedio mirar. "Cuando," dice, "me ha lamentado suponiendo que de esta manera tendría algún alivio de mi dolor, el fuego se encendió aun más. Cuando he guardado silencio, aunque estaba dispuesto a ser abatido delante de Dios, mi corazón fue atormentado y cortado en pedazos; luego mi dolor me presionó tan agudamente que con esto no recibe alivio." Y en el otro pasaje (Salmo 39:2) afirma haber llegado a la conclusión de que mientras gobiernan los malvados no pronunciaría una sola palabra sino que sería como un nudo. ¿Pero por qué? El dice, "No puedo sujetarme a esta proposición; 5 porque cuando quiera restringirme así, al final brotarán palabras ardientes." Como una olla cuando el fuego arde, aunque esté tapada, por algún lado escapará el vapor. Ahora, esto bien vale la pena de ser notado. Porque cuando Dios nos manda alguna enfermedad o algún revés en nuestra fortuna creemos que nunca existió alguien que haya sido tratado tan severamente como nosotros. Y por eso somos llevados a la desesperación, o a incitarnos a toda impaciencia, y a venir también para levantarnos contra Dios, o quizá nos parezca que los creyentes antes de nosotros, aunque hayan sido afligidos por Dios, no fueron tan fluctuantes como nosotros, que incluso no tuvieron sufrimientos. Y esto también produce un mayor tormento en nosotros. Sin embargo, recordemos lo que se dice aquí; que así presionó Dios a los suyos, a aquellos (digo) a quienes amaba, y cuya salvación quería y consideraba preciosa; sin embargo, los ha conducido a tal extremo que ya no podían soportar más, no sabían qué decir ni cómo mantenerse quietos. No es sin causa que David haga tal confesión, al contrario, es para la enseñanza de todos los hijos de Dios, Porque cuando vemos que un hombre con semejante virtud, teniendo semejante constancia de Espíritu Santo es, no obstante, arrojado a las profundidades, de manera que ya no sabe qué hacer, pensando que ha llegado al final de sus recursos - aprendamos de ellos, y si Dios nos envía pruebas tan difíciles 6 y si estamos en el límite de modo que ya no soportamos más - muy bien - que no sea algo novedoso, porque no seremos los primeros. David nos muestra el camino, y él supo salir de semejante cieno; Dios le extendió la mano, y habiendo aumentado más y más su humildad fue ayudado por Dios. No obstante, no dudemos de que aun siendo postrados por un tiempo, él nos manifiesta su misericordia.

Esto es entonces, por qué es bueno y necesario que tengamos estos ejemplos ante nuestros ojos, y este también será el motivo por el cual nuestra debilidad no tendrá demasiado poder sobre nosotros. Porque si las tentaciones nos presionan, y no sabemos qué va a pasar, simplemente hemos de recordar esto: "Muy bien, aquí están los siervos de Dios que han sido antes de nosotros; aunque tuvieron grandes dones, no obstante, tuvieron que gemir bajo la mano de Dios, y no sabían qué resultaría de ello; de esta manera quiso Dios despojarlos de toda presunción, quiso enseñarles por experiencia cómo era preciso que inclinasen sus cabezas delante de él." Y si en el presente le agrada postrarnos usando los mismos medios, siempre y cuando ése sea el propósito, aunque tengamos que sufrir, no nos atormentemos la mente con ello, puesto que cada cosa se tornará para nuestro gran beneficio y salvación. Esto es lo que debemos notar de la enseñanza contenida aquí.

Ahora Job agrega que Dios lo presiona de tal manera, que aparentemente lo quiere cortar en pedazos. Hablando así demuestra lo que ya hemos visto; no solamente lo ha afligido en el cuerpo sino que las tentaciones fueron mayores y más difíciles, incluso amargas, es decir, que fue atormentado interiormente porque Dios se le había convertido en enemigo mortal. Es verdad, Job dice que la debilidad de su cuerpo era como una muestra de vergüenza y un testimonio de la ira de Dios, de que ya estaba arrugado, que toda su carne estaba como podrida. En esto ciertamente se ven las marcas de una horrible aflicción, y de que Dios no lo estaba tratando del mismo modo que a aquellos a quienes castiga con sus azotes; pero su dolor es excesivo. Esto entonces, es en resumen lo que Job quería expresar. Ahora debemos notar que Dios quería darnos ejemplo por medio de aquellos que tuvieron algunas virtudes excelentes a efectos de que nosotros pudiéramos conocer en ellos que, así como distribuye los dones de su Espíritu Santo, así como los llama a rendir cuentas, como los hace tanto más fructíferos, así también les envía grandes aflicciones y los prueba, brevemente, castigándolos hasta el límite. Allí está por ejemplo, Abraham, gobernado por el Espíritu de Dios, no como un hombre común, sino como un ángel; no podría haber sido más excelente y más perfecto. ¿Y cómo lo trató Dios? ¿Qué sería de nosotros si tuviéramos que soportar una décima parte de las luchas que sostuvo Abraham victoriosamente? Seríamos hallados en falta. Pero Dios nos guarda, puesto que tampoco derramó sobres nosotros dones tan excelentes como sobre él. Con David es igual. Allí está David que no solamente fue profeta de Dios, sino que también fue rey para gobernar al santo y escogido pueblo; en su persona tenía virtudes dignas de ser recordadas y alabadas, incluso de ser admiradas; y, sin embargo, ¿qué cosas le hizo atravesar Dios? Vemos cómo se quejaba; no solamente como un hombre despreciable y rechazado, sino diciendo que en la tierra Dios lo sujetaba a torturas; Dios tuvo que mostrarle a qué extremos había llegado. Porque no es sin causa que tantas veces dice haber pasado por el fuego y por el agua, y haber sido arrojado a las peores profundidades, y haber sentido todos los dardos de Dios, y todos los arcos como disparados contra él; haber sentido que la mano de Dios se había agravado sobre él, que aún sus huesos habían sido afectados,7 y que ya no quedaba médula ni sustancia en ellos. Cuando oímos esta proposición casi nos parece burla; pero Dios quiso poner aquí un cuadro vivo para que podamos saber que, de acuerdo a lo que hemos dicho, así como Dios da una gran virtud a los hombres, también obra rápidamente para que la misma no sea en vano, sino que pueda ser conocida en el tiempo y el espacio. Sin embargo, notemos también que las tentaciones principales que los creyentes han soportado, siempre han sido estas luchas espirituales, como las llamamos, es decir, cuando Dios los ha llamado ajuicio en su conciencia, cuando les ha hecho sentir su furia, cuando los ha perseguido de tal modo que no sabían adonde estaban parados con él. Esto también fue para arrojarlos a las profundidades, a una ruina mayor que todos los males corporales, incluso que los peores que podrían ocurrir. Es por eso también que Job usa esta metáfora, diciendo que Dios ha crujido sus dientes sobre él. También vemos como Ezequías habla de esto, porque también pasó por esta tentación (Isaías 38: 3, 14). Ezequías dice, "Dios me ha sido como un león." Previamente ya había usado esta expresión que encontramos aquí, que no sabía cómo hablar ni cómo refrenarse. "Porque soy," dice, "como una golondrina, hablo jerigonza, murmuro; pero no digo frases con las cuales pueda expresar el dolor de mi mal, no tengo lenguaje de liberación." Pero después viene para declarar al respecto que Dios lo ha cortado y ha molido sus huesos, como un león que lo toma entre sus mandíbulas y entre sus dientes. ¿Y cómo puede comparar a Dios con un león que es una bestia tan cruel? No, Ezequías no quería acusar a Dios de crueldad, sino que habla de la aprehensión que hay en él, y de la horrible aflicción que experimentó cuando la ira de Dios estuvo sobre él.

Notemos entonces, que cuando una pobre criatura comienza a tener esta duda, es decir, en cuanto a sus condición delante de Dios, y sintiendo que solamente tiene temor pensando si Dios querrá o no hacerle experimentar su bondad; con semejante duda la angustia y el asombro tiene que ser tan grande como estando entre las mandíbulas de los lobos. No pensemos que es poca cosa para una persona experimentar la ira de Dios, y sobre todo cuando tememos que está así contra nosotros; oremos sin embargo, que él quiera sostenernos, y protegernos, sabiendo que somos incapaces de soportar semejante carga, a menos que nos dé los hombros para hacerlo. Además oremos a Dios que no sea tan estricto con nosotros, a efectos de no experimentarlo como a un león. Que, en cambio, pueda mostrarnos siempre que es nuestro Padre, y que no va a castigarnos como lo hemos merecido, sino que siempre nos hará experimentar su misericordia por medio del Señor Jesucristo, para que, habiendo sido guiados por el Espíritu Santo en esta vida, él pueda levantarnos a la gloria eterna de sus ángeles, la cual ha comprado para nosotros a un precio tan elevado.

Ahora, inclinémonos en humilde reverencia ante el rostro de nuestro Dios.



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NOTAS DELTEXTO

SERMÓN NO. 7



*Sermón 62 en Calvini Opera, Corpus Reformatorum, V. 34, pp. 1-13.

1."Pozo ha cavado, y lo ha ahondado; y en el hoyo que hizo caerá."

2.Isaías 59:1-8 muestra cómo el pecado separa a la gente de Dios.

3.Esto está basado en Tobit 4:5 de los apócrifos, "Y lo que tú odias, no lo hagas al hombre." Nótese que la Regla de Oro está expresada en términos positivos en Mateo 7:12 y Lucas 6:31. Cuando Calvino predicaba este sermón en 1554 oficialmente ya había dejado de citar los apócrifos, pero notamos que ocasionalmente reincidía en ello.

4.Una paráfrasis de la Regla de Oro.

5.Esto es, en presencia de sus enemigos, David no podía limitarse a decir cosas buenas.

6.Francés: des tentations si dures. 1. Salmo 32:3.